LA ENTREVISTA

Esta entrevista fue publicada en la revista de literatura OTRO LUNES
"Buceamos en mundos completamente ajenos al nuestro"
Entrevista al escritor español José Luis Muñoz
por Amir Valle Al escritor José Luis Muñoz me une ya una amistad de ocho años, desde aquel día de julio de 2002 en que lo conocí cuando asistí, por primera vez, a Semana Negra de Gijón a presentar mi novela Si Cristo te desnuda.
Dese entonces a hoy hemos coincidido muchas veces, en eventos, en internet, en el universo más personal de la escritura (donde hemos intercambiado temas y proyectos) y en ese proceso he aprendido a respetarlo como escritor y como ser humano.
Recientemente ganó el Premio Internacional de Novela Ciudad de Carmona, en su cuarta edición, con su obra La frontera sur, y por ello le dije que era imprescindible e impostergable que me concediera una entrevista donde hablaríamos de su obra en general y de esta última novela, en particular. De modo que respondió a mis preguntas y cedió a Otro Lunes un capítulo de su novela, en exclusiva. Puede leer aquí ese capítulo y a continuación, nuestra conversación:
Comencemos por un posicionamiento: la estupidización de la sociedad española (algo que parece convertirse en un tema en casi todos los foros literarios) vs resurgimiento (como una rebelde Ave Fénix) de la novela negra (y me refiero a esa que es crónica crítica de estos tiempos). ¿Cómo ves tú esta especie de "rebeldía del intelecto" en España?
Bueno, la novela negra, como tal se entiende, tuvo un nacimiento muy tardío en España por razones muy obvias. Para la dictadura fascista que padecimos durante cuarenta largos años no podía haber corrupción, policías malvados, delincuentes, mujeres de mala vida ni ninguno de los personajes que suelen frecuentar el género, porque España era un país perfecto y puro, crisol del cristianismo y la civilización occidental en donde no se daba un solo comportamiento torcido. Lo más que permitió ese régimen, como una excepción, fue a Plinio, el policía municipal de Tomelloso inventado por Francisco García Pavón. Con la muerte del dictador hubo una eclosión del género, surgieron un montón de colecciones, las más conocidas Etiqueta Negra de Silverio Cañada y Paco Ignacio Taibo II y Cosecha Roja de Ediciones B, ya no teníamos enfrente a la dictadura pero sí, en cambio, a la crítica, renuente a considerarnos un género literario serio y tildándonos de literatura de evasión. Ósea, que nacimos tarde y hubo quien nos quiso abortar. Hubo de ser un intelectual de izquierdas como Manuel Vázquez Montalbán el que se erigiera como paladín de todos nosotros para que el género tuviera un cierto reconocimiento. La crítica no estuvo a la altura que debe exigírsele, a la de sus colegas de Estados Unidos o Francia, por ejemplo, que siempre sintieron un enorme respeto por el género y lo juzgaron en base a su calidad literaria. Hoy en día comprobamos que lo negro infecta casi toda la literatura que se escribe, que en los anaqueles de las librerías las novelas policíacas y de género negro suponen un treinta por ciento y es que, como no me canso de repetir en todos los foros, la novela negra criminal es al siglo XX y XXI lo que fue la novela social de Zola o Balzac al siglo XIX, una herramienta para destripar las entrañas de la sociedad, para hablar de política, corrupción económica, brutalidad policial, los vicios ocultos de nuestra sistema a través de intrigas que atrapan a los lectores.
Hay una clara contextualización de tu obra en la búsqueda de circunstancias nacionales de mucho peso histórico en el ámbito hispánico: Estados Unidos (Las Vegas) en una novela, Cuba en otra, Venezuela... y ahora México. ¿Azar o señales que quieres lanzar?
