MI MARILYN

Oh, grácil Marilyn que estás en los cielos...
Por Amir Valle

Mi abuelo Ceferino, que una noche de principios del siglo XX llegó a Cuba desde su pueblito natal de Moya, en Islas Canarias, en los últimos años de su vida coleccionaba revistas cubanas donde, muchas veces, se reproducían fotos de las más hermosas mujeres de aquella época: María de los Ángeles Santana (quien en la década del 40 hiciera furia en los teatros de España, ganándose el sobrenombre de “la Gran Vedette de Cuba y España”, Rosita Fornés, Consuelito Vidal, Gina Cabrera, todas artistas.
Quizás aquella nueva costumbre (la anterior había sido coleccionar barcos de pesca con los cuales llegó a ser el abastecedor principal de pescado de la hoy siniestra Base Naval de Guantánamo) se debía a que la Revolución le había quitado uno de sus mayores entretenimientos, que le permitía estar cerca de las mujeres: en el mismo 1959, un hombrecillo de bigotes y vestido con el uniforme verde olivo de los rebeldes, se personó en la casa de mis abuelos, en la calle Bernabé Varona, en la ciudad de Guantánamo, y ante el asombro de mi abuela (católica, apostólica y romana) anunció oficialmente que “el gobierno revolucionario ha decidido cerrar el prostíbulo La Gracia, que aparece registrado bajo la propiedad del señor Ceferino Ojeda”. Como es de suponer, se impuso el infarto: mis tías y mi madre, muy jóvenes por ese entonces, tuvieron que recoger a mi abuela del piso, puesto que todo aquello sucedía mientras mi abuelo, como todo rico propietario de esos años, trabajaba en uno de sus muchos negocios en aquella ciudad. Desde ese día, me contó mi madre, mis abuelos durmieron en cuartos distintos, pero bajo el mismo techo, como Dios manda, según sostuvo mi abuela, aferrada a la idea de que nadie podría enterarse de que ellos vivían separados por tamaña desvergüenza.
Sea lo que sea, lo cierto es que mis recuerdos me lanzan a una de aquellas revistas. Una hermosa mujer, rubia, dueña de esa coquetería que los cubanos llamamos “satería” o “putería callejera”, con los muslos más soberanamente hermosos que yo había hasta ese momento (exceptuando a los de mi madre, una hermosísima mujer, aunque para mí esos no contaban), me lanzó una sonrisa que anduvo gravitando en mi infancia durante muchos años. Era una de las tantas fotos que, por los tiempos en que se publicó esa revista, recorrieron el mundo con la imagen grácil de Marilyn Monroe.
Por alguna extraña asociación que hasta hoy no he determinado, a todas mis novias posteriores de esa etapa (ya saben, esas novias que uno tiene de niño sin que ellas lo sepan), siempre las imaginé con aquel vestido blanco, aquella satería, aquellos muslos y, sobre todo, aquella sonrisa dirigida a mí especialmente, como si estuvieran posando en una revista que solamente había sido impresa para que yo la observara.
Mi abuelo nunca supo que aquella revista que descubrí en un armario de nuestra casa en Guantánamo, cubierta por los rollos de cinta blanca donde se leía: A Ceferino, de sus hijos y nieto... A Ceferino, de su esposa que no lo olvida... A Ceferino, de la Sociedad de Españoles del Oriente, fue la causa de que se despertara mi primera gran pasión por esas lindas mujeres que pueblan mi isla. Tampoco el niño que yo era entonces había pensado en ese detalle curioso en la vida del adulto que soy ahora, hasta que mi querido amigo José Luis lanzó esta idea de hablar sobre como permanece el mito de Marylin Monroe en cada uno de nosotros.




Amir Valle (Cuba, 1967) es, junto a Leonardo Padura, Pedro Juan Gutiérrez y Lorenzo Lunar, uno de los más importantes narradores de la isla. Novelista, periodista, crítico literario y ensayista, licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la Asociación Cubana de Publicitarios y Propagandistas (ACPP) y de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos (AIEP) ha publicado los libros Tiempo en cueros (Cuentos), Yo soy el malo (Cuentos), En el nombre de Dios (Testimonio), Quiénes narran en Cienfuegos (Ensayos), Ese universo de la soledad americana (Ensayos), Ciudad Jamás perdida (Novela), La danza alucinada del suicida (Cuentos), Con Dios en el camino (Testimonio), Manuscritos del muerto (Cuentos), Brevísimas demencias: La Narrativa Cubana de los 90 (Ensayos), Las puertas de la noche (Novela), Muchacha azul bajo la lluvia (Novela), Si Cristo te desnuda (Novela), Entre el miedo y las sombras (Novela), Los desnudos de Dios (Novela), Últimas noticias del Infierno (Noveleta), Santuario de sombras (Novela), Jineteras (Testimonio), Las palabras y los muertos (Novela).
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