LA FIRMA INVITADA

Disfruten de esta pequeña obra maestra de uno de los mejores escritores argentinos vivos: Guillermo Orsi.
“EMERGENCIA"
Guillermo Orsi


Para un policía de raza el mundo no existe. No tal cual está configurado, un programa windows que ni Bill Gates sabe para qué sirve, pura chatarra tecnológica, agonía virtual, muertos a medias que siguen poniendo cuernos a sus parejas o comprando y vendiendo acciones en la bolsa.
Un poli de raza se enfrenta o convive sólo con ladrones y asesinos. Es ésa la gente por la que vale la pena ser policía, apenas unos miles entre miles de millones, suerte de raza elegida, de reproductores del mal a los que es necesario preservar, si se quiere evitar que el mundo se disuelva en la nada como un terrón de azúcar en un pocillo de café.
-No es bueno morirse, no vale la pena, a quién le importa.
Hace años que el inspector Valle le dio caza a Di Lorenzi, el destripador de muñecas. Al comienzo, cuando él era joven y apareció el primer cadáver, la prensa lo subió al podio de los triunfadores. Valle lo había detenido en menos de una semana, aunque no pudo evitar entonces un segundo cadáver de adolescente rubia, pecosa, tan muñeca. Creyó, y deseó, no volver a enfrentarse con rostros como el de ese monstruo anodino, un cúmulo de grasa sin cerebro, sólo la pulsión de violar y matar lo mantenía en movimiento, una máquina inútil, un prototipo de los que en pocos años más la sociedad fabricaría en serie como a los autos, en las líneas de montaje de su cultura trepadora y al mejor postor.
Hoy, treinta años más viejo, a punto de retirarse con una jubilación que tendrá que apuntalar investigando desfalcos o custodiando ricachones, Valle debe volver a verlo, a mirarse en ese espejo que creyó haber roto a golpes de olvido, de sucio hartazgo, de indiferencia.
-Salió hace una semana de Sierra Chica y ya anda merodeando por un country en Del Viso, buscando vírgenes- le dijo Maidana. –Si lo encontrás y no te ve nadie, matalo. El tipo cumplió su condena, ningún juez va a querer tomarse el trabajo de abrirle otra causa.
Tiene razón, Maidana, aunque es fácil decir matalo y quedarse sentado detrás de un escritorio. Tampoco es cuestión de tripas, Valle está seco, ha tenido que dar de baja a varios que la justicia se empeñaba en mantener con vida como un respirador artificial. Nunca lo molestaron por eso, a lo sumo algún fiscal imberbe al que un prematuro ascenso en su carrera judicial llamó a silencio. Mucho menos, claro, la conciencia, ese otro monstruo del que todos hablan pero cuyo rostro muy pocos han visto.
-¡Ahí está!
El que lo señala es su compañero de patrulla, un poli recién salido del horno al que Valle ha bautizado Hannibal Lecter porque sueña –dice- con comerse crudo a uno de estos depravados.
-Prepará los cubiertos- dice Valle, -la mesa está servida.
Hombros vencidos, clavada la mandíbula sobre el pecho, mirándose los pies si se los ve desde esa altura, porque mide unos dos metros Di Lorenzi, el destripador de muñecas. Un vagabundo viejo, un linyera, un croto que desentona en la calle pulcra del barrio privado, una basura levemente humana que el viento lleva de un lado a otro. Los guardias llamaron a la comisaría porque los vecinos están alarmados, de dónde salió esa cosa, bárranla.
No saben, los vecinos, de quién se trata. Si lo supieran armarían flor de quilombo, en minutos los cuervos de la tele invadirían el barrio y adiós encargo de Maidana, otra vez a leerle sus garantías al destripador de muñecas, a buscar testigos, cadáveres frescos y los fiscales recitando a las cámaras que nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario, toda la prensa encima, como las moscas.
-Esperame acá, con el motor en marcha.
-¿Seguro que no necesita ayuda, jefe?
Ayuda para matar a un viejo baboso, enfermo, deforme el rostro repugnante, en parte por las biabas recibidas en prisión y en parte por la presión constante de sus obsesiones sexuales, los violadores son cloacas ambulantes, todo en ellos es excremento.
-Quedate acá, te dije.
Baja, camina unos metros y se pone a la par. Di Lorenzi lo reconoce.
-Pero por el olor- le aclara: -siempre oliste a mierda, Valle, te dejaron tus mujeres pero ese aliento a carroña no te abandonó nunca.
Y antes que Valle reaccione, lo insulte, lo escupa, manotee la sobaquera para ponerle fin a este feo encargo:
-Si viniste a matarme, no tardes. Tengo apuro.
Se le congela la mano sobre la culata, a Valle. Tiene apuro, el destripador de muñecas: una cita, seguro, lo esperan. Adonde vaya, no importa, lo esperan y no quiere retrasarse.
Mira la tarde, Valle, como podría detenerse en la contemplación de un cuerpo de mujer. Apacible, algo gris, tibia pese a todo, si fuera una hembra lo invitaría a sentarse, tomar algo, hablar un rato y, por qué no, irse juntos a la cama. Linda, la tarde, como para humillarla matando.
-Portate bien, Di Lorenzi.
Y pega la vuelta, rumbo a la patrulla.
El viejo protesta:
-Volvé, Valle, cumplí con tu deber, no seas hijo de puta.
Deja de oírlo en cuanto sube a la patrulla y cierra la puerta, su ayudante ha encendido la radio, say no more, canta Charly García y doscientos metros más adelante los guardias del barrio privado saludan con una leve inclinación de sus cabezas, el ayudante conduce satisfecho, estos son jefes, parece decirles.
-¿Todo bien, jefe?
-Say no more, pibe.
Trescientos metros de caminito ripiado, una rotonda y el acceso a la autopista.
-Ahora sí, dale gas.
Acelera a fondo, el ayudante de Valle, le gusta la velocidad, como a cualquier pendejo.
-¿De qué escapamos, jefe?
El ayudante mira por el retrovisor, divertido, el auto vuela. Valle se mira en el espejo del acompañante pero no ve su rostro, tampoco el de Di Lorenzi, es otro, otra, quién sabe.
-No me dijo quién nos persigue.
Cómo decirle, no entendería, en la academia ni la nombran y si alguno sospecha que existe, que se despida de graduarse, no es un policía de raza.
-¿Vos le viste alguna vez la cara a tu conciencia? No somos verdugos, somos policías, pibe. Y dale gas, carajo, que se hace tarde para todo.
Ya no insiste en su pregunta, el ayudante.
Acepta que en treinta años de cana los fantasmas pueden ser demasiados, tanto cadáver sin nombre ni historia, a fondo, pibe, mucho gas, baliza y sirena al mango, en emergencia.

