GEOGRAFÍA HUMANA

Rostros
La cara es el espejo del alma. No siempre. Había un torturador argentino, al que llamaban Cara de Ángel, que desbarataba el dicho. Y hay muchos otros asesinos en serio de apacible mirada y seductora sonrisa. La belleza del rostro atañe por igual a hembras y varones. La belleza no es patrimonio de la juventud, aunque este hermoso muchacho moreno, de rasgos perfectos, la atesore en exceso. Rasgos, mirada, cabello, todo es muy bello antes de que los años, ese cruel cincel, se ceben en él.
El culto a la belleza se remonta al alba de la humanidad, pero ahora se ha convertido en una especie de obsesión. En las páginas de las revistas, modelos de rostros imposibles, anuncian perfumes. Esta modelo, bellísima, mantiene sus ojos cerrados, los labios entreabiertos, por donde asoman dientes perfectos, como sus cejas, su barbilla.
La adolescencia es una edad complicada. Los adolescentes no están nunca satisfechos ni con su cuerpo ni con su rostro. Ni los que son muy bellos, como esta muchacha de mirada lánguida, expresión dulce y largos cabellos. Hay una cierta tristeza en su actitud. La depresión es cosa de jóvenes. A partir de una determinada edad ése es un lujo que no nos podemos permitir. La adolescente sueña con una vida futura que no prevé. Y ni siquiera es consciente de su belleza extraordinaria.
¿Se puede ubicar un rostro en un país determinado? ¿Existen rostros que sólo se pueden dar en una determinada geografía? Pues sí. Hay unas ciertas características físicas que aprecian los que nos extasiamos con la belleza, o la expresividad de una cara que sólo puede darse en un lugar. La de esta muchacha, sin duda, es de una belleza delicada y...francesa. Podríamos poner la mano sobre el fuego a que no nos equivocamos. Esa dulzura, ese glamour, sólo pueden ser parisinos.
Al hombre se le exige menos. Con el hombre somos más condescendientes. Un varón puede ir despeinado, mal afeitado, puede lucir un aspecto desaliñado como Daniel Craig y, sin embargo, ser atractivo. Se busca en su rostro cierta dureza varonil, expresión de fuerza y determinación. Pueden ser sus rasgos abruptos. En realidad no existen cánones rigurosos de belleza, todo es muy aleatorio y subjetivo. Lo importante de un rostro es que transmita, en su expresión, lo que hay en el interior.
El tiempo, no siempre es enemigo de los rostros. El tiempo imprime, mediante la arruga, historia a la piel que cubre frente, pómulos y mandíbula. Como el del escritor Amos Oz. Nadie puede decir que sea un rostro bello, pero es interesante. Hay vivencias. Eso es lo bueno que tiene el paso de los años, implacable con la piel, que escribe relatos en ella, que, a través de un rostro, se puede leer la vida de esa persona. Y los cirujanos plásticos, el botox, luchan contra eso. Lo importante, a fin de cuentas, es estar en paz con nuestra cara. Y reconocernos en el espejo, cada mañana, al levantarnos.
Hay rostros que destilan locura, odio y violencia. Como este rostro tan tristemente conocido. No hay que ser muy docto para pensar que un tipo así va a llevar a la Humanidad hacia el desastre. Y, sin embargo, al tipo irascible lo votaron los suyos. ¿Qué debieron ver en él? ¿Cómo se identificaron en esa monstruosa expresión de violencia? ¿O es que era el rostro de todo un pueblo en un momento determinado de locura colectiva? Maldigo ese rostro y todo lo que supone.
Ese rostro, el de arriba, es precisamente el causante de que este otro rostro, el de abajo, no consiga reprimir las lágrimas. Un parisino viendo como las huestes imperiales del vecino invasor, la Alemania de Adolf Hitler, pisotean con sus botas las calles de la ciudad más hermosa del mundo. ¿Por qué está allí? ¿Por qué no se quedó en su casa para ahorrarse ese lacerante estallido de pena? Quizá no se lo podía creer. El llanto es conmovedor, no soluciona nada, pero es una válvula de escape del dolor que estalla dentro. El alma llora por los ojos de este hombre.
Cara y cruz. La cara son esas viejas damas ¿dignas? Permítanme la duda. Esos collares de perlas que dan varias vueltas a sus cuellos, el vestido, el sombrero, dan pistas de quiénes son, de qué hablan, de dónde están. Son señoras que tienen mucho dinero, de eso no hay ninguna duda, y el dinero, es curioso, ha cincelado también sus rostros. No hay belleza, ni elegancia, ni en sus caras, ni en sus expresiones. Pero son las caras de los poderosos, de las mujeres de los financieros, de los que mueven el mundo y hacen, quizá, a los de la otra fotografía sus víctimas.
Sí, éstos son los desheredados de la tierra, los que perdieron sus tierras por culpa de los especuladores sin entrañas, el eslabón más débil de la gran depresión americana. No, ellos no se tiran por el balcón de su vivienda, ellos dejan su modesta casa atrás, junto a sus sueños, sus ilusiones, se enfrentan a un futuro duro e incierto, pero lo hacen con la dignidad de su clase. Tienen la misma edad que las damas de arriba y en sus rostros llevan escrito su drama.
¿Tiene color la belleza? No, no la tiene. Hasta una nacionalsocialista convencida, enamorada de África, Leni Riefensthal, se dio cuenta de ello. África, ese continente olvidado y desconocido de donde viene la humanidad. África, corazón de las tinieblas conradiano pero que, sin embargo, atesora bellezas paisajísticas, melodías de sensibilidad estremecedora y rostros, como el de esta muchacha, de enorme fuerza y convicción. Esta muchacha de la selva tiene rasgos perfectos, va peinada de forma elegante y lleva un clip, que algún viajero blanco le dio, como pendiente que cuelga de una oreja preciosa.
Hombres y mujeres, en África, se rigen por otros preceptos estéticos. No son ajenos los varones a la coquetería en sus tocados. Este hombre de maravilloso perfil - ¿por qué, cuando hablamos de africanos, tenemos ese chip racista que nos impele a hablar de nativos en vez de denominarlos como lo que son, hombres? - lleva cuidadosamente peinada su encrespada cabellera, luce un enorme aro que cuelga de su lóbulo desgarrado y tiene mirada altiva. Tan dignos o más que nosotros que sólo tenemos que abrir el grifo para tener agua.
Si la belleza de un rostro es armonía, hay mujeres que pueden estar satisfechas porque lo han conseguido. Los años las mejoran. Kim Bassinger, un icono erótico, era una guapa joven insustancial que, con el paso de los años, ha devenido belleza absoluta. Que una mujer, o un hombre, sean bellos cuando son jóvenes apenas tiene mérito. Que lo sigan siendo, y aumente esa belleza, según vayan dejando atrás la juventud, es un valor añadido. El rostro de esta actriz es cada vez más bello. La madurez se ha asentado en él y la belleza no marchará ni cuando las arrugas lo conviertan en delicado pergamino.
Permitanme cerrar estas divagaciones nada científicas y menos rigurosas con uno de mis rostros preferidos. No por nada se apellida Bellucci y de nombre Monica. Parece un mal chiste. La Bellucci rompe moldes. Es la belleza mediterránea, sensual, pasional. Es la perfección hecha rostro. Es el rostro más bello del celuloide. Es de una belleza que incomoda, que hipnotiza. Y es una de las actrices, habría que averiguar por qué, que mas brutalmente han sido agredidas - "Irreversible", "Malena" - en el cine por el hecho de ser bella. Con ella la Naturaleza hizo su obra maestra.

Comentarios