LA FIRMA INVITADA

La buena gente
Inma Arrabal

El mar gigantesco hacia el cual tienden todos los ríos del mundo
no es más que el pretexto de un retorno al manantial de donde brotan.
El infinito se encuentra siempre río arriba…

Patrick Johansson K. Ahnelhuayaxóchitl / Flor sin raíz


Esta historia puede suceder en cualquier lugar del México profundo, siempre que canten los tecolotes y ladren los perros.
La “buena gente” está ahí, en todas partes, por suerte o por desgracia…

Dulce María tenía un camello que le hacía compañía desde que su padre la abandonó para amancebarse con la Eulogia. A su madre ya ni la había conocido, quizá nunca la tuvo.
Dulce María cepillaba al camello, le daba de comer, le ponía peúcos en las pezuñas para que no se hiciera daño al caminar y, sobre todo, lo quería muchísimo.
Cuando salía a pasear lo llevaba sujeto de una cadena plateada y así nadie podía robárselo. No existía ningún camello más en todo el pueblo y sabía que la buena gente que allí vivía le tenía una cierta envidia.

-Doña “Duvigis”, ¡buenos días!, ha visto usted qué garboso camina hoy mi camello? –preguntaba Dulce María al cruzarse con una vecina.
-Pero, niña, qué manía tienes con llevar a todas partes esa moto que no se tiene en pie.
-No, no, perdóneme usted, “Duvigis”, no es una moto, es mi camello Elpidio –respondía ella, intentando sacar de su error a la señora y ésta se marchaba riendo.
-Don Sacramento, ¿quiere aguantar la cadena de mi camello un segundo mientras compro provisiones en la tiendita…?
-No me molestes, Dulce, y deja la moto delante del colmado, ¿quién te va a quitar ese trasto viejo?
-No, no, perdóneme usted, don Sacramento, no es una moto, es mi camello Elpidio –y Dulce María se quedaba extrañada de la mirada irónica de don Sacramento.

Así un día y otro día, todo el mundo confundía a su camello con una moto, a pesar de que ella intentaba argumentar y razonar.
-No, no, pero no ve que es un camello. Come todos los días y hace sus necesidades… No es un trasto, es un animal que duerme a mi lado y me da calor…

Un día, la soledad se posó especialmente sobre la espalda de Dulce María y cansada de dar explicaciones le entraron dudas. ¿Acaso las cosas no son como uno las ve y las siente, sino como las ven y las sienten los demás? ¿Acaso ni siquiera uno mismo es como cree ser, sino como los demás creen que eres?
Dulce María cogió un espejo, se colocó al lado del camello y observó la imagen reflejada. En realidad no se extrañó demasiado cuando vio, junto a la joven que la miraba desde el otro lado del cristal azogado, una moto vieja y descolorida, casi a punto de caerse a pedazos. Entonces se dijo: “Dulce María, no tienes un camello, sino una antigualla de moto que tienes que arreglar.” Y sin pensarlo más, le cambió unas cuantas piezas, la pintó de rojo y le añadió un par de rayas amarillas a los lados, como si fueran alas de mariposa. Abrillantó las luces, arregló el sillín y complacida contempló su obra. Ahora sólo faltaba llenarle el depósito de gasolina. Así que agarró la cadena plateada y arrastrando la moto se encaminó hacia la gasolinera.
La buena gente con la que se cruzaba se reía al verla pasar y ella no podía menos que oír los comentarios.
-Pero, niña, ¡mira que pintar al pobre camello de rojo…! ¡Pues no le ha puesto una silla de montar al camello, como si fuese un caballo…!
-No, no, perdonen, pero no es camello, es la moto que tenía y que estaba tan vieja… No, no, perdóneme usted, es que he arreglado el sillín estropeado y he limpiado las luces…

Y así, intentando razonar y argumentar de nuevo, llegó a la gasolinera.
-Don Pancho, ¿quiere ponerle gasolina a mi moto?
-¿Gasolina? ¿Y por dónde se la pongo al pobre camello, Dulcita? ¿Por las narices…? ¿No has tenido ya bastante con pintarlo de rojo y ponerle esas ridículas y fosforescentes bandas amarillas en el lomo?
Dulce María lo miró estupefacta, ¿qué decía don Pancho…? Pero esta vez no quiso dudar. Así que ella misma llenó el depósito, tiró la cadena plateada al suelo, se subió en la moto, le dio gas y salió disparada escapándose de allí.