Ignoro las razones, pero sí, hay una fuerte vinculación de mi literatura, a partir de una determinada fecha, con la otra orilla y ello es evidente si se repasan los títulos. En Latinoamérica hay muchos rastros de la cultura española y por eso es un mundo muy cercano. Yo lo describiría como algo muy emocional que eclosiona en cuanto empiezo a descubrir países como Estados Unidos, Cuba, México, Venezuela, Colombia, Brasil que visito y de cuyos viajes suelo traerme, casi siempre, una novela bajo el brazo. El mundo de Las Vegas, con la gente enloquecida por el juego, siempre lo miré con ojos literarios, porque esa pasión destructiva, de la que no se salvaba casi nadie, tenía que ver con el género negro, con las esencias del fatalismo y la predeterminación, y de ahí surgió Lluvia de níquel. Con Cuba la relación fue mucho más lúdica, me interesaba plasmar la belleza de la isla, la bonhomía de sus habitantes y, sobre todo, esa cercanía emocional entre cubanos y españoles que demuestra que el vínculo, el cordón umbilical, que nos une sigue vivo. Último caso del inspector Rodríguez Pachón es casi un libro de sensaciones de un viajero desembarcado en La Habana disfrazado de novela negra. La fuerza literaria de Caracas me golpeó con fuerza cuando fui a la capital venezolana a recibir un premio de narrativa erótica y, de paso, promocionar la novela El sabor de su piel que editó allí Alfadil y permanece inédita en España; aproveché mi estancia para redactar, en el mismo hotel en donde me alojaba, las primeras páginas de un thriller, que luego resultó profético, sobre los etarras en el país caribeño, y esa inmediatez de la escritura, esa redacción en el mismísimo escenario, tuvo la fortuna de captar ambientes, formas de hablar que yo veía y escuchaba por las mañanas y transformaba en novela por las tardes y noches. El resultado fue La caraqueña del Maní que años más tarde recibió el Premio Camilo José Cela. México, el escenario parcial de mi última novela, La Frontera Sur, que también transcurre en Los Ángeles y San Diego, es tremendamente literario porque en ese país hispanoparlante muerte y vida van de la mano desde tiempos inmemoriales, se da simultáneamente un alegría desaforada y una violencia extrema como estamos comprobando desde el inicio de esa guerra entre gobierno y narcos que está dejando la tierra empapada de sangre. México me fascina, puede ser muy agradable, y también muy peligroso, y en mi novela, que tiene como uno de sus ejes la ciudad de Tijuana que conocí hace muchos años, no está el México turístico de las playas de Acapulco sino el México desesperado por encontrar una oportunidad al otro lado de la frontera.
Lo histórico (la historia como material novelado) es algo visible también: está ahí, directamente, o como telón de fondo en muchas de tus novelas. Sin embargo, hoy se dice bastante (y por desgracia se ha demostrado en unas cuantas novelas muy publicitadas) que la literatura está deformando la historia por simple mercantilismo. El tema del holocausto, por ejemplo, es bien manido y está siendo objeto de todo tipo de manipulaciones. ¿Desde qué perspectivas asumes tú la historia en tu obra para evitar caer en este saco de patatas podridas?
Hay una saturación de novelas históricas, o pseudohistóricas, que hacen un flaco favor al género. Las elucubraciones sobre Jesús, los templarios, los cátaros, y así sucesivamente, esgrimiendo, en la mayoría de ellas, teorías estúpidas que no tienen ninguna base, pretenden seguir la estela de éxitos como El código Da Vinci. Y hay obras maestras, como El nombre de la rosa de Umberto Eco en donde historia, novela policial y reflexión filosófico-cultural iban de la mano. Mi acercamiento al género histórico es diametralmente opuesto al de esas novelas con ínfulas de best seller. La historia oficial es engañosa, porque la escriben siempre los vencedores de los conflictos y su visión es sesgada. Mis novelas, y en eso intento acercarme a la mayor virtud de un género, van más allá de los libros de historia que cuestiono, bucean en ellos, rellenan las lagunas, puede que se acerquen más a lo que realmente sucedió de lo que se nos dice oficialmente. La trilogía de La pérdida del Paraíso, que es una de las novelas de las que me siento más satisfecho, era un acercamiento muy crítico a la labor de los españoles en el descubrimiento de América, era casi una crónica negra que hablaba de la codicia, fanatismo, brutalidad que guió a esos hombres, sin restarle lo que tuvo de épica esa gesta extraordinaria de unos tipos de una dureza increíble. No era Colón el protagonista de la trilogía sino los que no aparecen en los libros de historia, sus anónimos acompañantes. Quien lea los tres libros viajará con ellos a ese momento histórico y se estremecerá a veces por la belleza de los paisajes o por el horror de lo que se cuenta. Con El mal absoluto, que gira en torno al Holocausto, y es género negro pero también histórico, reflexiono sobre el crimen más espantoso de la humanidad huyendo de falsos maniqueísmos y desarmando falacias. Sí, lo que hicieron los nazis fue de una inhumanidad extrema, pero no lo hizo una secta satánica, un grupo de hombres iluminados, sino que tras ellos, y ahí es donde meto el dedo en la yaga, estaba buena parte de la población alemana que colaboraba de forma entusiasta en la barbarie, jaleando a su ejército cuando, país tras país, destrozaba media Europa, o miraba hacia otro lado mientras exterminaba a judíos, homosexuales, gitanos y opositores políticos. El horror del nazismo fue una excrecencia de la sociedad alemana, su peor cara. Escribir una novela, tanto en un caso como en otro, para no aportar nada nuevo, para que el lector no se replantee la historia oficial mil veces escrita, me parecería una pérdida de tiempo, y cuando alguien que ha leído La pérdida del Paraíso me comenta que mis novelas le han aportado una nueva visión crítica de los dos acontecimientos, cuando me dicen muchos que después de leer El mal absoluto es cuando toman medida de la espantosa dimensión de ese genocidio, pues me siento muy recompensado, creo que mi esfuerzo de documentación y redacción del material ha valido la pena.
