EL APUNTE

GOLPE DE ESTADO EN EL PP
Mira por donde está resultando mucho mejor gestor de su partido que jefe de la oposición el atribulado Mariano Rajoy. Siempre fui de los que pensé que Mariano se sentía muy a disgusto con ese traje estrecho que le había confeccionado su mentor, que ése estilo, el de la crispación, no era el suyo más en consonancia con la retranca gallega, y, a la vista de los acontecimientos, creo no haberme equivocado.
Son mayoría en el PP los que parecen haber entendido que el problema del partido es José María Aznar y todo lo que representa el ex presidente neocon enamorado de Bush, un partido bajo su influencia que se negaba a romper el cordón umbilical con el franquismo, que se asociaba con lo más carca de la Iglesia más papista que el Papa, que en su nacionalismo españolista extremo negaba el de los demás, y Mariano Rajoy ha barrido a todos sus antiguos colaboradores, los que le llevaron a la segunda derrota electoral, su ala más retrógrada y cavernícola, salvándose él de la quema, lo que es una muestra de enorme habilidad, como si, emulando a la novela de Robert Louis Stevenson, hubiera dos Rajoy, uno Jekyll y otro Hyde, y ninguno de ellos supiera de las andanzas del otro ni se responsabilizara.
Nada que objetar a sus últimos nombramientos, a los de Soraya Sáenz de Santamaría, de cara amable y verbo duro─ lo más opuesto al vendedor ambulante de mercadillo que era Zaplana y su estilo chulesco─, al de Dolores de Cospedal, joven mujer, atractiva, con curriculum brillante, para ocupar el cargo del defenestrado Acebes y su aire de monaguillo opusdeista, perfecto González Pons con un nuevo estilo de comunicación, e inteligente el acercamiento a Ruiz Gallardón que, de ser designado para competir con Zapatero por la Moncloa, tendría muchas posibilidades de victoria y eso es algo que deberá sopesar este nuevo PP ante la cita del 2012.
Las maniobras por defenestrar a Rajoy, orquestadas por los que le habían jaleado antes y dado la espalda luego ─ el faltón delictivo Jiménez Losantos y el desnortado inventor de rocambolescas conspiraciones Pedro Jota ─ se saldaron con el más rotundo de los fracasos al no presentarse ninguna alternativa con cara y ojos a Rajaoy una vez que la astuta Esperanza Aguirre, una de las que más ha intrigado contra su presidente, ha decidido guardar sus armas y venenos para otra ocasión.
Si una imagen vale que mil palabras, yo me quedo con la de José María Aznar irrumpiendo en el congreso de Valencia, para reventarlo y recibir una ovación, los abrazos a diestro y siniestro a sus muchachos y el desprecio absoluto con que, finalmente, estrechó la mano del que designó como sucesor y considera le ha traicionado, sin mirarle a la cara, sin detenerse, dándole la espalda, todo un acto calculado de amante despechado para que de esa imagen se hable.
Este PP renovado, con cara y ojos, a la europea ─lo que venía reclamando la democracia española ─ será un rival mucho más serio en las próximas contiendas electorales porque va a disputar a los socialistas ese centro que había perdido por culpa de una oposición extremista e irracional que se cebó en las teorías conspirativas alrededor del 11M y el terrorismo, alentada por el ala más intransigente. No se trata, como ha dicho la presidente de la Comunidad de Madrid, de convertir al PP en una segunda marca electoral del PSOE, sino hacer de él un partido de derechas homologable a la corriente conservadora europea, y eso parece haber intentado Hyde Rajoy.
El gran derrotado de este cruento golpe de estado es sin duda Aznar, con su discurso de sospechas y advertencias y su siniestro aire de aguafiestas del sábado que sonó a pataleta, que ya es un jarrón inútil y nadie lo echará en falta cuando se rompa. Se terminaron, definitivamente, sus momentos de intrigante en la sombra. Rajoy se ha ganado unas bien merecidas vacaciones.

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