LA EXPOSICIÓN

Hasta el 15 de marzo está EL CORAZÓN DE ÁFRICA de Alicia Núñez en el corazón de Granada. Luego, esa ola de miradas que han fascinado a todo el que se ha acercado a ellas (unas 20.000 personas), emprenderá viaje por Andalucía y, esperemos, por España. Lean aquí tres reacciones literarias publicadas en la prensa a esta declaración de amor de Alicia a África.


Publicado en IDEAL 25.01.2009
La mirada tierna
© Emilio J. García-Wiedemann

LA emoción siempre, creo yo, nos reconcilia con lo que de humano, nos pueda quedar, tan robotizados como estamos, afanadísimos en incontables asuntos 'importantes', más y menos urgentes, preocupados hasta el límite por, ¡ay!, tantas cosas. Tretas, añagazas que tejemos y nos contamos para escapar de nosotros mismos, para evitar el reflejo de nuestra mirada que nos inquiera incómodos porqués y nos pida respuestas tan serias y, en ocasiones, angustiosas, como se merece nuestro ser en el mundo. Entre los cientos de correos electrónicos que uno tiene que abrir a diario, me encontré con uno que me alegró extraordinariamente. Me anunciaba la exposición de alguien que me ha venido obsequiando en el tiempo, mucho ya, con una generosa y fiel amistad, ciertamente, impagable. Llamé por teléfono, felicité por tan grata noticia y sugerí que me adelantara alguno de los trabajos que iba a exponer, abusando, una vez más, de su amistad. Así lo hizo y tuve la oportunidad de contemplar alguna de las fotografías que serán objeto de la muestra. Sentí una sacudida profunda y sensaciones y sentimientos encontrados pujaban por querer salir en primer lugar, agolpándose en la garganta sin dejarme apartar la vista de la contemplación de las instantáneas magistralmente delineadas con la luz pura del lugar virgen. Cuando pude sobreponerme, le mandé un correo en el que le decía que darle la enhorabuena me parecía, sinceramente, muy poco; que se trataba de un trabajo, sencillamente, excepcional que quizá sólo ella podría haber hecho, que, de manera indeleble, llevaba el marchamo de su mirada limpia, de su sonrisa, de puro candorosa, siempre desafiante y de su decidida apuesta por la vida. El próximo jueves, se inaugura la exposición, su título rebosante de sugerencias, 'El corazón de África', abre al espectador el reto de enfrentarse, de tú a tú, con una realidad incómoda para el occidental, con la mala conciencia para con un continente tan rico y plural como esquilmado por el 'blanco', huyendo muy conscientemente de lo fácil, de la imagen más o menos morbosa o sensacionalista. Nada de ello hay y, tal vez, por eso mismo resultan tanto más impactante las imágenes que Alicia Núñez nos regala con una factura técnica de primer orden, con la sensibilidad estética de una mujer curtida en los duros avatares de la vida y con su personal mirada tierna. Alicia está acostumbrada a mirar el dolor a los ojos, sin embargo, lejos de insensibilizarse, en movimiento natural de preservación, se funde empáticamente con el 'otro', le presta su pluma si la necesita, le cede su voz si lo requiere y, como en este caso, le regala sus ojos para que el mundo entero recuerde el latir humano. La mirada tierna les reconciliará con el mundo.

Publicado en IDEAL 03.02.2009
África en Alicia
© Gregorio Morales
África en el corazón de Puerta Real. Los africanos. Las tribus del sur. Los seres de Alicia Núñez. Personas de las más diversas etnias que nos miran con una serenidad y fuerza inusuales. Frente a ellos, uno constata que hemos perdido algo. Tenemos cosas, pero no somos. Los seres que fotografía Alicia no tienen, pero son. ¡Hace tanto tiempo que uno no ve a gente que sea! Por eso me impresionaron sus fotos desde el primer momento, cuando aún no sabía quién era su autor y las imaginaba obra de algún profesional de la agencia Magnum.
Los hombres, mujeres y niños de Alicia Núñez nos enfrentan con una intensidad desconcertante, ofensiva tal vez, hasta el punto de hacernos desviar la mirada. Y es que, más que sobre África, esta exposición versa sobre el ser humano. Sobre su integridad. Ahora sé que aún quedan hombres y mujeres. No digo niños, porque en África la niñez dura muy poco, es un suspiro. África está libre de peterpanes.
Nosotros tenemos peterpanes, pero no tenemos hombres ni mujeres. A lo sumo, hay consumidores. Es decir, idiotas. No es gratuito que el presidente del Gobierno de España les haya pedido a sus súbditos que consuman. Este hombre no quiere que los españoles lean ni mucho menos que sean, sino que compren. Porque le tiene terror al espíritu. Por eso no irá a la exposición de Alicia Núñez.
Las fotos que exhibe CajaGranada revelan una mirada que deshace la trivialidad, que convierte en papel mojado el paternalismo, que desenmascara a los pagados de sí mismos. Y, sin embargo, los protagonistas no nos miran realmente a nosotros. Están enfrentando a una mujer. La única que no desvía la mirada. Miran a Alicia Núñez. Sus pupilas se reflejan en los ojos de sus modelos. Prodigiosas pupilas que dejan intacta la libertad. Por eso, sus africanos calan muy hondo.

