LA PELÍCULA

CAZA A LA ESPÍA
Doug Liman
Cuando uno ve las fotos de Valerie Plame, ex agente de la CIA, y de su marido, Joe Wilson, ex embajador de Estados Unidos en Irak, y las compara con las de Naomi Watts y Sean Penn, que los interpretan en pantalla, tiene la sensación de que los personajes reales son incluso más glamurosos que los de la documentada y documentalista ficción. Plame y Wilson son una pareja de cine: guapos y elegantes, además de inteligentes.El escándalo Valerie Plame saltó a los titulares de los diarios en 2007. Como venganza a las declaraciones de su marido, que negaba ser el autor de un informe por el que Sadam Hussein había comprado grandes cantidades de uranio a Níger─ una de las muchas falacias que el siniestro tándem Bush/Cheney se inventaron para justificar su sed de petróleo y la guerra más sucia de la política norteamericana de las últimas décadas─la oficina del vicepresidente destapó que su esposa era agente de la CIA y orquestó una campaña para desprestigiar a ambos. El caso llegó a los tribunales y se saldó con una mínima condena, conmutada por el propio Bush, al autor directo del destape informativo, un caso clarísimo de deslealtad patriótica, pasando por alto al inspirador directo de toda la orquestación, Dick Cheney.La guerra de Irak, y sus prolegómenos, y la de Afganistán, lo que se conoce con el eufemismo de guerra global contra el terrorismo, la pesada herencia que ha recibido Barack Obama de su antecesor, está generando una serie de películas más políticas e intelectuales que el anterior conflicto de Vietnam, muñidor de un cine épico y emocional, pero sigue sin ofrecernos las obras maestras de aquel (Apocalipe now, Platoon, La chaqueta metálica) más allá de la ejemplar Syriana. El campo de batalla interesa menos, en el caso de estos conflictos medio orientales, que los turbios fogones en donde se cocinó toda esa operación de enriquecimiento personal de una serie de corporaciones vinculadas a los inquilinos de la Casa Blanca.Doug Liman, director de una de las entregas de El caso Bourne, cuenta, para esta denuncia implacable del juego sucio de la política estadounidense, con dos actores extraordinarios, Naomi Watts y Sean Penn, un tándem con química que repite tras los 21 gramos de Alejandro González Iñárritu, que se meten en sus papeles con prodigiosa naturalidad, pero se sirve de una realización balbuciente, paroxística y mareante, con planos filmados cámara en mano, con sus vertiginosas y molestas imágenes que obligan a cerrar los ojos, y del recurso del video digital sustituyendo al celuloide, para imprimir más realismo documental a lo que cuenta. Un claro error cinematográfico.Caza a la espía interesa por lo que cuenta, no por cómo lo cuenta. La película de Liman ilumina sobre los encontronazos entre los servicios de inteligencia y los mandatarios del país, porque los informes de los primeros no cuadraban con las tesis de los segundos, y sigue los avatares de esa pareja de luchadores por hacer resplandecer la verdad. Como casi todas las películas de denuncia política que se hacen en USA Caza a la espía se centra más en los mensajeros ─en este caso la pareja asediada por el poder ─ que en el mensaje, esa atroz mentira que ha costado cientos de miles de muertos y exige juicio y condena. Pero un mayor rigor, más sosiego en los planos y un tempo más lento habrían hecho crecer una película que el nerviosismo fílmico de Liman desbarata. De sus secuencias me quedo con una, especialmente: Naomi Watts rota, rompiendo a llorar, mientras se cepilla los dientes ante el espejo. Pocas veces la desolación y la amargura han tenido una plasmación más vigorosa y dramática: la dura espía se desmorona cuando todo se le pone en contra y el mundo, en el que creía y la arropaba, se desmorona a su alrededor.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

Comentarios

babel ha dicho que…
Estando de acuerdo con la mayor parte de tu crítica, creo que es uno de los films más interesantes de entre lo que está trayendo últimamente el cine comercial americano. Además de estos errores, tiene muchos clichés, todo muy americano (el discurso que se marca de Sean Penn), pero la veo más cercana a algunas producciones setenteran tipo "Todos los hombres del presidente" que a otros como "Platoon". Lo que más me sorprendió fue el increíble parecido de Naomi Watts con Plame. Y sí, más interesante por lo que dice que por cómo lo hace, y un poco a destiempo, no? Esta peli en 2005 hubiese sido una bomba política.

Saludos.
José Luis Muñoz ha dicho que…
De todas formas, Babel, la sociedad norteamericana se lo traga todo, se traga las mentiras de las armas de destrucción masiva, se traga Guantánamo y Abu Graib, y se traga esta película. Lo malo es que no pasa nada. Se hace la película, se lleva el asunto a los tribunales, se condena a un segundón de Cheney y se le indulta a continuación. Vayan haciendo cine, parece decir el stablishment, que por un ojo me entra y por otro me sale.
El parecido asombroso. Pero más guapos los originales. Naomi Watts es una actriz sencillamente maravillosa, de lo mejor que tiene hoy día el universo cinematográfico.
Gracias por tu comentario