LA PELÍCULA

NO-DO
Elio Quiroga
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Resulta llamativa la atracción que el cine de terror ejerce sobre los realizadores españoles, aunque es un fenómeno que no viene de ahora sino de antaño ─ las sucesivas encarnaciones de Paul Naschy como Hombre Lobo, algunas películas de Eloy de la Iglesia o los films salidos de la factoría de Jess Frank son ejemplos que me vienen a la cabeza ─ pero quizá sea a partir de Los otros de Alejandro Amenábar, que pone muy alto el listón del cine de horror nacional, que las películas de género que persiguen el escalofrío del espectador asumen más riesgos y, sobre todo, están mejor facturadas. Los films de Jaume Balagueró, que no se ha movido un ápice de su género predilecto y se ha convertido en un especialista de los sobresaltos cinematográficos, o El orfanato de Juan Antonio Bayona, están en esta línea.
El joven realizador canario Elio Quiroga, que ya había filmado otras propuestas dentro del genero fantástico como Fotos o La hora fría, se apunta a esa escuela iniciada por Alejandro Amenábar con un título curioso aunque de escaso gancho comercial: NO-DO. Del visionado de muchos documentales secretos que el Noticiario Documental del régimen franquista rodó sobre presuntos milagros y apariciones sobrenaturales que permanecen guardadas en secreto, extrae Quiroga la idea motriz de su film.
Una joven pareja formada por la pediatra Francesca (Ana Torrent) y su marido Pedro (Francisco Boira), también médico, alquilan una antigua y aislada casa propiedad de la Iglesia para paliar un antiguo trauma sufrido por ella. La pareja de doctores se instala en esa vieja casa del arzobispado con su bebé de pocos meses sin saber que en ella tuvieron lugar algunos fenómenos paranormales ─ unas apariciones marianas a un grupo de tres niñas ─ que fueron recogidos en secreto por el No-Do y cuyos rollos obran en poder de la curia. Gritos, ruidos de pasos, susurros y apariciones fantasmagóricas alterarán la vida de los recién instalados cuya inquietud subirá muchos enteros cuando visionen el No-Do secreto que recoge el presunto milagro y sepan lo que les acaeció a los protagonistas del fenómeno.
No-Do podría parecer, a la vista de sus rasgos argumentales, una película más de fantasmas y casas encantadas ─ subgénero en boga en USA y del que Amenábar sacó todo su jugo en Los otros ─ sino fuera porque Quiroga toca teclas éticas ─ hay una crítica al franquismo, a través de fragmentos de noticiarios que intercala con habilidad en la narración, y del papel de la Iglesia como fuerte apoyo al régimen nacionalcatólico al que sirvió como paraguas religioso ─ y estéticas ─ la película fusiona diversas texturas que la hacen más fascinante, como los ya mencionados fotogramas del No-Do, fragmentos de película envejecida y rayada a ex profeso para dar sensación de antigua, una tenebrista fotografía que resulta muy efectiva y un empleo acertado de los efectos sonoros y visuales ─ que confieren al producto un aura de originalidad que es muy de agradecer en estos tiempos parcos de ideas.
El canario Elio Quiroga, que próximamente fichará para una productora norteamericana, conoce bien los resortes del cine de terror ─ no hay película de terror en la que no haya niños, de carne y hueso o fantasmagóricos, y el realizador de La hora fría sabe exprimir bien la fragilidad de ese bebé que duerme solo en su habitación ─ y consigue mantener en vilo al espectador durante la primera mitad de la película, con buenos momentos de escalofrío que decaen, a continuación, en el último tramo, cuando trata de explicar lo paranormal y la historia se convierte en predecible y camina hacia la catarsis final común a toda película de terror subgénero casa encantada. JOSÉ LUIS MUÑOZ

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