DIARIO DE UN ESCRITOR

10 de julio de 2010
Un borracho, haciendo un ruido infernal, me despierta a las siete de la mañana. Dan ganas de tirarle el ordenador a la cabeza, pero no hay mucha altura y saldría indemne. De norte a sur este sigue siendo un país de inciviles, y cada vez más. Me ducho y bajo a desayunar. Ni un solo colega en la cafetería de Pathos. Sigo leyendo la original y fascinante novela de Enrique Rubio Tengo una pistola, la invención, como bien dice Lorenzo Silva, de un género, mientras me tomo un zumo de naranja aguado, café con leche y soba pasiego. Y luego me voy a la calle a disfrutar de un día maravilloso de playa.
Recorro la playa, de punta a punta. Bajamar. Una caminata que me lleva hasta donde la ciudad se diluye en el campo. Bandera amarilla y los salvavidas soplando el silbato para que nadie se aventure mar adentro. La playa es un hormiguero de personas. Una hora larga recorriéndola. Luego me dejo caer en un promontorio cubierto con una alfombra de hierba a seguir leyendo con mi indumentaria playera: sandalias, mis maravillosos pantalones cortos de Panamá Jack y una camiseta azul, peruana, que me saco para que mi torso se broncee. Juan Bas me cita para comer. Hoy toca La Iglesiona.

Pero antes paso por el hotel, me ducho, y por el Monje en donde Juan Bas y Nerea Riesco se toman unos vinos. Me uno a ellos. Un blanco Enate Chardonay. Luego caminamos hacia La Iglesiona, llegamos los primeros, nos sentamos en la terraza. La fabada está buena. El salmón sabe demasiado a ajo. Lo más flojo es el postre: nada, no hay arroz con leche. De regreso al Don Manuel Nerea y yo nos añadimos a la mesa de la generación joven de la Semana Negra, la de las chicas de la prensa y los nuevos escritores, mientras Juan se retira a echar un sueñecito. Me siento al lado de Celia Santos, porque me da energía positiva. Bromeamos a costa de un camarero chino, pequeño y gruñón, que tiene en la mejilla la señal de una cuchillada. Siempre corre el aire por el Don Manuel. Me levanto para dormitar un poco.
A las seis y media nos reunimos para coger el trenecito que nos lleva a la feria. Juan, credencial en mano, desaloja a pasajeros que no quieren bajarse y creen que el tren es de circunvalación. Con Nerea vamos al recinto, que está abarrotado. Nos perdemos mirando libros. Busco los míos. Los encuentro, por fin. En la carpa de encuentros charlo con Paul, el francés que me invita al próximo festival de novela negra de Toulousse con las dos novelas que he publicado en Actes Sud. Hago fotos de la presentación que Ricardo Menéndez Salmón hace de la novela de El ladrón de morfina de Mario Cuenca Sandoval. Nerea me comunica que se va a ver un partido de fútbol. La vascosevillanavallisoletana es muy futbolera. Me uno a Juan y Goran, el escritor serbio, que hablan sobre el festival de literatura de humor que prepara el primero en Bilbao. Decidimos cenar pronto. En el 44. Pero Miguel Cané, sin su perrita Audrey, nos aconseja otro: Dossoles. A ese vamos, andando, tras perdernos. La cena es exquisita. Foie y micuit con manzana caramelizada y bombones de chocolate. Rabas. Seis cervezas. Pagamos con los vales de comida. Y nos dirigimos al Don Manuel, a su terraza, a hacer tiempo hasta la hora de la tertulia nocturna: Narrar en negro. Cae un gin tonic, por mi parte, y un whisky por parte de Juan. Cristina Fallarás, que está tan incendiada como su cabellera, habla de la manifestación de Barcelona contra la sentencia del Constitucional. Desde posiciones opuestas abogamos por la independencia. Los independentistas van a arrasar en las próximas elecciones autonómicas y el PP va a ser partido residual. Guillermo Orsi aparece por la terraza. Está leyendo La mujer ígnea, para la presentación de mañana, y se ha puesto malo, no sé si por la lectura. Le dio unos grados de fiebre. Bromeo con que Juan Bas puede presentar los libros, sin haberlos leído. Y en eso llega PITII y nos da la orden de partida hacia la SN. Porque, aunque no lo parezca, aquí se viene a trabajar.
En la Carpa de Encuentros, hacia medianoche, Meli Suárez, amiga de Facebook, que no consigo abrir desde hace días, me viene a saludar. Soy la que te prometí una sidra si nos veíamos en la SN. Me acuerdo. Me presenta a su marido. Hablamos de la Semana Negra, de la charla que voy a dar, de la presentación de mañana que cambia de hora por el fútbol. Y nos sentamos los escritores en círculo moderados por PITII y Elia Barceló. Empieza el turno Juan Bas, hablando de su literatura negra pero llena de humor después de que PITII me haya presentado como miembro fundacional de la SN. El colombiano Santiago Gamboa habla de la literatura latinoamericana y de su militancia política.

El cubano Rodolfo Pérez Valero escribe desde Miami. A Cristina Fallarás le obsesiona la muerte, con lo joven que es la pelirroja vividora. Yo hablo de una narrativa social, que saja las entrañas de la sociedad desde que se escribió el primer libro negro: La Biblia. ¿pero se cambia el mundo con la literatura? Mejora. Gamboa aduce que los que leen más son mejores. Hitler leía mucho. PITII saca anécdotas jocosas. La nota terrible la pone un periodista mexicano hablando de la sangría de su país. La tertulia, que sigue la star mediática Celia Santos, transcurre con pasión. Hasta la una. Vuelta a casa. Y durante el camino analizamos con PITII esa terrible guerra que se libra en México y que no tiene visos de terminar. Y al sobre, como dice Juan Bas pare referirse a la cama.
Este año los veteranos estamos muy cansados y los jóvenes no trasnochan.
Estoy sin FB. No sé qué ha sucedido. Pero es terrible no poder ver las caras a mis 2.000 amigos.

Comentarios

Paco Gómez Escribano ha dicho que…
¿Será que los jóvenes están un pelín amariconaos? Es broma. En cualquier caso, con el trote que lleváis a la una debéis estar más que cansados. Sí, Hitler leía mucho, con lo cual pienso que uno es buena o mala persona independientemente de La Literatura. A mí, particularmente me llena huecos de esos que todas las personas tenemos y que se definen eufemísticamente como vacíos existenciales. Y, por otra parte, me apasiona en mi faceta de escritor y de lector, y me permite conocer a personas con mis mismas inquietudes y eso me mola.
Un abrazo.