LA PELÍCULA

EL CURIOSO CASO DE
BENJAMIN BUTTON
David Fincher

Sirve un breve y fascinante texto del escritor norteamericano Scott Fitgerald como soporte literario de la última y sobresaliente película del realizador norteamericano David Fincher que tiene, en su haber, una bien ganada aureola de cineasta rompedor ─ El club de la lucha, Seven, The Game, Alien3 ─, que no le impide llevar a la pantalla un texto clásico aunque con muchos pies en la fantasía.


Benjamín Button (un extraordinario Brad Pitt que sobrevive al maquillaje y a unos excelentes efectos especiales invisibles) es un niño que nace anciano y, a medida que cumple años, va rejuveneciendo, una fantasía vital con la que medio mundo ha soñado alguna vez. Aceptado con normalidad en su entorno ─ un asilo de ancianos en Nueva Orleans, a principios del siglo pasado, regentado por Queeni (Taraji P. Henson) una generosa mujer de raza negra que lo adopta una vez que su padre lo abandona, un 4 de julio, a los pies de sus escaleras tras haber fallecido la madre biológica a causa del parto ─ Benjamín verá como todo a su alrededor envejece mientras él rejuvenece a medida que va creciendo en altura, y en esa lógica absurda se cruzará con la niña Daysi de la que se enamoró a los doce años, cuando su aspecto era el de un viejo de ochenta años que andaba ayudado con un bastón, a mitad de la vida de ambos, en la treintena, para separarse luego por su diferente ciclo vital y volverse a encontrar con Daysi ya convertida en mujer (una espléndida Cate Blanchett) en circunstancias muy distintas, al final de la vida de ambos, cuando ella es una anciana y él un bebé.


Narrada desde el presente ─la utilización precisa de la voz en off subraya su textura de cuento fantástico─, desde la habitación de un hospital de Nueva Orleans azotado por el Katrina en donde la anciana y agonizante Cate Banchett rememora esa increíble historia a su hija Caroline (Julia Ormond), que la cuida en sus últimos momentos, Fincher repasa en un largo flash back un amplio periodo de la historia de su país y lo ilustra con una ambientación fastuosa que reproduce, con todo detalle, el Estados Unidos de principios del pasado siglo. La película, cuyo epicentro es esa historia de amor imposible de dos personajes que sólo coinciden en un momento de sus vidas para separarse irremediablemente en opuestas direcciones vitales, es un mágico paseo por la sociedad norteamericana de entre guerras por el que el espectador se deja llevar en estado hipnótico.


Con un puntillismo cinematográfico minucioso, Fincher dibuja con cariño todos los personajes de su saga, tan brillantes los secundarios como los principales, y cubre el largo retablo cinematográfico ─ tres horas que pasan en un suspiro gracias a las buenas artes de embaucador del demiurgo que está detrás de la cámara ─ con multitud de anécdotas colaterales, como esa bonita historia de amor adúltero que Benjamin Button, con aspecto sesentón, mantiene con Elizabeth Abbott (Tilda Swinton) una atractiva mujer de espectáculo muy parecida al amor de toda su vida, o la primera experiencia sexual en un prostíbulo, y la primera borrachera, de la mano de su padre natural Thomas Button (Jason Flemyng), a quien conoce cuando es un adolescente aunque su aspecto sea mucho más provecto que el de su progenitor.


Hay en medio de este texto fílmico, marcado por el clasicismo de su historia, estallidos de genialidad cinematográfica como la concatenación de acontecimientos casuales que conducen al atropello de Cate Blanchett y frustran, para siempre, su carrera de bailarina, el reloj de la estación de tren que va marcha atrás y devuelve a la vida a los combatientes caídos de la Primera Guerra Mundial o las visualizaciones en blanco y negro y en cine mudo de las anécdotas del anciano del asilo que cuenta a Benjamín las muchas veces que ha sobrevivido a los rayos, perfectamente imbricados en una narración cinematográfica que fluye, sin desmayos, desde la primera secuencia de ese reloj que se cuelga en la estación de tren de Nueva Orleans a principios de siglo y tiene la osadía de ir en sentido inverso, a la última, en el mismo escenario pero cien años más tarde, con las aguas del Misisipi, agitadas por el Katrina, que la inundan y devoran deteniendo, definitivamente, ese enorme y gran cronómetro con el que se abre la película: el fin del tiempo, de una vida, una época y de la historia en sí misma.JOSÉ LUIS MUÑOZ

Comentarios

umbral de las voces ha dicho que…
Felicitaciones por su nuevo premio con su novela "Corazón de Yacaré", al mismo tiempo debo decirle que es realmente extraordinaria su reseña de la Historia de Benjamín Buton: es usted un escritor completo. Con mi saludo cordial: Antonio
Anónimo ha dicho que…
Maravillada nuevamente por su logro con "El Corazón de Yacaré", le felicito además por la deliciosa reseña que hace de "El extraño caso de Benjamin Button"...
En lo personal es una de las películas que sin lugar a dudas gustaré de recordar por dos razones: la primera, que el amor, aún el más sincero, es imperfecto y el segundo, sin generalizar, las mujeres crecemos y hasta envejecemos pensando que no tenemos un reloj biológico parecido al de los hombres, ní síquiera sinconizado.
Cuando la mayoría quiere tener hijos, ellos no están preperados del todo.
He escuchado que algunas mujeres dicen sentirse viejas, mientras sus maridos actúan como jóvenes.
La película no es más que el replanteamiento de cómo se ve correr la vida en la óptica de los personajes a los que dan vida Pitt y Blanchet.
Muchos seres sienten que en medida que ganan experiencia y se conocen a si mismos son más capaces y por lo tanto más joviales.
Mientras que alunas mujeres pagan una dolorosa factura con el tiempo, sin entender que hay todavía mucho por vivir porque "esto no se acaba, hasta que se acaba".
Sr. Muñoz, Gracias por la excelente labor a través de su blog y un sincero abrazo desde el Norte de México, donde estamos ansiosos de leer la novela negra que ya prometió.
Con afecto: Nadire González.