viernes, 26 de octubre de 2007

NEWS


Gano el premio de novela Ciudad de Badajoz con "EL MAL ABSOLUTO"
Después de haber anunciado los premios que este año han recaído en buenos amigos y mejores escritores - Francisco González Ledesma, Andreu Martin, Fernando Martínez Laínez, José Carlos Somoza, Paco Ignacio Taibo II - llega el momento de anunciar el mío. El pasado 20 de octubre, ya de madrugada, recibí una llamada telefónica comunicándome que mi novela EL MAL ABSOLUTO, mi libro más reflexivo y en el que me he implicado en cuerpo y alma, ha obtenido el Premio de Novela Ciudad de Badajoz. En breve lo publicará Algaida.
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Notas de prensa

La novela 'El mal absoluto', del catalán José Luis Muñoz, ganadora del XI Premio de Novela 'Ciudad de Badajoz'

Extremadura al día 20/10/2007

El autor catalán José Luis Muñoz resultó la noche del viernes, día 19, ganador del XI Premio de Novela 'Ciudad de Badajoz', con la novela de corte negro 'El mal absoluto', que presentó al certamen bajo el título de 'El abismo del mal', un galardón que se dio a conocer en el transcurso de una cena de gala en la que además se fallaron los premios de Poesía, Escultura y Periodismo de la capital pacense.La novela de Muñoz, seleccionada de entre 9 novelas finalistas, de 110 presentadas y con una dotación de 18.000 euros, narra en palabras de su autor "el mayor crimen de la humanidad", a través de una historia de venganza entre dos ancianos uno guardián de un campo de exterminio nazi y otro un judío preso en el mismo.
Según explicó el presidente del jurado de este premio de novela, Fernando Marías, se trata de un relato "comercial que tiene una lectura apasionante y trepidante", gracias al saber hacer de un autor que ya cuenta en su haber con premios como 'La Sonrisa Vertical' o el 'Café Gijón'.
La IV Edición del Premio de Periodismo 'Francisco Rodríguez Arias', dotado con 6.000 euros, recayó en el reportaje 'Monfragüe en la mirada', publicado en el diario Hoy el pasado 17 de marzo.
Este galardón fue concedido, según explicó el presidente del jurado y de la Federación Nacional de Asociaciones de Prensa, Fernando Urbaneja, tanto a su redactor, el placentino Antonio José Armero, como al fotógrafo del mismo, Ismael Rozalen y su diseñador, Jon Cuesta, dado que "el periodismo es actualmente mucho más que un texto".


PREMIOS LITERARIOS
El Ciudad de Badajoz de Novela fue para José Luis Muñoz
20/10/2007 B. C.
El Periódico de Extremadura
Inmaculada Quesada Andreu logró anoche el I Premio de Escultura Ciudad Badajoz, dotado con 6.000 euros, que cada año concede el ayuntamiento pacense, cuyo jurado, presidido por Manuel Martínez Giraldo, eligió la obra titulada Génesis. También concedió un accesit a Cimientos, de Manuel Granero Gil y otras cuatro menciones.
En el transcurso de la gala literaria celebrada anoche en Badajoz, el segundo premio que se falló fue el de Periodismo Francisco Rodríguez Arias, que racayó en el reportaje Monfragüe en la mirada, publicado en el periódico Hoy, escrito por el placentino Antonio José Armero, con fotografías de Ismael Rozalén y diseño de Joan Cuesta. Los 6.000 euros serán para los tres. El presidente del jurado fue el periodista Fernando de Urbaneja.
Los 18.000 euros del XI Premio de Novela Ciudad de Badajoz los tendrá que recoger en su día José Luis Muñoz (Sant Cugat), quien con El abismo del mal (el mal absoluto) ha logrado recrear, en palabras del portavoz del jurado, el también escritor Fernando Marías, una "historia apasionada", que da un vuelco radical en la última página. También pronosticó que comercialmente funcionará bien.
José Luis Muñoz, conocido en los círculos literarios por tener en su haber un premio Sonrisa Vertical y otro Café Gijón, ambienta su historia en el 2005 y narra la venganza de dos ancianos, uno orgulloso de su pasado nazi y otro que vivió en un campo de concentración.
Finalmente, Luis Alberto de Cuenca indicó que La espalda de Jano, de Jacabo Lorenzo Sánchez (Cabra, 1982), se llevó el XXVI Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, dotado con 9.000 euros.
A la cena, celebrada en el palacio de Cristal del hotel Río, asistió un numeroso público vinculado a la política y la vida social y cultural de la región.

Noticias Yahoo
Jacobo Lorenzo con la espada de Jano", se adjudicó anoche el XXVI Premio de Poesía "Ciudad de
Badajoz", dotado con 9.000 euros y la publicación de la obra, y José Luis Muñoz, con "El abismo del mal", el XI Premio de Novela, premiado con 18.000 euros y la edición del texto.
Así lo ha dado a conocer el jurado de estos certámenes convocados por el Ayuntamiento de Badajoz en el transcurso de una cena literaria, en la que también ha desvelado que el IV Premio de Periodismo "Francisco Rodríguez Arias", dotado con 6.000 euros, ha sido para el reportaje "Monfragüe en la mirada", publicado en el diario "Hoy" por Antonio José Armero, Ismael Rozalén y Jon Cuesta. El I Premio de Escultura Figurativa, galardonado también con 6.000 euros, ha recaído en Inmaculada Génesis por su obra "Génesis", mientras que el accésit fue para la escultura "Pimientos" de Manuel Gamero. Al XXVI Premio de Poesía se presentaron 220 obras, de las que la comisión de lectura seleccionó 18; y 110 al de Novela, de las que se eligieron nueve. EFE


