DIARIO DE UN ESCRITOR

Arán, 25 de julio de 2011
WOODY ALLEN
Nos hacemos mayores. Todos. Al atardecer subí al Coth de Baretges. Llegué hasta arriba en el todoterreno, cuando termina la pista accesible y el camino se llena de piedras y se estrecha. No estaba solo. Caminaban por el prado tres muchachos y había un par de coches, uno de ellos un todoterreno, seguramente de un pastor, que bloqueaba la pista. Dejé el mío próximo al borde del camino, casi con la rueda en el aire. Y bajé con mi bastón masai. Las nubes estaban bajas, pero aun así permitían admirar el majestuoso paisaje de uno de los lugares más bellos del Valle. Hoy había caballos, muchos, cientos, como nunca había visto en otras ocasiones. Bajaban al trote por las laderas, en grupos, las madres con sus potrillos a los que cuidaban y mimaban con esmero enternecedor. Algunos, curiosos, se acercaban tanto a mí que debía levantar el bastón para ahuyentarlos. Otros, en grupos compactos, parecía que quisieran abalanzarse sobre mí y salía yo de su camino en el último instante para impedir que me arrollaran. Algunos machos relinchaban. Todos tenían sed. Pasaban primero por el largo pilón lleno de agua que hay junto al refugio y, después de hartarse, comían hierba. Busqué entre ellos a mi amigo. Lo había visto hacía tres meses, en el grupo, cuando estuve en el Valle buscando casa y subí al Coth. He hablado muchas veces de él en este diario. Es un caballo feo y desgarbado, de ojos azules, mirada bovina, cabeza con manchas blancas y crines blancas. Parece albino, porque hasta blancas son sus pestañas. Lo he bautizado como Woody Allen porque le encuentro un parecido con el genial humorista norteamericano, porque pienso que si el director de Annie Hall fuera caballo sería así. Bromeando conmigo mismo suelo decir que el carnicero no lo mata porque se apiada de su aspecto y lo reconoce entre los otros caballos que son lindos y lo indulta. A Woody Allen lo conozco desde que es potrillo, desde hace siete años, y lo he ido retratando. Puedo hacer un álbum de fotos con sus fotos, escribir su vida imaginada trotando y comiendo en esos pastos y algo marginado por su manada que advierte su fealdad. ¿O no? A lo mejor es muy atractivo para las yeguas. Lo busco entre esos cientos de caballos y no lo encuentro. ¿Lo habrán sacrificado? me pregunto. Pero no. Ahí está. Aparece exactamente el último, cuando sus colegas de manada ya han bebido suficiente agua y están cenando hierba, viene, al contrario de los demás caballos que han bajado al Coth de Baretges a galope tendido, al paso, y me busca, va directamente hacia mí, se me acerca con su mirada bovina y se detiene a menos de medio metro, lo suficiente para que alargue la mano y toque su inmensa testuz. Quiero imaginar que sabe quién soy yo y me reconoce, que tiene memoria y afecto. Le hablo y parece escucharme mientras me mira muy fijamente con sus ojos azules tan característicos. Pasa el tiempo para todos, Woody Allen, incluso para ti, que te he visto crecer y ahora eres un caballo enorme y tripudo pero conservas inalterables tus peculiares rasgos que hicieron que me fijara en ti desde el primer momento ahora hace siete años. Llegará un día que ya no te vea y me entristeceré.

WHISKY
La mejor hora para escribir es esta. Ya he cenado esa maravillosa sopa que nunca se acaba, que es pura magia y cada día que pasa es más rica, y ya han pasado ¡¡¡45 días!!! y subo a la buhardilla, pero hoy lo hago en compañía de una botella de whisky. Me sirvo medio vaso mientras hago una pausa en mi trabajo. Corrijo un texto antiguo. Doy un sorbo. Pongo un CD de Gilberto Gil mientras me relajo. Es el primer whisky que me tomo a solas. Un Ballantine’s que compré días atrás cuando mis amigos subieron a hacerme compañía. No había Macallan que es el favorito de mi amigo vigetano. Dudé entre esa marca, que finalmente compré porque era la que solía beber en mi larga séptima vida, o un Four Roses que era la que estuve bebiendo en mi intermitente quinta vida cuando me reunía con Labios de Fresa en un pub del barrio de Gracia en el que nunca más he vuelto a entrar. Por eso no compré días atrás Four Roses con el que hubiera revivido el pasado y me decanté por Ballantine`s. Doy dos tragos más al vaso, hasta que lo termino. Y luego bajo las escaleras, tras apagar la luz, en dirección a la cama, con el rumor incesante de la lluvia sobre las ventanas. Apago la luz y duermo.

