EL ARTÍCULO

Este artículo fue publicado en la revista de literatura OTRO LUNES
JOSÉ LUIS MUÑOZ
Y LAS PERENNES BÚSQUEDAS
Amir Valle

AMIR VALLE (Cuba, 1967) En su país obtuvo, entre otros, importantes premios literarios, tales como el Premio 13 de marzo de Cuento 1986, Premio UNEAC de Testimonio 1988, Premio Razón de Ser de Novela 1999, Premio de Novela José Soler Puig 1999 y Premio Nacional de Novela Erótica La Llama Doble 2000 y 2002.
Ha obtenido, además, premios literarios en República Dominicana (Premio Internacional Casa de teatro de Cuento 2002), Colombia (Premio Internacional de Ensayo Próspero Morales Pradilla 1997), Alemania (Premio Internacional de Novela policíaca Distel Verlag 1998) y ha sido finalista del Premio Literario Casa de las Américas en tres ocasiones: en cuento (1994) y en testimonio (1997 y 1999). Su novela Entre el miedo y las sombras fue nominada al Premio Internacional Dashiell Hammett entre las cinco mejores novelas negras publicadas en el 2004 en lengua española, en todo el mundo.
Sus últimos premios más importantes han sido el Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa 2006 por Las palabras y los muertos; el Premio Internacional Rodolfo Walsh 2007 a la mejor obra de no ficción publicada en lengua española en el mundo por Jineteras, el Premio Novelpol a la mejor novela negra publicada en España durante el 2007 por Santuario de sombras, y el Premio Internacional de Novela Ciudad de Carmona 2008, en España.


La literatura, dicen, es una búsqueda perenne. Pero hay autores que, además, transitan a lo largo de su obra por esa búsqueda, que es al mismo tiempo un sinnúmero de búsquedas tratando de entender ciertos fenómenos que nos asolan en estos tiempos.
Pienso en eso siempre que leo una novela del escritor español José Luis Muñoz. Y lo pienso, o sería mejor decir que esa verdad viene de fogonazo a mi cerebro, porque cada nuevo libro de este narrador es una larga enumeración de respuestas a preguntas esenciales. Y ya eso es bastante. O lo que es lo mismo: ya eso basta para descubrir que José Luis Muñoz escribe una literatura que hace pensar, al tiempo que recrea, seduce, divierte. Llama la atención en este autor su especial sentido de la comunicación histórica: sus novelas parecen andar tras las huellas de esos vasos comunicantes que han llevado al mundo a su estado actual. Y esa cacería de esencias históricas, en la cual se introduce a través de los singulares personajes que crea, va desde ciertos sucesos curiosos en el descubrimiento de América, ciertas absurdas verdades emanadas del tiempo en que el fascismo alemán regía el planeta, hasta otras ciertas y durísimas razones que brotan como cactus en ese México siempre rebelde y siempre revuelto de la novela La frontera sur, con la que obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra Ciudad de Carmona. Ahora bien, tenemos la historia, el develamiento de esas claves ocultas que, pese a sus suciedades, han movido el mundo hasta lo que es ahora mismo; pero tenemos esa historia observada desde una perspectiva tangencial: los personajes están ahí, en el epicentro, como casi todos los habitantes reales de esos sucesos, pero cada uno va tras su propia búsqueda, tras sus propios sueños, y el escenario histórico entonces queda como un telón de fondo que, no obstante, adquiere una visibilidad absoluta. No desaparece. Está ahí. Y lanza sus señales, casi siempre siniestras, macabras, con tufo a peligro o muerte, sobre los escenarios novelados por José Luis Muñoz. Todo ello, además, filtrado por un finísimo sentido del humor, que a veces adquiere matices negros, otras se clarifica hasta convertirse en una carcajada, y las más de las veces, se decanta en una ironía sarcástica, hiriente, caracterizadora de la tensión que bulle bajo las escenas o bajo la piel de los personajes.
Último caso del Inspector Rodríguez Pachón, La caraqueña del maní, El mal absoluto o El corazón de Yacaré no son sólo novelas negras que hurgan en la dura realidad de una historia que ha transformado al hombre en la más cruel e irracional de las especies; son, también, rebeliones intelectuales contra fenoménicas que todavía algunos (por desgracia, muchos) pretenden ocultar, justificando el mal del hoy con las heridas del pasado, intentando anular los absurdos y meteduras de patas del presente que vivimos con las rabias, los odios y la sangre que otros, años atrás, buscando hacer el bien o haciendo el mal, dejaron en el camino de la humanidad. Esas, en fin, son búsquedas perennes que importan por necesarias, por imprescindibles para entender el hoy y entendernos. Y la obra de José Luis Muñoz ha aportado ya mucho en ese empeño. Convierte así a sus libros en una recurrencia obligatoria para todo aquel que quiera leer buena literatura y, sobre todo, para aquel que comprenda que la literatura es mucho más que un simple empeño del intelecto.

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