domingo 20 de septiembre de 2009

LA FIRMA INVITADA

Disfruten de esta pequeña obra maestra de uno de los mejores escritores argentinos vivos: Guillermo Orsi.
“EMERGENCIA"
Guillermo Orsi


Para un policía de raza el mundo no existe. No tal cual está configurado, un programa windows que ni Bill Gates sabe para qué sirve, pura chatarra tecnológica, agonía virtual, muertos a medias que siguen poniendo cuernos a sus parejas o comprando y vendiendo acciones en la bolsa.
Un poli de raza se enfrenta o convive sólo con ladrones y asesinos. Es ésa la gente por la que vale la pena ser policía, apenas unos miles entre miles de millones, suerte de raza elegida, de reproductores del mal a los que es necesario preservar, si se quiere evitar que el mundo se disuelva en la nada como un terrón de azúcar en un pocillo de café.
-No es bueno morirse, no vale la pena, a quién le importa.
Hace años que el inspector Valle le dio caza a Di Lorenzi, el destripador de muñecas. Al comienzo, cuando él era joven y apareció el primer cadáver, la prensa lo subió al podio de los triunfadores. Valle lo había detenido en menos de una semana, aunque no pudo evitar entonces un segundo cadáver de adolescente rubia, pecosa, tan muñeca. Creyó, y deseó, no volver a enfrentarse con rostros como el de ese monstruo anodino, un cúmulo de grasa sin cerebro, sólo la pulsión de violar y matar lo mantenía en movimiento, una máquina inútil, un prototipo de los que en pocos años más la sociedad fabricaría en serie como a los autos, en las líneas de montaje de su cultura trepadora y al mejor postor.
Hoy, treinta años más viejo, a punto de retirarse con una jubilación que tendrá que apuntalar investigando desfalcos o custodiando ricachones, Valle debe volver a verlo, a mirarse en ese espejo que creyó haber roto a golpes de olvido, de sucio hartazgo, de indiferencia.
-Salió hace una semana de Sierra Chica y ya anda merodeando por un country en Del Viso, buscando vírgenes- le dijo Maidana. –Si lo encontrás y no te ve nadie, matalo. El tipo cumplió su condena, ningún juez va a querer tomarse el trabajo de abrirle otra causa.
Tiene razón, Maidana, aunque es fácil decir matalo y quedarse sentado detrás de un escritorio. Tampoco es cuestión de tripas, Valle está seco, ha tenido que dar de baja a varios que la justicia se empeñaba en mantener con vida como un respirador artificial. Nunca lo molestaron por eso, a lo sumo algún fiscal imberbe al que un prematuro ascenso en su carrera judicial llamó a silencio. Mucho menos, claro, la conciencia, ese otro monstruo del que todos hablan pero cuyo rostro muy pocos han visto.
-¡Ahí está!
El que lo señala es su compañero de patrulla, un poli recién salido del horno al que Valle ha bautizado Hannibal Lecter porque sueña –dice- con comerse crudo a uno de estos depravados.
-Prepará los cubiertos- dice Valle, -la mesa está servida.
Hombros vencidos, clavada la mandíbula sobre el pecho, mirándose los pies si se los ve desde esa altura, porque mide unos dos metros Di Lorenzi, el destripador de muñecas. Un vagabundo viejo, un linyera, un croto que desentona en la calle pulcra del barrio privado, una basura levemente humana que el viento lleva de un lado a otro. Los guardias llamaron a la comisaría porque los vecinos están alarmados, de dónde salió esa cosa, bárranla.
No saben, los vecinos, de quién se trata. Si lo supieran armarían flor de quilombo, en minutos los cuervos de la tele invadirían el barrio y adiós encargo de Maidana, otra vez a leerle sus garantías al destripador de muñecas, a buscar testigos, cadáveres frescos y los fiscales recitando a las cámaras que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, toda la prensa encima, como las moscas.
-Esperame acá, con el motor en marcha.
-¿Seguro que no necesita ayuda, jefe?
Ayuda para matar a un viejo baboso, enfermo, deforme el rostro repugnante, en parte por las biabas recibidas en prisión y en parte por la presión constante de sus obsesiones sexuales, los violadores son cloacas ambulantes, todo en ellos es excremento.
-Quedate acá, te dije.
Baja, camina unos metros y se pone a la par. Di Lorenzi lo reconoce.
-Pero por el olor- le aclara: -siempre oliste a mierda, Valle, te dejaron tus mujeres pero ese aliento a carroña no te abandonó nunca.
Y antes que Valle reaccione, lo insulte, lo escupa, manotee la sobaquera para ponerle fin a este feo encargo:
-Si viniste a matarme, no tardes. Tengo apuro.
Se le congela la mano sobre la culata, a Valle. Tiene apuro, el destripador de muñecas: una cita, seguro, lo esperan. Adonde vaya, no importa, lo esperan y no quiere retrasarse.
Mira la tarde, Valle, como podría detenerse en la contemplación de un cuerpo de mujer. Apacible, algo gris, tibia pese a todo, si fuera una hembra lo invitaría a sentarse, tomar algo, hablar un rato y, por qué no, irse juntos a la cama. Linda, la tarde, como para humillarla matando.
-Portate bien, Di Lorenzi.
Y pega la vuelta, rumbo a la patrulla.
El viejo protesta:
-Volvé, Valle, cumplí con tu deber, no seas hijo de puta.
Deja de oírlo en cuanto sube a la patrulla y cierra la puerta, su ayudante ha encendido la radio, say no more, canta Charly García y doscientos metros más adelante los guardias del barrio privado saludan con una leve inclinación de sus cabezas, el ayudante conduce satisfecho, estos son jefes, parece decirles.
-¿Todo bien, jefe?
-Say no more, pibe.
Trescientos metros de caminito ripiado, una rotonda y el acceso a la autopista.
-Ahora sí, dale gas.
Acelera a fondo, el ayudante de Valle, le gusta la velocidad, como a cualquier pendejo.
-¿De qué escapamos, jefe?
El ayudante mira por el retrovisor, divertido, el auto vuela. Valle se mira en el espejo del acompañante pero no ve su rostro, tampoco el de Di Lorenzi, es otro, otra, quién sabe.
-No me dijo quién nos persigue.
Cómo decirle, no entendería, en la academia ni la nombran y si alguno sospecha que existe, que se despida de graduarse, no es un policía de raza.
-¿Vos le viste alguna vez la cara a tu conciencia? No somos verdugos, somos policías, pibe. Y dale gas, carajo, que se hace tarde para todo.
Ya no insiste en su pregunta, el ayudante.
Acepta que en treinta años de cana los fantasmas pueden ser demasiados, tanto cadáver sin nombre ni historia, a fondo, pibe, mucho gas, baliza y sirena al mango, en emergencia.

Guillermo Orsi Argentina (Buenos Aires, 1946)
Escritor y periodista argentino, Guillermo Orsi nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1946.Ha dedicado su carrera literaria a profundizar en el género negro, en el que está considerado como uno de los actuales maestros en lengua castellana.Orsi ha ganado premios tan importantes como el Emecé de 1978 por El vagón de los locos, el Umbriel de la Semana Negra por Sueños de perro (2004) o el Ciudad de Carmona por Nadie ama a un policía (2007)Ciudad Santa (2009) es su última novela publicada hasta el momento.

LOS LIBROS DE MIS AMIGOS

DE CARNE Y HAMBRE
Fátima Frutos
(Huerga y Fierro, 2009)
59 págs.

Las ilustraciones son cuadros de Tamara de Lempicka.

