LAS PELÍCULAS

ENTRE NOSOTROS
Maren Ade

Hay películas que parecen reivindicar un cierto feísmo visual y hacen de él su declaración de principios. Entre nosotros, drama sentimental sobre las dificultades amorosas de una pareja de jóvenes alemanes en la arisca isla de Cerdeña, la segunda película de Maren Ade, es un film mal retratado, con fotogramas oscuros que deberían haber sido desechados, exteriores quemados, interiores mal iluminados, color más vulgar que el de cualquier película aficionada de un turista en vacaciones y dibujada, para postre, con planos largos, lentísimos, en los que la cámara aparece más inapetente que sus propios protagonistas. ¿Dogma? No, porque las películas de los discípulos de Lars Von Trier llevan en sus entrañas cargas de profundidad y ésta parece un encefalograma plano, fragmentos de celuloide sin vida.
Con guión muy simple ─interiores, conversaciones entre los protagonistas, una excursión a la montaña, una secuencia de amor junto a la piscina y una cena con invitados─, y todo ello para subrayar los estados de ánimo de los protagonistas que evidencian, una y otra vez, la dificultad de su relación por el carácter soberbio y cuadriculado de él, un joven arquitecto (Lars Eidinger), y la imprevisibilidad y excentricidad de ella (Birgit Minichmayr), la relaciones públicas de una importante discográfica, Entre nosotros daría para un cortometraje de diez minutos pero se alarga hasta casi dos horas.
Esta película tediosa, cuyos personajes no consiguen prender la atención del espectador por su vulgaridad psicológica ─ los diálogos no son nada interesantes y se tornan aún más inanes cuando invitan al matrimonio amigo a cenar a casa ─ ganó el Gran Premio del Jurado de la Berlinale del 2009, algo que sinceramente me asombra para un film gris y aburrido de principio a fin.
José Luis Muñoz


Las vidas posibles de Mr. Nobody
Jaco Van Dormael
Las vidas posibles de Mr. Nobody (Mr. Nobody) es una película de ciencia ficción que el belga Jaco Van Dormael empezó a rodar en 2007, pasó por Cannes y Sitges en 2009 con disparidad de opiniones, y que llega a nuestras salas el próximo viernes. El filme enfoca su lente en Nemo Nobody (Jared Leto), un anciano de 120 años que en pleno 2092 se ha convertido en el único mortal vivo entre los humanos, que gracias a los avances científicos se han vuelto inmortales. Cuando Nemo se encuentra en su lecho de muerte, revive 3 posibles existencias y matrimonios que tal vez pudo experimentar.
Bajo esta premisa Van Dormael construye, por su planteamiento, ejecución, y definición formal y de fondo, su más ambicioso proyecto. Sus altas metas le impiden coronarse, pero en un estancamiento de ideas como el que vivimos en la actualidad, ya se agradece al menos propuestas que visualmente intentan parecer frescas, pero que en el fondo, si se excava un poco, no lo son demasiado.
Tal y como ocurre viendo el conformismo con el que se ha optado para elegir la banda sonora, que escoge canciones, que por su uso en anteriores películas y el contexto del que parten, se pueden convertir en lugares comunes, más si suenan prolongadamente en diferentes estadios /episodios de la película. Eso no quiere decir que la conjunción con las imágenes no resulte, y que la selección musical no esté compuesta por grandes temas, pero sí que su uso no parece demasiado trabajado ni inteligente.
El principal escollo del director belga es confundir complejidad con confusión. La compleja estructura del filme, y los constantes saltos en el tiempo, y las diferentes vidas del personaje central, hacen que el espectador se pierda con facilidad por su telaraña argumental, que como el filme que protagonizaba Bill Murray, parece dar vueltas sobre unas mismas imágenes y situaciones. Algo que hace decaer el interés.
Y eso a pesar de los notables esfuerzos por parte del director de envolver su historia con un bello precinto visual, que se sustenta por la gran libertad creativa que genera una historia como la de Nemo contada mediante la fabula.
Los paralelismos con Dos vidas en un instante y Corre Lola Corre, son evidentes incluso para su autor, pero su imaginario visual se enriquece de filmes más dispares, desde el reciente El curioso caso de Benjamín Button, hasta Leólo, los filmes de Jean Pierre Jeunet o C.R.A.Z.Y. La suma potencia la factura visual del filme belga más caro de la historia, haciendo que en sus inicios te atrape y te deslumbre con facilidad, pero a medida que la historia transcurre y la paciencia del espectador se agrava, el hilo argumental que teje Van Dormael muestra todas las carencias que el impacto visual no permitía ver desde el inicio.
De su enrevesado guión sin garra, subyace demasiado la misma idea de las segundas oportunidades, de la arbitrariedad de las grandes decisiones, y de la elección y sus consecuencias. Es quizás en su visión irónica del futuro donde más brillo le saca al asunto.
Las vidas posibles de Mr. Nobody es el clásico filme que sorprenderá a muchos, encandilará a otros, y sacará de sus casillas a otros. El que firma se queda en un plano intermedio, sabiendo que tras ese look videoclipero impresionante no hay mucho a lo que agarrarse. Pero al menos sus logros formales te mantienen atrapado durante 40 minutos de sus 140 minutos, y se agradece la valentía de Jaco Van Dormael por abordar un proyecto de grandes ambiciones, a pesar que el resultado no sea el más deseado.
Marc Muñoz

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