DIARIO DE UN ESCRITOR

27 de agosto de 2010
Hotel del Carmen. Terraza. Noche. Nueve y media. Único lugar, por la altura, de sobrevivir al calor nocturno. Buena idea la de poner restaurantes y bares en la última planta de los hoteles. 37 grados marca el termómetro que hay frente a El Corte Inglés. Invito a cenar a la fotógrafa. Viene con pantalón rojo, amplio, y blusa ancha. Yo con camiseta marrón oscura, casi negra, pantalón de lino blanco arrugado y sandalias Coronel Tapioca, que creo que me sobrevivirán, como la camiseta de Bali. Salmorejo, no tan frío como la última vez, igualmente contundente con tiras de serrano y bolas de melón (realmente es plato único) y una tapa de solomillo al whisky. Dos cervezas, para mí; dos Rueda, para ella. Me habla de su viaje a África, Etiopía, en unos días. Lo hace con expresión soñadora mientras exhala el humo del cigarrillo entre sus labios y un brillo se apodera de sus ojos. Me habla de la ternura de los rudos rangers etíopes que acompañan con sus kalasnikofs a los viajeros. De los lugares a los que volverá. De las águilas de Adis Abeba. Estuve en todos esos lugares, por ella, por sus vívidas descripciones. El camarero nos advierte de la salida de la luna por una loma del Albaicín. Estamos atentos, la vemos asomarse precedida por un halo de luz que recorta el barrio árabe más hermoso de la ciudad. Le hablo yo de mi viaje a ninguna parte, de que cogeré el coche y no sé exactamente adónde iré. ¿Arán? ¿Yuste? ¿Alcarria? Estoy metido en 1520, en el centro de mi novela, de la que no salgo, por la que ni duermo ni como, le digo. Eso es bueno, me responde, la obsesión es buena. Sí, quizá sea buena para la novela, pero no para la salud. Duermo, tras escribir en la cama, hasta que los ojos se cierran. Me levanto por la mañana pensando en la Plaza Mayor de Salamanca y todos sus recuerdos. Desayuno una pírrica tostada y echo de menos el soso bizcocho. Nada relevante en el mundo. Entra calor por el balcón. Habré de cerrarlo. Sigo releyendo, incorporando datos y anécdotas a mi novela que tardará meses en estar completa. Y demorando ese final, esas diez páginas que me faltan. Hoy saldré a la calle, con mi bicicleta, cuando suenen las campanas de las doce de mi vecina iglesia, me iré a una terraza a leer Público y quizá me vaya al cine por la tarde. Las A del maldito ordenador siguen dándome la lata. Cumplo mis previsiones. Me voy a Las Titas, después de unas breves tareas burocráticas y bebo una cerveza con patatas a lo pobre, tapa de la que empiezo a estar harto, mientras leo el diario Público que regala El imperio de los sentidos, que ya tengo y he visto, y El piano, que he visto pero no tengo. ¿Dónde está Nagisha Oshima? ¿Y Jane Campion? ¿Y Holly Hunter? Mirando la cartelera y leyendo la reseña que de la película hacen, decido ir a ver el último Woody Allen. Y con 40 grados, que marca el termómetro que hay entre Correos y el NH, voy al súper. Tengo sed. No hambre. Se advierte en mi compra. Nectarinas, fresones (que me dejo en el cesto), naranjas de zumo, almendras (para hacer ajoblanco), tomates maduros, pimientos rojos, no pepinos, que se agotaron y no han repuesto, y leche de almendra. Llego sudando al apartamento. Me ducho. Me preparo el ajoblanco. Frío un solitario huevo. Mezclo en la batidora un plátano, el zumo de dos naranjas y la nectarina. Disfruto bebiendo el resultado mientras termino de ver las noticias. Los mineros siguen a quinientos metros bajo tierra y en esa tumba deberán resistir tres meses. Y los guardiaciviles y el intérprete iraní caído en Afganistán son enterrados. ¿Qué hacemos en esa guerra extraña y lejana? ¿Erradicar el burka? ¿Impedir que lapiden a las mujeres? Ni una cosa ni otra se han conseguido. Me tiendo en la cama, en la habitación umbría. Hora de siesta. Pongo el despertador a las 17 30. Me duermo con el runrún de la tele de algún vecino. Me voy despertando pero me duermo. La habitación interior, en donde nunca entra un rayo de sol, es fresca. Sigo durmiendo cuando suena el despertador. Soy feliz durmiendo. A las siete de la tarde abro los ojos. Conocerás al hombre de tus sueños la proyectan a las ocho. Me invita la chica a la que invité ayer a cenar. Viene con una blusa muy bonita, que deja al descubierto sus hombros y parte de su espalda, y una falda tubo oscura con un corte. Es un Woody Allen agradable, triste pero que despierta la sonrisa. La vida. Ese miserable engaño al que accedemos por ser el espermatozoide más rápido. Está muy presente el miedo a envejecer, a morir en soledad. Y un buen plantel de actores, con Anthony Hopkins, la maravillosa Naomi Watts, Jesh Brolin y un Antonio Banderas que no desentona. Hay, tambiNegritaén, una preciosa chica hindú. Por encima de su última película, que era televisiva, y de Vicky, Cristina y Barcelona, que era una broma sin gracia. Voy con la simpática chica que me invita al cine a un bar cercano. Dos tubos y dos tintos con blanca. Chipironcitos fritos, berenjenas rebozadas y pavías. Vuelve a hablar de su viaje a Etiopía. Está radiante con su retorno a África. Y hermosa. La Naturaleza fue generosa con ella. Ese rápido espermatozoo fue brillante en su alocada carrera.

