DIARIO DE UN ESCRITOR

Valle de Arán, 1 de julio de 2011
MONTAÑA
Pasó el primer mes. No me enteré.
Ayer, por la tarde, me propuse ir andando desde mi casa al Portillón. Salí después de comer la sopa que nunca se acaba, tomé la senda, dejé atrás las cinco ovejas del prado que dormían la siesta a las cinco y media, y seguí, después de cruzar un bosque y pasar por la extraña cabaña pintada en colores azul y blanco que mi amiga Susana dice que es de un compatriota, un camino empedrado y resbaladizo por el agua que, de cuando en cuando, se cruzaba con la serpenteante carretera. Hice una parada en la blanqueada ermita de San Martín, para mirar las vistas, y seguí, ya por la carretera, curioseando algunas cabañas restauradas, lo que en este país se conoce como bordas, que los lugareños tienen para hacer comidas campestres o para retirarse, aún más, del mundanal ruido.
Me fascinan esas hermosas casas de piedra y tejados de pizarra, que anteriormente eran refugio de pastores y su ganado, que se esconden entre la vegetación, sumergidas en ella. A veces son difíciles de descubrir por lo recóndito de su ubicación.
Sigo luego hasta una reserva de fauna autóctona, un proyecto que se detuvo hace años por falta de presupuesto, un trozo de montaña vallado en el que pretendían encerrar algunos de los especímenes faunísticos del Valle para que los vieran los visitantes que pasearan por su interior a través de pasarelas, y tomo un sendero que discurre paralelo a la carretera y va a morir a ella.
Estoy en el último tramo. Hay pendiente. Apenas coches. Cinco revueltas, pasando por un desolado calvero del bosque en donde se hacinan los troncos cortados de los árboles, que fueron arrancados de cuajo en una ventolera, y huele a madera, y llego al Portillón, a la frontera francesa, el límite del Valle con la región de Haute Garonne. Desde allí distingo a la perfección el Cloth de Baretges, bañado por la niebla, quinientos metros más alto de los 1920 a que me encuentro. Un desnivel de mil metros desde que salí del pueblo, al que vuelvo, despacio, reteniendo el paisaje en mis ojos, con una hora de sol por delante.
Veo un árbol numerado. El 12. Si las cabras, ovejas y vacas ya llevan código de barras, numerar un árbol es algo normal. Quizá sea su sentencia de muerte, lo han marcado para cortarlo. ¿Pero 12? ¿Qué querrá decir? ¿Que talarán los doce árboles que siguen o los que preceden a ése? Iré vigilando ese árbol.
Ya de regreso, por el camino que coincide, en algunos de sus tramos, con el asfalto resquebrajado de la carretera, descubro una enorme babosa que la cruza con su lentitud habitual y tengo una premonición de que no llegará a la otra orilla de la carretera, a la hierba que será su salvación. Un coche, veloz, al mismo tiempo que mi pensamiento, sale de la curva, me esquiva y toma el centro de la calzada y se pierde monte arriba por la zigzagueante carretera. Vuelvo sobre mis pasos con angustia para saber del estado de mi amiga babosa. No parece aplastada, milagrosamente, por esos cuatro neumáticos, aunque está quieta. Cuando la acaricio con mi bastón compruebo que asoma un cuernecillo y eso me alegra. En esa ruleta rusa que es traspasar una carretera, a su velocidad de crucero, esa babosa, mi babosa, ha sobrevivido al loco del automóvil.
Cruzo la puerta de mi casa cuando ya salen las estrellas.
TILDES
Una amiga de Gi¡ón me reprochó que olvidara, días pasados, un par de tildes. Eso pasa por escribir rápido y confiar en el corrector automático que no es tan listo cómo para diferenciar dos nombres, úlcera y líderes, lo que eran, de formas verbales, ulcera y lideres, lo que no eran. Siempre se agradecen las lecturas atentas, y las correcciones.
¿YO? YA
