DIARIO DE UN ESCRITOR

12 de agosto de 2010
Última excursión. Y no es al Pirineo. Sino al sur. Dejo Vic a mi espalda. Me voy dando un largo paseo por la capital de la Osona que, a ratos, me parece Mombassa. Cruzo la Plaza del Mercado con ganas de tomarme una horchata que no bebo. No siempre hay que dejarse llevar por el deseo. Tomo el tren a las 11 y 10. Renfe es puntual. Me gusta coger el tren. Puedo estirar las piernas y seguir leyendo, tranquilamente, la novela PÁJAROS SIN ALAS de José Javier Abasolo. Nunca es lo mismo leer una novela de un desconocido que de un conocido al que tratas habitualmente. Me pasa con Abasolo. Lo leo y lo veo. El viaje hasta Barcelona me permite leer tres capítulos. Entre capítulo y capítulo hago un receso para mirar el paisaje o a los compañeros de asiento: una pareja de africanos que han subido en alguna parada. Todos son africanos en el tren. Casi todos. Yo soy blanco, de momento. Me bajo en Sant Andreu Arenal. Y recorro Barcelona en un paseo larguísimo y nostálgico. Paso por delante de dos de mis casas, en las que viví hace muchos años. Busco comercios que me retrotraigan veinte, treinta años atrás. Una churrería en la esquina de San Antonio María Claret que no ha cambiado, quizá el dueño, que de debe de haber muerto. Las taquillas del cine Nápoles, exactas a como las recuerdo, aunque ahora proyecten películas cultas. Paso por delante del que fue mi colegio. Ocupaba toda una manzana; ahora un cuarto. Vendieron el resto los claretianos a las inmobiliarias. El Paseo de San Juan se mantiene. Me adentro por las estrechas calles de Gracia. Merodeo por la calle Séneca. Luego me dirijo al restaurante Samoa, en Paseo de Gracia Rosellón, en donde he quedado con el coordinador de El Destilador Cultural. Es puntual. Lleva mi libro bajo el brazo. La Frontera Sur. Pide fideúa y pollo. Yo sopa fría de tomate y un pescado que no sé que es, que me sirven con cabeza y cola. Un camarero se muestra intrigado por mi novela sin saber lo cerca que está de su autor. Me pregunta si está bien. Le digo que sí, puesto que la he escrito yo y no voy a decir lo contrario. Se sorprende. Me pide que anote el título en un papel, que la buscará. Y yo le prometo dedicársela en una próxima visita a Samoa. Hablamos de cine, de literatura, de Nueva York, los comensales. Nada personal. Somos muy celosos en esas parcelas. Herencia de mis padres que nunca indagaron en la vida privada de sus hijos. Bajamos Paseo de Gracia después del café. Sopla una brisa que memorizo para cuando llegue a Granada. Me despido de El Destilador Cultural frente a El Corte Inglés. Leo, camino del aeropuerto, en el Aerobús que me lleva. Leo en el aeropuerto, antes y después de pasar el control de seguridad. Me hace sonreír un comentario elogioso que Abasolo hace en PÁJAROS SIN ALAS a mi persona. Empieza a haber colegas que me consideran maestro, lo que es bueno y malo: me gustaba más ser joven promesa 33 años atrás. Sigo leyendo. Ya faltan pocas páginas para concluir esta magnífica novela. Me siento en una cafetería de la T1 a merendar. Me fijo en una chica negra, muy guapa. Habla perfectamente español por el móvil. Me suena a alguien. ¿Concha Buika, la cantante? Puede. Lleva unos zapatos extraños, oscuros, con alzas, y una falda con mucho vuelo beige. Tiene unos ojos enormes y una boca preciosa. Se sabe guapa. Debo mirar los paneles de información de vuelos. Dentro de media hora embarco. Voy, una vez más, de norte a sur, como iré de sur a norte. Concha Buika se evaporó. ¿O no era ella? Nunca lo sabré. Voy a buscar mi puerta de embarque. En cuanto cierre el ordenador que se resiste a apagarse. Y relampaguea en el cielo, lo que augura una cierta incertidumbre al viaje.

Comentarios

Eva María Velázquez ha dicho que…
Uno vuelve siempre a los mismos sitios donde amó la vida, dice Mercedes Sosa, y es cierto.

http://evavelazquez.blogspot.com/2010/02/esta-manana-me-he-levantado-turbada-por.html

Un beso, Jose Luis.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Pues sí, Eva María. No sé si la nostalgia por el pasado es un ejercicio saludable, pero en mi caso resulta inevitable para recordar mi historia.