SOCIEDAD

Conozco a Rosa Cañadell desde hace cuarenta años, que no son pocos. Coincidimos en esa universidad de Barcelona que fue un laboratorio de todas las utopías en tiempos de la lucha antifranquista, tras la misma barricada. Por aquel entonces ella era más moderada y yo más radical. El tiempo nos ha corregido: ahora ella es mucho más combativa y yo soy más conformista. Pero seguimos debatiendo, y soñando, por un mundo mejor cada vez que nos juntamos en la comuna de Vic, convocados por un más que amigo común y una botella de vino blanco, en donde solemos teorizar sobre la inexistencia de un espacio a la izquierda que aglutine tanto desencanto y descontento que no tiene cabida en los actuales partidos políticos. Precisamente de eso va la entrevista que le hace Miguel Riera en El Viejo Topo y que reproduzco porque no tiene desperdicio. El Viejo Topo 273 / octubre / 2010
Hay que aunar
esfuerzos
Entrevista a Rosa Cañadell
Por Miguel Riera
Activista impenitente, Rosa Cañadell es una de las caras más conocidas en los movimientos sociales catalanes. Un conocimiento al que ha contribuido también su papel como portavoz del sindicato Ustec (enseñanza), en abierta confrontación con las políticas de la Generalitat. Presidenta de Farga (Foro Anti-capitalista de Reflexión y Generación de Alternativas), aquí plantea una reflexión realista sobre la situación de la izquierda. —En los últimos meses han ido apareciendo en esta revista diversas opiniones en torno a la necesidad de una refundación de la izquierda. ¿Compartes esa idea?
—Sí, pero con matices. Los matices son respecto a lo que significa “refundar la izquierda”. Si de lo que se trata es de armar otro partido político, con los mismos mimbres que los actuales, no creo que nos sirva de mucho. En estos momentos nos encontramos con un problema muy importante de desorientación de lo que llamamos izquierda, y es que los antiguos métodos están fracasando: en Brasil llega al poder un sindicalista de izquierda, en Uruguay llega a presidente un extupamaro… y en Cataluña tenemos en el gobierno a todos los partidos tradicionalmente de izquierdas… podríamos decir que “la izquierda llegó al poder”, y sin embargo las cosas han cambiado muy poco aquí y allá, y las políticas neoliberales, las medidas antisociales, la desigualdad, el paro, las privatizaciones de servicios públicos, etc. etc., continúan campando a sus anchas. Por lo tanto, no es sólo cuestión de refundar un partido de izquierda, sino de repensar la forma de organizarse y de actuar para que los principios de la izquierda tengan alguna posibilidad de avanzar. Y ello implica dos cosas: la primera un espacio común de todos aquellos grupos, plataformas, organizaciones, coordinadoras, movimientos sociales, sindicalistas, activistas varios etc., para elaborar propuestas alternativas y acciones comunes. Y la segunda, y muy importante, qué hacer para llegar a la población: los millones de parados, de jóvenes, profesionales, intelectuales, trabajadores/as, inmigrantes, clases populares…en fin, a la ciudadanía en general, o como mínimo a aquella parte de la ciudadanía que sufre directamente los males del sistema, que son la mayoría.
—Cuando hablas de un espacio común, ¿incluyes ahí a la izquierda política?
—En principio esto sería lo lógico, pero el panorama actual de los partidos llamados de izquierda no es muy alentador. Principalmente porque los actuales partidos, tal y como hemos comprobado, están mucho más interesados en obtener buenos resultados electorales que en organizar a la sociedad y plantar cara al neoliberalismo. En principio, pues, yo creo que sería mejor intentar aunar todas aquellas personas (militen o no en algún partido o sindicato) y aquellos grupos que, de momento, no están volcando sus esfuerzos en el terreno electoral. Yo creo que, tal y como están las cosas, sería mejor aunar fuerzas, ideas, organización y movilización antes de plantearse aventuras electorales. Y, en todo caso, si ello diera resultados, decidir más adelante entrar en el terreno electoral. Otra posibilidad sería aunar los esfuerzos con las nuevas formaciones político-electorales, como el Partido Anticapitalista, o la nueva formación en Cataluña “Desde baix”. Finalmente, si hay fuerza social suficiente, ello de por sí ya puede presionar a los partidos existentes. En todo caso, lo que no veo que nos vaya a ayudar es crear nuevos partidos, con funcionamientos similares a los actuales y con las energías puestas en el terreno electoral. Y tampoco veo muy factible la “reconversión” (que no refundación) de los partidos existentes: IU, ICV, EUiA, ya que arrastran muchos vicios, intereses y personalismos, que difícilmente se podrán cambiar.
