lunes, 26 de abril de 2010

SANT JORDI

LA FIESTA DE QUÉ LEER

Me perdí las vistas desde la terraza del hotel en la fiesta de Continuará, seguramente por una opción mejor y más lúdica, y acudí─mos a la fiesta de Qué Leer que este año tocaba en la Estación de Francia. Tras una serie de posados para la cámara del fotógrafo argentino, que ya es un viejo amigo, en la entrada de la estación en plan stars de Hollywood, nos zambullimos en el cotarro después de que Toni Iturbe, siempre tan elegante con su traje blanco, anunciara el nombre del ganador del premio Volswagen Qué Leer y agradeciera a los cientos de escribas su presencia.
A la tercera copa de cava decidí que lo más prudente sería pasarme al Kas naranja. Los canapés, tan excelentes como grandiosos, dejaban los dedos y los bigotes perdidos. Había uno de espárragos trigueros que era sensacional, otro con un langostino en peligroso equilibrio, pero faltó, clamorosamente, el jamón, porque estamos en crisis, y de postre hubo una chocolatina disfrazada de piruleta de diseño. La tribu de Algaida estaba representada por Susana Picos, Andrés Pérez Domínguez y Oscar.

Nerea Riesco, siempre tan risueña y encantadora, fue literalmente levantada en volandas por este corredor de fondo que le felicitó por lo bien que estaba colocada en todas las librerías su Elefante de marfil.

Julio Murillo peleaba por llegar a la barra y se perdió pronto porque se iba al Montseny a inspirarse. No vi a Boris, aunque estuvo. Sí a Ricard Ruiz─Garzón, pero no hubo lugar para una charla sobre su mudanza. Le comenté a Sergio Vila─Sanjuán lo mucho que me había complacido su Heredera de Barcelona.
Aproveché que tropecé con Paco Camarasa para saber si ya le habían llegado las cajas de La mujer ígnea y, después de dar unas cuantas circunvalaciones, buscando a negrocriminales en balde, salí─salimos de la fiesta con el estómago saciado.
LA FOTO DE LOS ESCRITORES
RECIÉN DESAYUNADOS

Siempre me perdía esa foto, así es que este año decidí madrugar, llegar antes que las cámaras de los fotógrafos y disfrutar del maravilloso desayuno que el Hotel Regina ofrece a los escritores que deben enfrentarse al duro día de firmas que dislocará sus muñecas y mermará su voz en el tú a tú con los lectores. Tuve el privilegio de tomar los primeros zumos de naranja exprimidos, los canapés de atún y foie─grás, el primer café con leche y unos deliciosos bollos redondos muy azucarados que, al hincarles el diente, liberaban exquisita crema pastelera antes de que las masas de escritores hambrientos colapsaran los salones de la planta baja del Hotel Regina. Saludé a mi buen amigo Julio Murillo con su Oricalco bajo el brazo, a Andrés Pérez Domínguez, que anda muy contento con la cuarta edición de El violinista de Mathausen, al padrino Francisco González Ledesma, perfectamente trajeado, que viaja a su pasado de la mano de Silver Kane con una del Oeste, a Fernando Marías, flamante premio Primavera de novela con Todo el amor y casi toda la muerte, que se alojaba en el mismo hotel, y, pese a ello, llegó tarde al desayuno, y me quedé anonadado con las dimensiones de Loquillo y otro sujeto parecido con patillas, bigote y perilla que parecía de su banda. Mientras los escritores se echaban las migajas en las solapas, me refugié en unos salones interiores del Regina que, por estar más aparte, estaban casi vacíos y terminé de llenarme el estómago con canapés exquisitos y zumos diversos. A las diez en punto formamos todos para la foto, en la tarima escalonada, y fuimos fusilados por los fogonazos de los fotógrafos, tantos como escritores. Yo soy el tipo con bigote que está por encima de la siempre sonriente María de la Pau Janer y al lado de Julio Murillo de puntillas; a mi derecha, aunque no se vea, por fortuna, estaba Jaime Peñafiel. Txumarri Alfaro, el que se lanza orines por el cabello, para preservarlo, está codo con codo con un circunspecto Josep María Espinás tras el que asoma la faz rellena de Lucía Echevarría que tiene a su lado al simpático economista Leopoldo Abadía, el que nos ilustró sobre los NINJA. Román Gubern aparece situado debajo de XI esmorzar. Y por la primera línea, invisible en esta instantánea, se movía Xavier Sardá.
EL DÍA EN QUE BARCELONA SE
CONVIRTIÓ EN UNA INMENSA LIBRERÍA
Las fotos en las que aparezco son una cortesía de Susana Villafañe, amiga facebookera que se sustanció este 23 de abril de 2010.

