CINE

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS
Enrique Urbizu



Hay películas actorales, productos que han sido diseñados exclusivamente para que un actor los interprete y mantenga en pie desde el primero al último fotograma. La última película de Enrique Urbizu (La caja 507) es uno de ellas y recupera, una vez más, el lado malvado de uno de nuestros galanes más desaprovechados de todos los tiempos, ese actor excelente que es Jose Coronado, al que le regala la película de su vida y seguramente un Goya.
Porque No habrá paz para los malvados, un título, por lo demás, excelente y con fuerza, es puro cine negro, que no policial, aunque su protagonista omnipresente, Santos Trinidad, en un guiño que el director hace al espagueti western, y no el único (el cowboy policía usa botas de vaquero, camina como ellos y algún paisaje del extrarradio, como ese del vertedero de las afueras de Madrid con el skyline de los rascacielos de la Castellana, remite a desolados paisajes del western regurgitado por los italianos) sea un policía malo, corrupto, al otro lado de la ley.
Si el espectador desvía los ojos de la figura de ese solitario y perdedor policía, del que apenas intuimos que tuvo una feliz vida anterior (un retrato de una mujer y un niño preside la mesilla de noche de su solitario dormitorio) y un feo asunto en Colombia en el que murió el mejor de sus amigos y compañero de cuerpo, advierte fallos de guión: no acaba de cuajar esa relación entre colombianos y yihadistas, y no se sabe bien porqué el policía malvado persigue con saña a unos y a otros. Quizá no importe, porque la película es Coronado, su forma de interpretar ese personaje, de andar, beberse cuba libres en las barras de los bares, con una gota de cola y el resto ginebra, meterse el cañón del revólver hasta la garganta cuando se enfrenta a su desolación, andar por un Madrid desolado como un verdadero zombi, sin amigos ni amigas, un lobo solitario abocado al fatalismo desde el primer fotograma de la película al último.
La película de Urbizu tiene la textura sucia de las primeras películas urbanas de Martín Scorsese y su violencia, brutal, está a la altura del maestro ítaloamericano. No hay un atisbo de piedad por parte del director hacia ese personaje solitario, como los antihéroes de Jean Pierre Melville, que malvive las noches madrileñas y anda a trompazos y tiros contra todo aquel que se cruce en su camino, no hay nada amable en su carácter y en su relación con los demás, y sin embargo se le acaba queriendo.
Sólo se advierte un rasgo de humor negro, pura hiel, en No habrá paz para los malvados, y es en su desenlace. El policía maldito, corrupto y malvado, que ha cruzado la frontera sutil que separa ley de delincuencia y ya se ha instalado en ella, desbarata, sin ser consciente, un nuevo 11M por el que suponemos recibirá una medalla a título póstumo. Dios escribe muchas veces con renglones torcidos. Con el revólver de Santos Trinidad, por ejemplo.
JOSÉ LUIS MUÑOZ

Comentarios

Susana Sosa Villafañe ha dicho que…
Y se ha llevado algún que otro Goya. ¡Se los merece!