EL APUNTE

EL HUEVO DE LA SERPIENTE
Es uno de los videos snuff más visionados del momento. A nivel global. Reproducido hasta la infinitud. Motivo de escándalo y de que nos rasguemos las vestiduras. Cierto, es de una insoportable violencia. Pero resume en esos tres fotogramas, en la secuencia, la condición humana. El verdugo, la víctima y el indiferente bretchtiano. Hay dos cobardes en esa película, nos dicen. De uno de ellos no tengo duda: el energúmeno que golpea con saña homicida a una indefensa chica menor de edad porque su color de piel es algo más oscuro que el de él. Al otro no puedo juzgarlo. El miedo puede paralizar. Pero la agresión es insoportable. Cuesta seguir sentado, mirar hacia otro lado cuando el pie del verdugo se estrella contra la cabeza de la víctima. El verdugo, una víctima más del sistema, un perdedor nato, carne de cañón, escoria social, chuleaba en su barrio entre cervezas y risas hasta que alguien le borre la sonrisa de su cara. La chica es doble víctima: del racismo, de su condición femenina. El caso causa alarma social porque se divulga en imágenes. El testigo, el que mira hacia otro lado, se siente avergonzado de su pasividad. La condición humana. La metáfora de nuestra historia más reciente. El nazi que extermina al judío ante la pasividad del pueblo alemán. Esa es la imagen que me viene a la cabeza enseguida. El pueblo alemán que mira hacia el otro lado. El huevo de la serpiente.

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