DIARIO DE UN ESCRITOR

Valle de Arán, 24 de junio de 2011
Creo que habito en un mundo aparte, una excepción. Mientras anuncian temperaturas que pueden alcanzar los 40 grados aquí el termómetro no sube de los 12. Siguen las nubes, ancladas entre las montañas, clavadas a sus lomas, formando parte ya de ellas. Con esa visión de nubes me hago caldo, una gran olla con lo que tendré sopa para quince días pues ya se sabe como el caldo se va multiplicando a base de sucesivos hervores. Y luego pollo con algo de curry y patatas. Cuando ya está ese caldo de verano que hago porque me da la sensación térmica de que estoy en invierno, sale el sol, de repente, entre las nubes que van desapareciendo y mostrando un espléndido cielo azul. Cuando voy a comprar el diario, hoy Público porque viene con película, decido sentarme en una terraza y leerlo por encima y así disfrutar del tiempo veraniego que, de repente, llegó al Valle. Acompaño la lectura con una cerveza y una infame tortilla de patatas. No sé por qué cuesta tanto encontrar una tortilla decente en los bares. Como, bebo y leo anclado en una silla metálica y mirando la inmensa montaña arbolada de enfrente que parece un escenario dibujado. No estoy solo. Llegan ciclistas franceses, parejas de matrimonios con niños. El bar es vasco y, sobre el mostrador, una variedad de tapas que, como tengan la calidad de la tortilla, no van a procurar placer gastronómico a nadie.
De regreso a casa planeo mi tarde. Reescribir esa novela negra en la que estoy trabajando y no me acaba de convencer, porque ni yo consigo entrar en ella, e ir al bar del Wifi de Vielha no bien coma porque la Sexta3 programa ¿Qué tal Pussycat? una de mis comedias preferidas que tiene un lujoso reparto encabezado por Peter O’Toole, Paula Prentiss, Ursula Andres, Romy Schneider, Capucine, Peter Sellers, Woody Allen que, además, firma el espléndido guión, y no quiero perderme. ¡Qué bellos todos salvo Allen y el insufrible Sellers!
Miro la mesa que he pintado. Desde luego nadie me va a contratar como pintor de brocha gorda. Decir que quedó mal es ser generoso conmigo mismo. Una vez acabadas las dos sesiones de pintura, una con brillante y otra con mate, una con pintura de madera y otra con pintura de pared, no sé si utilizar el tablero como mesa o colgarlo directamente en la pared como obra de arte conceptual que podría titular, sin engañar, Negro.

Comentarios

Susana Sosa Villafañe ha dicho que…
Ay ¡qué penita, José Luis, si no fuera por esa tortilla estarías en el edén... Te recomendaría que a la mesa a la que le has «tirado» pintura por encima, le pases una lija de grano medio, y luego una más fina, para después darle una mano de barníz. Creo que solucionarías los gránulos que me estoy imaginando, que han quedado luego de las manos de pintura vertidas sobre la tabla. Sigue disfrutando de la vida. Cariños. Susana
B. Miosi ha dicho que…
Creo que colgarla en la pared sería lo más indicado. antes le pasas unos cuantos brochazos en varios colores y salpicas un poco de papelillo picado; si es de papel periódico, mejor. Te quedará una tremenda obra de arte.

Me imagino el hermoso paisaje frente a tu casa. ¡Qué envidia!

Besos,
Blanca
Pilar ha dicho que…
José Luis, no está bien que yo lo diga, pero es la verdad: hago unas tortillas de patata cojonudas.Como las hacía mi abuela, ella me enseño, por supuesto con cebolla, eso es básico, y si le compro a Maricarmen las patatas, mucho mejor. Por cierto, ayer fue a ver "Midnight en Paris", la última de Wody Allen, me encantó, qué gusto recordar París...
Sólo pensar en tomar el mismo caldo durante 15 días!!!