Pocas veces un título ha sido tan ilustrativo del contenido de un libro como éste, el del primer poemario que publica Fátima Frutos y recibió el Premio Internacional de Poesía Erótica─Amorosa del Ateneo Guipuzcoano, porque de carne ─ eros─ hablan sus poemas, pero también de hambre, poesía social, están impregnados.
Con versificación libre, el libro se divide en tres apartados. El primero, LA FILIA: SOY MUJER, es una reivindicación del ser femenino a través de una serie de homenajes a cuantas mujeres han dejado su impronta en la historia, desde Hypatia a Camille Claudel, pasando por Gioconda Belli, una declaración de amor al ser femenino, su cuerpo y su alma, del que irradia vida por naturaleza.

Quiero rozar los límites de la osadía
haciendo que mis caderas roten
por y para un total estremecimiento
y vibrar sobre las latitudes de tu memoria
y saciar de llamas tus impulsos posesos

En la segunda parte, bajo el nombre EL EROS: DE CARNE, la poesía de Fátima Frutos encuentra su momento álgido, se despeña literalmente en los abismos de la pasión sexual y obtiene versos de una fuerza y belleza arrolladoras, como las del poema DESEMBOCADURA, uno de los más intensamente eróticos del libro.

Quiero
libar la espuma que te mana.
Y ebria ya, en la desembocadura,
fundirme en el mar de tus ojos:
para volver a beberte.

Y se cierra con EL ÁGAPE: Y HAMBRE, en donde la poesía de Fátima Frutos, que ejerció como profesora en la UCA de El Salvador, adquiere un tono reivindicativo, del que el poema MEMORIA ÍNTIMA es un buen ejemplo

Allí donde viejas verdades gimen salir del cieno,
donde un hombre solo desafía al tanque y al sátrapa,
donde las mujeres queman sus cadenas y alzan sus entrañas.

Fátima Frutos entiende la poesía como grito que sale de las entrañas, corazón que bombea con ímpetu la sangre que ella convierte en verso, primando el contenido pero sin descuidar la forma. Hay belleza y fuerza telúrica a raudales en sus composiciones, música y sensualidad, desgarro y sentimiento, profundidad y coherencia en ese puñado de excelentes poemas que conforman DE CARNE Y HAMBRE y en los que la poetisa se desnuda sin ningún pudor y nombra a sus maestros: Gioconda Belli, Ana Rosetti, Pere Casaldáliga, Luis Alberto de Cuenca...


DE CARNE Y HAMBRE se presenta en Pamplona el día 2 de octubre


EL ÁTICO

Triste est omne post coitum, prater mulierum gallumque.
GALENO DE PÉRGAMO

Bajo la inclinada ternura de esta caverna en el cielo de Gran Vía,
donde te doy mi cuerpo envuelto en las muchas tierras que nunca pisé.
Tan silencioso y tan exánime tu rostro; quedo, vencido, sola,
arrebujado entre horas nacientes, tras las que tres veces me negarás,
yo busco aún los despojos de aquella furia cálida e inextinguible
que antaño no reparaba en las vilezas del mundo.

Porque múltiple y lenta es la forma de la muerte lúbrica,
quisiera antes, borrar por un instante la condena a serte infiel,
desterrar este ansia imparable de Fedra nueva, perversa,
que mece arrayán en los ocultos pliegues de su piel hambrienta.

Y si el insólito gallo -que juro- habita las azoteas de Madrid
no golpea las pausas de tu sueño y marcho penitente, desarmada,
acúsame en tus poemas de haberte deseado vivamente,
de rozar la demencia entre el goce y el desatino.
Distíngueme en tus versos como la Dafne rebelde,
que teniendo a donde huir, siguió cantando su vida
para que obtuvieras laureles con los que cubrirte.
0 admite, si crees que así se resarce la verdad,
que más que amantes atronando nocturnidad y alevosía,
hemos sido esos insospechados desconocidos,
merodeando, el uno por el cortejo sagrado del éxito,
y la otra, por la agria gangrena de un amor en ruinas.


Fátima Frutos se inició en la poesía con 14 años. Estudió Sociología en la Universidad Pontificia de Comillas y cursó dos postgrados en Atención Integral a Víctimas de la Violencia de Género y Políticas de Igualdad. Ha trabajado para distintas consultorías y ejerció como profesora en la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA). Forma parte del Grupo de Poesía "Ángel Urrutia" del Ateneo Navarro desde el 2002. Se confiesa aprendiz de poetisas como Gioconda Belli, Ana Rossetti, Mayte Pérez Larumbe y Marina Aoiz; y de poetas como Luis Alberto de Cuenca, Víctor Manuel Arbeloa o Pere Casaldáliga. Su poesía ha sido publicada en las revistas especializadas Río Arga y Constantes Vitales. Revistas de Humanidades como Bitarte, y periódicos como Diario de Navarra y Diario de Noticias de Navarra, o la revista Trabajadores, de la UGT, también han albergado en sus páginas poemas y artículos de Fátima Frutos. Es miembro de la Asociación ALAS Mujeres por la Literatura y las Artes desde el 2004. Ha prologado el libro de relatos eróticos escritos por mujeres Herótikos en el 2005 y en el 2007 se publican poemas suyos en la Antología Imágenes y Palabras de Mujeres Malagueñas", siendo la única participante foránea elegida.

LA PELÍCULA

DESGRACIA
Steve JacobsCursiva

Las complejidad de las novelas del nobel sudafricano Coetze no parecen, a priori, un material fácilmente trasladable al celuloide─ como tampoco lo son las de Jelineck, pero ahí está La pianista de Michael Haneke─, pero un director tan discreto como Steve JacobsLa española ─ consigue el milagro de convertir en buenas imágenes el texto árido y cortante de esta novela, Desgracia, que habla de un profesor de literatura desarraigado y vorazmente sexual, David Lurie (un extraordinario John Malkowich, algo que no sorprende), que debe dejar la universidad por corromper a una alumna, y acaba viviendo con su solitaria hija lesbiana Lucy en una apartada granja en donde sufrirá, en carne propia, la violencia extrema que es la norma de un país desgarrado.
La mayor virtud de esta película, a ratos desconcertante ─ Lucy no guarda más rencor a sus atacantes adolescentes que la violan, por ejemplo, que a su propio padre, al que mete en el mismo saco de los machos violentos y depredadores ─, estriba en su fidelidad escrupulosa al texto literario y en el acierto del tono. Hay dos partes en la película, perfectamente separadas, como si se tratara de dos films, pero que se complementan. En la primera, urbana, lluviosa y gris, que se diferencia bruscamente de la segunda hasta en textura fotográfica, asistimos a la permanente insatisfacción sexual y emocional del complejo e inestable profesor universitario de literatura David Lurie ─ la película se abre con una escena de sexo mercenario con una prostituta ─ , encaprichado de su joven y atractiva alumna mestiza Melanie (Antoinette Engel), que acabará denunciándole y será el detonante de su expulsión de la universidad. En la segunda parte del film, rural, luminosa, casi otra película, vemos a un David Lurie derrotado, asediado por dudas morales, acercándose a su hija Lucy (Jessica Haines), con la que no ha tenido muy buena relación y vive a un entorno agreste, en una granja apartada, dedicada a las labores campestres, sin más vecino que un granjero negro llamado Petrus (Eriq Ebouaney), un hombre huraño que ha pasado de ser simple trabajador a copropietario de las tierras. En ese espacio yermo y vacío, una especie de exilio que se impone, David Lurie busca la paz junto a su hija, intenta escribir una ópera sobre Lord Byron, se autoemplea en la clínica canina de Bev Shaw (Fiona Press), amiga de su hija Lucy con la que tiene relaciones sexuales mercenarias ─ aquí es él quien cobra─ y expía su sentimiento de culpa cuando no puede evitar que tres muchachos, uno de ellos el sobrino del vecino Petrus, violen a su hija, hecho que le abre los ojos y le lleva a pedir perdón a los padres de su alumna Melanie.
Steve Jacobs, con sobriedad narrativa y sin escarbar en los aspectos más melodramáticos de la historia ─ la violación se describe con una elipse que se abre con David Lurie a punto de ser quemado vivo por los atacantes, tras ser rociado con gasolina, y se cierra con Lucy con el vestido desordenado y reprochando con la mirada al padre su inoperancia mientras se preocupa más por el perro malherido que por sus quemaduras ─ , lleva a la pantalla el universo de Coetze y esa Sudáfrica post─apartheid con conflictos raciales latentes en la que los blancos se sienten responsables de lo que hicieron y atados por sentimientos de culpa, y los negros toman la revancha en un infernal círculo en el que la violencia y la violación se convierten en hechos casi culturales, y lo hace con precisión, sin subrayados, con una dirección impecable de los actores ─ no sólo Malkowich ─ a los sumerge en un paisaje de dura belleza, casi mineral, y en nada edénico.