Noticias Terra
Jacobo Lorenzo y José Luis Muñoz ganan Premios de Poesía y Novela de Badajoz
Jacobo Lorenzo Sánchez, con 'La espalda de Jano', se adjudicó anoche el XXVI Premio de Poesía 'Ciudad de Badajoz', dotado con 9.000 euros y la publicación de la obra, y José Luis Muñoz, con 'El abismo del mal', el XI Premio de Novela, premiado con 18.000 euros y la edición del texto.
Así lo ha dado a conocer el jurado de estos certámenes convocados por el Ayuntamiento de Badajoz en el transcurso de una cena literaria, en la que también ha desvelado que el IV Premio de Periodismo 'Francisco Rodríguez Arias', dotado con 6.000 euros, ha sido para el reportaje 'Monfragüe en la mirada', publicado en el diario 'Hoy' por Antonio José Armero, Ismael Rozalén y Jon Cuesta.El I Premio de Escultura Figurativa, galardonado también con 6.000 euros, ha recaído en Inmaculada Génesis por su obra 'Génesis', mientras que el accésit fue para la escultura 'Pimientos' de Manuel Gamero.Al XXVI Premio de Poesía se presentaron 220 obras, de las que la comisión de lectura seleccionó 18; y 110 al de Novela, de las que se eligieron nueve.



El Ciudad de Badajoz de Novela fue para José Luis Muñoz
La crónica de Badajoz
Inmaculada Quesada Andreu logró anoche el I Premio de Escultura Ciudad Badajoz, dotado con 6.000 euros, que cada año concede el ayuntamiento pacense, cuyo jurado, presidido por Manuel Martínez Giraldo, eligió la obra titulada Génesis. También concedió un accesit a Cimientos, de Manuel Granero Gil y otras cuatro menciones.
En el transcurso de la gala literaria celebrada anoche en Badajoz, el segundo premio que se falló fue el de Periodismo Francisco Rodríguez Arias, que racayó en el reportaje Monfragüe en la mirada, publicado en el periódico Hoy, escrito por el placentino Antonio José Armero, con fotografías de Ismael Rozalén y diseño de Joan Cuesta. Los 6.000 euros serán para los tres. El presidente del jurado fue el periodista Fernando de Urbaneja. Los 18.000 euros del XI Premio de Novela Ciudad de Badajoz los tendrá que recoger en su día José Luis Muñoz (Sant Cugat), quien con El abismo del mal (el mal absoluto) ha logrado recrear, en palabras del portavoz del jurado, el también escritor Fernando Marías, una "historia apasionada", que da un vuelco radical en la última página. También pronosticó quecomercialmente funcionará bien.
José Luis Muñoz, conocido en los círculos literarios por tener en su haber un premio Sonrisa Vertical y otro Café Gijón, ambienta su historia en el 2005 y narra la venganza de dos ancianos, uno orgulloso de su pasado nazi y otro que vivió en un campo de concentración.
Finalmente, Luis Alberto de Cuenca indicó que La espalda de Jano, de Jacabo Lorenzo Sánchez (Cabra, 1982), se llevó el XXVI Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, dotado con 9.000 euros.
A la cena, celebrada en el palacio de Cristal del hotel Río, asistió un numeroso público vinculado a la política y la vida social y cultural de la región.

El catalán José Luis Muñoz gana el XI Premio de Novela "Ciudad de Badajoz" con la obra "El mal absoluto"
21/10/2007 El autor catalán José Luis Muñoz resultó ganador, en la noche del pasado viernes, del XI Premio de Novela "Ciudad de Badajoz", con la novela de corte negro "El mal absoluto", que presentó al certamen bajo el título de "El abismo del mal".En concreto, la novela de Muñoz, seleccionada de entre 9 novelas finalistas, de 110 presentadas y con una dotación de 18.000 euros, narra en palabras de su autor "el mayor crimen de la humanidad", a través de una historia de venganza entre dos ancianos uno guardián de un campo de exterminio nazi y otro un judío preso en el mismo.Según palabras del presidente del jurado de este premio de novela, Fernando Marías, se trata de un relato "comercial que tiene una lectura apasionante y trepidante", gracias al saber hacer de un autor que ya cuenta en su haber con premios como 'La Sonrisa Vertical' o el 'Café Gijón'.Por su parte, la IV Edición del Premio de Periodismo "Francisco Rodríguez Arias", dotado con 6.000 euros, recayó en el reportaje "Monfragüe en la mirada", publicado en el diario Hoy el pasado 17 de marzo.Este galardón fue concedido, según explicó el presidente del jurado y de la Federación Nacional de Asociaciones de Prensa, Fernando Urbaneja, tanto a su redactor, el placentino Antonio José Armero, como al fotógrafo del mismo, Ismael Rozalen y su diseñador, Jon Cuesta, dado que "el periodismo es actualmente mucho más que un texto".En lo que respecta a la Primera Edición del Premio de Escultura "Ciudad de Badajoz", que cuenta con una dotación de 6.000 euros y al que se presentaron un total de 45 obras, fue para la sevillana Inmaculada Quesada, por su obra en bronce realista de figura humana "Génesis", en la que a través del cuerpo de un hombre y una mujer representa "el nacimiento del ser humano".Finalmente, el XXVI Premio de Poesía, dotado con 9.000 euros, modalidad en el que participaron un total de 18 poemarios finalistas de 220 presentados, recayó en el joven cordobés de 25 años Jacob Lorenzo, por su obra "La espalda de Hank", en la que recoge poemas de estilo japonés.Novedades para el próximo año.La gala literaria también contó con la presencia del alcalde de Badajoz, Miguel Celdrán, quien señaló que el número de ediciones de estos premios, organizados por el consistorio pacense, "habla de experiencia, trabajo y esfuerzo que han dado como resultado un estimulante matrimonio entre Badajoz y la cultura".De esta forma, anunció que a partir del año que viene habrá que sumar a estas cuatro categorías la de pintura, un nuevo premio que contará con el patrocinio del empresario pacense Bartolomé Gil Santacruz, a quien Celdrán describió como "amante del arte, el mecenazgo y la creación".El primer edil pacense inició una ronda de agradecimientos a todos los patrocinadores de estos premios, los organizadores y los miembros del jurado, terminando su discurso recordando "emocionadamente" al desaparecido Mariano Fernández Daza, marqués de la Encomienda, para quien la Junta Local de Gobierno de Badajoz ha solicitado la concesión a título póstumo de la Medalla de Extremadura "que merecidamente hubiera debido tener en vida".Por último, Celdrán indicó que este acuerdo "será remitido inmediatamente" a la Junta de Extremadura para que sea "tenido en cuenta en la próxima concesión de tan alto honor en la región".