No deja de ser coincidencia que Shakespeare y Cervantes nacieran el mismo día que Sant Jordi hincaba su lanza en el pobre dragón verdoso y que la jornada literaria no tome el nombre de esos dos escritores egregios sino el del paladín a caballo que es el patrón masculino de Catalunya.
Barcelona se llenaba de aroma de rosas y los libreros, que este día facturan el 10% de todo el año, montaban sus puestos con los ojos fijos en un cielo nuboso por si les fastidiaba la jornada.
Comenzó mi jornada laboral a una hora tardía, a las 13 horas, con la digestión del Regina hecha, en la caseta que la librera Maite, puede que el mejor olfato literario de este país, dispuso frente a su abarrotada librería de la Vía Augusta. Llegué justo a tiempo de relevar a Sergio Vila─Sanjuán, que se levantaba con la muñeca dislocada de firmar Una heredera de Barcelona, y tarde para ver a la simpática Nerea Riesco y su Elefante de marfil por acompañar a Fernando Marías, y hablar de cine, en su vía Crucis por diversos establecimientos de El Corte Inglés en donde dedicaba Todo el amor y casi toda la muerte lo que me permitió, eso sí, convencer a mi acompañante para que comprara Oricalco y lo firmara su autor y amigo Julio Murillo, ¿o no? Pues fue que no, que ella solita se decidió a comprar la novela porque Julio, amén de escritor formidable, es persona simpática.
Tomando posesión de mi plaza en el entoldado de Maite Libros, y después de hablar con Ramón Cabrera Naveira, magnífico escritor de la cosecha del 36 al que tenía muchas ganas de estrechar la mano, de sus cuentos premiados y de la Isla de Hierro, pasiones compartidas, llegó mi editor, Manuel Pimentel, que rubricaba nada menos que tres de sus últimas obras. Con tanta caja de novedades el forofo aficionado a la novela negra que ayudaba a montar la parada y que me confesó leerse tres libros a la semana y tener en su casa unos miles, no encontraba La Frontera Sur y sí El mal absoluto. Salieron, finalmente, algunos ejemplares del IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona y firmé el primero de la jornada a Susana Villafañe, actriz de teatro y escritora en ciernes que prefería el marco tranquilo de la Vía Augusta a la abarrotada Rambla.

Se dejó caer más tarde la periodista cultural y paisana Celia Santos, que fue la que me fotografió con la argentina y una simpática lectora onubense que por allí pasaba. A punto de marcha, ya en el interior de la librería, firmé La Frontera Sur a Berta, señora que buscaba una novela negra para leer y a la que endosé la mía antes de que topara con algún sueco. Inciso: puede que, a partir de la próxima novela, firme como Josef Hamsun, a ver si funciona, y ponga la foto de Hardy Kruger en la solapa.
Con la simpática y fiel lectora, pitonisa onubense y fotógrafa africanista me fui a comer a un restaurante de diseño del Paseo de Gracia y bajamos luego hacia la parada de Negra y Criminal que estaba plantada en las Ramblas frente al Palacio de la Virreina. Llegué con puntualidad británica a las 5 de la tarde y estreché las manos de los dos colegas con quienes compartía mesa, José Luis Ibáñez, tocado con sombrero panamá ─ el mío me lo dejé en Graná ─ y José Vaccaro Ruíz, colega que también publicaba con Neverland y con el que hablé de literatura caníbal después de enterarme de que el grueso volumen que firmaba, La Vía Láctea, iba de ese tema que yo abordé, años ha, en El Barroco, nombre de un restaurante que cocinaba a sus comensales.
Poco a poco los ejemplares de La Frontera Sur fueron bajando y lo mismo ocurrió con los de La mujer ígnea y otros relatos oscuros. Fina Cristiá no se perdió la cita y tuvimos una conversación entrañable y muy personal. Conocí en persona a la escritora Inma Arrabal, que no me reconocía a mí, a la que dediqué La Frontera Sur. Me emocioné con dos viejos colegas de La Caixa, José María y Mon, con quienes compartí confidencias, y estuve a punto de llorar cuando mi hija mayor pasó por allí para comprarme, y que le dedicara, los dos libros. Suerte del grueso plátano que hizo más llevaderas las dos horas en las que estuve trabajando sin sueldo ni contrato como vendedor de Negra y Criminal, lo suficientemente inclinado para que me recostara en él y hasta pudiera hacer algo de siesta. Unos lectores del año pasado, que no me conocían y compraron El corazón de Yacaré, volvieron a por mi nueva novela simplemente porque les gustó la anterior.