Desgarrador retrato de paisaje y paisanaje.

MIS LIBROS

Se cumplen 70 años de la mayor masacre de la historia de la humanidad, el conficto que sembró los campos de Europa y Asia con el abono de 60 millones de cadáveres, un porcentaje importante de los mismos, alrededor de diez millones, asesinados a sangre fria en los campos de exterminio nazis. Por su gravedad moral, el Holocausto es un tema que sigue presente y que no prescribe, de la misma manera que no prescribe juridicamente - ahí está la orden de busca y captura de un juez español contra tres guardianes de campos de exterminio -, un hecho que debiera hacernos reflexionar hasta qué límites es capaz de llegar el hombre para hacer el mal a sus semejantes. Por eso, para mí, el nazismo es EL MAL ABSOLUTO. Y esa es la razón por la que escribí esta novela que recomiendo a todos los que quieran saber mucho más que la historia oficial de ese hecho execrable, porque la novela habla de las complicidades que existieron, la locura colectiva que propició la carnicería, las prioridades bélicas que relegaron la liberación de los campos de la muerte al nivel de lo secundario y, sobre todo, lanza una pregunta al aire: ¿Qué hubiéramos hecho nosotros en esas circunstancias?

A continuacíón, la última reseña aparecida sobre mi novela


El mal absoluto (Jose Luis Muñoz)

Leído en Junio 2008

XI Premio de Novela Ciudad de Badajoz.

Otro premiado. Argumento: Una periodista de la ZDF hace coincidir en un documental televisivo a Günter Meissner - ex oficial de las SS de Auschwitz y ahora acaudalado empresario - y a Yehuda Weis - un superviviente del campo de exterminio que vive casi en la indigencia.

Si tremendo es el testimonio de Meissner, que con absoluta frialdad y orgullo relata las atrocidades cometidas en el campo de concentración, de poner los pelos de punta son las declaraciones de Yehuda Weis que cuando descubre en el documental la cara del oficial de las SS, comprende que si sobrevivió a aquel horror ha sido para llegar a este momento final de su vida y para que ese crimen no caiga en el olvido y quede sin perdón.

Muy interesante la reacción de la periodista a estas historias, incapaz de ser neutral.

José Luis Muñoz, utiliza un lenguaje claro, muy conciso para contarnos la historia de una venganza en un trhiller increíble, donde se nos relata, desde mi punto de vista, el período más negro de la humanidad y su hecho más atroz: el Holocausto. El final más o menos es previsible pero aún así muy emocionante.
http://bitacorademislecturas.blogspot.com/

¿QUÉ FUE DE...?

Publicado originalmente en la web Notas de Cine

Qué fue de Tom Berenguer
Marc Muñoz


Retomamos la serie ¿Qué fue de …?, y por primera vez, lo hacemos con un protagonista masculino. Como ya comentamos la plaga del olvido afecta en mayor grado a las actrices que superan la cincuentena (véase Kathleen Turner o Jessica Lange). No obstante la vorágine del negocio afecta a todos en Hollywood y este también ha sido el caso del actor Tom Berenger.

La mayoría recordaréis a este señor nacido en Chicago, hace exactamente 60 años, por su interpretación del odioso y sociopata Sargento Barnes, en la inolvidable Platoon de Oliver Stone. No obstante, la filmografía de Berenger va mucho más allá con una carrera marcada por sus papeles de villano y por su faceta de actor secundario. El de Illinois inició su trayectoria artística a finales de los 70’s en películas de escasa repercusión. Fue en la siguiente década, en la de los 80’s cuando adquirió fama mundial por sus roles en filmes como el citado Platoon (nominado al oscar como mejor actor secundario), en la nostálgica Reencuentros de Lawrence Kasdan, o como miembro del Ku klux Klan en Senderos de traición de Costa Gravas, donde compartía plano con Debra Winger. También en esta década lo recordaréis por sus pequeños papeles en filmes emblemáticos como Nacido el 4 de Julio, otra vez a las ordenes de Stone.

En la siguiente, Tom Berenger siguió trabajando a un buen ritmo en filmes de mayor o menor gloria. Entre los más destacables en la década de los 90’s encontramos: El prado de Jim Sheridan, La noche de los cristales rotos, Jugando en los campos del señor. Y otros de más olvidables como Acosada, Misión explosiva o El Sustituto.

Como en la mayoría de actores que ocupan estas entregas, la actual década evidencia el ocaso de su carrera artística. Su único papel destacable, fue su breve interpretación en Training Day de Antonie Fuqua. por lo demás sus papeles han pasado inadvertidos por el público español, hasta el punto, como en muchos casos, que Tom Breneger ha visto relegado sus intervenciones a papeles televisivos y en series de TV.

En el caso de este actor, y para buscar el aspecto positivo, cabe decir que su ritmo de trabajo sigue siendo alto, a pesar de que sus proyectos acostumbran a ser fallidos. En la actualidad, el actor preparara o actúa en cinco nuevas producciones.

Marc Muñoz (Barcelona, 1983). Licenciado en Ciencias Audiovisuales y Publicidad por la Universidad Raimon Llull. Apasionado del cine y las nuevas tendencias musicales, escribe en Fanzine Digital, revista especializada en cine, música, videojuegos y cómic, en la página web Notas de cine y tiene en la red EL DESTILADOR CULTURAL, interesante ventana a toda actividad cultural en el terreno del cine, la literatura y la música.