—Permíteme actuar como abogado del diablo. Dejemos por el momento a la izquierda política, y centrémonos en lo que hemos convenido en llamar izquierda social. Se me hace muy difícil imaginar cómo podrían converger grupos y personas que están en actitudes políticas muy distintas sin que antes se hayan definido parámetros comunes que permitan esa convergencia. Por ejemplo, citas a la plataforma “Des de baix”, formada por un núcleo de Izquierda Anticapitalista y otros grupos y que se define con el eufemismo “soberanista”. Esa es una línea de de marcación muy nítida, insuperable creo, con respecto a otros grupos. Del mismo modo podríamos señalar la línea de demarcación “anticapitalista”, que chocaría con movimientos de inspiración más bien socialdemócrata, o la de los que plantean el “decrecimiento” contra las formas habituales de entender el desarrollo, y así sucesivamente. Más allá de que, también aquí, cada maestrillo tiene su librillo, no veo quién, ni desde donde, podría plantear una convergencia hacia una plataforma inclusiva.
—La verdad es que lo que dices no es hacer de abogado del diablo, sino describir la pura y dura realidad. Pero es justamente esta realidad la que deberíamos tratar de superar. Estoy de acuerdo en que los temas del nacionalismo se entrecruzan y hacen muy difíciles unas alianzas que sin este tema serían naturales. Pero más allá de ello creo que, en las circunstancias actuales, existen suficientes puntos en común entre el anticapitalismo, la socialdemocracia y otras denominaciones que, en definitiva, lo que plantean es detener el avance del neo liberalismo. Seguramente encontraríamos 10 pun tos (por decir una cifra) en común, tanto en el análisis como en las propuestas, con los que se podría trabajar conjuntamente, coordinar y movilizar. Y sobre todo, insisto, llegar a más gente, crear más núcleos, aumentar la organización, etc. La verdad es que parece una ardua tarea, pero ¡no hay otra! O se empieza de alguna manera o abandonamos definitivamente. ¿Por qué no un llamado a todo el mundo, una discusión de los puntos, una línea de extensión, formación y debate, unas propuestas de movilización…? Podría ser una manera de empezar. Existen, por otro lado, propuestas como la de Socialismo 21 que, a mí entender, podría jugar este papel, siempre y cuando sea capaz de crear este espacio común en el que quepan muchos más grupos y personas de los que lo formamos actualmente, sin caer en sectarismos ni en guerras de protagonismos. Sinceramente, no tengo la solución. Y por lo que se ve, no la tiene nadie, pero el hecho de que mucha gente la busque ya es una manera de empezar. Y, como dice el poeta “se hace camino al andar…”
—Vayamos pues al asunto de la Izquierda política. Si no se forman nuevos partidos –lo cual parece bastante sensato– habrá que contar con los que existen como referente político y por tanto también electoral, independientemente de que se produzca una convergencia en “lo social”. Pero los partidos de izquierda, en vez de converger, divergen cada vez más entre sí. A la escisión de IU de la que surgió Izquierda Anticapitalista, hay que sumar ahora el proyecto que apadrina Iniciativa de una Izquierda Verde a nivel estatal. Por otra parte, a la proclamada refundación de IU parece que le cuesta dar los primeros pasos. Pero hay una interrelación entre la izquierda política y la izquierda social: muchísima gente practica la doble militancia, en un partido y en un movimiento social, donde observan comportamientos a menudo antagónicos ¿Vamos a acabar esquizofrénicos? ¿No deberíamos apoyar también, simultáneamente a un proceso de convergencia social, la refundación y la convergencia de los partidos de izquierda? —La cuestión es ¿cómo se hace esto? ¿Cómo se apoya un proceso de convergencia y/o refundación de los partidos existentes? ¿Lo deben hacer los militantes desde dentro o se puede incidir desde fuera? ¿Las estructuras actuales de los partidos permiten realmente incidir en las cúpulas? Para mí esta sería una buena cuestión de debate: para las personas que tienen doble militancia, en un partido y en un movimiento ¿qué es más rentable, desde la perspectiva de frenar el neoliberalismo, dedicar tiempo y energía a la “reconducción del partido” (con pocas posibilidades de éxito, creo yo) o bien dedicarse al movimiento social, a la agitación, al debate, etc.? Yo me encontré en una disyuntiva similar y opté por el movimiento social (y después por el sindicato), pues para mí el partido era un instrumento para enfrentarme al sistema y no un lugar en donde enfrentarme con mis propios compañeros/as. Pero la mayoría de las veces esto no es así y muchas personas, buenas militantes y activistas, pasan más tiempo peleando en la propia organización (partido o sindicato) que peleando por cambiar las cosas. Por