Hay además, en momentos muy importantes de algunas de tus novelas, un marcado erotismo, casi como una profesión de fe de los personajes. ¿Qué posibilidades crees que ofrece el erotismo, específicamente en los ámbitos oscuros de la novela negra?
Al erotismo llegué de la mano del premio La Sonrisa Vertical con Pubis de vello rojo que se podía leer como una excitante novela erótica pero también como una terrible novela negra. Luego lo exploté escribiendo unas cuantas docenas de relatos para Interviú, Playboy y Penthouse que he ido recopilando en libros. Mi opinión personal es que el erotismo es consustancial al género negro, al menos al género negro que me gusta leer y escribir, porque escribimos, como dijo Vázquez Montalbán, lo que nos gusta leer. En las novelas que escribo los personajes están al límite, de la violencia y del sexo. El erotismo es un juego lúdico que destila literalmente vida. En buena parte del cine norteamericano de los años cincuenta, con el que me he criado yo y otros colegas, el personaje de la rubia peligrosa y fascinante que inducía al asesinato al tipo muerto de deseo, era un lugar común. Y ahí están El cartero siempre llama dos veces, excelente novela de James Cain pero también maravillosa película de Bob Rafelson, o Fuego en el cuerpo de Lawrence Kasdan, en donde sexo y crimen marchaban entrelazados, o la extraordinaria Perdición de Billy Wilder. En mis novelas no hay rubias, pero sí mujeres de rompe y rasga, hermosas y poderosas, con una sexualidad tan desbocada como la de los protagonistas masculinos. Si describo con detalle un asesinato, para horrorizar al lector, con el mismo detalle abordo una escena de cama con una finalidad opuesta. Eros y Tanatos siempre fueron de la mano en mis escritos desde los primeros libros. Con mis novelas pretendo que el lector no sea un tipo neutro que se sienta en un sofá y vaya pasando las páginas, sino que se zambulla en ellas, que sienta rabia, odio, placer, asco, sentimientos y emociones que intento traspasar a través de mi literatura que pretende no dejarle indiferente, cambiarle un poquito.
Desentrañemos (o al menos, intentémoslo) una contradicción: en un momento de fortísimo despegue de la novela negra en lengua española, el género sigue siendo considerado menor por una gran mayoría de académicos, catedráticos y críticos literarios. Como una de las voces esenciales de la actual novela negra española, ¿qué opinión te merece ese criterio?
No dudo que haya críticos honestos y concienzudos, pero los hay muy mezquinos también. Es esta una profesión muy proclive al cainismo, y eso lo reflejé en clave de humor en Lifting en donde hablaba de las luchas intestinas entre autores y de las filias y fobias de algunos críticos. Hay una conocida periodista de El País, a la que no nombro para no darle publicidad que no se merece, especializada en género negro que no ha dedicado una sola línea a nombrarme, no digo a hablar bien de mí, que se apresuró a hablar mal de mis dos primeras novelas, El cadáver bajo el jardín y Barcelona negra, con una prontitud sospechosa, casi antes de que llegaran a las librerías, algo insólito, y luego ya no me nombra a pesar de que ya llevo publicando 25 años, que no son pocos, y dando al género novelas avaladas, muchas de ellas, con premios. Para esa señora no existo aunque más de la mitad de mis treinta libros publicados esté dentro del género negro y haya ganado un premio como el de Carmona. De esas mafias literarias también podría hablarte Juan Madrid con conocimiento de causa. Los críticos literarios se han tenido que rendir a la evidencia: el género negro vive uno de sus mejores momentos a pesar de ellos y los hechos han demostrado lo equivocados que estaban cuando nos tildaban de subgénero. Para cierto tipo de crítico literario es bueno todo libro que se le cae de las manos, por pesado e indigesto, y malo aquel que se lee con fluidez. A mí no me molestan las malas críticas, entre otras cosas porque he tenido pocas, pero sí las que se hacen con saña, con intención de herir. La crítica literaria, como la historia oficial, se debe poner en cuarentena por sistema, hay que analizarla, ver a qué medio o grupo de presión sirve, quién la paga. Hay tanta corrupción en el mundillo literario como en las sedes de algunos partidos políticos.