EL LARGO ADIÓS

THIERRY JONQUET




Agosto, mes para los olvidos, trae una noticia triste, una más: la muerte de Thierry Jonquet a los 55 años. A Jonquet lo conocí en la primera Semana Negra gijonesa. Visualmente. Mi timidez, y la suya, mis escasos conocimientos del francés, me impidieron cruzar una palabra con él, pero sí le escuche con devoción y me pareció, de siempre, el escritor más interesante del polar. Por eso compré TARÁNTULA, o me la regaló su editor, Silverio Cañada, y la devoré fascinado por su arquitectura literaria, su devastadora crueldad y su imaginación. Por desgracia Jonquet no alcanzaría nunca la maestría conseguida en esa novela mítica ─ de la que Pedro Almodóvar compró sus derechos cinematográficos ─ en sucesivas creaciones ─ La Bella y la Bestia (1985) me pareció una buena novela, pero Ad vitam aeternam (2002) se me desinfló al final ─ y se le conoció mal en nuestro país en donde se tradujeron un número muy reducido de sus 30 novelas publicadas.
"Escribo novelas negras. Intrigas donde el odio y la desesperación se llevan la mejor parte y no paran de machacar a pobres personajes a los que no concedo ninguna oportunidad de salud", escribía Jonquet de sí mismo en Roja es la vida, 1998.
Releyendo su perfil biográfico me sorprenden algunas afinidades. Fumaba en pipa y llevaba barba. Yo había fumado y llevo barba. Milita en la extrema izquierda francesa, primero en Lucha Obrera y después en la Liga Comunista Revolucionaria. Yo lo hice en las filas del anarquismo radical. Durante su juventud, alternaba en sus lecturas a Dashiell Hammett con Trotsky. Se trata, en sus propias palabras, "de casar el rojo y el negro" para evitar "un lumbago mental, una luxación ideológica". Nunca leí a Trotsky, sí a Bakunin, y a Dashiell Hammett lo descubrí muy tarde, cuando me etiquetaron como escritor negro. Pero Negro y Rojo era el nombre del grupúsculo clandestino del que formé parte.
La literatura de Jonquet bebe de sus vivencias. De su experiencia como terapeuta en hospitales de heridos graves con trastornos de movilidad, en un geriátrico─ "Aparcábamos a los pequeños ancianos, esperando a que muriesen. Mi vida profesional se confundía con mis lecturas: negro, verdaderamente negro" ─ en un hospital para niños con amputaciones ─ "monstruos sin brazos ni piernas, un concentrado de horror"─ nacen sus personajes atormentados que viven en un entorno degradado en el que la criminalidad parece una salida lógica.
En La caraqueña del Maní (Algaida, 2007) le hice un pequeño homenaje. Macario, el ex etarra camuflado en una editorial venezolana, es un furibundo admirador de Jonquet y uno de sus sueños cumplidos es editarlo en el país caribeño. Así, Thierry Jonquet se convertía en personaje, aunque ausente, presente sólo por referencias, de mi novela, sobre el que me permito fabular una supuesta fobia a volar.
El despacho de Leonardo es amplio. El aire acondicionado congela el ambiente. Tomamos asiento en los dos sillones mientras los franceses se acomodan en el sofá y les paso el protocolo de contrato en una carpeta de tapas coloreadas.
- ¿Cómo funciona Thierry Jonquet en Francia?
Mi pregunta es capciosa. Sé que funciona bien. Sé todo de Thierry Jonquet. Me dejó atado con “Tarántula”. Un maestro del polar como no ha habido otro. Una mente perversa que se disfraza con la apariencia de Marco Ferreri, el director de cine italiano que murió y nos dejo algunas obras maestras. Quizá le robó su cara, su barba, su calva. Me fascinan los escritores, sobre todo los de novela negra. Nunca tienen la cara que esperas debe tener un escritor de ese género salvo James Ellroy, el de “L.A. Confidential”, que es como su perro de presa blanco y temes que vaya a morderte en cualquier momento, él o su dueño, tanto da. Suelen ser personas apacibles que sólo han visto pistolas en el cine y fiambres en los tanatorios cuando se les muere un familiar. Gente de lo más normal que sin embargo tienen una mente perversa, retorcida, y que uno piensa que de no escribir quizá descuartizaran al vecino o pondrían en ácido a su esposa.
- Jonquet es uno de los grandes maestros de nuestra literatura contemporánea, ha figurado, como ustedes imagino habrán verificado, entre los novelistas más vendidos de nuestro país.
- Okey, chévere.
- ¿Qué?
- Chévere. No se preocupe. Es una expresión caribeña que quiere decir, que muy bien, que perfecto. Es venezolana, pero los cubanos dicen que es de ellos. Pero nació aquí, carajo.
***
Leonardo y yo nos los llevamos a comer a un francés. No les gustó, evidentemente, aunque simularon lo contrario. Los vinos chilenos no eran los vinos del Loira, de Burdeos. La mostaza que acompañaba a la carne de vaca, algo correosa, no era la de Dijon. Y los cocineros venezolanos no tenía ni la más remota idea de hacer una tarta tatin.
- Nos gustaría contar con el autor cuando se presente la novela - Leonardo enfilaba el marrón con la boquilla de cigarrillo huérfana. Un día le pondría un cigarrillo prendido y le obligaría a fumar de nuevo.
- No creo que sea posible - Duval era el que hablaba español medianamente bien. Moderian callaba y miraba a la mesa de al lado en donde una venezolana rubia y de buen ver lucía un escote recién siliconado. - Monsieur Jonquet es alérgico a los aviones, les tiene fobia.
- Comprendo. Pues es una verdadera pena, porque aquí, en Caracas, las presentaciones de libros funcionan de forma excelente con el autor.
- ¿Unos marroncitos? - sugerí yo.
- ¿Unos qué? - preguntó el francés enarcando las cejas.
- Marroncitos llamamos a los cafés con un poquito de leche.
***
- Pero eres mi director de ficción. A lo mejor crees que es muy fácil encontrar a alguien competente de la noche a la mañana. Llevas seis años con nosotros, has levantado las colecciones, tratas con los franceses. ¿Y el libro de Therry Jonquet?
- Gracias por el piropo, aunque llegue tarde. “Tarántula” sale y se venderá solo, porque es un libro maravilloso que no necesita padrino. Un lector que lo lea y ya lo recomienda a otro, o lo compra para regalárselo al papá, a la mamá, a la novia. Carola te puede ayudar en todo, suplirme. Ella sabe hacer cualquier cosa. Tienes la suerte de contar con un segundo de abordo extraordinario.
***
El silencio es espeso y no pasa precisamente un ángel. El silencio se corta en determinados momentos y es violento, preludia una agria discusión. Pero había que actuar con diplomacia. Yo me creía en dique seco cuando llegué a Caracas, yo nunca quise creer que estaba en la reserva hasta que vinieron estos dos con pinta de matones para convencerme y recordármelo. Había huido a Caracas para curarme, para borrar la herida que me sacudía por dentro, y no lo había conseguido, ni lo conseguiría nunca, sin duda. Pero me engañaba, me convencía de que era Macario, que dirigía el departamento literario de la editorial, era el tipo de los contactos, el que conseguía editar al gran Thierry Jonquet y lanzar una colección de novelas de acción con sabor caribeño. Nada era cierto, sin duda. Y yo estaba allí, en el Guipúzcoa, mi casa, con dos comensales con los que nunca hubiera querido compartir plato ni vino.
***
El tema de todas las televisiones es Chávez, por supuesto. En la cadena estatal el indio con pelo de negro que rige los destinos del país con maneras castrenses atiende, bloc y lápiz en mano, las quejas de los habitantes de un pueblito del interior que le cuentan lo mal que les va con la escuela, lo que tienen que desplazarse para buscar un médico o los cortes de agua corriente, y el padre presidente anota todas las quejas, saluda al vecino, le dice que se pasará por su casa a tomarse un marroncito, se interesa por su matrimonio, por sus hijos, sus padres, sus perros. Es Fidel Castro sin barba y con un sucedáneo de democracia. En Televés, al mismo tiempo, ridiculizan al presidente, lo tachan de patrañero, de vende patrias, de jugar con una mano al populismo mientras con la otra regala el petróleo a los cubanos a cambio de un equipo de médicos que cubren las necesidades sanitarias de los cerros. Pero Globovisión es más contundente al juzgar a ese analfabeto funcional que amaña, según ellos, todas las elecciones, que maltrata a su esposa que pidió el divorcio de él y es un milico con botas pese a que va últimamente de paisano. Busco otras cadenas, hastiado de tanto chavismo y antichavismo. Una bruja negra y blanca humea el estudio de la televisión en donde está siendo entrevistada con la fumata de su habano y desgrana el futuro del periodista que le da cancha. Una chica de cabello rizado y pantalón bajo, de precioso ombligo y cadera perfecta, habla de literatura, de la próxima edición de las novelas de un extraño escritor francés llamado Thierry Jonquet que Leteradura planea publicar en su integridad.
***
- ¿Salió “Tarántula”?
- Y se vende de miedo - se vuelve para dirigirme una sonrisa y mirarme con sus ojos de miope a través de sus gafas alargadas -. Tuviste vista al contratarlo. Ni te lo imaginas lo que se está vendiendo. Creo que vamos a dar el bombazo con Jonquet.
- Siempre dije que era bueno.
"La barbarie está ahí, entre nosotros, delante, detrás, estamos rodeados. La novela negra es su fiel compañera" dijo Thierry Jonquet, y lo suscribo al cien por cien.