otro lado, también es cierto que los partidos existentes tienen todo un bagaje, un trabajo hecho con muchos años y mucho esfuerzo, con militantes, votantes, activistas, etc., y que tirarlo todo por la borda es una verdadera lástima. Pero ¿cómo cambiar el funcionamiento poco democrático, las luchas personalistas, las escisiones y las decisiones de las cúpulas, sin morir en el intento? La verdad es que yo no tengo respuesta. Y lo más trágico es que la cuestión es urgente. En un momento de retroceso en los derechos sociales y laborales, de paro galopante, de desmantelamiento del estado del bienestar, es más urgente que nunca una fuerza política o social que vertebre una oposición fuerte y plantee contrapropuestas claras e inmediatas. Y como hay que empezar de alguna manera, yo apostaría por lo que decía al principio, un espacio de confluencia, lo más amplio posible, que vertebrara una primera respuesta y, a partir de ahí, ver como se puede construir esta nueva fuerza social y política que aglutine a la izquierda transformadora. Y ello puede ser, tanto desde una organización ya existente que sea capaz de abrirse y aglutinar (¿IU?), desde alguna de las nuevas organizaciones que están surgiendo(¿Socialismo 21?), o desde un llamamiento público (¿intelectuales?, ¿personalidades? ¿activistas?) a crear este espacio. Mientras tanto, en las próximas elecciones habrá que hacer de tripas corazón y votar la menos mala de las opciones.
—Ya sé que esta es una pregunta de casi imposible respuesta. Pero ahí va: ¿cómo es posible que hayamos llegado a esto? ¿Por qué una izquierda vigorosa, rica intelectualmente hace tan sólo unas pocas décadas, ha acabado tan escasa de ideas, tan mermada numéricamente, tan refractaria al debate, tan atomizada en partidos y movimientos? Y no me refiero sólo a España; es algo que ha sucedido en toda Europa…
—Respuestas sí las hay, supongo, muchas y variadas, pero saber cuál de ellas se acerca más a la realidad, es tarea casi imposible. Yo no soy ninguna analista política, pero tengo la sensación que “el sistema” está siendo mucho más fuerte y tiene muchas más armas (de todo tipo) de las que imaginábamos. El derrumbe del bloque soviético marcó un hito: no sólo se aireaba el “fracaso del comunismo” y el fin de las utopías, sino que desaparecía un contrapoder real y un contrapeso al bloque capitalista. La idea de imposibilidad de cambio, del capitalismo como único sistema posible, fue penetrando. La izquierda se acomodó y, con la excusa del pragmatismo, se conformó con “gestionar”, mejor o peor, lo que existía.
En España, además, con una transición incompleta y una recién estrenada democracia, nos dedicamos a olvidar la historia y en los Institutos y Universidades se dejó de hablar de marxismo, de lucha de clases y de explotación. Nuestros hijos e hijas nacieron y crecieron con todo resuelto, no supieron de luchas ni de conquistas, no les enseñamos que los derechos hay que pelearlos. Por otro lado, el aumento del nivel de vida (¡aunque fuera hipotecando el alma!), una sensación de progreso infinito, una cierta promoción social de las viejas clases trabajadoras, un consumismo insaciable, el dinero fácil a base de la especulación, una imposición del individualismo como valor funda mental… han hecho mella en la gran mayoría de la población y también en la izquierda organizada. La política ha perdido su idealismo y el beneficio personal (prestigio, cargos, dinero, privilegios) han hecho mella también en las filas de la izquierda (en la derecha siempre ha sido así). El monopolio de los medios de comunicación, el aumento del poder del capital y sus principios neoliberales, a partir de la caída del muro de Berlín, han hecho el resto. El poder se ha fortalecido, el pensamiento único se ha instaurado, y la oposición (partidos, sindicatos, organizaciones de izquierda) se ha debilitado. El resultado es este ataque sin precedentes a las conquistas sociales y laborales que habíamos ido ganando a partir de numerosas luchas. La lucha de clases continúa existiendo, y en esta lucha, cuando una parte ofrece menos oposición, la otra gana terreno. Y el terreno ganado, en este caso por el capital y el neoliberalismo, le da más posibilidades de anular aún más a la otra parte: desprestigiando sus valores, silenciando sus ideas, comprando voluntades, imponiendo leyes, desmembrando organizaciones, cooptando líderes, destruyendo complicidades… Y esto en el mejor de los casos, no debemos olvidar que el neoliberalismo se impone en América Latina a golpe de metralleta, con la desaparición física (asesinato) de una parte importantísima de líderes de izquierda. Y que los intentos de enfrentar el modelo que se están llevando a cabo en Bolivia o en Venezuela, están siendo torpedeados desde todos los frentes (con “ruido de sables” incluido).