La luz disminuye para mostrar un gris matizado de rojo atardecer. Jalisco y Zacatecas se acarician en el borde del vacío, a través del barranco.
La moto se aleja acompañada de un concierto de búhos, grillos y cigarras. Se va difuminando en una luz brillante que adquiere tonos magenta.
La buena gente del pueblo sigue con sus tareas y alguien canta un ritual de siembra:

Una p’al conejo,
una p’al tejón,
una p’al cabrón
que pase por el callejón…


(Cuento galardonado con el 1º Premio de Narrativa en castellano “Premi de Premiats” –Conex 2006, y seleccionado por la Asociación de Escritores Tirant Lo Blanc de Cataluña, AETLBC, para formar parte de su libro: Voltant per Mèxic des de Catalunya.)


Inma Arrabal. Nacio en Jerez de la Frontera aunque ha vivido casi siempre en Barcelona. Estudió Biología y cursó estudios de Técnica y Escritura Literaria en “Aula de Lletres”, escuela de dicha capital. Es miembra de la ACEC (Asociación de escritores de Cataluña) y de la AETLBC (Asociación de escritores Tirant lo Blanc ) también de Cataluña.
Desde 1995, año en el que empezó a escribir profesionalmente, ha ganado diversos premios, entre los últimos están: 1º premio de poesía “Ciudad de Órgiva” (Granada/2005). 1º premio de narrativa en castellano “Conex” (Barcelona/2006). 2º premio del VI concurso de poesía “Amanecer”, de la Casa de Andalucía (Barcelona/2006). 1º premio de poesía en el X concurso literario “Premi de Premiats” de “Conex” (Barcelona/2006).
Tiene editados cuatro libros de poemas: “Luna de cristal” , (J. Borrás Ediciones/1996); “Sura”, (Ediciones Torremozas/2001); “Amayamar” y “Los que no volvimos”, (Huerga y Fierro/ 2004 y 2006). También esta última editorial publicó su primera novela “Por matar tiempo” (2003).
Ha colaborado en revistas como: “Eclipse” y “La Tetera” de Barcelona, “El Celador” de Sevilla y “Alhora” de Badalona y también en el programa “Hijos de la luna”, de Radio Unión Cataluña y Radio Nou Barris, en su sección “Poesía lunática”.
En Marzo de 2007 participó en la presentación de su cuento “La bona gent”, que junto con 12 relatos más, de autores catalanes y mejicanos, forman el primer libro de la AETLBC : “Voltant per Mèxic”.
En noviembre/2007, Ediciones Torremozas editó su libro de relatos cortos: “Espíritus líquidos”. Se hizo la presentación del libro en la CASA DE MADRID de Barcelona. Actualmente tiene en preparación cuatro libros más de poemas: “Sílice (SiO2)”,“Como se van los pájaros”, “La Poesía es una enfermedad cardiovascular” y “Una mirada al absurdo”. También una nueva novela: “El invierno de las cerezas”.
Fotos: José Luis Muñoz

Comentarios

Sílice ha dicho que…
¡Gracias, José Luis!, aunque sea con retraso, por poner aquí mi cuento. Ya sabes que estoy fuera de Barcelona bastante a menudo y hasta hoy no lo he visto.
Ya terminé de leer tu "corazón de Yacaré" y me ha dejado impresionada. Voy a poner algo sobre él en mi blog.
Un abrazo y gracias otra vez.

Inma