Guillermo Galván (escritor)
Enhorabuena por tu reciente premio en Badajoz, José Luis.
Un fuerte abrazo.
Guillermo

Verónica Vila-San-Juan (productora de cine)
Ya sabía yo que esa novela te iba a dar una alegría

Javier Abasolo (escritor)
José Luis, empiezo a pensar que "el mal absoluto" eres tú, no sé, quizás has hecho un pacto con el diablo para eso de los premios. Una nueva versión de Fausto en clave de género negro.Antes, cuando ganabas un premio te solía enviar un mensaje de felicitación pero ahora me pasa como con el típico compañero de trabajo que, al cruzártelo por octava vez en los pasillos, ya ni le das los "buenos días", no por mala educación sino por cansancio.De todos modos, como siempre he disfrutado con tus novelas y tu amistad (y como no me presentaba, por lo que no tengo motivos para el rencor), me alegra un montón que hayas ganado el Ciudad de Badajoz.ZORIONAK/FELICIDADES (vaya, al final lo he dicho).Un abrazo.JAVIER.

Juan Ramón de Biedma (escritor)
Amigo, acabo de saber lo del 'Ciudad de Badajoz'. Me alegro.
¡A disfrutarlo!
Abrazo fuerte.

Carmela Trujillo (escritora)
Felicidades, José Luis, por ese premio de novela que te acaban de conceder. ¿Ves? si yo no hubiera recibido aleatoriamente ese blog que enviaste el otro día, no estaría ahora felicitándote.
Enhorabuena, de veras.
Carmela
José Carlos Somoza (escritor)
Querido José Luis:
Hay unos amigos que dicen que si tecleas "Lagavulin" en Google aparezco yo en una de las entradas. Bueno, supongo que también aparecerás tú, si es que se refieren al "Club Lagavulin" del que tú junto con Verónica, Gloria y yo, eres socio fundador.
El caso es que esto no tiene nada que ver con lo que quería decirte. Lo que quería decirte era que estoy muy contento de tu nuevo premio "Ciudad de Badajoz", muy merecido, y que te envío un abrazo muy fuerte por ese "Mal absoluto".
Estaré en BCN de promo, y a ver si nos vemos.
Nora Puig
Hola José LuisFelicitaciones por tu premio.Soy de Rosario, Argentina, y estaré en Barcelona latarde del 31 de octubre. Ya el 1 vuelvo para Argentina.
Margarita Pérez
...hoy el blog tiene premio!
En la puesta al día literaria de fin de semana leo la fantástica noticia. Enhorabuena.
El tema, de gran actualidad, pero realmente terrible..., por lo que pasó y por la inmensa duda de que los humanos seamos capaces de aprender de los errores.
Besos,
Eva Cabo
felicidades por el premio un saludo,
María Victoria Seoane
He comenzado a leer tu blog. Enhorabuena por el premio literario. Un cordial saludo.
Julio Murillo (escritor)
No se si el resto de compadres recibió el correo en el que informabas de la actualización del blog, pero yo sí lo recibí sin ningún problema, ayer por la tarde, y me disponía a buscar un momento para mandarte unas líneas y felicitarte por ese premio Ciudad de Badajoz.

EL RELATO

"Vía muerta" resultó premiado como finalista en la tercera edición del Concurso Literario Fiesta Mayor de Gracia (el barrio barcelonés de mi infancia) del año 2006. Resulta oportuna su publicación en el blog, prevista de antemano, ya que coincide con mi premio literario y el lamentable suceso, grabado en video, de la agresión racista en los Ferrocarrils de la Generalitat que comento en el apunte. Esta entrega del blog parece un monográfico contra la intolerancia si añadimos que el extradordinario poemario de José Luis de Juan VERSIÓN DEL ESTE también nos remite a esa época oscura en algunas de sus composiciones. Las fotos, que tomé en Dachau hace dos años, me sirvieron para sumergirme en EL MAL ABSOLUTO. El relato VÍA MUERTA es muy anterior a mi novela, pero responde al mismo horror ante una pregunta, sin respuesta racional, al mayor crimen de la Humanidad: El Holocausto.
El libro, en el que figura mi relato, que recoge a los autores galardonados en las tres últimas ediciones, lo edita el Centre Moral Instructiu de Grácia, se imprimió en el 2007 y va por la segunda edición.

