LOS LIBROS DE MIS AMIGOS

No ser amigo de Lorenzo Lunar, una vez que se le ha conocido, es muy difícil, imposible. Afable, comunicativo, amigable y cercano, poco importan los miles de kilómetros que nos separan para que nos consideremos amigos desde hace muchos años, concretamente desde que coincidimos en un vagón del Tren Negro que nos llevaba de Madrid a Gijón. A todo ello he de de añadir mi admiración por la musicalidad de sus novelas que se leen literalmente cantando. Por quién primero pregunto cuando llego a Gijón es por él. Sin él la Semana Negra pierde ritmo. No es casualidad, por lo tanto, que escribiera dos reseñas elogiosas de su maravillosa novela LA VIDA ES UN TANGO y la presentara, a continuación, en la librería NEGRA Y CRIMINAL, todo un placer.
LA VIDA ES UN TANGO
Autor: Lorenzo Lunar
Editorial: Almuzara, Tapa Negra
166 páginas; 16 €
Reseña publicada en QUÉ LEER
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Las novelas de Lorenzo Lunar, uno de los más destacados autores cubanos del momento, se caracterizan por una cadencia musical, que arranca de sus títulos – no es casual que el novelista cante boleros en su tiempo libre - y una sensualidad caribeña que se palpa en cada una de sus páginas. Calificar su literatura como negra sería un claro reduccionismo. El universo literario de Lunar, el territorio en donde se mueven buena parte de sus novelas, es un barrio marginal de Santa Clara, población del interior de Cuba, extrapolable al resto de una isla que es más isla que cualquier otra por su especial situación política. Un microcosmos cerrado en donde pequeños delincuentes y policías se conocen por haber compartido calle y escuela. Una excusa para urdir un entramado literario colorido, vigoroso y de una enorme sensualidad.
Puede leerse LA VIDA ES UN TANGO, el segundo episodio protagonizado por Leo Martín, el Jefe de sector de Santa Clara, que es un policía que vive con su mamá Fele que le pone café, comida y le prepara el baño - ¡eso es realismo mágico! – como novela negra, porque hay crímenes, violencia, contrabandos inocuos que derivan hacia otros menos consentidos por el régimen cubano; como una perfecta radiografía de la dramática situación de la isla con toda su serie de enormes carencias que hacen que el cubano de a pie tenga la vida muy complicada, desde que se levanta hasta que se acuesta, y su meta sea sobrevivir; o como una novela lúdico festiva, al estilo de las de Pedro Juan Gutiérrez, con quien comparte la literatura de Lorenzo Lunar un desvergonzando erotismo caribeño que explota en cualquier momento.
Tiene el escritor de Santa Clara, en esta y en otras novelas suyas, un universo propio, un estilo barroco a base de frases cortas, rítmicas, que adquieren, a veces, textura de letra de canciones; reúnen, sus páginas, una acertada combinación de lirismo, violencia, humor y ternura; está dotado el autor para el diálogo y construye una original galería de personajes – Yusimí, La Palestina, Tania, Pedro Pechoemulo, Tanganica, etc - que hablan, andan y respiran por sus páginas sin que distraigan al lector del meollo de este espléndido relato que, como toda buena novela negra que se precie, tiene un halo fatalista: “¿Y quien puede torcer el curso de la vida. Todo está ya escrito desde el momento que uno nace. Lo demás son los sueños”. Literatura, en fin.
