LA ENTREVISTA

23 de abril. Sant Jordi. BCN.
Firmas de La Frontera Sur.


13 a 14 horas: Maite Libros de Vía Augusta
17 a 19 horas: Negra y Criminal. Las Ramblas. Frente al Palau de la Virreina.



23 de abril. Día de San Jordi. Bcn Firma de LA MUJER ÍGNEA Y OTROS RELATOS OSCUROS (Neverland, 2010)
17 a 19 horas: Negra y Criminal. Las Ramblas. Frente al Palau de la Virreina



La Frontera Sur: el perfil más tenebroso de Mike Demon
entrevista de Borja Casini


Borja Casini─Veintiocho libros, entre novelas y relatos, quince premios de novela conseguidos, entre otros el Azorín, Tigre Juan, La Sonrisa Vertical, Café Gijón y Camilo José Cela y una tendencia, recurrente, a ahondar en el género negro del que se convierte en uno de los cultivadores más asiduos en España aunque también haya publicado novela histórica, muy negra, por cierto, o novela erótica. Y nuevo premio ahora, el Internacional Novela Negra Ciudad de Carmona, con una novela, La Frontera Sur, con la que regresa de nuevo a Estados Unidos, escenario de La casa del sueño, Mala hierba y Lluvia de níquel. ¿Qué tiene ese país que le resulte tan atractivo a la hora de escribir sobre él?
José Luis Muñoz─Desarraigo. La sensación general que me produce ese país gigantesco, de espacio inabarcables, paisajes espectaculares e irreales ciudades, es desarraigo, desolación. Y ese magma humano que son los norteamericanos, abrazados a su bandera como no lo hacen los europeos, porque no lo necesitamos y tenemos una identidad forjada en una historia larga y compleja y podemos ubicar a nuestros padres, abuelos, bisabuelos o tatarabuelos, los hace proclives a protagonizar historias como La Frontera Sur que no son trasladables a ninguna otra geografía. El paisaje por antonomasia de la novela negra es Estados Unidos. Francia inventó el polar, que cuenta con extraordinarios cultivadores, pero no me motiva a escribir ninguna novela en su territorio. Estados Unidos sí, porque es grandiosa, irreal, se está formando, sus habitantes gozan, a veces, de una libertad peligrosa e incomprensible para los europeos, como pueda ser el hecho de llevar armas, constituir milicias con fines desestabilizadoras y contar, por otro lado, con uno de los sistemas judiciales más despiadados del mundo que no busca la reinserción sino el castigo del delincuente. Lo inabarcable del territorio hace que un criminal se puede perder durante años, en una casa del bosque, y no ser encontrado nunca.



BC─Seis años después de Lluvia de níquel vuelve de nuevo con su personaje, Mike Demon, al que rescata para La Frontera Sur, una contundente novela negra de casi 400 páginas. ¿Por qué?
JLM─Tengo la muy mala costumbre de asesinar a mis protagonistas. Ya lo hice con Raúl Guerra, que nada que ver con el escritor, de Barcelona negra, lo que me obliga a escribir precuelas. Mike Demon, que protagonizaba Lluvia de níquel era, desde mi punto de vista, alguien con una personalidad rica, compleja y contradictoria, mucha hondura, aunque fuera tenebrosa, al que podía exprimir, con el que podría escribir un camino previo al que le conducía a Las Vegas en esa novela. Mike Demon, paradigma de lo que no me gusta de los Estados Unidos, que es un país que adoro, por otra parte, explica, para mí, muchas de las claves de esa gran potencia, su conservadurismo extremo, su individualismo, su búsqueda desesperada de una identidad que le obliga a ser muy nacionalista para cohesionarse. La novela, que tiene un trasfondo político y social, es una premonición, en la época de Bush padre, de Bush hijo, que fue mucho peor, pero que se estuvo cociendo en esos años en los que se desarrolla la novela.