VÍA MUERTA
texto y fotos José Luis Muñoz

"Estaba tumbada en el suelo, con la cabeza pegada a la rendija y la boca llena de paja, aspirando con ansiedad el aire tibio de la mañana, de la misma forma que el pez en un estanque pútrido se asoma a la superficie a dar boqueadas porque no queda oxígeno en su hábitat. Yo era ese pez. Un pez de catorce años, escuálido y sucio, amorrado a la rendija, con los ojos fijos en la vía muerta.
Lo de la señora Wademmayer fue un mal presagio, como el viento que precede a la tormenta. Yo apreciaba a la señora Wademmayer, me gustaba cómo olían sus manos al anís que ponía en los dulces que amasaba, el aspecto de sus carnes hinchadas que impedían discernir sus arrugas, el volumen irreal de sus senos y nalgas que mal disimulaban sus batas de pastelera. La señora Wademmayer, que nos conocía de toda la vida, que me saludaba todas las mañanas al verme salir por la puerta de nuestra vieja casa de Luckenwalde, comenzó de repente a girar la cabeza, a ignorarnos, a negarnos el saludo, como si no nos conociera, y a impedir que Carlota, su hija de coletas rubias, jugara a la comba conmigo. La señora Wademmayer sólo fue el principio, pero luego vinieron cosas peores hasta llegar al vagón, hasta tomar este tren.
Recuerdo cuando nos obligaron a todos a cosernos en el pecho la estrella de David. Vino el burgomaestre a casa, el señor Otto Böele, que siempre estaba borracho de cerveza y debía arrimarse a las paredes para no perder el equilibrio, acompañado de dos policías, y yo los vi discutir con papá desde lo alto de la escalera en donde solía esconderme cada vez que venía alguna persona mayor a visitarnos y no quería que me descubrieran. Luego alguien pintó con brochazos negros la estrella de David en la puerta de nuestra casa. Y una noche nos apedrearon todas las ventanas unos miembros de las S.A. Nadie quiso venderle cristales a mi padre, como si su dinero no tuviera ningún valor.