Y hube de convencer a una compradora renuente que buscaba la bendición que Paco Camarasa no daba por no haberme leído. Y al filo de las siete, cuando ya me iba a ir, llegaron dos de mis más fieles lectores y compradores, Andreu y Marga, cada uno por su lado, con quienes me fundí en un abrazo y se llevaron los últimos ejemplares de La Frontera Sur. Con el pescado vendido me fui con Andreu y la Pitonisa Onubense, misteriosamente relacionados a partir de la sobrina de ella y un viaje solidario a Ecuador, que ya es casualidad y si no soy testigo no me lo creo, a beber un mojito de oro, porque pepitas de oro debía tener en vez de hielo picado por lo que costó, el precio de un par de cenas, a la Plaza de Sant Felip de Neri, remanso de paz en el concurrido Barrio Gótico, y luego, a las diez, marché a L’Olivé de la calle Balmes, a cenar, y a seguir firmando .libros a dos lectores empedernidos y apasionados que discutieron, entre trago y trago de Viña del Vero Gewutztreminer con el que acompañaban un arroz con marisco y un tatami, sobre las excelencias de Mala hierba, La pérdida del Paraíso o El mal absoluto, sin decidirse claramente por ninguna de ellas, y que me dijeron que el aspecto formal de La Frontera Sur era el de un best─seller. ¡Qué la Suerte oiga a mis queridos niños!

Ya en la calle, antes de los besos y abrazos de despedida, advertí a mis dos vástagos que su herencia, aparte de mis deudas, serían los treinta y tantos inéditos que aún tengo y que materialmente no creo pueda ver editados por falta de tiempo a no ser que sobrepase los noventa, algo que ni espero ni deseo. Y con el corazón acelerado por tantas emociones juntas me fui a la cama cuando el cielo comenzaba a chispear después de respetar la jornada de otro Sant Jordi.

MIS LIBROS

LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS
José Luis Muñoz

(Neverland, 2010) 220 pgs.
Anunciar el nacimiento de un nuevo libro siempre, La mujer ígnea y otros relatos oscuros (Neverland, 2010) a un mes escaso de la aparición de mi última novela La Frontera Sur (Almuzara, 2010) es motivo de satisfacción para este autor. Que ése sea un libro de relatos ─ el cuarto tras La lanzadora de cuchillos y otros relatos eróticos, Una historia china y Viajeros de sí mismos ─ me produce todavía más complacencia porque reúno en él una serie de relatos desperdigados, de calidad ─ lo han certificado los jurados que los han premiado ─ que de otra forma habrían permanecido en el olvido. Puede que algunos ya los hayan leído mis lectores, pero hay otros a los que dificílmente tendrían acceso de no ser por esta antología de la que me siento, no voy a ocultarlo, enormemente satisfecho.


Un miliciano republicano que se conmueve ante el amor de una chiquilla y eso le hace dudar al tener que ejecutar a un terrateniente durante la contienda civil española.