MONDO CANE

BAJO SOSPECHA

El escritor escocés Philip Kerr ha sido galardonado con el III Premio Internacional de Novela Negra RBA, dotado con 125.000 euros, por su novela 'Si los muertos no resucitan', sexta entrega con la que culmina la saga 'Berlín Noir', protagonizada por el conocido detective alemán Bernie Gunther. Presentado con el pseudónimo de Nicholas Dark, el jurado del premio, al que concurrían 167 manuscritos, ha destacado del relato "su documentación excepcional, su capacidad de fabulación", llegando a afirmar el portavoz, Lorenzo Silva, que remite a los grandes clásicos del género como el norteamericano Raymond Chandler.El premio Internacional de Novela Negra RBA, el mejor dotado del mundo en su género, lo obtuvo en su primera edición Francisco González Ledesma, con 'Una novela de barrio', mientras que el italiano Andrea Camilleri ganó en 2008 con 'La muerte de Amalia Sacerdote'.
Había alguna denuncia de que la novela ganadora contravenía una de las bases del premio. Lean bien este párrafo. Se trata del epígrafe primero de las bases del sustancioso premio internacional de novela negra RBA.
Podrán optar al II Premio internacional de novela negra RBA las novelas de género negro, escritas originalmente en cualquier lengua, pero presentadas en castellano o en inglés.
El autor de la obra que se someta al Premio garantiza expresamente a RBA:
a) La autoría y absoluta originalidad de la obra presentada al Premio;
b) El carácter inédito de la obra;
c) Que la misma no ha sido presentada a otro premio o concurso que aún no hubiera sido fallado y/o que no ha sido anteriormente premiada.

El premio se falló el 3 de setiembre y la edición inglesa de la novela se puso a la venta el 10, siete días después, mucho antes de que lo haga RBA, por lo que cabe sospechar que hubo un acuerdo previo al premio. Por siete días la novela de Kerr cumplió las bases del premio, aunque con calzador.
Parece que nos estamos acostumbrando a que los premios no sean otra cosa que una operación de mercadotecnia para publicitar un producto previamente contratado.

miércoles 2 de septiembre de 2009

EL LIBRO

LA ALTERNATIVA DEL ESCORPIÓN
Fernando Ugeda

Algaida, 2009,
367 págs. 20€
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Podrá parecerle al lector que se enganche a la lectura de esta espléndida novela ─ algo inevitable una vez se empieza, por cierto ─, que LA ALTERNATIVA DEL ESCORPIÓN es una revisión de la novela victoriana cruzada con una intriga de Sir Arthur Conan Doyle. Hay eso, y mucho más, en la ópera prima de Fernando Ugeda (Villena, 1961) ─ que en nada parece la obra de un primerizo, porque se aprecia oficio y rigor en su escritura─, con la que ganó el XII Premio Ciudad de Badajoz, porque no sólo se trata de una buena novela policíaca, algo que sin duda es, y una buena novela victoriana ─ resulta sorprendente lo bien que recrea el autor alicantino ambientes y clona conversaciones de época sirviéndose de la sutileza del humor inglés ─ sino que va mucho más allá de las convenciones del género y hace lo que debe hacer todo buen escritor: violarlas.
Todo arranca del hallazgo del cuerpo de la joven irlandesa Mary Lookford, una joven y bella muchacha de clase baja, con un puñal clavado en el corazón en un cuartucho de Londres, y de la investigación que el inspector de policía Desmond Angell, alguien que desde los estratos más bajos de la sociedad logra trepar en el escalafón policial y sobrevivir en la City, hace del crimen que, desde un principio, parece tener un culpable evidente: el novio de la chica, un aristócrata insoportable y petimetre que responde al nombre de Hugh Herrington y es un joven ocioso y repleto de vicios e hijo de un poderoso lord parlamentario, lo que no arredra al policía para llevarlo a juicio. Pero como en toda buena novela policial, nada es lo que parece, ni los propios protagonistas de la historia, ni la historia en sí, y capítulo a capítulo el lector irá mordiendo todos y cada uno de los anzuelos que el autor, con suma inteligencia, le irá lanzando desde la orilla hasta llevarlo al final deseado e imprevisto.
Fernando Ugeda arma su historia con precisión de relojero, la adorna con excelente literatura, dibuja con rigor cada uno de sus antagónicos protagonistas, cuyos duelos dialécticos alcanzan soberbios momentos álgidos, la puebla de extraordinarios secundarios ─ como la vieja casera alcohólica que, de hallarnos en Hollywood, merecía un óscar a la mejor actriz de reparto ─ introduce, sin forzarlos, temas filosóficos y políticos de una enorme trascendencia y recrea la época victoriana, sacudida por los crímenes de Jack El Destripador, que no sale aunque se le intuye en ese Londres lóbrego de tabernuchas infectas frecuentadas por los hijos díscolos de la aristocracia, como el más british de los autores ingleses.
LA ALTERNATIVA DEL ESCORPIÓN, a poco que se escarbe en su arquitectura policial, acaba siendo una novela terrible sobre la lucha de clases y sobre los desmanes que, en nombre de una justicia equivocada, pueden cometerse guiándonos por los prejuicios y los odios sociales, y es también una conmovedora historia de amor romántico que llega hasta las últimas consecuencias gracias a la complicidad involuntaria de un recto policía capaz de procesar a la mismísima reina de Inglaterra.
Una exquisita muestra de buena literatura condensada en 367 páginas que pasan como un verdadero soplo y se devoran en muy poco tiempo. Fernando Ugeda tiene madera de buen escritor y denota un oficio extraordinario.

Argumento
Londres, tres de noviembre de 1899. Mary Lookford, una pobre muchacha irlandesa, es encontrada tumbada sobre la cama de su dormitorio. Su aspecto es el de una bella durmiente, salvo por un detalle: un cuchillo clavado en el pecho, justo en el corazón. La casera de Mary vive en el piso de arriba. A través de los visillos de su ventana, la anciana, viuda y alcohólica, afirma haber visto al asesino, al cual describe como joven y guapo, aparte de reconocer en su indumentaria a un perfecto caballero. El inspector de policía Desmond Angell es el encargado de llevar a cabo la investigación. Pronto, todas las pruebas señalan con claridad a un culpable: Hugh Herrington, hijo único de lord Arthur Herrington, destacado miembro del Parlamento. El inspector Angell, aun arriesgando su carrera, no dudará en poner al presunto asesino en manos de la justicia.

Fernando Ugeda (Villena, 1961). Tras diecinueve años dedicados al sector de la alimentación como jefe de Cash and Carry, decide embarcarse de lleno en lo que, según él, representa una vocación tardía: la escritura. Hasta el momento cuenta en su haber con una colección de relatos cortos y tres novelas, las cuales le han llevado a ser seleccionado como finalista en premios tan prestigiosos como el Max Aub, el premio Planeta, el Nadal y el Azorín, este último en dos ocasiones.