El invierno era crudo y dormíamos todos juntos, tiritando, en la misma cama, yo entre padre y madre. A mí me gustaba dormir con ellos, me sentía protegida, pese a que padre roncaba. Cuando madre y yo ya habíamos ganado el sueño y nos fundíamos en un caluroso abrazo, él comenzaba su sinfonía de ronquidos, primero suaves, luego más agudos, finalmente roncos, recorriendo todas las escalas, hasta la apoteosis final, que era como una enorme explosión que le despertaba a él mismo.
Hacía semanas que ya no iba al colegio porque una niña judía era algo sucio que no se podía mezclar con los demás, y los niños y niñas que antes jugaban conmigo me rehuían, me insultaban, hasta me agredían, y los que hasta hacía muy poco habían sido mis amigas me susurraban al oído: "perra judía", y se alejaban riendo. Y de este modo, yo, la perra judía, me encerré en casa, con mis juegos, con mis libros, sin entender la extraña situación en qué vivíamos, contemplando a padre y a madre que se miraban entre si con expresión de creciente angustia a medida que los días transcurrían y la situación se enrarecía. Habíamos empezado a oír cosas poco agradables, que empezaban a deportar a los judíos, que comenzaban a echarlos de sus casas y trasladarlos a otras partes del país, a confinarlos en guetos, como apestados.
Aquella noche no podía dormir de frío. El viento silbaba en la calle como un gemido agónico, arrastrando papeles, arremolinando las hojas caídas de los árboles, y se metía por entre los cartones que padre había colocado en las ventanas en lugar de los cristales. Nos sobresaltó un ruido parecido a una explosión que cortó en seco los ronquidos de padre. Alguien abrió a hachazos la puerta y, antes de que nos diéramos cuenta, las pisadas de las botas de los S.S. irrumpieron en el dormitorio y las luces de sus linternas iluminaron nuestras caras aterrorizadas.
No vi sus expresiones, sólo botas, cascos relucientes, bocachas de armas amenazadoras, correajes de los que pendían puñales, labios finos firmemente cerrados sobre mandíbulas cuadradas. Bajamos con lo puesto, salimos a la calle y a trompicones nos introdujeron en un camión. Al partir levanté la vista y estoy segura de que vi el visillo de la ventana de la señora Waddemmayer correrse y juraría que ella permanecía impasible tras él, contemplando como los soldados se llevaban a sus vecinos, como clausuraban la puerta de nuestra casa clavando dos tablones en forma de aspa. Luego el tren.
No había viajado en tren desde el verano del 38, cuatro años antes de que comenzara la guerra, un viaje que hice a Berlín en compañía de mi padre. Y ahora estaba de nuevo en un tren, muy distinto del lujoso tren de pasajeros, un tren de ganado, al que subimos empujados por los fusiles de los soldados, en el que nos apelotonamos sobre un lecho de paja entre cientos de forzados viajeros de todas las edades y condiciones. Ya había mucha gente allí dentro, y aún entró más, tanta que perdí la mano de mi padre, que casi fui aplastada, arrastrada hasta el fondo del vagón, justo hasta donde había una rendija, entre dos tablones que no ajustaban, no más ancha que el perfil de una mano, que me permitía respirar, ver lo que sucedía en el exterior, suprimir mi entorno si era capaz de concentrarme en aquel pequeño rectángulo de aire y color y olvidarme de la negrura, el mal olor y el rumor continuo de bestias encerradas que me rodeaba. Estuvimos parados horas enteras, bajo el calor sofocante, y el vagón hedía peor que los vagones que transportaban ganado. No me imaginaba que la gente hacinada llegara a oler tan mal. Olía a orina, olía a mierda, olía a podredumbre, a todas las escalas del miedo, y yo me sentía morir entre náuseas.
El tren arrancó despacio y para mí fue un momento de felicidad. Vi pasar el paisaje por la pequeña rendija, apliqué la boca a ella y me llené los pulmones del aire del campo. Cruzamos campiñas, atravesamos montañas, descendimos a valles, pasamos, sin detenernos, por ciudades brumosas cubiertas de humo, nos detuvimos en extrañas estaciones en donde invariablemente se oían los gritos secos de los soldados. Se hizo de noche, y el tren seguía su curso incierto hacia no se sabía dónde. Cientos de personas deberían separarme de padre y madre, un muro de carne infranqueable y extraño que seccionaba el cordón umbilical que siempre me había mantenido unida a ellos. ¿Nos expulsaban de Alemania? ¿Nos iban a dejar en la frontera de Polonia? Padre tenía familiares en el país vecino, en el barrio judío de Lodz, que nos alojarían como habíamos hecho nosotros cuando ellos vinieron a visitarnos hacía tres años. Nos volveríamos a reunir en cuanto parara el tren y se abrieran sus puertas, me dije para tranquilizarme.
A media noche estaba tan rendida que dormí, dormí casi tan bien como dormía en mi casa, y soñé que aquella paja infecta llena de pulgas que saltaban sobre mis piernas y mis brazos, era el mullido lecho paterno, que aquellos hombres y mujeres extraños, a los que no podía ver, dada mi inmovilidad y la oscuridad reinante, de los que sólo sentía la proximidad animal de sus cuerpos y sus olores profundos, eran padre y madre.
Me despertó el frío. Entraba el aire helado del amanecer por la rendija y enfrente sólo veía un entramado de vías muertas, sobre una de las cuales estaba el vagón. Nos habíamos detenido, quizá llevábamos horas parados. Estaba tumbada cuán larga era y me podía mover sin dificultad, sin tropezar con la espalda, las piernas o la cabeza de un forzado pasajero. El vagón estaba a oscuras, cerrado, olía mal, hedía, como cuando el retrete de nuestra vieja casa se atascaba, pero estaba vacío y me impresionaba su silencio. Llegué a tientas hasta la puerta. Estaba cerrada y no había fuerza humana que pudiera deslizar los cerrojos. Volví a mi rendija, me acurruqué frente a ella, oteé el desolado paisaje de vías muertas y de matojos quemados y agucé el oído para escuchar algún sonido, pero sólo oí el ulular del viento.
Tardé unas horas en darme cuenta de que no estaba sola. Había una mujer tendida en el centro del vagón, un bulto cubierto con pañolones, alguien a la que tal vez
también habían olvidado al desalojar el vagón. La toqué, tras llamarla y no obtener respuesta, y retiré presta la mano en cuanto rocé su piel horriblemente fría.
Estaba muerta. Me alejé en silencio, temblando, mientras en mi cerebro se agolpaban imágenes de carne corrupta y manadas de ratas que daban cuenta de ella. Me acurruqué junto a la rendija, apliqué la boca y la nariz a la hendidura, aspiré con fuerza todo el aire que pude y di la espalda a la realidad tenebrosa.
¿Cómo he aguantado tantos días sin enloquecer? Paseando. He recorrido el vagón de punta a punta, he medido los pies que hace, y luego he hecho lo mismo a lo ancho. Escribiendo. Ya había escrito contando cómo me insultaban los niños de la escuela y sentía un cierto alivio en ello, como si con la pluma expulsara el dolor de mi cuerpo y lo transmitiera al texto. Encontré unas hojas de papel perdidas, de alguien que las había dejado caer, y un lápiz sin apenas punta, cuya mina hice emerger a fuerza de
dentelladas. Y pasé de puntillas sin respirar, por encima del cadáver, sin aspirar su olor a descomposición, sin oír el revoloteo de las moscas ni el hervor de los larvas en sus carnes. No existe, me dije. Y en la rendija, acoplada a ella, iluminada por la luz que entra por ella, escribo esto, mi breve historia de niña judía que se altera el día que la señora Waddemmayer deja de mirarnos a la cara, de saludarnos, y le prohíbe a su hija Carlota que juegue conmigo.
Deseo que me encuentren. Rezo a Yahvé para que así sea. Tengo hambre y sé que podría comer el papel que he emborronado con el lápiz. Podría también comer esa infecta paja que lo cubre todo, como hace el ganado, o podría comerme las uñas, que tengo largas y cuidadas, o comer mi propia carne, un trozo de mi muslo grueso, que no ha adelgazado como el resto de mi cuerpo, si llegara a él con mi boca, como las contorsionistas del circo al que me llevaba padre. Se me ocurren tantas cosas, tan dispares y absurdas como cuando padre me daba a probar licor en días señalados.
Un día se cumplen mis deseos. Alguien abre la puerta del vagón y una bocanada de luz y buen olor me sacude y me hace incorporar, lo justo para vez la silueta de un oficial alto y apuesto, con gorra de oficial, que se acerca a mí, con un pañuelo perfumado tapándole la nariz, y me sonríe mientras me toma de la mano.
-Pero, ¿qué haces aquí, pequeña? ¿Nos hemos olvidado de ti? Ven, vamos. Debes tener hambre.
Yahvé me ha escuchado y voy hacia la luz, de la mano de ese soldado alemán que considero mi salvador. Es como los soldados de la propaganda nacionalsocialista, como los que aparecen en pasquines instando al alistamiento, como los tallados en piedra y exhibidos en parques, fuertes y terribles con el enemigo, pero al mismo tiempo dotados de una exquisita ternura hacia los niños. Me besa, y el suyo es el beso de un soldado bien comido, que huele a café con leche, que lo primero que hará será darme un gran tazón de leche caliente y una tarta de ciruelas. Me palpa el cuerpo, bajo los harapos hediondos, y su decepción se transmuta cuando llega a mis muslos escuálidos..."
David Hoffman dobla con cuidado el texto anónimo que encontró fortuitamente, sepultado en la paja, borroso, lo lleva junto a su corazón, mientras el tren galopa y se adentra en la noche. Intenta dormir, ajeno al mal olor, a los cuerpos que se aprietan contra el suyo, pegado a la rendija por la que aspira el aire vivificante de la noche. David Hoffman se abraza a los muslos helados de su mujer que yace junto a él.
-¿Adónde nos llevan?
-A Lodtz, seguramente.
-¿Y ese papel?
-Algo que he escrito.
-¿Para quién?
-Para nadie.