¿Cómo surge Rodríguez Pachón?
Es un policía atípico. Y villano. Esa visión negativa del policía debe venir de la época en que huía de ellos, imagino. Atípico porque lee mucho, y buenas novelas, y le gusta Faulkner, algo posible en la isla mágica de Cuba en donde los barrenderos son licenciados. Esa novela es curiosa y podría escribirse una novela sobre su gestación, porque nació de unos papeles manuscritos perdidos y antiguos, seguramente de la época universitaria, que releí y me provocaron escribir una novela que creció a partir de ellos, hacia atrás pero también hacia delante, pero la narración no se ambientó en Cuba hasta que viajé a la isla años más tarde e incorporé muchas sensaciones y reflexiones de primera mano y personajes que iba encontrando por la calle. Es una novela de viajes, costumbrista, con la visión, acertada o no, de la forma de vida que yo capté en mis paseos, los ritmos que escuchaba en la calle, el sabor del mojito de sus bodegas míticas, la maravillosa luz de La Habana y los atardeceres en el Malecón, los interminables discursos de Castro, la mitología de Hemingway santificado, los taxis despedazados que todavía ruedan, y aderezado con una trama policial en la que el investigador es, al mismo tiempo, el asesino a quién debe perseguir. La novela no suscitó crítica alguna en España, salvo los elogios de Almudena Grandes y Javier Rioyo, miembros del jurado del premio Diputación de Córdoba que obtuvo, pero sí, en cambio, muy buenas reseñas en Francia en donde ha sido editada por Actes Sud en su colección Actes Noirs que publicará este año Lluvia de níquel.
Una mirada al pasado: ¿cuánta distancia, o cuántos canales de alimentación existen hoy entre el José Luis Muñoz que practica la guerra del intelecto en sus novelas y aquel joven estudiante que se enfrentó al franquismo?
Algún día, si tengo tiempo de ello, debería novelar esos años prodigiosos en los que todo parecía posible y estaba al alcance de la mano, en los que se vivía peligrosamente y se hacían muchas locuras de todo tipo. Contra Franco las cosas estaban muy claras. De aquellos tiempos universitarios tengo relatos que voy publicando y algunas novelas que pretendían ser vanguardistas e irán saliendo. En una primera etapa el escritor está obsesionado por su identidad, en hacer algo original que lo diferencie de los demás, en adscribirse a todas las vanguardias posibles y epatar, y es un narcisista que sólo habla de sí mismo. Eso, como la adolescencia, es pasajero, y luego todo se sedimenta y se escribe desde la experiencia, se adquiere la técnica precisa para contar cualquier tipo de historia y disfrazar el ego para que no se haga tan evidente. Me ha curtido mi propia vida personal, que ha sido, y es, azarosa, que me sorprende a mí mismo tanto como las novelas que escribo sin saber cómo acabarán. Me he nutrido de lecturas, películas, relaciones personales, experiencias, viajes, compañía, soledad, dolor y placer. He cerrado a lo largo de los años muchas etapas manteniendo principios siempre próximos a mis ideales izquierdistas de mi juventud universitaria. Los viajes siempre son formas de inspiración, me obligan a abrir los ojos, estar muy atento, convertirme en esponja para captar todo lo que me rodea. Y estar solo es muy importante, llevarte bien contigo mismo, porque ése es el personaje con el que vas a convivir siempre, del que no te separarás jamás y te acompañará en el último momento. Al final la literatura resulta que tiene virtudes terapéuticas, que lo positiva todo, hasta las experiencias más horrendas las puedes literaturalizar y librarte de ellas en una especie de exorcismo.
Me ha llamado mucho la atención que sigas confiando en un género que cada día que pasa tiene menos adeptos entre los escritores, casi aplastado por el imperio de la novela: el cuento. ¿A qué se debe esa fidelidad?