BC─Para ser una novela negra uno echa en falta, quizá, más acción, más crímenes, más violencia, una trama más policial.
JLM─Es que no es un trhiller. Trhiller, por ejemplo, era La caraqueña del Maní, en donde sucedían muchas cosas y el ritmo era vertiginoso. La Frontera Sur es una novela negra, con mi concepto de novela negra que no es canónico, como yo lo entiendo, nada que ver con el tipo de novela deductiva, con policías que resuelven crímenes enrevesados, ni asesinos de mente sofisticada que busquen el crimen perfecto, tan del gusto de cierta literatura anglosajona que no me interesa ni como lector ni como autor aunque pueda estar muy bien. En ese sentido mis novelas, y mis personajes, sus formas de actuación, estarían mucho más próximos a Patricia Higshmith o a James Cain que a Dashiell Hammeth. Lo negro, en mis novelas, es envolvente, es una red tupida con la que pretendo prender al lector, otra cosa es si lo consigo. Lo negro en La Frontera Sur es ese paisaje árido que, de pronto, nace cuando se deja atrás el falso espejismo de Estados Unidos con campos verdes a base de aspersores, y es exactamente el mismo territorio, la misma geografía, pero hay una diferencia abismal y absurda que reflejo. Cruzar esa frontera, como lo hace Mike Demon a lo largo de las páginas de mi novela, es mucho más que un tránsito geográfico, es un camino moral que el personaje elige, o no elige, porque en La Frontera Sur, como en otras de mis novelas, me gusta jugar con dos conceptos claves del género como son la predeterminación, ese abismo al que Mike Demon se ve abocado, y el fatalismo, esa sensación de drama inevitable que está presente, creo, en todas las páginas y es lo que atrapa al lector.



BCLa Frontera Sur produce desasosiego, un cierto horror vacui una vez se ha leído. Aunque uno busque un personaje positivo al que abrazarse no lo encontrará ni en los personajes protagónicos ni en los secundarios. Fred Vargas, por cierto, el nombre de una escritora francesa de novela negra, el policía mexicano, es un tipo de cuidado, que da miedo, pero Mike Demon casi es peor.
JLM─Bueno, lo de Fred Vargas es un guiño entre colegas, en efecto, como en La caraqueña del Maní homenajeaba al desaparecido Tierry Jonquet, para mí el genio del polar, pero también es un pequeño homenaje cinéfilo a Vargas, el policía mexicano que interpreta Charlton Heston en Sed de Mal, de Orson Welles, que transcurre precisamente en Tijuana. Mi intención, al escribir La Frontera Sur y lanzar al ruedo esos personajes es que la ética brilla por su ausencia en determinadas ocasiones. Aunque cuando uno escribe no hay intención, la historia te elige y tú haces lo que puedes para contarlo, y eso es así, de fácil o difícil, pero luego, cuando terminas la novela, cuando la publicas, haces el esfuerzo de analizarla con un punto de vista ajeno, como si nada tuvieras que ver con el producto, y me doy cuenta entonces de que Mike Demon, de reacciones imprevisibles, como ya demostrara en Lluvia de níquel, es un personaje normal, con una vida apacible, con una casa maravillosa, una buena familia, un aceptable estatus económico y social, hasta que pierde el rumbo de su vida cuando cruza esa frontera y conoce a Carmela. Con lo que, a pesar de esa falta de ética que preside la novela, en donde no hay buenos, puede extraerse una moraleja: salirse del camino recto conlleva ese precio.




BJCarmela, la muchacha mexicana de la que se enamora Mike Demon y ya salía en conversaciones telefónicas en Lluvia de níquel, que le complica mucho la vida, es un poco la Eva de la manzana.
JLM─Y Mike Demon es esa serpiente de cascabel de la espléndida portada de la novela. Desde la época del western el Sur ha sido para Estados Unidos una especie de paraíso en donde se podía beber hasta derrumbarse y tener mujeres bonitas. Territorio sin ley adonde los forajidos escapaban de la justicia. Aunque con matices, esto sigue, aunque no en el momento presente, en que Tijuana y toda la zona fronteriza se ha convertido en un terreno muy peligroso para cualquiera. Con Carmela Mike Demon sale de su asfixiante existencia, de su burbuja de felicidad ficticia. El norteamericano no tiene bastante con una bonita y cariñosa esposa, un niño pequeño y una maravillosa casa, sino que ansía otro tipo de emociones, y por eso esa doble vida peligrosa que lleva, de ahí esa adicción compulsiva y enfermiza al sexo con toda clase de prostitutas, a las que recurre con frecuencia, y el hundirse en ese peligroso mundo fronterizo que le deparará excitantes placeres que necesita para sentirse vivo, como chute de adrenalina, pero que le pueden también conducir al abismo.



BC─En la novela se confrontan dos personajes, el norteamericano Mike Demon, que es muy oscuro, que depara al lector alguna espectacular sorpresa, y el peligrosísimo policía mexicano arribista, corrupto hasta las cejas, proxeneta, en relación con los coyotes que trasladan emigrantes clandestinos del sur al norte. Al primero le mueven las pasiones del bajo vientre; al segundo, el dinero.
JLM─Se produce un cierto ajuste de cuentas histórico. Fred Vargas, en un momento de la narración, haciendo acopio de cinismo, o no, porque quizá tenga razón, revierte la situación norte sur y justifica su proceder como una forma de hacer justicia con los gringos que les han robado territorio y siempre fueron los enemigos. Le cobra a Mike Demon un impuesto de reparación económica a base de chantajearle.