JOSÉ LUIS MUÑOZ

¿QUÉ FUE DE...?

¿Qué fue de Holly Hunter?
Publicado originalmente en la web NOTAS DE CINE el 12 de Mayo de 2009
autor:
Marc Muñoz

La entrega de hoy, dedicada a la actriz
Holly Hunter, resalta dentro de la serie ¿Qué fue de…? por evidenciar una carrera que parece inclinada hacía abajo en lugar de hacía arriba. Significativo de ello, es que actualmente la actriz protagoniza la serie Salvando a Grace desde 2007 (de hecho sería muy discutible valorar los proyectos cinemátografciso por encima de los televisivos analizando el actual estado de ambos medios). No obstante, y centrándonos en el cine, Holly Hunter ha visto como su carrera se iba oscureciendo, en lugar de salir disparada tras el impulso del Oscar a la mejor actriz logrado por El Piano (un caso parecido al de Jessica Lange).
Esta actriz nacida en Georgia, EEUU, dio sus primeros pasos en la interpretación a principios de los 80’s en filmes de escasa repercusión. Fueron los
Hermanos Coen con Arizona Baby, vía Frances McDormand (compañera de piso de la actriz), quienes descubrieron el talento de esta pequeña (1′57 m) actriz. El mismo año protagonizó junto a William Hurt (otro candidato a aparecer por aquí en próximas entregas) en El filo de la noticia. Este drama ambientado en el día a día de una redacción de informativos y dirigido por James L. Brooks obtuvo mucha repercusión y el respaldo de la crítica con diversos premios y nominaciones. Aún sin abandonar la década Hunter protagonizaría Siempre (Always), uno de los filmes más fallidos del director Steven Spielberg. Precisamente repetiría protagonismo con Richard Dreyfuss, dos años después, en Querido intruso, un notable filme del casi siempre interesante director sueco Lasse Hastrom.
Para bien y para mal, 1993 marcaría un punto de inflexión en la carrera de la de Oregon. Ese año ganaría el Oscar a la mejor actriz por el bello drama romántico El piano de Jane Campion. En el mismo año obtendría una nominación de actriz de reparto por secundar a Tom Cruise en La Tapadera del fallecido
Sidney Pollack.
El Oscar no influye de manera notoria en los siguientes filmes de la actriz. Tras el éxito de El Piano, tan sólo destacan sus pequeños papeles en Copycat, Crash y Una historia diferente.
La actual década no ha sido muy relevante para la actriz de Arizona baby. Empieza el 2000 con buen pie con su papel en O brother ( donde repite con los Coen) y en trabajos de corte independiente para el iconoclasta Mike Figgis en Timecode. No obstante, el ritmo de trabajo en producciones de serie A se paraliza de forma gradual a lo largo de la década. Lo más destacable es su papel en El Compromiso, filme de escasa repercusión comercial a pesar de contar con Dustin Hoffman en el rol protagonista. Quizás su mejor interpretación de la década sea la de la madre atormentada por el descontrol de una niña adolescente en el drama independiente Thirteen, por la que logró una nueva nominación como actriz de reparto. O por formar parte del reparto coral del drama femenino Nueve Vidas de Rodrigo García. Actualmente dedica su jornadas laborales a la serie Savaging Grace y no tiene ningún proyecto a la vista.
La filmografía de Holly Hunter no es un caso dramático como el de
Kathleen Turner, porque a diferencia de ésta, Hunter ha seguido con un buen ritmo de trabajo (algo tendrá que ver que conserve la belleza intacta a los 51 años), pero también es verdad que su rostro se ha ido alejando de las retinas de los espectadores tras la demostración interpretativa en El Piano.

Marc Muñoz (Barcelona, 1983). Licenciado en Ciencias Audiovisuales y Publicidad por la Universidad Raimon Llull. Apasionado del cine y las nuevas tendencias musicales, escribe en Fanzine Digital, revista especializada en cine, música, videojuegos y cómic, en la página web Notas de cine y tiene en la red EL DESTILADOR CULTURAL, interesante ventana a toda actividad cultural en el terreno del cine, la literatura y la música.

LA FIRMA INVITADA

MEMORIA DE UN VIOLADOR
Damián Patón


Soy un violador. Siempre lo he sido. Violo para demostrar mi poder. No puedo evitarlo. No quiero evitarlo. El siguiente paso, probablemente, sea matar y descuartizar. Pero soy un violador. Un violador amable. Una persona muy sociable. Mi sociabilidad es producto de mi asociabilidad. De mi inferioridad. El auténtico y genuino violador…se enmascara en la imagen, ceñida a la medida del mundo. Desde niño supe que me convertiría en un violador. Mi padre era paralitico. Impotente. Mi madre, para sobrevivir, se prostituía. A lo largo de mi infancia y adolescencia acumulé un odio insoportable contra mis padres. Nunca les he querido. Cuando inicié mis primeras relaciones sexuales con mujeres, descubrí que no me satisfacían las relaciones “normales y oficialistas”, con las mujeres. Me sentía vacio. Impotente. En realidad sufría impotencia si no lograba demostrar mi fuerza. Ansiaba sentir la fuerza de mi poder. Si rechazaba a las mujeres y las dañaba psicológicamente, me excitaba. Me SENTIA IMPORTANTE. FUERTE. PODEROSO. UNA NECESIDAD. En sociedad me consideraban una persona estable. Organizada. Amable. Violar era para mí una religión…