Comentarios

Valeria ha dicho que…
Una crónica encantadora, José Luis. Ánimo con esa coba a las diez últimas páginas de tu novela.
Un abrazo para ti y otro para "la fotógrafa".
Paco Gómez Escribano ha dicho que…
Debes estar contento. Cuando te faltan 10 páginas es como si ya hubieses acabado. Luego viene el tedio de las correcciones pero se acaba el vértigo de la labor creativa. Bueno, pues ya nos dirás cuando sale. Un abrazo.
Susana Sosa Villafañe ha dicho que…
Te sigo en la lectura de tus crónicas diarias, con las que recorro tus vivencias, que aunque parezcan las cotidianeidades de cualquier mortal, las compartes con ese arte que tienes al narrarlas: Eso es un gran valor agregado.
Ya estoy a la espera de las incomparables fotografías sobre África.
Cariños para la ilusionada Alicia y para ti.

Susana
Duli ha dicho que…
Insisto Jose Luis, mucho me gusta tu diario, pero no sé si me gustan más los diálogos que estableces con nosotros, hacen que nos sintamos parte de él. Gracias. Un saludo
José Luis Muñoz ha dicho que…
Gracias, Valeria. Me encanta que te encante. Se los doy de tu parte.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Una buena observación. Eso de los diálogos con los lectores funciona. En realidad el diario se ha convertido en un divertimento para escapar de la maravillosa rutina de escribir la novela.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Cierto, Paco. Cuando se escribe unaa novela no estás seguro de que vas a seguir con ella hasta que no superas las cien primeras páginas.Con la presente he tenido que llegar a las 300 para verle una viabilidad. Lo que queda ahoraa no exige tanto esfuerzo creativo pero sí un enorme trabajo. Escribir es arte, pero también artesania, meticulosidad, obsesión. Y cuando uno maneja, como es éste caso, diez personajes principales y 80 secundarios, el esfuerzo resulta agotador. En fin, confío en que en 2011 salga. Un abrazo.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Alicia, Susana, se lleva un pedazo de cámara a Etiopía. Aunque sin pedazo de cámara sus fotos son igualmente impresionantes.
Me aleagra que disfrutes con mis crónicas