LA CRÍTICA

Del blog SOPOTOCIENTOS
LA CARAQUEÑA
DEL MANÍ
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Como caraqueña trasplantada a Madrid, ha sido curioso leer esta novela que transcurre en la Caracas actual y por la que transitan malandros, buhoneros, policías corruptos, sifrinos estirados y escuálidos clase media, mujeres bellísimas de todos colores pero sobre todo mulatas de infarto expertas bailadoras de salsa, mucho ron y marroncitos, y adúlteros de toda clase y calaña. Quien busque sexo, violencia y crimen lo encontrará en abundancia en estas páginas, sin menoscabo a su calidad literaria, que, sin duda, la tiene. La prosa de Muñoz es ágil y bien condimentada, con descripciones muy visuales y una trama impecablemente construida. El personaje principal es un ex etarra que vive refugiado de su pasado en esa capital del caos que es la Caracas de la era chavista, y la caraqueña a la que se refiere el título es una mulata que el protagonista conoce en El Maní, ese lugar emblemático que tanto recuerdo de mis años universitarios y al que iba a hacer el ridículo porque la salsa es algo que nunca se me ha dado. Nunca. Lo cierto es que, leyendo esta novela, me transporté: allí estaba el Ávila (“Monte Ávila”, lo llama), Las Mercedes, la autopista Caracas-La Guaira (antes de la trocha), las calles concurridas del Centro, el tráfico, el calor, el cerro, los modismos (“chévere”). El trópico, pues. Y también el eterno enfrentamiento de clases que nos ha llevado a donde ahora estamos. El desdén con el que las clases acomodadas se dirigen a los que tienen menos, el afán de éstos por parecerse –a toda costa– a los primeros, y el mutuo desprecio (y ya que hablo de esto, voy a permitirme una pequeña nota al margen: una de las razones por las que llevo diez años viviendo fuera es que la palabra “mono” –con la que algunos de mis compatriotas se refieren a los habitantes de los cerros– aquí significa “lindo”). Sólo tengo un pero, un detalle que para mí no deja de ser importante: algunos nombres de calles están equivocados (“Chuaco” en lugar de “Chuao”, por ejemplo). En esta novela el escenario es un personaje más y al menos los nombres de las calles, a mi juicio, tendrían que estar bien escritos. Salvo eso, creo que es una gran novela, y yo que no suelo leer novela negra he disfrutado mucho de esta incursión en lo que para mí es un nuevo territorio.
Vivian Watson

EL APUNTE

EL HUEVO DE LA SERPIENTE
Es uno de los videos snuff más visionados del momento. A nivel global. Reproducido hasta la infinitud. Motivo de escándalo y de que nos rasguemos las vestiduras. Cierto, es de una insoportable violencia. Pero resume en esos tres fotogramas, en la secuencia, la condición humana. El verdugo, la víctima y el indiferente bretchtiano. Hay dos cobardes en esa película, nos dicen. De uno de ellos no tengo duda: el energúmeno que golpea con saña homicida a una indefensa chica menor de edad porque su color de piel es algo más oscuro que el de él. Al otro no puedo juzgarlo. El miedo puede paralizar. Pero la agresión es insoportable. Cuesta seguir sentado, mirar hacia otro lado cuando el pie del verdugo se estrella contra la cabeza de la víctima. El verdugo, una víctima más del sistema, un perdedor nato, carne de cañón, escoria social, chuleaba en su barrio entre cervezas y risas hasta que alguien le borre la sonrisa de su cara. La chica es doble víctima: del racismo, de su condición femenina. El caso causa alarma social porque se divulga en imágenes. El testigo, el que mira hacia otro lado, se siente avergonzado de su pasividad. La condición humana. La metáfora de nuestra historia más reciente. El nazi que extermina al judío ante la pasividad del pueblo alemán. Esa es la imagen que me viene a la cabeza enseguida. El pueblo alemán que mira hacia el otro lado. El huevo de la serpiente.

