CINE / EL MOHICANO, DE FRÉDÉRIC FARRUCI
Excelente ejemplo de
rural noir con carga de profundidad social ambientado en la isla de Córcega, un
territorio muy especial en donde llevan conviviendo movimientos de liberación
de la metrópoli parisina bastante violentos y mafias al más puro estilo
siciliano. Una de estas últimas, encabezada por Michel Battesti (Michel
Ferracci), conmina a Joseph Cardelli (Alexis Manenti), el último pastor de
cabras que tiene su terreno muy próximo al mar, en el Golfo de Santa Manza, y
por eso mismo muy apetecible para la hidra urbanística, a que venda su
propiedad por una elevada suma. El tozudo pastor se niega, se enfrenta a la
mafia local ayudado por su amigo Pierre (Paul Garatte), pastor como él, se echa
literalmente al monte y se convierte en todo un símbolo de resistencia gracias
a las redes sociales que hábilmente maneja su sobrina Vannina (Mara Taquin) que
se hace cargo de su rebaño, y se convierte así en un líder carismático en la
isla: el mohicano.
La película está
excelentemente rodada en un paisaje agreste y duro. Las persecuciones que en thrillers
ambientados en ciudades suele hacerse en coches derrapando aquí son a pie, muy
físicas, con perseguido y perseguidores zigzagueando por callejuelas de
pueblos, derrapando también, pero ladera abajo en descensos vertiginosos, y los
estallidos de violencia son secos y muy reales. Fréderic Farruci no baja la
tensión en sus 87 minutos de este film que retrata una Córcega muy parecida a
la Sicilia de los films de denuncia italianos. Ejemplar la interpretación de
Alexis Manenti en su papel de Joseph el cabrero, héroe popular a su pesar y a
destacar el papel de las redes sociales para magnificar conductas, en este caso
la de un rebelde que se enfrenta en solitario a toda una red criminal. Entre
sus muchas secuencias brillantes, destacaría, por su significado, la
persecución por la playa, entre la masa de turistas tendidos en sus hamacas
tomando el sol, los culpables directos del monstruo de la especulación urbanística
que está detrás de tantos crímenes y que arrasa con los pocos paraísos
existentes y acaba con la vida tradicional de sus habitantes.
A destacar la formidable, entregada y detallista narración de la vida en el mar, la gran descripción de una tempestad —quienes aprecian a Patrick O’Brian lo entenderán—, allí, en ese buque de nombre Nostromo, que no es que se dirija al corazón de las tinieblas: el barco mismo lo es. LILIAN NEUMAN en Culturas / La Vanguardia
Además, no es una mera novela de aventuras, es una reflexión sobre la mezquindad del ser humano, sobre la violencia, es una rabiosa denuncia de aquella África tan sometida al hombre blanco, tan estrujada por él. VÍCTOR CLAUDÍN en Aquí Madrid
El lector puede decir que tiene entre las manos una novela de aventuras y, al mismo tiempo, de crítica social, una novela de género negro porque “Monrovia” pivota entre ambos géneros. LLUNA VICENS en Entretanto Magazine
Con mayúsculas, porque Monrovia no es ninguna novela de aventuras, sino que, inspirándose en aquellas, en realidad las subvierte: la aventura deviene desventura, un infierno, un horror. Anna Rossell en LAS NUEVE MUSAS
La frustración le lleva al protagonista a ser testigo de una parte horrible de la historia mundial, en un lugar del mundo donde las grandes potencias juegan a su antojo, y donde la vida de sus habitantes no vale nada. J. JAVIER ARNAU en Anika entre Libros
El género de
aventuras se reelabora así como epopeya vital que bucea en las más oscuras
ciénagas de lo humano. Y, por si ya tuviera pocas, se revela como otra gran
novela de este maestro de la literatura que es José Luis Muñoz. Monrovia es
uno de los mejores ejemplos de su talento. CARLOS MANZANO en Culturamas
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