Pues sí, acabo de publicar en Neverland, una editorial pequeña pero con muchas ganas de hacer cosas, La mujer ígnea y otros relatos oscuros, en donde recopilo cuentos que han sido premiados en diversos concursos, que han aparecido en diversas antologías, y tiene el volumen una coherencia absoluta, porque todos son fronterizos del género negro o del fantástico. Estoy muy satisfecho con ese libro que creo va a gustar. Con anterioridad había publicado dentro del género corto La lanzadora de cuchillos y otros relatos eróticos, Una historia china y Viajeros de sí mismos. El relato me gusta mucho, porque no permite la digresión, porque es algo muy cerrado que el autor debe resolver en pocas páginas y el lector le exige no sólo calidad sino originalidad, que le sorprenda. Es un género difícil, porque es muy directo, inicio, nudo y desenlace ocupan muy poco espacio, exige concisión y no puede haber un solo párrafo flojo literariamente hablando. Se lee en un viaje en autobús, en la terraza de un café... Antes las revistas publicaban relatos y yo publiqué muchos durante esos años en que colaboraba en Interviú, Playboy y Penthouse.
Un ejemplo hipotético: Si te alejaras del escritor que eres, si tuvieras que valorar, como simple lector, lo que hoy se escribe en América Latina y España dentro de la novela negra, ¿qué nombres recomendarías a quien quiera armar una biblioteca personal con obras de este género?Lo malo de ser escritor es que no se tiene el tiempo suficiente para leer lo que a uno le gustaría porque las horas se le van a uno en pergeñar sus propias historias. Pero voy a intentar poner algunos volúmenes en los anaqueles de esa hipotética librería. Estaría Galíndez, para mí la mejor novela de Vázquez Montalbán. Prótesis de Andreu Martín, su novela más dura. Días contados de Juan Madrid. Mañana moriré, una genialidad dentro del género negro de Fernando Marías. La cuenta atrás, de Juan Bas, que no es novela policial, porque no hay crímenes, pero es novela negra como la copa de un pino sobre el mundo del boxeo. Papel picado, del argentino Rolo Díez, que me parece soberbia para adentrarnos en la represión latinoamericana. Todas las novelas de Amir Valle, LorNegritaenzo Lunar y Pedro Juan Gutiérrez, porque la literatura cubana me puede. Estaría Bala morena, del venezolano Marcos Tarré Briceño, que me parece increíble no se haya editado aún en España, porque es una novela extraordinaria, perfecta. Francisco González Ledesma y su Crónica sentimental en rojo. Estaría La estrategia del escorpión, de Fernando Ugeda, que contribuí a premiar con el Ciudad de Badajoz de hace dos años. Estaría Siempre la misma música del argentino Raúl Argemí. Canción de amor en Lolitas Club y Si te dicen que caí de Juan Marsé, que me parece un autor negro aunque los críticos no se hayan percatado de ello. Acabas de obtener el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con tu novela La frontera sur. Primero, ¿qué te animó a mandar esa novela a ese premio y no a otro de los tantos que hay en España? Y segundo, ¿te animas a hacernos una sinopsis de tu novela ganadora?Pues lo mandé a ese premio porque quería publicar en la colección Tapa Negra de Almuzara, eso fue lo principal, y estar al lado de Lorenzo Lunar, Amir Valle, Antonio Lozano y Guillermo Orsi, a los que aprecio y admiro. Luego resultó que descubrí Carmona, una ciudad bellísima, y ése fue un premio extra con el que no contaba.