LA PELÍCULA

Atención cinéfilos y aficionados negrocriminales con PROMESAS DEL ESTE, la última película de David Cronenberg que persiste en el género iniciado con UNA HISTORIA DE VIOLENCIA. Película modélica, guión perfecto, ambiente tenso e inquietante, violencia escalofriante - la escena de lucha en la sauna es de lo mejor que se ha filmado en ese estilo - y una interpretación perturbadora de Viggo Mortensen, Armin Mueller-Stahl- su mirada azul saja, literalmente, como un cuchillo -, y un espléndido Vincent Cassel. Lo más terrible de esta historia de mafiosos rusos en Londres, que transcurre entre navidades y año nuevo y no da un segundo de respiro al espectador, es que es real como la vida misma.
PROMESAS DEL ESTE
José Luis Muñoz

Hay directores encasillados en un género, que lo han explotado hasta la saciedad, que deciden lanzarse a la exploración de otros. Woody Allen y Match Point sería un ejemplo extremo de viraje de un director que se pasa de la comedia intimista al policiaco y lo hace con fortuna. Otro podría ser el que está haciendo el realizador canadiense David Cronemberg, director de películas polémicas en donde se cruza la sórdido y lo fantástico como Inseparables, Madame Butterfly, La mosca, Crash o El almuerzo desnudo, una filmografía que le convertiría en el hermano gemelo del laberíntico David Lynch, ambos, quizá, los directores de cine que mejor han sabido captar atmósferas malsanas e inquietantes desde que Tod Browning rodara La parada de los monstruos.
David Cronemberg, que iniciara con éxito su peculiar revisión del cine negro con Una historia de violencia, redondea su itinerario genérico en la modélica, cortante – por muchos sentidos: las pistolas son sustituidas por las armas blancas – y cáustica Promesas del Este sin renunciar a ningunos de los presupuestos estéticos que han hecho de él uno de los más valorados directores de culto, una especie de rara avis al que se le permite epatar y provocar, papel, en el séptimo arte, bastante olvidado y devaluado desde que Luis Buñuel rodara su Perro andaluz.
Esta historia rodada en Londres, en los ambientes y territorios de las mafias rusas que extienden sus tentáculos por los países de Europa occidental una vez se ha producido la debacle del imperio soviético, es quizá una de las películas más crudas y violentas que se hayan visto en las ultimas décadas, pero sin que la violencia sea espectáculo gratuito, fuego de artificio, sino todo lo contrario, revulsivo.
Una joven rusa, prostituta y heroinómana, muere al dar a luz en un hospital londinense. La joven comadrona, de origen también ruso, que le atiende en el parto, Anna Khitrova (Naomi Watts en otra de sus sensibles interpretaciones), que vive con su madre Helen (Sinéad Cusack) y su tío Stepan (Jerzy Skolimowski), miembro retirado del KGB, en un pequeño apartamento, decide adoptar a la criatura por lo que tendrá que averiguar la identidad y el pasado de la fallecida. Esa investigación le llevará a adentrarse en el submundo de la mafia rusa, un universo cerrado e hiperviolento, regido por unos pautas de conducta próximas a la yakuza japonesa, y a relacionarse con Semyon (Armin Mueller-Stahl), el aparentemente afable propietario del restaurante de lujo Transiberiano, su dipsómano hijo Kirill (Vincent Cassel) y el enigmático Nikolai Luzhin (Viggo Mortensen), chofer y amigo íntimo de este último, todos miembros de la peligrosa hermandad Vory V Zakone que esconde todo un submundo de corrupción, prostitución, tráfico de drogas y asesinatos con sicarios.
Frías, contundentes y literalmente tajantes, las duras imágenes de David Cronemberg nos pueden retrotraer al mejor Francis Ford Coppola, el de la trilogía de El padrino, y al mejor Martin Scorsese, el de Casino. Cronemberg consigue introducir en cada uno de sus fotogramas un aire malsano y una tensión constante que estalla, a lo largo de la película, en explosiones de tremenda violencia, sin subterfugios ni edulcorantes, en las que los cuerpos – no hay que olvidar que fue cirujano antes que cineasta – son destrozados por la violencia y la sangre escapa de ellos a borbotones. Y no hay engaño. La expeditiva secuencia con que se abre el film ya anuncia el camino que va a seguir estas Promesas del Este que alcanzan su mayor grado de brutalidad en la extraordinaria secuencia de la pelea entre un Nikolai Luzhin, desnudo, y los dos sicarios chechenos en la sauna, una lucha entre perros, a muerte, en la que todo está permitido.
Un guión perfecto, sin uno sólo fallo, creíble – historias como la que cuenta Cronemberg suceden a diario, son parte de nuestra lamentable crónica de sucesos -, unos personajes complejos pero extraordinariamente dibujados – la relación sadomasoquista entre padre e hijo es tan dolorosa como impactante - y unas interpretaciones excepcionales, empezando por Viggo Mortensen, impecable en su papel de duro killer dispuesto a todo, pasando por Vincent Cassel, hijo pródigo que nunca conocerá ni el afecto ni el aprecio de su despótico padre, para terminar con un actor excepcional que se prodiga poco, por desgracia, como es Armin Mueller-Stahl, el nazi de La caja de música de Costa-Gavras, cuya mirada hiela la sangre, configuran los ingredientes de esta excelente película de género perfectamente cocinada pero no apta, desde luego, para cardiacos ni espectadores sensibles.

