LAS PELÍCULAS

NADA PERSONAL
Urszula Antoniak

¿Pueden dos desconocidos, que quieren seguir siéndolo, enamorarse? Ese es el discurso que quiere transmitir la realizadora holandesa Urszula Antoniak, responsable también del guión, de este film rodado en bellos parajes irlandeses y que tiene a dos únicos personajes que mantienen la atención del público. La desconocida (Lotte Verbeek), una pelirroja de la que no sabemos nunca su nombre, porque ella nunca lo da y exige que se le llame simplemente tú, es una joven de Ámsterdam que vagabundea por las carreteras secundarias de Irlanda con su mochila a cuestas y haciendo autoestop, un personaje huraño que reacciona de forma siempre brusca a los intentos de acercamiento de cualquier persona con gritos, como cuando cree, injustificadamente, que quien la recoge en la carretera la va a violar. Su viaje sin rumbo le lleva hasta una solitaria casa en un acantilado en donde vive aisladamente Martin (Stephen Rea), el personaje masculino del que tampoco sabemos nada, ni su profesión, si la tuvo, ni su vida sentimental o familiar, salvo que padece una grave enfermedad de la que puede morir en cualquier momento. Martin la acoge en su casa a cambio de que le ayude en las tareas del campo. Ella acepta a cambio de comida, pero no su hospitalidad y duerme en una tienda de campaña en el monte hasta que él consigue convencerla de que lo haga en su casa. Poco a poco la tirantez inicial que existe entre ambos solitarios personajes se va relajando hasta que ambos acuden un día a la taberna del pueblo más próximo a bailar y emborracharse con pintas de cerveza y entonces la expresión huraña de la desconocida empieza a desaparecer. Nada personal es una película de detalles, de miradas, de silencios más que de sonidos, con los que teje la realizadora holandesa una historia de amor platónico que toma cuerpo gracias a la solidez interpretativa de sus dos protagonistas Lotte Verbeek y Stephen Rea.

Urszula Antoniak filma su película en bellos paisajes, primero oscuros y lluviosos, con profusión de ocres otoñales en las laderas de los montes, que se iluminan a medida que la desconocida se va abriendo, y en cuidados interiores de la casa campesina que no está exenta de una cierta sofisticación.
Sólo al final la realizadora opta por romper con la austeridad de la puesta en escena minimalista y regala al espectador un desenlace poético y claramente esteticista en esa secuencia en la que la muchacha desnuda abraza por primera y última vez el cuerpo de Martin envuelto en la sábana.

JOSÉ LUIS MUÑOZ
LONDON RIVER
Rachid Bouchareb
No deja de ser sintomático que la primera película sobre el 7 J londinense la filme un realizador musulmán francés de origen argelino, Rachid Bouchareb (Days of Glory), aunque el film no se centre en los atentados sino en las dolorosas consecuencias de los mismos. Una viuda cristiana que vive en una isla del Canal de La Mancha, Elizabeth (Brenda Blethyn, la actriz de Secretos y mentiras y Little voice), cuyo marido murió en la guerra de las Malvinas y se dedica a las tareas del campo en una granja alejada de la metrópoli, y un anciano africano afincado en Francia, Ousmane (Sotigui Kouyaté) que cuida, entre otras especies, los olmos en extinción, se cruzan varias veces en Londres a la búsqueda desesperada de sus respectivos hijos de los que nada saben desde el día de los atentados de Al Qaeda que dinamitaron tres vagones del metropolitano y un autobús de dos pisos. Cuando ambos descubren que sus hijos desaparecidos vivían en pareja la relación entre los padres vira desde la desconfianza por parte de Elisabeth ─ en un primer momento hasta denuncia al africano por sospechar que algo tuvo que ver en los atentados, no comprende por qué su hija asistía a clases de árabe y no entiende que ésta se haya ligado sentimentalmente a un musulmán negro ─ hasta la solidaridad cuando ella comprueba que son más las cosas que la unen a él ─ su pasión por la naturaleza, el amor por sus vástagos ─ que lo que los separa: religión, cultura y raza. Y ambos buscan desesperadamente a sus hijos por la ciudad con la esperanza de que hayan sobrevivido a la catástrofe.London River es un film sencillo, algo plano, que rehúye el dramatismo y se centra, casi en exclusiva, en la labor de sus actores cuyas formas de interpretar son tan distintas como sus culturas y entre los que, sin embargo, se extiende una corriente progresiva de sintonía. Mientras la británica Brenda Blethyn es histriónica, el actor africano de Mali Sotigui Kouyaté, que obtuvo con esta interpretación el Oso de Plata al mejor actor en el Festival de Berlín 2009, se decanta por el hieratismo.London River es una película bienintencionada, a favor de la interculturalidad ─ en el 7 J hubo víctimas musulmanas, como las hubo en el 11 S y en el 11 M ─ que transcurre en un Londres mestizo sacudido por la brutalidad de los atentados que destrozaron tres vagones de metro y un autobús de dos pisos. Un historia que en manos, por ejemplo, de Ken Loach seguramente hubiera resultado mucho más vibrante y comprometida, más apegada a la realidad y conflictiva.
José Luis Muñoz

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