DIARIO DE UN ESCRITOR

22 de marzo de 2011
Hay días, como el de hoy, en los que el título de este blog, gentileza de Alan Sillitoe y Tony Richardson, define perfectamente mi estado de ánimo. Hay momentos en que, después de tanto correr, toda la vida, desea detenerse uno en seco. El corredor de fondo acusa cansancio porque sencillamente no hay meta que alcanzar o la meta es la misma carrera. Paso páginas a las etapas de mi vida y éstas son cada vez más breves, vertiginosas. Me miro en el espejo y me sorprendo del tipo que veo. Los años me hacen profundamente escéptico, lo que es una buena coraza contra las adversidades. De joven todo era mucho más doloroso, más intenso y, a veces, insoportable. No sé lo que me espera, pero no tengo confianza en ello. No sé adónde va el mundo convulso y mucho menos adónde voy yo en la literalidad de la pregunta. La vida es el viaje a ninguna parte cuando los recuerdos, con mucho, sobrepasan a las perspectivas, que ya son pocas. Y la vida, si la pensamos fríamente, no es otra cosa que un absurdo. Alguien nos trajo y nosotros, los que pudimos o quisimos, trajimos a alguien al mundo. ¿Con qué fin si todo es finito? Para dejar huella, podría uno contestarse. ¿Y qué, si yo no veré esa huella? Disfrutar el presente de forma intensa, dirán otros. Tampoco me vale, porque al instante se convierte en pasado en décimas de segundo y su recuerdo no genera otra cosa que nostalgia e insatisfacción. Quizá todas estas elucubraciones no sean otra cosa que un vulgar proceso químico, como el amor o la locura.

Comentarios

Paco Gómez Escribano ha dicho que…
Brillante y profundo post, José Luis, para la reflexión. Me temo que lo que planteas no tiene respuesta. Yo, después de toda una vida pensando las cosas he llegado a la conclusión de que el truco es no pensar. Esta cualidad nuestra, tan humana, es insólita en el reino animal. Y es fenomenal por un lado, ya que nos hace racionales y ha propiciado grandes logros. Pero también nos hace sufrir, ya que nos damos cuenta de las cosas y sufrimos con las desgracias y adversidades. Somos seres contradictorios, únicos, como dije.
En fin... Yo tengo ya 45 tacos, sí, algo más joven que tú, aunque no mucho. Tengo mis creencias. Pero a pesar de ello, sé que no son certezas. Por tanto, tampoco tengo muchas perspectivas. Me dedico a vivir, procurando hacerlo cada día como si fuera el último, apartando de mí los malos rollos y disfrutando de las cosas que ofrece la vida, aunque sean pequeñas cosas. E insisto, no pensar me ayuda muchísimo. Y vivir basándome en la intuición y en los sentimientos más que en la "racionalización", aunque sin desdeñarla del todo, claro está.
Un abrazo.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Muy cierto ese consejo, querido Paco, porque mira lo que pasa por pensar demasiado. Por suerte eso es cosa de un día, o de una noche, y a la mañana siguiente pues uno ya no piensa, por fortuna, para poder seguir viviendo.