BC─¿Con quién puede identificarse el lector? Uno, cuando lee un libro, o cuando ve una película, trata de encontrar un personaje positivo y recto. Pero aquí todos los personajes son de cuidado, gentes poco recomendables.
JLM─En La Frontera Sur no lo encontrará. Ricardo Bosque, en una reseña que publicó, dijo que no es una novela de buenos y malos sino de malos y peores y definió de forma clara y contundente a los personajes que pueblan la novela, salvo a Carmela que es más víctima que otra cosa. En determinados ambientes eso es así. El personaje de Mike Demon me resulta bastante más inquietante que el de Fred Vargas que, en cierto sentido, hasta resulta inocente en sus pretensiones, porque Mike Demon puedes ser tú o yo o el que lea la novela, porque todos, aunque no nos lo parezca, y eso es lo que produce inquietud y desasosiego en La Frontera Sur, podemos actuar, en determinadas circunstancias, como lo hace Demon. A Fred Vargas se le ve venir, uno sabe con quién se la está jugando. Demon es una serpiente.



BC─La violencia de la novela, que no es excesiva, es sin embargo brutal cuando se produce. Estalla, salpica. Hay secuencias de tortura, alguna que otra violación, asesinatos a sangre fría narrados con extrema crudeza, muy visuales.
JLM─Lo requería así. Me lo pedía el tono narrativo de la historia. No sucede casi nada, o pocas cosas, en sus primeras páginas, pero el paisaje, ese extraño universo de la urbanización de Los Angeles en donde vive Mike Demon, inquieta, esa falsa felicidad hace prever la tragedia que se va mascando y se gesta en cada viaje que traspasa esa frontera prohibida. En los dos países en los que transcurre mi novela, México y los Estados Unidos, la violencia se percibe como algo bastante cotidiano, por desgracia. El tratamiento que hay de la violencia en mi novela no es gratuito, ni está marcada por el humor tarantiniano. Repele e impacta. Matar es una actividad espantosa y sucia, y quiero que eso lo sienta el lector.



BC─Los personajes, los principales y los secundarios, están muy cuidados, son muy creíbles, se ven. ¿Cómo lo consigues?
JLM─Una de mis obsesiones literarias es armar psicológicamente a los personajes, que tengan consistencia, no sólo física, sino de carácter, forma de ser, moverse, hablar, o matar si es una novela negra. Quiero que el lector perciba que están vivos, porque nacen vivos de mi cabeza. Otra de mis obsesiones es el medio, el paisaje, los ambientes, las ciudades. Tanto Los Angeles como Tijuana, adquieren la consistencia de personajes por si mismos. Yo creo que una ciudad es un ser vivo, respira, tiene alma, e intento plasmar esa sensación en mis páginas. Si Fred Vargas viviera en San Miguel de Allende, una maravillosa y apacible ciudad de México, y Mike Demon en Dakota, probablemente no serían así.



BC─La novela se inicia con una impresionante descripción del caos de Los Angeles, casi a vista de pájaro, que resulta muy cinematográfica e impactante. Parece como un larguísimo traveling.
JLM─Cuando escribo veo imágenes, sugiero olores, sabores, texturas. Intento que mi literatura sea muy sensorial, que mis palabras transmitan al lector sensaciones, agradables o desagradables, que cuando un personaje aporrea a su víctima, o le dispare a bocajarro, duela. Que cuando el protagonista esté haciendo el amor, el lector participe de esa excitación. O cuando se emborrache, sienta cierto vértigo. Algunos lectores que terminaron Lluvia de níquel me confesaron que sufrieron sed, como si estuvieran cruzando el desierto de Nevada con Mike Demon en ese coche que se le avería antes de entrar en Las Vegas. No sé porqué, pero esa descripción del territorio de Los Angeles del inicio, que no es gratuita, que dibuja hasta esa luz sucia que tiene a causa de la contaminación, me parecía fundamental para situar al lector en una urbe muy especial y me pareció la mejor forma de introducir al lector en la narración. En esa descripción del caos circulatorio, de las avenidas serpenteantes y de los miles de casas ya hay tensión y drama.



