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Mostrando entradas de octubre, 2016

VIAJES / BRAN, TRAS EL RASTRO DE VLAD DRÁCULA

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Bran, tras el rastro de Vlad Drácula

Mientras rueda hacia Bran, que no está muy lejos, Ulises se pregunta si no debiera hacer ese recorrido por los bosques de Transilvania, nombre que produce escalofríos solo pronunciarlo, a lomos de caballo negro en vez de en un vulgar Skoda blanco de la compañía Hertz. Mientras rueda por una magnífica carretera asfaltada y con considerable tránsito, en vez de por un camino estrecho entre abruptas gargantas, ahogado por la niebla  y bajo la mirada de los lobos, empieza a sospechar que Bram Stoker, en realidad Abraham Stoker, se puso ese nombre, Bram, por el castillo de Bran, escenario de su universal novela que ha tenido decenas de versiones cinematográficas, aunque Ulises se queda con la de Francis Ford Coppola que capta a la perfección la entraña oscura del romanticismo.
En Bran, pueblo sin interés, por otra parte, está el castillo de Vlad Drácula. No cree que a ese sanguinario tirano y psicópata, que los rumanos consideran un héroe nacional, le gust…

BRAN, TRAS LAS HUELLAS DE VLAD DRÁCULA, de José Luis Muñoz

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VIAJES / BRASOV, LA TRANSILVANIA SAJONA

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Brasov, la Transilvania sajona

Para llegar a Brasov, fortaleza, Ulises sigue una carretera de firme homogéneo y circulación discreta, pero cuando se aproxima a la Krondstadt alemana, a la ciudad de Stalin, como fue llamada entre 195o y 196o, la circulación se hace harto complicada en los arrabales que circundan la ciudad vieja y los giros, las líneas divisorias de las calles, el excesivo y rápido tráfico hacen muy arriesgada la conducción, que nuestro viajero ande tenso. Finalmente sale de ese caos circulatorio de la fea ciudad moderna y entra en el caos vial de esa ciudad antigua de calles estrechas y tortuosas, mal adoquinadas, hasta que en una de las revueltas aparece una iglesia y a cien pasos de ella el hotel que le brinda un cómodo aparcamiento. El hotel de Brasov es de aquellos antiguos con solera, confortable y cálido, en el sentido más amplio de la palabra ya que la calefacción va a todo rendimiento como si en la calle helara. Nuestro hombre deja la maleta en su cuarto, toma u…

BRASOV, LA TRANSILVANIA SAJONA, de José Luis Muñoz

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VIAJES / SINAIA, UN MONASTERIO Y UN PALACIO

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Sinaia, un monasterio y un palacio
Llueve cuando Ulises sale de Bucarest con otro Skoda blanco que ha alquilado en la oficina de la Hertz del Hotel Intercontinental. Doble fidelidad a la marca y a la agencia. En un mes esa agua que cae será nieve. Deja la ciudad atrás y rueda por una autopista nueva  de firme impecable, que, en noventa kilómetros, no tiene una sola estación de servicio, pero por suerte le han alquilado el coche con el depósito lleno. Navega luego por otra carretera dejando la llanura rumana atrás y le sorprende, mientras asciende y se dibujan entre la niebla y la lluvia montañas cubiertas por bosques ocres por el otoño, el tráfico excesivo de coches y camiones por unas vías que él considera secundarias.
Cruza pueblos, que no son tan misérrimos como los búlgaros que tuvo ocasión de ver en su viaje en tren entre las dos capitales, pero adelanta de cuando en cuando carros tirados por caballos que circulan por el asfalto, montaña arriba, de campesinos que no tienen dinero p…

SINAIA, UN MONASTERIO Y UN PALACIO, de José Luis Muñoz

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BUCAREST, PARÍS DE LOS BALCANES

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VIAJES / BUCAREST, EL PARÍS DE LOS BALCANES

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Bucarest, el París de los Balcanes
La mañana es fría, gris y desapacible, pero piensa Ulises que quizá ése sea el mejor ambiente atmosférico para disfrutar de la ciudad, del mismo modo que los escoceses no conciben su paisaje sin la lluvia. Bucarest (de Bukovie, bosque de hayas), con sus casi dos millones de habitantes, una ubicación que escapa de toda lógica (en el sureste del país y no en el centro, a merced de invasiones) y un catálogo de edificios sencillamente espectaculares, le espera.
Desayuna medianamente bien en un comedor situado en la planta sótano del hotel. Fallan los huevos revueltos, que no hay. Tampoco hay huevos a la plancha. Ni duros. Se ha acostumbrado Ulises en sus viajes a comer huevos de la forma que sean. Mientras bebe un café solo, porque no localiza la leche, y mueve el azúcar con el filo de un cuchillo, porque tampoco localiza las cucharillas, lee algunos diarios españoles por su ordenador, para ponerse de mal humor. Come queso parecido al feta, bueno; un par …