¿Cuando comencé a violar?
Justamente un año después de casarme. Trabajaba de vigilante jurado. Soy grande. Mido dos metros. Poseo una gran envergadura física. Y no obstante, experimentaba una aguda debilidad, sin la porra y la pistola. Sin el disfraz de vigilante. El empleo de vigilante nocturno, facilitaba mucho mis proezas criminales….Mi primera victima fue una chica estúpida y preciosa, que salía de la discoteca. Yo conducía mi Ford- Escort, cruzando sigilosamente las calles de la ciudad. Ella se tambaleaba, haciendo eses. Estaba colocada. Detuve el coche en una calle solitaria. Y la esperé. Cuando su figura oscilante cruzó cerca del coche, vi el brillo delator e ido de sus ojos. Me abalancé sobre ella, arrojándola al interior del coche. Era muy bajita. Ligera como una pluma. Y la golpeé y golpeé, hasta dejarla inconsciente. En treinta minutos consumí todo mi poder. Ella gimoteaba, chorreando sangre por la nariz y la vagina. Le había roto la nariz y partido el labio inferior. Cogí aquel cuerpo roto y la arrojé, cerca de un descampado, mientras lloraba y pedía ayuda. Escupí. Y huí… ah, por cierto…me olvidaba, tengo una facultad sobrehumana…jamás eyaculo en el acto. Después. ¡En casa! Al principio mis erecciones eran terribles. Creía que iba a explotar en añicos, devorado por un placer sobrehumano. Resultaba en todo caso una experiencia maravillosa. Violaba y violaba, como un tigre hambriento, que aguarda en la espesura de la selva, para devorar a su presa. Todo esto es poesía, lo se. Y yo no soy poeta. Soy un violador. No hay el menor atisbo de poesía en mi hobby de entre horas. En mi pasatiempo de depredador. Escogía a las mujeres, de todo tipo y edad. Las golpeaba. Las humillaba. Las obligaba arrodillarse y que me practicaran felatios desenfrenadas, como en las películas pornos. Las arrastraba y pateaba, como si fueran felpudos. Nunca olvidaré a aquella niña de dieciséis años, de boca pequeña. ¡No le cabía mi miembro en la boca! ¡Eso me hizo sentirme más fuerte, poderoso, sobrehumano!
Y comenzó mi declive.
Ya he dicho que mi deporte favorito, el sentido absoluto de mi vida y de mi yo, era violar. Durante cuatro años violé impunemente. Algo comenzaba a fallar. Todo me resultaba aburrido. Monótono. Estúpido. Violar formaba parte de la cotidianidad. Además, no lograba conseguir, una erección, siquiera mediana. Un violador, sin fuerza y sin erecciones, es un majadero. ¡Un IMPOTENTE! Creí que mi vida, estaba acabada. Jamás sentí remordimiento alguno. Incluso, llegué a convencerme de que mis victimas, en cierto modo, me lo agradecían. Me amaban, después de todo. Así que en las últimas violaciones, angustiado, les obligaba a decirme: Te quiero, te quiero, te quiero….Desde luego todas me querían y me sentía amado. Mis erecciones alcanzaban cierta dureza. Eso justificaba todo lo demás.
Y un día, no pude levantarme de la cama.
Una depresión sórdida y oscura, me mantuvo postrado en cama durante un año. A veces salía a la calle, para vagar solitario, en busca de la felicidad. Todo carecía de color y brillo. Vivía separado de mi mujer y mi hija, desde hacia un año. No amaba a mi mujer. Y es que no podía violarla. Por eso no podía amarla. Necesitaba violar. Imponer mi fuerza. Sentir resistencia. Sentir que sometía a mi presa.
Y la depresión, remitió paulatinamente, al cabo de un año.
Para violar es necesario sentir toda la impotencia del mundo. Para violar es necesario subvertir el orden de todo sentido real y ordenado e invertirlo. Así que tras un lapsus de un año, reanudé mi labor, con más encarnizamiento y furia. Me importaban un bledo las victimas: su dolor, sus llantos, sus suplicas espeluznantes, sus gritos desgarrados. Yo las torturaba. Ahora las vejaba con más saña. A una de mis victimas, la violé por detrás, en el ano, hasta hacerla sangrar. Le di de patadas en el bajo vientre. Le mordí, casi hasta amputarle el clítoris. Eso me hizo desfallecer. Fue el momento cumbre de mi carrera. Tenía cuarenta años y me dije que comenzaba a ser un joven que envejecía. ¿Cuánto tiempo podría seguir violando impunemente? La policía me seguía los pasos, pero jamás daba conmigo. Ni mis victimas lograban identificarme. Necesitaba demostrar que era capaz de más.
Soy un ciudadano respetable. Un vigilante jurado. Un policía fracasado. Un don nadie normal. Decidí escribir un libro. No tengo vena literaria. No sé escribir como un profesional. De modo que grabé todas mis experiencias y mis violaciones, puntillosamente, en un repórter. En mis horas bajas, cuando cedía al impulso de oscuras depresiones, me empeñaba en redactarlo, lo cual me restaba tiempo para violar. En fin, era la excepción que confirmaba la regla. Escribía en vez de violar. En un año y tras seis meses de paréntesis, sin dedicarme a mi deporte favorito, terminé el libro. Lo firmé con seudónimo. Alquilé un apartado de correos y lo envié a una prestigiosa editorial. Puede que estuviera chiflado, pero jamás sospeché la resonancia y el escándalo que todo aquello iba ha provocar. El editor me escribió rápidamente, notificándome que el libro era excelente y seguramente podría convertirse en un best-sellers. El titulo del libro, era sobradamente explicito: MEMORIAS DE UN VIOLADOR. El equipo de lectura de la editorial estaba deseando conocerme. Incluso el gran jefe de la editorial. Como soy una persona educada y prudente, me presente ante el editor y su equipo. Inmediatamente advertí que todos eran idiotas. Eran tan idiotas que, en vez de cuantificar la veracidad y calidad de la obra (¿?), esperaban ganar mucho, muchísimo dinero…ellos y yo algo de dinero. El editor alabó mis descripciones, tan espeluznantemente reales (¡!). Me comparó con Dostoievski, Tolstoi, Henry Miller, Vicente Blasco Ibáñez, etcétera… Me pagó una moderada suma por anticipado y en cuestión de un año era medianamente rico. La campaña publicitaria a la que la editorial me sometíó fue extenuante. Entrevistas televisivas. Periódicos. Grandes portadas en los periódicos. Entrevistas radiofónicas. El éxito de venta fue tal, que incluso los especialistas en psiquiatría y psicología, deseaban conocerme y que les aconsejara sobre el tema de las violaciones. Decían que conocía muy bien, la psicología de los violadores (¡!) En todas partes despertaba admiración. Era aplaudido, querido, agasajado…. Lo más asombroso de todo es que no había mentido un ápice. ¡Dije la verdad total y absoluta! La gloria fue breve. Tras mi relampagueante éxito, fui detenido y lo negué todo. Dije que el supuesto violador, me lo confesó todo. Desconocía la identidad del violador. Todo violador ha de negar los hechos. Ha de seguir violando impunemente. De todas formas, de nada valió mi coartada. La policía es idiota, pero esa vez no se lo tragó. Ante la sorpresa de todos mis admiradores, me encarcelaron. Para librarme de la cólera terrible de mis compañeros de prisión, acepté ser una cobaya humana en un experimento científico. Vivía encerrado en la celda de un psiquiátrico y, de tanto en tanto, me permitirían violar mujeres dementes. Me sometieron a un curioso tratamiento terapéutico: Curarme con la risa…
Estoy encerrado en esta jaula y me lanzan de vez en cuando, despojos humanos. Ya no puedo cazar y eso me desmotiva. Siento una gran impotencia. Gracias al tratamiento terapéutico de la risa, he podido sobrellevar la vida en la cárcel del psiquiátrico. Durante diez años me reía. La risa casi me curó. Reía y reía, por cualquier cosa. Me revolcaba de risa. Reía, casi hasta olvidarme de que era humano. Paseaba por los pasillos del psiquiátrico riéndome, de una manera salvaje e insultante. Ya no violaba. Ni escribía. Sino que me reía y reía, salvajemente, casi hasta desencajarme la mandíbula. Pasé quince años riéndome, encerrado en la cárcel psiquiátrico. Cuando cumplí mi pena, lo primero que hice fue reírme hasta casi llorar. No me faltaba casi de nada. Podía reírme cuanto quisiera. Era rico. Cobré todos mis derechos de autor, acumulados en el banco, durante quince años. Incluidos intereses. ¿Qué es lo primero que hice? Aparte de reírme, fue comprarme una pistola. Tenía cincuenta y cinco años cuando salí de la cárcel. Dejaba atrás una brillantísima carrera como vigilante jurado, violador en horas libres y escritor ocasional. Además he sido siempre una persona seria y educada. Lo que pasa es que últimamente no hago más que reírme. No he sufrido jamás problemas de conciencia. No veo el problema por ninguna parte. Ultimamente una idea obsesiva y frenética me domina. Sabía donde vivían mi mujer y mi hija. Yo estaba curado. Rehabilitado. Y me reía mucho. Todos mis delitos estaban pagados. Había purgado mi mal. Y comencé a preguntarme, por qué no coronar mi vida, de una manera singular y única. ¿Por qué no violar a mi propia hija?



Damián Patón (Badalona, 1963) Trabajó durante tres años en librerías. Ha publicado relatos en las revistas El vendedor de pararrayos, Mundo Imaginario y Cuadernos del matemático. Ha publicado La aventura Psicodelica de Albert Ekay y otros relatos (Bubok ediciones) y cultiva todos los géneros, novela, poesía, ensayo, artículos. Actualmente está escribiendo un guión para cine.