BC─Esa sensación de desolación la tiene el lector en cuanto entra en Tijuana, literalmente hablando, con Mike Demon. Creo que su situación especial de ciudad fronteriza, en donde se apiñan tipos de todo el continente para dar el salto, está muy conseguido, que los diálogos, con su carga de mexicanismos, suenan muy reales y no impostados. ¿Cómo lo consiguió?
JLM─Eso era difícil, pero jugaba con una cierta ventaja. Estuve en Tijuana en la época en que más o menos se desarrolla La Frontera Sur. Entonces era una ciudad peligrosa, pero podías salir vivo de ella. Hubo muchas cosas, muchísimas, que me impresionaron de la ciudad, de las que no tomé nota pero tenía guardadas en el cerebro y que me han sido muy útiles porque las he vertido en la narración, como ese restaurante llamado Carnitas de Uruapán, en donde trabaja Carmela antes de prostituirse y come esa mole de carne que es Rocky, el pollero, al que fui a comer, aunque desistí de hacerlo cuando vi cómo lavaban los platos, anécdota que figura en la novela, o esos urinarios infectos en los que tullidos sin piernas, que se arrastraban por el suelo, pedían limosna. Para los diálogos, cosa complicada, me fié de mi intuición, mi oído y tuve la inestimable ayuda de una amiga pueblana, Alejandra, que me echó un cable y los repasó para otorgarles un mayor verismo.



BC─Uno acaba La Frontera Sur y tiene la sensación de haber hecho un mal viaje, haberse embarcado en una pesadilla. No es una novela que deje buen sabor de boca.
JLM─Una buena novela negra, buena de verdad, no es aquella que deje al lector con una sensación de felicidad absoluta, le provoque la sonrisa, sino todo lo contrario. Hay cuadros de Boticelli, cierto, pero también está Lucien Freud, y me gustan ambos. James Cain y su novela El cartero siempre llama dos veces no dan, ciertamente, un mensaje optimista, sino todo lo contrario, como las novelas de Jim Thompson, o las de James Ellroy, o las de Mac Bhem que, para mí, era el mejor de todos ellos. Cuando acaba Chinatown de Polanski no creo que nadie del cine sonría y diga qué película más optimista. Por decisión propia me adscribo a la versión más dura de la novela negra, en donde no hay redención posible y no existe la luz al final del túnel. Quizá por mi escasa confianza hacia el género humano, empezando por uno mismo, que creo que plasmé, en toda su crudeza, en El mal absoluto, mi versión de lo que fue el Holocausto.
BC─En pocas líneas ¿que es La Frontera Sur?
JLM─Creo que, como todas mis novelas, como la vida misma, es un viaje, y éste a lo más oscuro de nuestro ser, a lo más turbio, que está ahí, pero maquillamos y aflora en determinadas circunstancias. La Frontera Sur narra lo que le pasa a alguien que traspasa una frontera moral, bucea en un mundo hostil por el que siente una irresistible atracción a pesar de saber que le va a perjudicar, que le va a complicar la existencia, pero no le importa. A Mike Demon le cambia la vida conocer a la hermosa Carmela y sus circunstancias que le implican, como al médico protagonista de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos el ayudar a abortar a una muchacha marginal, una similitud en la que no había caído cuando la escribía pero está ahí y caigo ahora. Los dos personajes entran en colisión con un mundo ajeno con el que nunca deberían haberse cruzado, porque no es el suyo, está al sur, en México, o en el arrabal, en donde la ciudad pierde dignidad. Pero lo hacen porque son humanos e imprevisibles. Y allí aflora la tragedia y el atractivo literario. Y lo que pretendo, cuando escribo una novela, es alterar al lector, hacerlo reflexionar, que se replantee ciertas cosas. Un libro, una película, una pieza de música, una escultura o un cuadro que nos dejen indiferentes no tienen ningún sentido. Aspiro, y no es poco, a sacudir al lector.


Comentarios

Paco Gómez Escribano ha dicho que…
Muy buena entrevista, José Luis, enhorabuena. El otro día me hice con un ejemplar, lo que pasa es que ahora estoy con la de Lorenzo Silva. A ver si la termino y me meto con ella. Un abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Amónimo dijo. La entrevista es muy interesante...y las fotos del autor parece que se las han hecho despues de protagonizar la novela, en vez de haberla escrito ;-)
José Luis Muñoz ha dicho que…
Muchas gracias, Paco. Espero que te guste cuando te metas en ella. Un abrazo
José Luis Muñoz ha dicho que…
Ja, ja. Muy cierto. ¡Vaya cara de novelista de género negro negro!
Sílice ha dicho que…
José Luis, espero que no te moleste que haya puesto tu: Manjar de ratas, en mi blog.

Un abrazo.
Alfredo J. Ramos ha dicho que…
Don José Luis, se le acompaña en el sentimiento. Ya sabe usted por qué.