En fin… ¿qué te voy a contar que tú no sepas? Pero la historia no se detiene y como todo indica que las cosas van a ir a peor, creo que es más urgente que nunca recomenzar, recuperar fuerzas y volver a avanzar terreno en esta lucha de clases, que no es más que el intento de una humanidad humanizada, con justicia y con menos dolor. Para ello la organización colectiva y la lucha son el único camino. Es necesario recuperar la memoria de las luchas, la necesidad de socializar los problemas, la obligación de participar en la marcha de la sociedad (que no se agota con el voto cada cuatro años), la formación ideológica de nuestros/as jóvenes, la satisfacción de ser solidario y la indignación ante las injusticias. Reagrupar fuerzas y sumar es una manera de empezar. En ello estamos, quizás muchos/as más de lo que creemos. Y así, como alguien dijo con muy buen humor: “de derrota en derrota… ¡hasta la victoria final!” —Viendo desde fuera el proceso de refundación de Izquierda Unida, ¿qué cambios deberían producirse en esa formación para considerarla efectivamente refundada?
—Ahí sí que mis respuestas son aún menos claras. Mi sensación es que los partidos tradicionales de la izquierda están agotados, en nuestro país y casi en toda Europa. Sin embargo pienso que es una lástima perder todo el potencial que un día tuvieron. Desde fuera da la impresión de que nadie, en la propia organización, sabe exactamente en qué consiste esta refundación de IU, y que las disputas internas y las luchas personales han ahogado el verdadero debate e, incluso, las buenas prácticas. Estoy convencida de que existen dentro de IU personas muy válidas, luchadoras y honradas, pero creo que la organización está muy viciada. Yo creo que si no se cambian las “reglas del juego” es muy difícil avanzar. Sé muy poco de organización, pero creo que hay que buscar nuevas fórmulas que aseguren la democracia interna y la participación real. Tengo la sensación de que cada vez hay más distancia entre los militantes de base, e incluso los votantes, y las cúpulas de los partidos; que las decisiones no se toman a partir de debates ideológicos abiertos, sino a partir de pactos entre pasillos. Se tendría que abrir la organización a los nuevos movimientos y, sobre todo, dedicar los esfuerzos y las energías a la formación, discusión, extensión y movilización de una amplia mayoría social, en vez de dedicarlos a conseguir rendimientos electorales y ocupación de cargos. Puestos a elucubrar, no sé si sería mejor la creación de este “nuevo espacio” de confluencia, y que IU (o sus militantes) formaran parte del mismo, sin por ello tratar de monopolizar nada, o bien que IU se pudiera convertir en este nuevo espacio. Las dos cosas me parecen muy difíciles de conseguir.
—Para acabar , ¿qué es exactamente Farga? ¿Cuáles son sus objetivos?
—Farga (Fòrum Anticapitalista de Reflexió i Generació d’Alternatives) nació en 2008 como un espacio de debate de la izquierda social con voluntad de intervención política no electoral. El objetivo fundamental es ser un espacio de discusión y reflexión sobre el modelo económico, cultural y político actual y la elaboración de propuestas para su modificación. Pero también pretende ser un espacio de intervención, con capacidad de respuesta y de crítica y con voluntad de posicionarse y poder ser un referente de la izquierda anticapitalista. Farga está compuesto por un número reducido de personas, procedentes de diferentes tradiciones, que consideramos era necesario iniciar este camino con el intento de construir un discurso común alternativo. Para ello organizamos asambleas y debates diversos: sobre educación (La nueva Ley de Educación de Cataluña, el Plan Bolonia), sobre Democracia y laicidad, y sobre La Crisis y como salir de ella. Participamos en el Foro Social de Cataluña (FSCAT 2010) con tres seminarios sobre análisis político y alternativas y el último acto que organizamos (conjuntamente con otras entidades) y que tuvo una gran audiencia fue una conferencia de Samir Amin en abril de 2010, sobre la necesidad de avanzar hacia una V Internacional. Si bien continúa siendo un espacio que tiene sentido, nuestro objetivo de ampliar el número de personas y de actividades, y de llegar a ser un punto de encuentro de la izquierda anticapitalista, no se ha cumplido.

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