LOS LIBROS DE MIS AMIGOS


VERSIÓN DEL ESTE
Autor: José Luis de Juan
Editorial: DVD Ediciones
57 páginas.
Premio Ciudad de Palma Rubén Darío.

No conocía más que de oídas a José Luis de Juan hasta que coincidí con él en un par de ocasiones con motivo de recibir ambos los premios Ciutat de Palma – él, el Rubén Darío de poesía en castellano, yo, el Camilo José Cela de novela, ignorando ambos, en ese momento, que los obteníamos en su última convocatoria – y ésa fue una feliz ocasión para intercambiar nuestros libros recién publicados. Entre el montón de lecturas pendientes de mis anaqueles rescaté una mañana gris y brumosa de agosto su libro y no me arrepentí de ello.

La primera incursión del novelista José Luis de Juan (Palma, 1956) en el terreno de la poesía no podía ser más exitosa. VERSIÓN DEL ESTE – Alemania del Este, en cuyo territorio el bardo ideó este poema – es un canto nostálgico y doloroso en donde se intercalan fríos paisajes descritos con versos concisos (“desde el aire el bosque / parece el lomo erizado de un lobo / los caminos entre los árboles cicatrices / en la piel del lobo herido / hechas por el vuelo antiguo de las águilas”) , evocaciones románticas – Bettina Brentano (“los robles están quietos y las hojas/ de los castaños / empiezan a reunirse / sobre la lápida de bronce / de bettina von arnim / nacida brentano”) y Achim von Arnim -, homenajes literarios – Thomas Mann (“el mar del este atrae aves solitarias / que llevan el abrigo a la playa / y se encierran en su sillón de mimbre / a leer la montaña mágica”), Thomas Bernhard, Wilhelm Grimm -, sueños de amor – (“siento el sabor amargo del saúco en su sexo / siento el que yo fui en el cerezo / cuando coletazos húmedos / me tumban de nuevo sangrando / en el fondo resbaladizo de ti” “la noche toma mi sexo entre sus labios / y me conduce suave / al pajar del sueño”) - , reflexiones políticas – la evocación de Hitler y sus secuaces en el bunker, previa a su suicidio colectivo (“elegante speer se despide / el führer / no quiere darle la mano / goebbels dispara al pecho de su esposa / que acaba de envenenar a los niños / dormidos en sus literas”) - con un lenguaje escueto, directo, evocador, de versificación perfecta en la que nada sobra ni falta.
Con una economía que huye de la adjetivación, reivindicando la minúscula hasta en los nombres propios, el poeta construye con tino implacable este hermoso poema evocador de algo que ya no existe pero que él capta porque los fantasmas persisten en el territorio. Una minuciosa y brillante sucesión de impresiones al socaire de un viaje o una estancia.

José Luis de Juan (Palma, 1956) ha cultivado la novela, el relato, el ensayo y el artículo periodístico. Avalado por premios y traducido a las principales lenguas europeas, ha publicado las novelas El apicultor de Bonaparte, Este mundo latente y Sobre ascuas. Versión del Este es su primer poemario publicado.

Argumento
Un recorrido intimista por la Alemania del Este en el que se dan cita paisajes, poblaciones, momentos históricos, homenajes literarios, evocadores paisajes y pasiones amorosas le sirve a José Luis de Juan para hilvanar Versión del Este, un poemario habitado por las ausencias en un territorio inexistente que prescinde de la rima y el ritmo para decantarse por lo reflexivo.

El escritor se estrena como poeta con Versión del Este, su haikus a Berlín
Diario de Mallorca, 21/1/2007
José Luis de Juan nos tiene acostumbrados a la escritura narrativa. Desde El apicultor de Bonapartese reveló novelista y a tenor de los resultados y premios - finalista en el 2002 con Kaleidoscopio - su fuerte está en la novela. Sin embargo su primera incursión poética, Versión del Este le ha valido el favor del jurado del premio Ciutat de Palma de poesía en castellano.
"Son poemas inspirados en mi estancia en Berlín, dos años atrás, que deje reposar y que he ido trabajando lentamente puesto que no soy poeta, sina más bien narrador. Dejé pasar el tiempo por necesidad de aislarme de aquellas impresiones que me causó mi estancia en el sur de Berlín. No se trata de poesía muy lírica sino que es más bien seca, de versos cortos, cercanos a los haikus orientales y a la poesía alemana".
La impronta del paisaje, de las gentes con las que se encontró y de cierta sensación "de personas que viven los cambios en el país como un castigo, sintiéndose al margen",son el sustrato que ha alimentado esta Versión del Este.
"Mi poemario está fuertemente impregnado de la atmósfera del paisaje, de las sensaciones que me provocó un lugar muy cercano donde se movieron algunos de los grandes poetas del romanticismo alemán como Goethe o Schiller"
"La poesía elige el momento, ella y no tú; es muy distinto de la escritura narrativa"
"En el caso de mi obra, hay que tener en cuenta que la poesía tiene un público concreto y fiel. Este premio me pone en el punto de mira de los lectores de poesía".