Guillermo Orsi Argentina (Buenos Aires, 1946)
Escritor y periodista argentino, Guillermo Orsi nació en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1946.Ha dedicado su carrera literaria a profundizar en el género negro, en el que está considerado como uno de los actuales maestros en lengua castellana.Orsi ha ganado premios tan importantes como el Emecé de 1978 por El vagón de los locos, el Umbriel de la Semana Negra por Sueños de perro (2004) o el Ciudad de Carmona por Nadie ama a un policía (2007)Ciudad Santa (2009) es su última novela publicada hasta el momento.

Comentarios

Guillermo ha dicho que…
Gracias, José Luis, por incluir mi relato en tu blog.
Abrazo desde el lejano sur,
Guillermo
M.Deveriá ha dicho que…
Pues sí,José Luis,una joyita este relato.Ya echábamos de menos tu blog.
José Luis Muñoz ha dicho que…
El relato de Orsi es una pequeña obra maestra. Cuando tenga tiempo leeré su CIUDAD SANTA
José Luis Muñoz ha dicho que…
Guillermo, un placer publicarte en mi blog y mucvhas gracias por el placer de la lectura
Guillermo ha dicho que…
No sé si coincidirás conmigo, José Luis: el cuento parece más gratificante pero es más exigente que la novela, en la que puedes darte el lujo de hablar de bueyes perdidos y luego ir a buscarlos para seguir con la trama -sin abusos, claro. Y sin embargo, con un mercado editorial que tan poco y nada lo demanda, descuidamos un género que nos ayuda a crecer como escritores y a no cansar al lector con nuestras obsesiones. Tiene cierto parecido con el periodismo: un tema, la información básica y la forma, a desarrollar en dos, tres, diez páginas y ya son muchas. O en una página, como los buenos cuentos de verdad.
Trataré, Paco Camarasa mediante, de encontrarme con tus libros.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Coincido contigo. El cuento no permite disgresiones, es mucho más cerrado que la novela, y para mí resulta muy gratificante porque nace de un impulso y se suele escribir de una tirada, cosa que no es posible con la novela, que requiere mantener un tono narrativo a lo largo de una serie de días, que se tiene que forzar cuando no se encuentra. Desgraciadamente esta sociedad no está para cuentos y tiene mucho más predicamente la novela. Aunque te dire que mi próximo libro, si nada se tuerce, será un libro de relatos, los mejores que he escrito, casi todos premiados o previamente antologados, y supongo que saldrá a primeros del 2010.
Si tropiezas con mis libros espero que te gusten.
Un abrazo, Guillermo
Ignacio Jáuregui (Bilbao) ha dicho que…
Muchísimas gracias a los dos: A José Luis Muñoz, por presentarme a Guillermo Orsi, y a Guillermo Orsi por escribir esta obra maestra del género, del antigénero cuando se escribe así. Intentaré conseguir todos sus cuentos.
José Luis Muñoz ha dicho que…
El placer es doble, Ignacio. Me alegro que valores el trabajo narrativo de Guillermo. Escritores como él dignifican este blog.
Guillermo ha dicho que…
"Tropezaré" con tus libros a la brevedad, José Luis. Es una pena que las editoriales sean tan mezquinas en la distribución de lo que editan, pero cansa hablar de los editores, mejor defendernos, en cuantom podemos, los que hacemos posible que ellos editen.
Abrazo.
Angel Sanz ha dicho que…
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