DIARIO DE UN ESCRITOR

31 de marzo de 2011

Salí del cine después de ver Nunca me abandones con el ánimo por los suelos, peor de cómo había entrado. Es una película extraña y fascinante en la que cuesta entrar pero que, cuando lo consigues, se convierte en un cuento sombrío y bastante atroz a pesar de la cara de felicidad de sus inocentes protagonistas. Al dolor de esos personajes de ficción uno el mío. Últimamente me empieza a doler todo, quizá porque mi cuerpo anda desajustado y no se acaba de adaptar a esa primavera que ha llegado. También me duele el alma, pero desde bastante antes que el cuerpo. El sentimiento trágico de la vida, que diría Unamuno. Puede que esté somatizando ese dolor. Dicen los que siempre tienen una respuesta positiva para todo que el dolor es bueno porque te hace sentir vivo. Imagino entonces que la tortura debe de ser la dicha de la vida. Hablaba, el otro día, con un amigo de FB sobre "La noche de la iguana" de John Huston y zas, la pasaron ayer por la Sexta 3, y antes la maravillosa "Cantando bajo la lluvia". Me extasié de nuevo con el número de Gene Kelly chapoteando en la calle y lo hice luego, a última hora de la noche, con las portentosas interpretaciones cargadas de humor de Richard Burton, Ava Gardner y Deborah Ker. Sue Lyon, como siempre, hace de Lolita. ¿Qué fue luego de ella? Miraré en Google, que todo lo sabe. Las mil fotos que hay de Sue Lyon en Google pertenecen a su estapa adolescente, es decir, de Lolita, ninguna con los 64 años que tiene en la actualidad. Se pierde su rastro cinematográfico en 1978. No hizo nada notable después de trabajar con John Ford en "Siete mujeres". Muchos matrimonios y divorcios, uno de estos con un convicto por asesinato con el que se casó en prisión.

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