JOSÉ LUIS MUÑOZ
Publicado en La Gangsterera
LA VIDA ES UN TANGO
José Luis Muñoz
De la mano del cubano Lorenzo Lunar, uno de los puntales sobre los que pivota la nueva narrativa negrocriminal latinoamericana, nos llega LA VIDA ES UN TANGO, la segunda entrega de las aventuras de Leo Martín, ese peculiar policía del barrio marginal de Santa Clara, territorio literario y humano que es un microcosmos perfectamente extrapolable al resto de Cuba, y lo hace encabezando una nueva colección de narrativa negra, Tapa Negra, de la andaluza editorial Almuzara.Quienes degustaron QUE EN VEZ DE INFIERNO ENCUENTRES GLORIA, esta nueva novela de Lorenzo Lunar no les va a defraudar porque, y aunque eso era todo un desafío, LA VIDA ES UN TANGO es superior. Escrita con una técnica narrativa magistral, con un estilo que deviene a veces prosa poética, que es fronteriza con la lírica - hay páginas, de indudable belleza y ritmo, que perfectamente se podrían cantar como un bolero - la novela de Lorenzo Lunar despliega una variedad de recursos para narrarnos una oscura historia policial que gira en torno a un pequeño contrabando que deviene luego en algo mucho más oscuro y deja en su camino un reguero de muertes. Con un dominio del arte narrativo, del ritmo y, sobre todo, de la recreación de personajes - la de Lunar es una novela coral pero sin que los muchos y diferenciados personajes, perfectamente descritos y carnales, distraigan un ápice al lector del meollo de la novela - LA VIDA ES UN TANGO contiene muchas novelas en una: es novela negra, por su trama; es novela social, porque hay una crítica feroz del sistema pero sin caer el fácil panfleto; y es una novela de amor, de sentimientos y ternura, a pesar de la ferocidad de algunos momentos. Un disfrute para el lector, sea o no adicto al género policial, un paseo por los ritmos, colores, sabores y olores caribeños, una explosión de sensualidad, porque estamos hablando de literatura con mayúsculas, un bien cada vez más escaso.
LA VIDA ES UN TANGO Lorenzo Lunar Editoria Almuzara, Tapa Negra

PRESENTANDO LA VIDA ES UN TANGO EN "NEGRA Y CRIMINAL"
Agradezco su presencia militante en este recóndito templo de la novela negra y espero, a lo largo de la presentación de LA VIDA ES UN TANGO ir entrando en calor. Hablar del Caribe con este clima gélido puede elevar la temperatura. Hablar con Lorenzo sin duda también.
Es para mi doble placer presentar la última aventura de Leo Martín por dos razones. Una, que Lorenzo es un buen amigo, aunque el océano nos separe, desde que coincidimos en un tres negro hará ya de ello tres o cuatro años, aunque lo difícil sea no ser amigo de Lorenzo. Otra razón, que no tiene nada que ver con la primera, es que LA VIDA ES UN TANGO es una excelente novela que encabeza esta esperanzadora colección Tapa Negra dirigida por nuestra querida Nicole Canto que aparece y desaparece como el Guadiana, o que es mala hierba, como ella dice y yo corrijo: eres buena hierba, crece.
No creo que sea necesario presentar a Lorenzo Lunar, un personaje sobradamente conocido dentro de la narrativa negrocriminal, autor multipremiado, asiduo ganador, él o su mujer, del concurso de relatos de la Semana Negra, orador infatigable, dotado con ese don especial que acá ya perdimos de la narrativa oral que a ellos debe venirles de los taínos, un autor de prestigio en Cuba cuya literatura siempre descolló – Alejo Carpentier, Guillermo Cabrera Infante – y que tiene brillantes espadas en la actualidad como Leonardo Padura, Amir Valle, Justo Vasco y Pedro Juan Gutiérrez. Lorenzo es novelista negro, es director de revistas, cuentista, dinamizador cultural, cantante de boleros. Autor de las novelas ÉCHAME A MI LA CULPA, CUESTA ABAJO, QUE EN VEZ DE INFIERNO ENCUENTRES GLORIA, DE DOS PINGÜES y POLVO EN EL VIENTO, muchas de ellas inéditas y que confío Tapa Negra vaya recuperando.
Quiénes se sintieron seducidos por QUE EN VEZ DE INFIERNO ENCUENTRES GLORIA sin duda se sentirán seducidos por LA VIDA ES UN TANGO, una buena novela policiaca, una buena novela costumbrista, un buen drama social, una buena novela a secas, literatura con mayúsculas en esta época en la que el arte anda tan devaluado que ya cualquiera saca un libro si antes ha salido por la televisión.
Nuevamente el escenario es Santa Clara, un microcosmos de esa isla más isla que ninguna otra por sus características especiales políticas que todos sabemos. Y en Santa Clara deambula ese policía desencantado Leo Martin, que vive con su mamá Fele, imagino que porque ni tiene casa ni posibilidades de tenerla, cumpliendo su oficio, a veces a regañadientes, sin poder llegar nunca al meollo de los asuntos porque no es tonto y sabe que esto puede ser peligroso.
La trama de la novela gira alrededor de algo tan extraño como una historia de tráfico de gafas de sol que produce una espiral de violencia en el barrio y le hace sospechar a Leo Martín que detrás de las gafas hay un asunto de drogas, aunque el colega César, cínico, le diga:
“Leo, en el barrio ni hay drogas. En Cuba no hay drogas.”