PAULA
Ya faltan muy pocos días para que Paula venga a este mundo que debemos arreglar entre todos para que no sufra mucho en él y sea feliz. Es lo que más deseo. Arreglar el mundo por ella, por El Destilador Cultural, por el director de El Bosque, por la madre de Paula. Creo que se llama Paula por Isabel Allende. Me gusta que así sea. Estuve regalando a la madre de Paula, desde que podía leer, novelas de la escritora chilena a la que yo nunca he leído. Curioso por mi parte. Suponía que le gustarían, y así fue. Luego ella misma se las fue comprando. Creo que Paula se la compró ella misma. Si algún día coincidiera con su autora se lo diría, porque seguro que le gustaría saber que hay una Paula que se llama así por ella, que formé a una de sus fieles lectoras aún sin haber leído uno solo de sus libros. Pues Paula vendrá muy pronto, en semanas, quizá en días, porque debe de estar ansiosa por ver qué mundo le espera ahí fuera, porque querrá conocernos a todos los que hemos ido hablando de ella, a veces con temor y prevención, porque la presencia de Paula nos hace a todos un poco más mayores, a algunos mucho, completa un ciclo vital.
AMIGOS
Los conocidos empiezan a dejarse caer por este Valle y a llamarme. Poco antes de la una del mediodía lo hace uno al que aprecio, que es lector fiel, acude a todas mis presentaciones y compartió parte de mi vida laboral de mi extensa sexta vida. No ha cogido un buen momento para ir al Valle. Hoy llueve con ganas y el sol hace una semana que no se deja ver, quizá haya desaparecido. Viene con su hija a la que no conozco y se alojan en un hotel de Escunhau que era al que siempre iba. Me alegra su llamada. Mi vida de ermitaño tiene eso, que cuando alguien te llama enseguida saltas y le invitas. Le digo que pase por la tarde. Haré una buena merienda con queso Idiazabal y paté que compraré en La Trastienda. Les enseñaré mi cueva.

NAFISSATOU DIALLO
Conocemos la cara de la víctima de DSK y su pormenorizado relato porno de su encuentro con el exdirector del FMI en la habitación del Hotel Sofitel de NY. El poderoso se creyó con poder a todo, incluido el derecho de pernada con esta camarera que entró a hacer su cama y se encontró a un sátiro en estado de priapismo agudo, un depredador sexual como lo describen mujeres que lo conocen. La vida sexual de DSK no sé si deja en pañales la de Georges Simenon o relega a cuento de hadas la de Catherine Millet, pero no es eso lo que se juzga sino un acto de violación que más tiene que ver con violencia que con sexo. A Nafissatou Diallo intentarán acallarla con calumnias (se ha dicho de todo de ella ya: que es una mentirosa, que tiene un novio en la cárcel por narcotráfico, que es madre soltera, que es una prostituta, sólo falta decir que fue ella la que violó a DSK) y con todos los medios posibles que tienen los poderosos, incluido dinero para silenciarla.

ANDERS BEHRING BREIVIK
Sorprende la frialdad de este despiadado asesino en serie noruego. ¿Un solo tipo puede liquidar a cien personas en poco más de dos horas? Pues sí. La bomba fue para distraer a la gente; el plato fuerte, la orgia de sangre, estaba en la isla de Utoya. Este fascista tuvo tiempo para escribir 1500 páginas de aberraciones entre las que incluía una crítica a Carme Chacón por la osadía de ser ministra de Defensa embarazada y una delirante teoría de cruzado que combate el Islam que invade la Europa aria y cristiana. El tipo utilizó munición para cazar elefantes, las letales balas explosivas dumdum, y fertilizantes y aspirinas para construir sus bombas caseras. Tipos como este atildado Behring son el subproducto de las ideologías ultras que proliferan en buena parte de Europa, Noruega entre otros países, en donde un conciudadano del Partido del Progreso, la organización ultraderechista que consiguió un 23% de los votos en las últimas elecciones, se quejaba de que el ultra noruega sólo hubiera matado blancos en vez de islamistas o negros. Y además comía en un restaurante turco. Una paradoja.

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