Amo esa mirada sin intimidación, una mirada que ha posibilitado que los seres humanos que vemos sean ellos mismos. Es como si la cámara no hubiera existido. Simplemente como si una mujer mirara con total comprensión. Y cuando las personas son totalmente comprendidas, no tienen que fingir. Ni ser otros. Ni reír. Ni lamentarse. Les basta con ser. Los africanos de Alicia Núñez son simplemente.
Estas fotos retratan a la mujer que ha sabido ser una más entre los africanos. A la mujer que no ha constituido una barrera, sino un canal. A quien ha llegado vestido con la emoción y no con ciega racionalidad. Por eso, estas fotos no son el grito de un pueblo sojuzgado, sino la corroboración de que te pueden explotar, te pueden quitar los bienes, te pueden vejar, pero no te pueden sorber la dignidad.
Los africanos que pernoctan en Puerta Real se irán en marzo. Pero la mirada de Alicia Núñez se quedará con nosotros. Condenada a buscar entre nosotros los seres humanos que ha buscado en África. Aunque puede que le ocurra como a Diógenes: que busque a un hombre y no lo encuentre. Claro que al menos va pertrechada de una penetrante linterna. Su cámara fotográfica. Una cámara que vale por dos. Como ella. Que es Alicia. Que es África. África en Alicia.

Publicado en IDEAL 6.3.2009

LAS MUJERES MÁS BELLAS DEL MUNDO
© Manuel Villar Raso
A las mujeres más bellas del mundo las he visto en Dákar y a las orillas del río Níger, en Ségou, una de las ciudades más míseras del planeta, pero también en la exposición que hay montada en la sala de la Caja de Ahorros en Puerta Real, donde todavía tienen unos días para verla. En ella, Alicia Núñez ha realizado la mejor exposición que se haya hecho tal vez en Granada sobre África, o que yo al menos haya visto, a pesar de participar en numerosos viajes por ese continente y colaborar en el montaje de varias exposiciones con nuestra Universidad. Son una cincuentena larga de fotos (casi siempre mujeres), con la piel al desnudo y sin vestidos ni pantalones ni chaquetas, porque si llevan alguna ropa encima parece rota a jirones. Tampoco llevan zapatos, creo, pero lo que deslumbra al espectador es la luz de sus ojos, a los que uno no se les puede enfrentar sin responder y sin quedar deslumbrado. Hay en ellas grandeza y mucha miseria. Es cierto que la miseria ya está instalada en nuestras ciudades y en nuestras calles; pero, a diferencia de los ojos de nuestros pobres, la luz que emanan los rostros de Alicia seduce, encogen el ánimo y hacen sangrar. Son rostros que no ven, como animales sin ojos, pero que trenzan historias, convertidas en enfermedades, ya que África, como el barrio Mumbai de la película, Slumdog Millionaire, es la cuneta de la miseria.
En cierta ocasión, intenté escribir una novela sobre las mujeres que había visto en mis correrías africanas y la dejé a medio acabar; en parte porque me daba la impresión de que sus vidas me parecían tan inverosímiles que no podría describirlas tal como eran y, en parte, porque yo no era como ellas y no podría hacerlo. Los músculos de los dedos se me agarrotaban. Quería presentarlas como lo ha hecho Alicia, sin especular, sin opinar, sin filosofar sobre sus vidas y de una manera pulcra y sencilla, como hacen siempre los grandes escritores, Hemingway o mi admirado Kapucinski y, al no poder hacerlo, la dejé. Alicia en cambio, sin recurrir a rellenos de paisajes ni a escenarios grandilocuentes y, centrándose tan sólo en sus ojos, hace todo esto de una manera precisa y con tal naturalidad que me fui de la exposición con la cabeza gacha y no sé todavía cómo me atrevo a escribir sobre ella.
El África de Alicia es tan fantástica que, creo, debería trabajar para las mejores revistas de fotografía de París o Nueva York y, de ahí, que les anime a que no se la pierdan si quieren saber lo que es una fotógrafa de verdad y lo que es África, un continente grandioso, un océano inmenso, un planeta aparte, con la mayor explosión de belleza y luz, que ella saca de una sencilla cámara, con la que se adentra en el fondo perturbador de unos ojos africanos, en sus rostros y rasgos físicos, como si no formaran parte de un mundo que es el nuestro; pero que es real. Nunca me ha entusiasmado la fotografía, pero creo que el arte es contar cómo te sientes y así es cómo ha trabajado Alicia en África, dejándonos a solas y en silencio con sus personajes, en una dimensión que no es la nuestra y entusiasma; porque se trata de una artista maravillosa, de una depredadora visceral que, con tan sólo la herramienta de su cámara, nos habla de calamidades naturales, de gentes que no tienen hospitales, ni nada que ver con nosotros, con el mundo en general, como si su vida no tuviera sentido o no hubiera vida para ellos. Por unas cosas o por otras, Alicia Núñez crea unos personajes, que no pertenecen al mundo en el que nos hallamos, bien porque su existencia sea fantasmal o porque en él no haya vida para ellos y sí para nosotros.
Nos miran de frente, buscan nuestros ojos y nos obligan a mirarlos, pidiendo que les demos paso como diciéndonos que están vivos y son reales, como pidiéndonos que los redimamos del hambre, de la sed, del sarampión, de los piojos, de la sífilis, de la poliomielitis, y les ayudemos a escapar de la condición infernal en la que viven, pero sin echarles en cara el estar vivos y en nuestro mundo. Y todo ello contado con sencillez, de forma precisa y de una manera sencilla e, irónicamente, sin ambiciones formales, pero invitándonos a participar en verdades complejas, que dicen mucho sobre nosotros mismos y sobre el mérito de una autora tan sensible a la condición humana. Vean la exposición y luego compren su pulcro catálogo y completarán un recuerdo imborrable.

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