DIARIO DE UN ESCRITOR

Valle de Arán, 7 de junio de 2011
Sí, en efecto, la miel del Valle de Arán que compré el día anterior y que hoy he comido, durante el desayuno, sobre pan untado con mantequilla francesa, es extraordinaria. Es esa miel espesa, que se corta con cuchillo, y nada tiene que ver con esa miel industrial y liquida que consumen los urbanitas, que consumía yo cuando lo era. Es la miel de mi infancia en ese pueblo de Castilla que me servía mi tía escritora como merienda. También la mantequilla es otra cosa, más densa y sabrosa. Con ese buen inicio del día, a pesar del tiempo gris y de las nubes que cubren montañas, me siento en el sofá para disfrutar, sí, de ese programa que debería llamarse Las Meriendas de TVE1 y no Los Desayunos, para que los viera la mayor gente posible, que conduce esa periodista extraordinaria, incisiva pero educada, modélica para su profesión, que es Ana Pastor a la que, seguramente, cuando gane las elecciones el Partido Popular, sustituirán por Urdacci o Buruaga, y el mérito de ese programa televisivo de debate, en el que nadie se interrumpe y los contertulios se escuchan, no sólo es de ella sino también de los periodistas a los que invita: Nativel Preciado, José María Liso y Esther Palomera, hoy. Hace tiempo que sigo a Esther Palomera, periodista de La Razón, nada menos, y he felicitarla por su extraordinario tacto, sentido común y coherencia en todo lo que dice. Si todos los Cursivaperiodistas de medios de derechas fueran como Esther Palomera me compraría La Razón, ABC o El Mundo, pero no son así: Esther es una excepción en la que ya había reparado Iñaki Gabilondo en CNN+. Hablan entre todos de la situación complicada de nuestro mundo y de datos contradictorios: si, según las encuestas, el 82 % de la población apoya las demandas de los indignados uno se pregunta por qué el PP ha tenido tan extraordinarios resultados, porque en ese 82 % de indignados que no acampan en las plazas de nuestro país hay muchos votantes del PP. Otra noticia: los mercados castigan a Ullanta Humala, el recién elegido presidente de Perú. ¿Es bueno o malo? Para mí, bueno. ¿Hasta cuándo vamos a estar pendientes de esos malditos mercados? ¿Qué pútrida mafia se esconde detrás de ellos? La mayor alegría de los mercados fue el Chile de Pinochet, por ejemplo. Los mercados, cuando mejor se encuentran, es en un régimen fascista, sin derechos y con obligaciones, con una clase obrera silente y dócil. ¡Abajo los mercados! Habrá que refundar una nueva economía lejos de los mercados, con los mercados abolidos. Sin Bolsa. Sin especuladores buitres. Hay que soñar con todas las utopías. Malas noticias las de Portugal, con la victoria de la derecha que promete drásticos recortes, los que criticaba a la izquierda gobernante, pero multiplicados por mil, algo que hará el PP cuando llegue a la Moncloa si el agonizante gobierno de ZP no le ha allanado ya todo el camino para quitarle los molestos guijarros. Buena noticia la de Islandia, que va a sentar en el banquillo a su exprimer ministro por la gestión de la crisis financiera. Islandia es nuestro faro, esos trescientos mil habitantes llenos de coraje que plantan cara a sus gobernantes y banqueros, aunque José María Liso, director de Interviú, eche en falta que no se haga lo mismo con las agencias de calificación, entes corruptos y falsarios a los que nuestros estúpidos gobiernos siguen pagando, y con todo el FMI en bloque. DSK, arropado por su mujer, se sentará en el banquillo por su presunto delito sexual. No hay que reformar el sistema, que es irreformable, que está tocado en la quilla de flotación, sino que hay que cambiar el sistema por otro. ¿Cuál? Habrá que inventarlo, indignados, y eso implica una revolución con armas de presente, no con metralletas, cócteles molotov, barricadas y bombas sino con Facebook, twitter y otras herramientas sociales. El desayuno de TVE1 termina con Borja Sémper, el presidente del PP de Guipuzcoa, alguien coherente, además de valiente (porque ser militante del PP en el País Vasco exige valentía, y mucha) cuyo discurso, apartado de Maria San Gil y el cavernario Jaime Mayor Oreja, suscribiría en su integridad. No le gusta Bildu, pero no se echa al monte por ello y confía que su despegue de la violencia sea sincero. Una derecha como la del joven Sémper, que recoge buena parte de las reivindicaciones del 15M (aquí podría haberle preguntado Ana Pastor qué opina de esa vergüenza nacional llamada Camps, Fabra y compañía) o la de su jefe en el País Vasco Antonio Basagoiti, es la que el PP necesita con urgencia para regenerarse democráticamente y lavarse de su pasado franquista. Y, mientras, cae la lluvia sobre el velux de mi buhardilla, lo que no me va a impedir salir a la calle, paraguas bilbaíno en mano, para comprar ese pan de leña cuya miga se mantiene tres días intacta y blanda y El País que ya he arrebatado a uno de mis vecinos. Pero me equivoco. Hoy, el que se queda sin El País, soy yo, por retrasarme veinticinco minutos e imagino el júbilo de mi desconocido vecino al poderse hacer, por fin, con el diario. Lo cambio por La Vanguardia que leo con mi copa de vino y unas tostadas con tomate y aceite en el salón de mi casa. Subo luego a la buhardilla, a seguir repasando esa novela negra, y un timbrazo en la puerta me sobresalta y me hace descender los cuatro tramos de escaleras: un mensajero que me trae El país de los espíritus (Martínez Roca, 2011) del malagueño Miguel Ruiz Montañez a quien, desde aquí, agradezco, y me dice que lleva un par de días intentando dar conmigo. Lo entiendo. La casa no tiene número y mi nombre no figura en el buzón, lo que garantiza un absoluto anonimato. Podría ser Unabomber. Almuerzo nada interesante (un arroz con verduras, lomo a la plancha, naranja) y luchando contra mis deseos de siesta y la pereza que me tienta a ver una película desde el sofá me echo a la calle, cruzo el Garona y tomo unas empinada pista forestal que me lleva, tras culminar un desnivel de 400 metros, hasta un grupo de casas aisladas tan integradas en el paisaje, tan incrustadas en el bosque que las protege y cobija, que sólo se ven cuando ya estás junto a ellas. Aprovecho la paz y el sosiego para seguir leyendo Frío de muerte del colega Manuel Nonídez, un capítulo en el que aparece José Zorrilla. Y una hora más tarde bajo a casa, perseguido por una llovizna suave que hace inútil el uso del paraguas que no llevo, aunque si el garrote que, como pastor masai, apoyo sobre mi hombro.

Comentarios

MarianGardi ha dicho que…
Hoy nos toca televisión de mañana y que rica la miel por diossss.
Aquí otra noticia,ya he sobrepasado el fin de tu novela y no me ha decepcionado. Voy por esos capítulos del epílogo final y espero relacionar con la novela, de momento los disfruto aislados, están sabrosos.
Un abrazo Jose Luis
Anónimo ha dicho que…
Durante tiempo hemos aguantado al PSOE y parece que algunos quereis que se perpetgue como Franco a juzgar como hablais o mejor escribis. Lo vuestro es lo mejor, y se ha demostrado que no es así y no solo por la crisis es que el PSOE para economía es nefasto no tienen ni idea.