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Los óscar
Resulta paradójico que Penélope Cruz obtenga su estatuilla por el papel de María Elena en Vicky Cristina Barcelona, una de las peores películas de Woody Allen, tarjeta de agradecimiento del cineasta a Barcelona y, de paso, a Oviedo por el Príncipe de Asturias, pero quizá así se repara la injusticia de no habérselo dado por Volver de Pedro Almodóvar, en donde estaba sublime. Penélope Cruz rinde mucho más con directores españoles ─ Almodóvar, Bigas Luna, Fernando Trueba ─ que en las olvidables producciones norteamericanas.
Fiel al cliché de perdedor se debe de haber ido a su casa, o a su roulotte, Mickey Rourke que ha sido rescatado por Darren Aronofsky con El luchador, un papel con el que se ha sentido muy identificado, prototipo de chico malo, criado en los suburbios, pendenciero e indisciplinado, quien todo lo tuvo y todo lo perdió por su mala cabeza y aparece ahora redimido, pero no tanto como para llevarse un óscar que ha ido a las manos de otro rebelde, pero con cabeza: Sean Penn.

Estaba cantado que Kate Winslet, por su interpretación de El lector, se iba a llevar el oscar que tantas veces se le había negado. La actriz británica pone cuerpo y alma en ese oscuro personaje que le toca interpretar, la de la guardiana de las SS que inicia en la sexualidad a un adolescente al que le dobla en edad. Y Slumdog Millionnaire , que habrá que ver ya sin más dilación, de Danny Boyle, director de la lisérgica Transpoitting pero, también, de La isla, una de las mayores birrias cinematográficas que sirvió para destrozar la paradisiaca isla tailandesa de Ko Pee Pee antes de que el tsunami la arrasara, que cumple ese sueño americano de que las pequeñas producciones, hechas con talento, pueden llegar muy alto y superar a las superproducciones.


El monstruo
Inmersos en la polémica sobre la tibia posición del Vaticano cuando Hitler masacraba medio mundo, y con un Papa germano del que se guarda foto con uniforme hitleriano, las declaraciones del obispo Richard Williamson, un lefebvrista confeso recientemente indultado por el Vaticano, negando el Holocausto flaco favor hacen a la Iglesia. Afirmó este obispo con cara de galán de Hollywood que no más de 300.000 judíos murieron en los campos de concentración nazi, en vez de los seis millones que reconoce la historia, y negó la existencia de cámaras de gas. Esas declaraciones se difundieron el pasado 21 de enero en la televisión pública sueca Svt, el mismo día que el papa Benedicto XVI firmó el decreto de levantamiento de las excomuniones a él y otros cuatro obispos seguidores de Marcel Lefebvre.

Otro monstruo

Empieza el juicio contra el jefe torturador del Jemer Rojo Kaing Guev Eav,al que se considera uno de los responsables de la exterminación de 1,7 millones de personas hace tres décadas Kaing Guek Eav, conocido por el camarada Duch, de 66 años, fue el comandante de la prisión de Tuol Sleng, por la que pasaron unas 14.000 personas para ser interrogadas, torturadas, y ejecutadas entre los muros del recinto o en el campo de exterminio de Choeung Ek, a unos 15 kilómetros de Phnom Penh.
Llama la atención el aspecto atildado del anciano asesino en serie que usa gafas de miope, lo que le hubiera valido ser exterminado por sí mismo. El horror del nazismo nos impide, a veces, evaluar el horror que desataron las izquierdas totalitarias en Rusia, China o Camboya.

Un chulito aprendiz de monstruo


"Me doy asco a mí mismo. Ese día no era yo", dice el agresor de la menor en los FGC
El acusado dice que estaba drogado y bebido y que se arrepiente de lo que hizo porque "nadie se lo merece".
Lástima que existen las hemerotecas, y las fotos de las hemerotecas, para poner en duda ese arrepentimiento cuando penden sobre él unos cuantos años de cárcel. A días de la agresión racista a una pasejera del metropilitano barcelonés captada por una cámara de seguridad, el ahora compungido Sergi alardeaba ante los fotógrafos de la prensa de su efímera fama, aunque fuera como vándalo cobarde y agresor de una chica. Como muestra, la foto que aquí cuelga. ¿Es ése alguien que se da asco a sí mismo y que siente lo que hizo? Ahora, a día de juicio, no dudo de que sea verdad, que lo siente por lo que le puede caer, con mucha justicia, sobre sus espaldas.

El beso
Prohíben los besos en una estación británica para evitar las aglomeraciones
Hay una "zona de besos" y unas señales en el suelo en las zonas en que se registraban mayores retrasos para advertir de la prohibición
Los responsables de una estación de ferrocarril situada en el norte de Inglaterra han decidido prohibir los besos en las instalaciones para evitar aglomeraciones de personas que se despiden y facilitar el acceso de los viajeros.
La estación de Warrington Bank Quay, en Cheshire, dispone de unas señales en el suelo en las zonas en que se registraban mayores retrasos para advertir de la nueva prohibición. En contrapartida, los responsables de estas instalaciones establecieron una «Zona de besos» cerca del aparcamiento para que los usuarios puedan despedirse allí con mayor tranquilidad.

Comentarios

Felisa Moreno ha dicho que…
Oye, eso de que haya una zona de besos me parece subrealista. Por favor, bésese usted aquí, no un poquito más hacia la derecha. Ahí, justo ahí...
Pues ahí no me apetece besarme, ya está.
Esto da para un relato, ¿no crees?

Besos
José Luis Muñoz ha dicho que…
Pues sí. Y yo creo que tú eres la más indicada para hacerlo.
La Biblioteca ha dicho que…
Si en el resto de Europa no fueran tan cuadriculados para cosas tan normales como manifestar un poco de cariño a la hora de despedir a una persona querida, creo que, entre otras cosas, no estarían tan locos por venirse a España...Ya lo decía Rafaella Carrá a su manera...

Otra cosa: cada vez que pienso en el Papa, últimamente, lo veo con su uniforme de nazi...
José Luis Muñoz ha dicho que…
Lo del beso es surrealista. Lo del Papa totalmente de acuerdo, a mí me pasa lo mismo, prevalece la imagen con el uniforme nazi que vestido de blanco.