MIS LIBROS

No siempre hablan bien de uno. Y como muestra, este botón. Y para más inri, en una revista, Playboy, en la que colaboraba desde hacía diez años cuando se publicó la reseña. A Pablo di Masso no le gustó mi novela, eso se evidencia, y contra gustos no hay nada escrito. Quizá le llevó a engaño pensar que PUBIS DE VELLO ROJO era una novela erótica cuando, realmente, no lo es. El tema central es el desarraigo, la marginación, el desamor, la ira, la incapacidad de amar, la soledad en la gran ciudad de dos seres letales que hacen de la consumación del sexo una rutina salvaje y suicida hasta las ultimas consecuencias. Eros y Tanatos. Muerte y deseo. A estas alturas, no cuando se publicó, puedo decir que es muy autobiográfica, que el personaje masculino era mi alter ego y que para el femenino me inspiré en alguien muy concreto. PUBIS DE VELLO ROJO creo que es mi novela más provocadora y transgresora, está cercana a Sade y Pyere de Mandiargues, como dijo Berlanga, rezuma líquidos vitales que se derraman a chorros y la escribí fascinado por el nouveau roman, con un detallismo enfermizo. Es fría y letal como un cuchillo y hasta me da miedo a mí releerla. De hecho, creo que no lo haré nunca.

El pubis no es angelical

El XIl Premio La Sonrisa Vertical ha caído en manos de José Luis Muñoz por su novela Pubis de vello rojo, un pornosafari de noche feroz por la Barcelona canalla.
PABLO DI MASSO

Las novelas que se ocupan predominantemente de ese paraje excitante que vibra entre las piernas de hombres y mujeres suelen sucumbir a múltiples virus. En ocasiones, los autores intelectualizan hasta el delirio el modo en que un dedo sencillamente se enfunda en un sexo; otras, es el modo en que una ninfa esculpe la eyaculación del varón de turno, toda ella manos, dientes y lengua, la que da pie a largas diatribas capaces de ablandar cualquier erección que se pretenda. A veces, sin embargo, una pluma fértil, un cerebro que sabe lo que quiere y un buen conocimiento de la carne humana y sus posibilidades determinan que el lector aprecie las elucubraciones del escritor aunque ello signifique largos suspensos eróticos. Pierre Louys, Mauricio Dekobra, el Sade nuestro de cada tocador, Henry Miller, Bukowsky... son muchos los nombres vinculados al panorama de la gónada escrita que han sentado las bases de un género fácilmente denostado y difícilmente escribible. ¿A qué viene todo esto? Viene por José Luis Muñoz y su pubis infernal. Su novela narra las correrías de una joven prostituta que se aparta de la tibieza amorosa de una amante madura de carnes generosas y protectoras para lanzarse a encuentros múltiples, bien pagados, con todo tipo de especímenes de la fauna masculina que corretea por Barcelona, pero una Barcelona fundamentalmente marginal, sucia, enferma, fusilada por agujas de drogotas, almidonada por flujos sexuales añejos y pestilentes. La historia incluye a un personaje masculino, cuyas andanzas le llevan a cruzarse con Sofía, la muchacha del vello de fuego. Los dos viven toda una noche en esa ciudad mutilada, decadente y podrida hasta lo insoportable, cada uno por su lado, sin conocerse, aprendiendo la violencia sangrienta y dirigiéndose, sin saberlo, hacia la cita final que les reunirá en una cama que se convierte en altar del último sacrificio. En fin, un largo pornosafari fatalista, de amores traicionados, humillados y desencontrados, suponiendo que fuera el amor el motor que ha metido combustible en esos dos seres miserables, capaces de decenas de polvos en una sola madrugada; polvos que se lleva un viento fétido que, si rozara a la sonrisa, seguramente, la convertiría en la mueca vertical.

Pubis de vello rojo. José Luis Muñoz. 11 Premio La sonrisa vertical. Editorial Tusquets. 228 páginas.

LA PELÍCULA

NO-DO
Elio Quiroga
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Resulta llamativa la atracción que el cine de terror ejerce sobre los realizadores españoles, aunque es un fenómeno que no viene de ahora sino de antaño ─ las sucesivas encarnaciones de Paul Naschy como Hombre Lobo, algunas películas de Eloy de la Iglesia o los films salidos de la factoría de Jess Frank son ejemplos que me vienen a la cabeza ─ pero quizá sea a partir de Los otros de Alejandro Amenábar, que pone muy alto el listón del cine de horror nacional, que las películas de género que persiguen el escalofrío del espectador asumen más riesgos y, sobre todo, están mejor facturadas. Los films de Jaume Balagueró, que no se ha movido un ápice de su género predilecto y se ha convertido en un especialista de los sobresaltos cinematográficos, o El orfanato de Juan Antonio Bayona, están en esta línea.
El joven realizador canario Elio Quiroga, que ya había filmado otras propuestas dentro del genero fantástico como Fotos o La hora fría, se apunta a esa escuela iniciada por Alejandro Amenábar con un título curioso aunque de escaso gancho comercial: NO-DO. Del visionado de muchos documentales secretos que el Noticiario Documental del régimen franquista rodó sobre presuntos milagros y apariciones sobrenaturales que permanecen guardadas en secreto, extrae Quiroga la idea motriz de su film.
Una joven pareja formada por la pediatra Francesca (Ana Torrent) y su marido Pedro (Francisco Boira), también médico, alquilan una antigua y aislada casa propiedad de la Iglesia para paliar un antiguo trauma sufrido por ella. La pareja de doctores se instala en esa vieja casa del arzobispado con su bebé de pocos meses sin saber que en ella tuvieron lugar algunos fenómenos paranormales ─ unas apariciones marianas a un grupo de tres niñas ─ que fueron recogidos en secreto por el No-Do y cuyos rollos obran en poder de la curia. Gritos, ruidos de pasos, susurros y apariciones fantasmagóricas alterarán la vida de los recién instalados cuya inquietud subirá muchos enteros cuando visionen el No-Do secreto que recoge el presunto milagro y sepan lo que les acaeció a los protagonistas del fenómeno.
No-Do podría parecer, a la vista de sus rasgos argumentales, una película más de fantasmas y casas encantadas ─ subgénero en boga en USA y del que Amenábar sacó todo su jugo en Los otros ─ sino fuera porque Quiroga toca teclas éticas ─ hay una crítica al franquismo, a través de fragmentos de noticiarios que intercala con habilidad en la narración, y del papel de la Iglesia como fuerte apoyo al régimen nacionalcatólico al que sirvió como paraguas religioso ─ y estéticas ─ la película fusiona diversas texturas que la hacen más fascinante, como los ya mencionados fotogramas del No-Do, fragmentos de película envejecida y rayada a ex profeso para dar sensación de antigua, una tenebrista fotografía que resulta muy efectiva y un empleo acertado de los efectos sonoros y visuales ─ que confieren al producto un aura de originalidad que es muy de agradecer en estos tiempos parcos de ideas.
El canario Elio Quiroga, que próximamente fichará para una productora norteamericana, conoce bien los resortes del cine de terror ─ no hay película de terror en la que no haya niños, de carne y hueso o fantasmagóricos, y el realizador de La hora fría sabe exprimir bien la fragilidad de ese bebé que duerme solo en su habitación ─ y consigue mantener en vilo al espectador durante la primera mitad de la película, con buenos momentos de escalofrío que decaen, a continuación, en el último tramo, cuando trata de explicar lo paranormal y la historia se convierte en predecible y camina hacia la catarsis final común a toda película de terror subgénero casa encantada. JOSÉ LUIS MUÑOZ