BESTIARIO

GAVIOTA

Animal que gozó de muy buena prensa cuando se publicó aquella cursilada de Juan Salvador Gaviota, o algo parecido. La gaviota, entonces, se convirtió en símbolo de la libertad y, como ésta es el caballo de batalla de la derecha, nuestro PP la adoptó como símbolo partidario. Y creo que es desde entonces que la gaviota, como ave, ha perdido prestigio. Empezó a tomar cuerpo lo de que son pajarracos muy agresivos - ya lo anticipó el mago del suspense en Los pájaros -, se adueñaron de azoteas y se liaron a picotazos con los vecinos que, incautos, subían a tender la ropa. Lo de que era animal marino ya pasó a la historia, porque ahora a las gaviotas lo difícil es verlas en el mar - hay excepciones, y las de las fotos lo corraboran - y lo fácil es avistarlas en el interior, revoloteando, como hienas carroñeras, por los alrededores de los vertederos de las grandes ciudades para picotear en la basura. Alguien, no hace mucho, me dijo que las gaviotas son como las ratas: hay demasiadas y ensucian mucho, por lo que toman el relevo a las palomas urbanas, otra ave totalmente desprestigiada. A mí, pese a todo, me siguen gustando las gaviotas, aunque únicamente cuando sobrevuelan los puertos pesqueros y anuncian, con su griterio, la cada vez más precaria riqueza de nuestros mares.




Esas gaviotas habitan en Issaouira, Marruecos, y me las encontré delante de la cámara.

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