Un veterano inspector de policía, a un paso de jubilarse, que intuye que el caso que está a punto de resolver va a ser, definitivamente y en el sentido más amplio del término, el último de su vida.


Un agente que debe eliminar, durante un trayecto en tren, a un espía nazi pero intuye que alguien le está tendiendo una trampa y va a terminar ejecutando a un inocente.


El cadáver descuartizado de una mujer que hará la vida imposible a su asesino como se la ha hecho cuando estaba viva.


Una misteriosa y bella cantante de soul que alterará para siempre la vida del locutor que la entrevista.


Un violador confeso que probará en sus carnes su propia medicina. Una inofensiva conversación sobre el mostrador de un bar canario que destapa el rastro de un crimen, entre raciones de queso y vasos de tinto. Dos policías norteamericanos que descubren el cadáver de la mujer con la que soñó media humanidad y ellos como parte integrante de ella.


Una historia de pasiones, celos y venganzas entre dos androides. Una misteriosa mujer negra que se convierte en mantis religiosa y se queda con el botín de un atraco casi perfecto que acaba en un baño de sangre por las rivalidades entre sus miembros. Un comensal disgustado por su plato de pasta al dente que decide ajustar cuentas pendientes con el propietario del restaurante. Un oficinista de un banco que es confundido con un asesino a sueldo y decide suplantarlo y dar un vuelco a su monótona vida. Una niña que escribe sobre sus últimos momentos en el tren de la muerte que le lleva al matadero de Auschwictz.


Un misterioso escritor que le cede a uno novel su inabarcable biblioteca y su experiencia en el proceloso mundo de la literatura antes de desaparecer de escena. Unos hermanos recién salidos de la cárcel que van a hacer una visita a un antiguo colega y se encaprichan de su mujer, lo que tendrá consecuencias fatales para todos. Un ajuste de cuentas a muerte en la arena de una playa barcelonesa.


El actor porno cuya primera y última película fue la que rodó con la mítica rubia platino que lo dejó marcado de por vida. El carácter obsesivo de un escritor de novela negra que lo lleva a convertirse en un asesino cuando comienza a sospechar que su cerrajero no es hombre de fiar.


Unas hormigas tenaces que se multiplican, invaden y destruyen todo a su paso.


Un iraquí que sufre en sus carnes lo que es la guerra contra el terror, el terror a la enésima potencia.


Veinte relatos de muy diversa factura, fronterizos todos ellos con el género negro y el fantástico, dieciocho miradas inquietantes a la parte más oscura que todos llevamos dentro, desde la Alemania nazi a la España de la guerra civil, desde las historias de amor con fantasmas a las de atracos casi perfectos, terminando en la insoportable guerra de Irak. Escritores fracasados, sicarios que dudan, revolucionarios contradictorios, policías a un paso de la jubilación, androides con pasiones muy humanas, violadores, actores porno demasiado aficionados, pandilleros, psicópatas que se convierten en víctimas, cantantes de soul con voz de terciopelo y la rubia más deseada del mundo recorren las páginas de LA MUJER IGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS.


A MODO DE PRÓLOGO
Seleccionar los relatos que deben componer un libro como este es una labor tan ardua como peligrosa. El criterio del autor es tan subjetivo que puede invalidar su selección. Me serví, entonces, de otro baremo, más neutro y ajeno a mí: reuniría relatos premiados, escasamente difundidos, más otros que han aparecido a lo largo de los últimos años en diversas antologías y revistas. Pero corría el riesgo, bajo ese criterio de selección por el que otros —miembros de jurados o compiladores de relatos para las antologías— habían escogido mis mejores relatos, que el resultado fuera un libro disperso, un cajón de sastre temático y genérico en el que todo tuviera cabida. Una vez ordenados, y releídos, me di cuenta de que el azar había jugado sus cartas a mi favor. Todos los relatos, sin excepción, podían enmarcarse dentro de los dos géneros que más he cultivado a lo largo de mi carrera literaria, el negro y el fantástico, y algunos tenían rasgos de ambos. Además, me di cuenta de que el orden de los relatos, que yo creía fortuito, obedecía a una lógica interna precisa, que el libro se abría con un relato sobre el horror pasado, la guerra civil española, y se cerraba con otro sobre el horror presente, la llamada guerra contra el terrorismo, que el primero estaba próximo en la geografía, pero lejos en el tiempo, y el otro a la inversa, geográficamente muy lejano, pero temporalmente muy cercano.


