LA FIRMA INVITADA

HEDERA HELIX
Ramón Cabrera Naveiras


Señora profesora:

Al despertarme esta mañana, el dinosaurio, como era de esperar, seguía aún allí, invadiendo la casi totalidad de mi pequeño apartamento. A trancas y barrancas he llegado al lavabo, y a la cocina después. Por el camino le he preguntado una vez más: ¿Cuanto va a durar esto? El dinosaurio, por supuesto, ni se digna responderme ni modifica su estúpida e indiferente expresión prehistórica. Llevamos así años, demasiados. De verdad, intento librarme de él, pero siempre sin éxito. La fatalidad nos une. Indudablemente, Monterroso olvidó prever una salida a esta embarazosa situación. Sólo el orfidal, con una taza de tila, es capaz de aliviar el desasosiego que me produce la imaginación de un irresponsable.

Tan cierto como la vida misma. Entonces, con este problema encima de mí, ¿he de preocuparme de una plantita, por mucho que crezca? Cada palo que aguante su vela, señora profesora. El tipo ese de la Hedera Helix que se compre veneno para las malas hierbas o exija explicaciones a Pere Calders. Y si ya no puede ser en este mundo que se espere al próximo, que al paso que se desarrolla la hiedra poco le queda de vida. A mí, dada la situación en que me encuentro, de donde procede esa ridícula enredadera me importa menos que un pimiento. Bastante tengo con lo mío.

Atentamente, su disciplinado alumno Ramón Cabrera.

PD. He escrito “Cuando desperté, el dinosaurio ya no estaba alli”, frase tan estúpida como la contraria de Don Augusto. Pero como que soy un desconocido, el inmenso bicho no se mueve de mi casa. Tal vez si la escribiera un autor famoso... ¿Podría usted recomendarme alguno? Mil gracias.

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