Difícil hablar de una novela como La Frontera Sur que creo es muy compleja, es muy densa y sacude al lector desde un amoralismo muy moral. Uno de sus protagonistas es Mike Demon, el mismo de Lluvia de níquel, un prototipo para explicar lo que no me gusta de ese país que me gusta tanto que es Estados Unidos. Y al otro lado de la frontera está Fred Vargas, mexicano, el mismo nombre que el pseudónimo de la novelista francesa, el apellido de Charlton Heston en Sed de mal de Orson Welles que transcurría en Tijuana. No es casual. Es una novela en la que los escenarios, a uno y otro lado de esa frontera peligrosa, son determinantes, en la que los paisajes y las ciudades tienen protagonismo propio. Y narra el camino a la perdición de ese Mike Demon que cruza la frontera, se enamora de una mexicana prostituida a la fuerza, la bellísima Carmela, y no es capaz de desentenderse de una relación peligrosa que le aboca a un sinfín de complicaciones y lo relaciona con el peligroso mundo de la delincuencia, la trata de blancas, los traficantes de ilegales, sicarios y psicópatas. Novela de fronteras, físicas y morales, que se traspasan y de las consecuencias que de ello se derivan. Novela que habla de esos dos países tan próximos y lejanos separados por un muro de la vergüenza que no deja a los pobres más salida que intentar dar el salto. No es una novela con buenos y malos sino, como dice Ricardo Bosque, con malos y peores. ¿Quién es peor? ¿El desalmado Mike Demon, y la palabra le va como anillo al dedo, porque no tiene alma, o Fred Vargas, el policía corrupto y asesino? Es una novela de enfrentamiento Norte/Sur que se desarrolla en un territorio artificialmente partido como es California. Pero también es una novela sobre lo que le puede ocurrir a cualquiera de nosotros cuando, en este caso por el sexo y el amor, por la pasión que ciega y noquea el cerebro, buceamos en mundos completamente ajenos al nuestro y que pueden cambiarnos la vida como al protagonista de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos, el médico que, al practicar un aborto a una chica, se ve abocado de golpe al mundo de la marginalidad que le es ajeno y extraño hasta ese momento. Por cierto, otra novela para poner en ese anaquel de literatura negra, junto a La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela, el mejor ejemplo de novela negra rural. Y La Frontera Sur es, también, una novela de amor tormentoso, un muestrario de personajes vivos, de carne y hueso, que se pueden tocar a través de las páginas, una novela de usos y costumbres de una sociedad hipócrita y opulenta familiarizada con la violencia. ¿Lo que más pueda inquietar al lector que la lea? Lo tengo muy claro: que todos podemos ser Mike Demon.

José Luis Muñoz
(Salamanca, 1951) Estudió Filología Románica en la Universidad de Barcelona durante los años de las revueltas estudiantiles contra la dictadura franquista y militó en grupos de oposición democrática hasta la muerte de Franco. Es escritor, novelista, articulista, apasionado del cine y viajero. Entre los numerosos premios literarios que ha obtenido a lo largo de su carrera destacan el Tigre Juan, el Azorín, La Sonrisa Vertical, Café Gijón y Camilo José Cela. Publicó en Etiqueta Negra, la mítica colección policial de Paco Ignacio Taibo II para Júcar, sus dos primeras novelas policiales: El cadáver bajo el jardín (Júcar, 1987) y Barcelona (Júcar, 1987). Autor de una larga obra sus últimas novelas publicadas son todas de género negro: Lluvia de níquel (Algaida, 2004), Último caso del inspector Rodríguez Pachón (Algaida, 2005), La caraqueña del maní (Algaida, 2007) El mal absoluto (Algaida, 2008) y El corazón de Yacaré (Imagine Ediciones, 2009). Tiene en la red el blog literario LA SOLEDAD DEL CORREDOR DE FONDO. Acaba de ganar el IV Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona con La Frontera Sur (Almuzara, 2010).

Amir Valle (Guantánamo, Cuba, 6 de enero de 1967) es un escritor, crítico literario y periodista, es considerado una de las voces esenciales de la actual narrativa cubana de su generación.En su país obtuvo, entre otros, importantes premios literarios, tales como el Premio 13 de marzo de Cuento 1986, Premio UNEAC de Testimonio 1988, Premio Razón de Ser de Novela 1999, Premio de Novela José Soler Puig 1999 y Premio Nacional de Novela Erótica La Llama Doble 2000 y 2002.
Ha obtenido, además, premios literarios en República Dominicana (Premio Internacional Casa de teatro de Cuento 2002), Colombia (Premio Internacional de Ensayo Próspero Morales Pradilla 1997), Alemania (Premio Internacional de Novela policíaca Distel Verlag 1998) y ha sido finalista del Premio Literario Casa de las Américas en tres ocasiones: en cuento (1994) y en testimonio (1997 y 1999). Su novela Entre el miedo y las sombras fue nominada al Premio Internacional Dashiell Hammett entre las cinco mejores novelas negras publicadas en el 2004 en lengua española, en todo el mundo.
Sus últimos premios más importantes han sido el Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa 2006 por Las palabras y los muertos; el Premio Internacional Rodolfo Walsh 2007 a la mejor obra de no ficción publicada en lengua española en el mundo por Jineteras, el Premio Novelpol a la mejor novela negra publicada en España durante el 2007 por Santuario de sombras, y el Premio Internacional de Novela Ciudad de Carmona 2008, en España.

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