Se tiende a considerar al relato como pieza menor frente a la novela. Craso error. El relato es una narración cerrada sobre sí misma en la que el autor no se puede permitir el lujo de la digresión, que deja para la novela. El relato, por su brevedad, tiene que enganchar desde la primera a la última línea sin bajar la tensión. El relato, por su factura misma, por su confección en un breve lapso de tiempo, mantiene un tono y un ritmo que la novela no consigue.


El libro, a pesar de que, como he dicho anteriormente, todos sus relatos se muevan entre lo negro y lo fantástico, es diverso y nada reiterativo, porque cada pieza que lo integra, algunas muy breves, otras más largas, difieren en tema, estilo y tono.


Hay relatos de una violencia extrema; otros en los que se cuela el humor y la ironía; los hay que intentan producir escalofríos; negros sí, pero profundamente eróticos; que se mueven en los vericuetos mágicos de la literatura, que es un mundo misterioso en sí mismo; en donde el amor no se sabe si fue realidad o sueño, y quizá no importe; bélicos y de anticipación; gastronómicos e insectofóbicos; sobre el clásico atraco que se resuelve de forma imprevista; de víctimas del más espantoso genocidio; de pandilleros y psicópatas; a uno y otro lado del Atlántico; en uno y otro extremo del mundo.

Lo que sí fue totalmente personal fue la elección del título del libro, que tomé de uno de mis relatos favoritos, «La mujer ígnea», que una vez que escribí y leí me di cuenta de que era un homenaje inconsciente a Julio Cortázar, el gran maestro indiscutible del relato que me enseñó a jugar con las palabras.
JLM




EL LIBRO

UNA HEREDERA DE BARCELONA
Sergio Vila─Sanjuán

Destino, 2010. 318 pgs.
El prestigio literario de Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957) como periodista cultural, cimentado por 33 años de labor en diversos medios de comunicación y la publicación de una serie de libros de ensayo como Pasando página o El síndrome de Frankfurt, está suficientemente acreditado, pero ello no obsta para que suscitara un cierto temor su aterrizaje en el campo de la novela con esta Una heredera de Barcelona que llega a nuestras manos. El crítico, en cuanto sale de su ámbito, es un mal escritor, suele decirse. Eso no sucede en el caso del actual director de Cultura/s, el excelente suplemento del diario La Vanguardia.


Con el recurso del manuscrito encontrado ─ que, en este caso, no es excusa literaria sino realidad, pues Vila─Sanjuan idea la escritura de su primera novela a raíz de hallar una serie de documentos y el bosquejo de una novela en los cajones de su abuelo ─ discurre ante nosotros este fresco histórico que hace revivir la Barcelona convulsa del pistolerismo y las encarnizadas luchas sociales al hilo de una intriga policial.


La investigación que Pablo Vilar, abogado y periodista monárquico de costumbres estrictas, hace de la agresión que sufre una bella vedette, María Nilo, le lleva a bucear por los mundos del sindicalismo revolucionario de la Ciudad Condal, conocer a Lacalle, líder anarquista moderado, y ser testigo de los ajustes de cuentas entre patronos y obreros que llenan las calles de cadáveres y erizan el clima social de la ciudad.