Nunca dos monosílabos fueron tan contundentes y cargados de significado. Los pronunció, y después estalló en risas, uno de los muchos expresidentes que tenemos mientras el otro lanzaba maldiciones apocalípticas a la altura del fin del mundo maya del año que viene. El aludido por el pronombre, entre interrogantes, y el adverbio, lo mandó suavemente a la mierda a pesar de que estuvo a sus órdenes en conflictivos gobiernos. Rubalcaba, que ha reducido su Pérez a simplemente P., es el más brillante activo de ZP, el hombre de partido dispuesto a inmolarse para que el PP no obtenga la temida mayoría absoluta. Hoy, como portavoz del gobierno, anunció dos medidas notables que indican que algo de lo que grita la calle les está llegando a los oídos de los que, a nuestro pesar, nos gobiernan. Aumenta la cantidad inembargable en los casos de expolio hipotecario, y en función de los dependientes familiares de la víctima desahuciada; y será el ICO el que pague a los proveedores que no pagan los ayuntamientos, lo que, bien mirado, es una muestra de desconfianza, seguramente con mucho motivo, hacia las corporaciones locales. Lástima que todo llegue tarde, que se implementen las medidas cuando ya muchas empresas se ahogaron.
INSOSTENIBLE Mientras el país vecino, Portugal, deja sin media paga de Navidad a su población (los atracos masivos se hacen ahora así, sin pistola y sin miedo a ir a la cárcel porque los gobiernos no suelen detenerse a sí mismos) y Grecia, más en ruinas que su Partenón, que terminarán vendiendo para aplacar el estómago de los mercados, planea dejar en la calle al 25% de su funcionariado y vender las pocas empresas y servicios públicos que les quedan a los voraces mercados, los tiburones que rondan a los náufragos, en España pasan cosas tan indignantes como los sueldos multimillonarios de los directivos de Bankia, por ejemplo, a quien hemos ayudado con dinero público, el suyo y el mío. Leo que diez millones de euros será lo que se meterá en el bolsillos el señor Rato, por ejemplo, y unos cuantos más de sus colegas. Diez millones de motivos para la indignación más absoluta. Vivimos en la época de la desfachatez
ADELGAZAR EL ESTADO
Creo que fue Cheeney, uno de los más siniestros personajes de la política norteamericana, un matón sin más al que Coppola podría coger para que se interpretara a si mismo en una película de gángsters, quien dijo que había que adelgazar al estado hasta poder ahogarlo en una bañera, una frase muy gráfica y gangsteril. En eso está Europa, siguiendo la receta de los neoliberales norteamericanos, los funestos neocons, despojando al estado de sus atribuciones, comprando sus empresas a precio de saldo, sumiéndolos a ellos en la ruina, y a sus ciudadanos, para negociar, luego, cuando ya no quede nada que comprar, con la simple venta de carne humana, la nuestra, al mejor postor. Porque cuando todo esto acabe, cuando transportes, servicios, colegios, hospitales estén en manos de los siniestros mercados, nos comprarán a nosotros, imagino, para vendernos como esclavos a peso.
Si nuestro faro es Islandia, el de ellos es China.
O cogemos una patera y abandonamos todo esto o asaltamos el Palacio de Invierno. Yo abogo por los segundo, pero ya.

Comentarios

M. Deveriá ha dicho que…
Bolchevique :-)
Pilar ha dicho que…
vuelves a dar un salto de tu diario y tus pensamientos íntimos a la cruda realidad. Me gusta. Al principio incluso redactas en pasado y luego lo haces en presente, antes de empezar con las tildes, con la realidad política de este nuestro país...
¿qué habrá sido de la babosa?
Si, habrá que asaltar el palacio de invierno, y el de verano también, de forma pacifica, con la desobediencia, con la no colaboración. Hemos empezado con las plazas, después vendran los palacios. Un indignado militante.
umbral de las voces ha dicho que…
España necesita- como toda Europa- una revolución socialista verdadera, con programa internacional, que abogue por un gobierno obrero europeo, como parte de un gobierno obrero mundial con programa socialista. Parece simplemente una receta arcaica y anacrónica, pero es la única que nos puede salvar a todos de la pavorosa destrucción del capitalismo en agonía.