EL LARGO ADIÓS

NATASHA RICHARDSON

Nos debía muy buenas interpretaciones para irse así, tan de repente, a los 45 años y de una forma tan tonta, aunque morirse nunca es algo tonto. Su óbito me recuerda al accidente dramático que tenía aquel niño en VIDAS CRUZADAS, la genial película de Robert Altman, el nieto de Jack Lemmon al que un coche arrolla levemente cuando vuelve del colegio a su casa, el crío se levanta, dice que no es nada, entra en su hogar y se derrumba entonces y va directo al hospital y de allí al cementerio dejando un pastel de cumpleaños por apagar. Es lo que tiene el cerebro.

Natasha Richardson, de la dinastía artística de los Redgrave, abuelo, tíos, madre, hermanos y esposo, Liam Neeson, vinculados a los escenarios, tuvo un desgraciado accidentes esquiando, se levantó y dijo, entre risas, que no era nada y que vaya torpeza caerse en una pista de novatos y murió poco después sin que nadie pudiera hacer nada.


Tenía la belleza y la elegancia de su madre, su fortaleza aristocrática, su estructura osea, una mirada directa, y el apellido de su padre, el realizador del free cinema Tony Richardson, el de LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA, en la que tenía un pequeño papel, UN SABOR A MIEL, MIRANDO HACIA ATRÁS CON IRA, TOM JONES, LA FRONTERA y, mira por dónde, LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO.

De ella guardo una interpretación inquietante, aunque era la víctima: EL PLACER DE LOS EXTRAÑOS, una película malsana de Paul Schraeder, el guionista de las mejores películas de Martin Scorsese y director maldito donde los haya, en la que era la pareja de Rupert Everett y ambos eran vampirizados, en una misteriosa Venecia, por un matrimonio retorcido integrado por Cristopher Walken y la gran Helen Mirren.



Comentarios

Gonzalo B ha dicho que…
Una gran pérdida. Yo también recuerdo su notable actuación en El Placer de los Extraños y en especial la impotencia que proyecta su personaje al final de la película. Schrader es uno de mis directores favoritos y ésta una de sus mejores películas, pero no hay que olvidar que el guión es nada menos que de Harold Pinter, quien adapta una novela de Ian McEwan. Todo en esa película funciona bien partiendo, por cierto, por la interpretación de Natasha Richardson.