En ese universo pequeño, en el que todos se conocen, policías y delincuentes porque son vecinos, han jugado de pequeños en las calles del barrio, muestra una Cuba del pequeño delito, del delito del realismo mágico en donde pululan delincuentes tan extraños desde nuestra óptica como traficantes de gafas de sol o traficantes de carne de vaca.
Es una novela de intriga, policiaca, en la que hay una investigación, una serie de crímenes violentos, pequeños delincuentes y corrupción generalizada, en donde todos infringen la ley porque la ley asfixia sencillamente y no hay, para vivir, otra alternativa que transgredirla.
Esta es una novela coral, con multitud de personajes descritos con una magia precisa, a los que uno terminada viendo, escuchando, hasta sintiendo respirar porque no son meros nombres de relleno de una trama sino que tienen una entidad propia, conforman ese universo particular y universal de la novela. Hay en la novela coral de Lorenzo Lunar una galería de personajes impagables como Chago El Buey, el contrabandista cínico al que Leo le tiene muchas ganas, Yusimí la guapa jinetera de 17 años “y más horas de vuelo que Arnaldo Tamayo, el primero, y único, cosmonauta cubano”, Tania la putita que putea con el beneplácito de su mamá Olga, la Palestina, un travesti, Pedrusco, el Rey del Brillo, el limpiabotas chivato, Luisa, su amante de tanga minúsculo que siempre lo acepta, Pepe La Vaca, el grandullón Tanganica, que no son meros nombres decorativos, que son personajes con entidad, vida, respiración, palabra, perfectamente controlados por el narrador, a veces descritos con un par de frases lapidarias, con frases que son como brochazos extraordinarios que los definen en poquísimas palabras.
Con un dominio del lenguaje ejemplar, con concisión muchas veces, Lorenzo visualiza en un plis plas su personaje. Como éste de un tal Pedro Pechoemulo, que ya tiene nombre sonoro de por si.
“Pedro Pechoemulo, la degeneración viva de una estirpe de hombres fuertes. El resultado del cruce de un macho de doscientas libras de músculos fibrosos con una hembra tísica y sifilítica. Intercambio en el que los genes más fuertes resultaron ser los de ella.”
O este otro:
“La Palestina se pone zapatos de mujer; se recoge el pelo detrás de la nuca con una peineta, como cualquier mujer; se pone blusas de mujer y pantalones a la cadera, como las mujeres. Tiene las uñas largas y se las arregla y se las pinta, igual que una mujer. Su voz, algo fañosa, es la voz de una mujer. Pero es un maricón”.
o este otro:
“Ahora, acabado de salir de la cárcel, Tanganica es un negrazo que pesa más de 200 libras y que le sigue brillando la piel como si fuera charol. Capaz de llenar el hueco de la puerta y dejar sin luz la oficina del Sector de la Policía.”
La novela está recorrida por el humor negro que se ceba en las desgracias, le sacan su lado positivo.
“Cada día que pasa, los apagones son más largos y frecuentes. Ya es normal que duren hasta doce horas. Un día toca por la mañana y otro por la noche. A veces se empata el de la noche con el del día y te pasas veinticuatro horas sin corriente. La gente va adquiriendo cultura de apagón”.
O este otro fragmento que habla de la precaria e imaginativa alimentación isleña
“Fela ha preparado una comida exquisita para estos tiempos: Sopa de vegetales con patas de pollo y arroz amarillo con patas de pollo. Últimamente en el mercado están vendiendo paquetes de patas de pollo.
La gente madruga para hacer cola y comprar sus paquetes de patas de pollo.
Cada paquete trae un kilogramo de patas de pollo.
Y los venden relativamente barato.
Y hay quien compra hasta diez paquetes de patas de pollo para luego revenderlos”
O cuando los personajes hacen sus apuestas sobre si el padre de Maikel, un delincuente asesinado, llegará a tiempo al entierro tal como está el transporte en la isla, lo que da lugar a todo un rosario de conversaciones recorridas por un humor deternillante.
Y hay un erotismo caribeño, natural, que surge en cualquier momento del día y ocasión, que Lorenzo exprime de forma magistral como en este fragmento en donde alterna la noticia de un grave delito – el contrabando de carne clandestina – con un polvo y cambia el tiempo verbal de la novela para adaptar la segunda persona del singular, lo que hace al lector mucho más cómplice.
