DIARIO DE UN ESCRITOR

11 de julio de 2010
fotos José González Cabolugo y José Luis Muñoz

El fútbol es lo único que puede alterar la vida global. Hasta la Semana Negra. La buena literatura negra es de perdedores. Pero Paco Ignacio Taibo II quiso jugar a ganar. Y metió el fútbol en la Semana Negra, en 22 pantallas. Eso sí, se corrieron todos los actos programados una hora, incluido el mío.
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Hemos descubierto en la SN un restaurante muy decente, por encima de la media, que, por supuesto, no vamos a desvelar para no quedarnos sin mesa la próxima vez que vayamos. Juan y yo vamos con la chica más futbolera de la SN: la históricavascavallisoletanasevillana que pesa, según confesión, menos de cincuenta kilos. Comemos con mantel blanco y un aceptable vino cosechero de La Mancha. Salmorejo, los caballeros. Ensalada, la dama. Una carne estofada exquisita, que se deshacía, con salsa de un queso innombrable de estas tierras, pica el pitu o algo parecido, y la dama, merluza. Para terminar, los tres con arroz con leche tibio, pero exquisito. Luego, una breve siesta.
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Con una camisa asalmonada me dirijo a la presentación de la Semana Negra. El generoso escritor argentino Guillermo Orsi tiene el trabajo de presentar nada menos que mis tres últimos libros. Eso sucede por no haberme invitado el año anterior la SN. Orsi habla largo y tendido sobre La Frontera Sur, dialoga conmigo sobre la novela, ante un publico que llena la sala A Quemarropa, seguramente por Carlos Salem que es muy mediático, y presenta Cracovia sin ti en el mismo acto. La presentación, en ese formato, es muy amena, hasta para mí. Me permite improvisar el discurso, que es mucho más agradable que soltar la parrafada. Hablo de fronteras artificiales, la de México y USA, que segmentan un territorio y diferencian a personajes que viven a uno y otro lado de ella, de enfrentamiento de culturas, de personajes, además de Mike Demon y de Fred Vargas, que son sus respectivas ciudades; Los Ángeles y Tijuana. Para hablar luego de La mujer ígnea, y de los muchos registros literarios que hay en ese libro recopilatorio de relatos. Toma la palabra Cristina Macía para glosar la figura de Carlos Salem, y el hispanoargentino se explaya, con su sentido del humor y su voz aguardentosa, sobre esa extraña novela de amor que ha escrito y ha merecido el premio Seseña de Novela Romántica. Vuelve Orsi sobre mi novela El corazón de Yacaré e indaga por qué me presento a un premio de novela romántica. Para provocar, contesto yo, que me considero un escritor de novela negra dura. Pero es una novela de amor extremo, matizo, de amor hasta las últimas consecuencia de una mujer hacia su esposo muerto y torturado, una historia que se teje entre tres voces, la de Yacaré de Wilson Frades, la de Santiago O’Higgins, el poderoso empresario, y la del policía torturados Nelson Correa, mi personaje preferido del trío protagonista, por sus contradicciones.
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Con Meli y José, gijoneses entrañables a los que acabo de conocer, y con un colega mexicano, Rogelio Guedea, nos vamos a tomar unas sidriñas dentro del recinto. Hablamos de literatura, y de lo mal que bebo la sidra. Del partido que se avecina. Meli es puro nervio, pasión contagiosa. José, más pausado, se interesa por la labor de la escritura. En estos momentos de internet y facebook lo más maravilloso es intercambiar impresiones lectores y escritores, cosa antes imposible. Les dedico a ambos El mal absoluto, mi novela más terrible, sobre el Holocausto, y La Frontera Sur, la novela negra de la que estoy más satisfecho.
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Un periodista de La Razón me hace una breve entrevista. Y antes hubo fotos de Carlos Salem con el corredor de fondo, apuntándonos con las manos convertidas en pistolas. Debería tener la SN un atrezzo de pistolas para estos juegos entre autores.
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Uno de los momentos que más me ha emocionado de lo que llevo de esta SN es cuando un muchacho invidente, que asistió con mucha atención a mi presentación, compró El corazón de Yacaré y, tras pedirme que se lo dedicara, me rogó que le enviara el texto en Word a su mail para poderlo reconvertir en audio y leer la novela. Cosas que suceden en una SN entrañable.
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Con Juan Bas, tan desternillante persona como escritor, caballero del norte, vamos, lejos de la masa, a un bar y nos sentamos ante una pantalla para ver el partido que nos da sed suficiente para tomarnos un par de gin tonics. No nos gusta el fútbol, no tenemos ni idea de sus reglas─ yo menos que él porque nunca he sabido lo que es un fuera de juego ─ pero sufrimos, gritamos, insultamos, nos reconcomemos y celebramos que esta pasión no nos ciegue cada fin de semana, pero hoy es especial, hoy, un vasco y un catalán, nada nacionalistas, quizá yo sí, queremos que gane la Roja a esa selección marrullera de Holanda que nos cose a patadas. Empate a cero fin de las dos partes. Nos movemos, para la prórroga de infarto, a la Carpa de A quemarropa y allí está Sanjuana Martínez, la única santa mexicana, peleona y picante como una guindilla, que recién ha aterrizado. Todos, en la Carpa de A Quemarropa, qué gran novela y qué gran película de John Boorman, sufrimos lo indecible, casi hasta el último minuto, cuando marca España y los trescientos escritores negros, fantásticos y la única novelista histórica del evento, nos levantamos todos a una, eufóricos por esa victoria de infarto.
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Hay flamear de banderas, pitido de cláxones, muchachos que torean a los coches que pasan con la rojigualda, nacionalismo y orgullo nacional sobrevenido con esa victoria que nos va a ir muy bien a todos, al país, que después de tanto desastre económico y político necesitaba esa victoria deportiva para poder respirar un poco. Cenamos Juan y yo un plato combinado aceptable con filete y huevo frito más ensalada. Luego cogemos sobre la marcha el trenecito que nos lleva a los hoteles. Mientras Juan se va a la cama ─ este chicarrón del norte está desconocido ─ yo me siento en la mesa que ocupan Silvia Pérez Trejo, la editora de Imagine, Sanjuana Martínez y Fernando Marías, del que no consigo sacarle información acerca de las mujeres y fantasmas que presentarán, en próximos días, su novela Todo el amor y casi toda la muerte. Y una noticia luctuosa: se nos fue Celia Santos, para regresar a la normalidad.

Comentarios

Paco Gómez Escribano ha dicho que…
Buena jornada, por lo que veo, José Luis. Enhorabuena. Un abrazo.
Marc Muñoz ha dicho que…
Ya he visto tu foto en el artículo de La Razón, luego me he paseado por las entradas más vistas de ese diario, y todas las que no son futboleras alteran mi sangre. Te robo la crónica de tu presentación en la SM para El Destilador
José Luis Muñoz ha dicho que…
Pues sí, Marc. Seguimos con las dos Españas. A unos le alteran la sangre, a otros, se la hielan.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Debería venir,Paco, aunque fuera colgado en el estribo, o como Lee Marvin en El emperador del Norte, a esta Semana Negra gijonesa para la que las palabras siempre se quedan cortas.