Con un estilo decimonónico, en el que se siente muy a gusto, Sergio Vila─Sanjuán vuela, y el lector con él, a esa Barcelona de 1920 que revive con brío en sus páginas. Se nota en Una heredera de Barcelona la ardua labor de investigación de su autor, el prolijo trabajo de documentación en hemerotecas, sin que ello merme el interés literario de la obra. Maneja con soltura Vila─Sanjuán un elenco de personajes variadísimo que va desde los pistoleros de la patronal a los anarquistas utópicos y violentos, de los burgueses y aristócratas barceloneses a los duros militares que detentan el orden público de la ciudad. La novela se mueve con igual soltura y gracia en las cuevas de Montjuich como en las sofisticadas fiestas del Laberinto de Horta, en los círculos del naturismo ácrata como en los salones exclusivos del Ritz, recopila multitud de anécdotas, es brillante en sus cuidadosas descripciones de la forma de vida de esos años, está repleta de reflexiones ideológicas y apuntes políticos que iluminan su trama y hay, en toda ella, un alarde de exquisitez literaria de otra época.
Es Una heredera de Barcelona, ante todo, una novela que se lee con sumo placer, porque está muy bien escrita, perfectamente hilvanada y no decae en ningún momento. Y lo mejor que puede decirse de ella es que parece obra de alguno de los mejores novelistas del siglo XIX.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

LA RESEÑA

LA FRONTERA SUR
José Luis Muñoz

Córdoba, Almuzara, 2010, 373 págs.
IV premio internacional de novela Negra “Ciudad de Carmona”

José Luis Muñoz (Salamanca, 1951)es un prolífico narrador que ha cultivado la novela histórica (como la trilogía La pérdida del paraíso, sobre el descubrimiento de América), la novela fantástica (Los ojos ajenos) y la novela negra (El mal absoluto, El corazón de Yacaré...), que le han valido premios de reconocido prestigio como el Tigre Juan, Azorín, Café Gijón, Camilo José de Cela o el Ciudad de Badajoz.


La frontera sur, su última novela, es la que separa México de Estados Unidos (o la Baja California Baja de la Alta, como prefieren decir algunos mexicanos), posiblemente una de las fronteras más peligrosas de la tierra, en la que confluyen y se entremezclan de modo inextricable la delincuencia del narcotráfico, la de la inmigración ilegal, la corrupción policial y la prostitución.


Más al norte, en Los Ángeles, Mike Demon, un vendedor de seguros, lleva una vida apacible: vive en una zona residencial con seguridad privada, tiene un trabajo bien remunerado, una esposa atractiva y un hijo adolescente y lejano...; es decir, como tantos otros, ha logrado acceder al “sueño americano” en un oasis de prosperidad.


Su profesión convierte la novela en un relato itinerante que sitúa su trama en tres espacios preferenciales: las urbanizaciones de la mayor ciudad de la costa oeste, en que reside una clase media acomodada (e hipotecada), el entorno de San Diego en donde ha recalado una inmigración hispana tolerada pues contribuye, con sus ínfimos salarios, a mantener bajos los precios de los productos agrícolas, y Tijuana, justo en la frontera entre los dos estados, una “urbe forajida” en que coinciden los hispanos que desean saltar a Estados Unidos con los americanos que bajan en busca de drogas, alcohol o sexo con menores de edad: “nadie se conformaba con lo que tenía”.


Cierto día, Mike Demon cruza la frontera y penetra en Tijuana “simplemente porque vio un cartel que lo indicaba”. Allí conoce a una joven camarera casi adolescente por la que se siente atraído. Poco a poco se verá inmerso en una pasión incontrolable con una muchacha empujada salvajemente a la prostitución que lo arrastrará a una loca carrera de falsedades y lo convertirá en el objetivo soñado por cualquier chantajista. Consciente en todo momento de la tela de araña que se teje a su alrededor, Demon se ve impulsado hacia el “vértigo del abismo”, una pulsión autodestructiva que pondrá en peligro su mundo confiado y estable.

Situada en una larga tradición literaria y cinematográfica, La frontera sur refleja con rigor y verosimilitud un mundo despiadado que ofrece un marcado contraste entre ambos lados de la frontera, pero las diferencias son de grado, pues si en Estados Unidos, como se dice expresamente, los móviles que impulsan a los hombres son la violencia, el sexo y el dinero, Mike Demo podrá comprobar que en México estas mismas fuerzas, sin ninguna restricción policial, fluyen libremente hacia su exacerbación; y así, el sexo se resuelve en violaciones y esclavitud, el dinero recurre ampliamente al chantaje, la violencia llega al asesinato.
SIMÓN VIOLA