“Mas de 40 personas detenidas por hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor, delito que se paga más caro que el secuestro y asesinato de una persona. Casi 24 horas de actividad policial. Casi 24 horas fuera de casa. Carne. La carne tibia de Mariana que se te encima, acurrucándose junto a ti. La abrazas. Mariana está desnuda. Tu mano se mueve, palpa, reconoces el cuerpo de tu esposa: los senos duros, la espalda lisa, las nalgas firmes y redondas. Carne. Más de 500 libras de carne. La carne de Mariana, tibia. Más de 24 horas dando carreras por toda Santa Clara, sin dormir, sin sentarte, sin descansar un minuto, sin coger un bocado. Carne. La lengua de Mariana se desliza por tu cuello. Te provoca. Tu mano se estimula y busca la entrepierna de tu mujer. Su pubis húmedo. Los labios verticales que se abren. Carne. Tu miembro despierta tímidamente, Carne. Mariana se voltea y se ofrece, boca arriba, ansiosa, anhelante, voluptuosa…”
LA VIDA ES UN TANGO no es sólo una excelente novela policiaca, que lo es, una magnífica obra literaria, que también lo es. La novela de Lorenzo es una fotografía sociológica de lo que ocurre en la isla, una isla que es más que isla geográfica por su peculiar condición política, un cuadro dramático y cómico, al mismo tiempo, por que la comicidad inherente al espíritu cubano es la única forma de seguir adelante dentro de ese mundo de carencias insoportable.
“Y es que casi siempre detrás de cada permuta, de cada divorcio y de cada matrimonio, hay un negocio.
Y es que cualquier cosa puede ser un negocio. Hasta hacer colas para venderle los turnos a los que no quieren pasar la madrugada en vela es un negocio.
Y la frase negocio ilícito es aquí una redundancia”.
El mundo de penuria que retrata Lorenzo a lo largo de sus ciento sesenta páginas, aunque matizados por la ternura que destila su escritura, no dejan de ser terribles.
“Aquellos 50 dólares le cayeron a Magda como una bendición. Gracias a la puta de la madre de su nieta volvía, en mucho tiempo, a comer con aceite. Ya podía lavar las sábanas con detergente y bañarse con jabón. ¡Al fin tenía pasta dental y papel higiénico! Sin embargo, Rabelito mantenía su dignidad intacta lavando sus calzoncillos con hojas de maguey, bañándose con un compuesto de sebo y sosa cáustica que Frank La Puerca vendía en el barrio, lavándose los dientes sin pasta dental y limpiándose el culo con periódicos viejos.”
Leo Martín, del que ya deseamos nuevas aventuras, o sea que aplícate a trabajar, Lorenzo, es un tipo humano aunque le ronquen los cojones – por esa imagen ya podría pasar Lorenzo a la historia de la literatura - , un policia ducho capaz de doblar al negrazo Tanaganica de una patada en los huevos como de sentir ternura hacia esa Tania desvalida, a la que ha visto crecer como una hija, a la que ha llevado al colegio, y ve ahora convertida en jinetera, un fracaso para ella y para él.
Como toda buena novela negra, es una novela de perdedores, aunque, en realidad, en Cuba todos lo sean. Predeterminados a la ruina y al fracaso, detrás de ese tropicalismo colorido de la novela de Lorenzo hay un poso pesimista, terrible. “¿Y quien puede torcer el curso de la vida. Todo está ya escrito desde el momento que uno nace. Lo demás son los sueños”
“Un hombre solo es la mitad de algo
Un hombre solo es la mitad de una cama
La mitad de una cama es la mitad de una vida”
Las novelas de Lorenzo son adictivas. No sólo están bien escritas, sino que son sensuales, reflejan todo un mundo de olores, colores, sabores y texturas con las que dibuja el territorio de sus narraciones, algo que algunos novelistas olvidan o desdeñan: el escenario posible y convincente en donde transcurre esto que es de una determinada forma y no de otra. Lean, disfruten, reflexionen, recomienden, compren, regalen LA VIDA ES UN TANGO porque es una buena novela, porque es una novela amena. Y déjense seducir por la prosa musical, de bolero, de muchas de sus páginas, por su ritmo, por su color, su lirismo.
Yo tengo un sistema infalible para detectar una buena novela. Y es hacerme la pregunta, al terminarla, de si me hubiera gustado a mí escribirla. Pues si. Me hubiera gustado haber escrito LA VIDA ES UN TANGO, lo confieso.

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