GEOGRAFÍA HUMANA

Culos
Fascinante fijación por el culo. De siempre. Y a pesar de las dificultades. ¡Qué difícil es mirarse el culo propio! Y además no creo que sea una palabra bonita, que lo defina en todo su esplendor. Tampoco nalga me suena bien, ni glúteo, que asocio a muy musculoso. El culo agrada a los ojos. El culo agrada al artista. Quizá el culo más canónico de la pintura lo encontremos en el único desnudo que pintó Diego Velázquez, su hermosa y sensual Venus del Espejo. ¿Quién era esa hermosísima modelo retratada de espaldas. ¡Qué curvas más perfectas y sinuosas resaltadas en la torsión de su cuerpo! ¡Qué rostro más bello esbozado en el espejo que el angelote pone ante ella! Son nalgas perfectas, esféricas que brotan armónicas de una larga y triangular espalda. Pálidas. Porque el sol, entonces, no acariciaba las pieles femeninas.

El culo, sin embargo, tiene dos sexos. Es la única forma sinuosa que nos permitimos los varones. Es la curva que, al andar, al pasar ante ellas, admiran y comentan las mujeres. Un culo musculoso, fuerte, erguido. Un culo de gimnasio, con glúteos trabajados. Un culo prolongación de un muslo hercúleo. Culos masculinos que nos llegan canonizados de la época helenística en donde el culto hacia el cuerpo y la belleza era similar al del tiempo que nos ha tocado vivir. Como esos culos abrazados, en blanco y negro, yacientes, de dos amantes del mismo sexo, de belleza perfecta, captados por la cámara indiscreta del fotógrafo.

La pintura siempre hizo del culo uno de sus fetiches. El arte de los pinceles siempre tuvo, como objetivo, esa protuberancia femenina que emerge, hermosa y provocativa, cuando termina la espalda. Hermosos desnudos, primorosamente pintados en todos sus detalles, con una sabia y precisa combinación de todas las gamas de rojos a sonrosados, el cromatismo de la carne, adornaban las casas de placer de los romanos. Una desnudez lúdica, de una cierta dejadez, de una relajación total, la de esas vestales, unas desnudas, otras a punto de estarlo, en distintas posiciones, que se preparan para sus cometidos amorosos.

Hay culos que se integran en la naturaleza, que practican una especie de panteísmo con su entorno, se funden. Culo anónimo que se solaza al sol, culo fuerte, hermoso, de nalgas perfectamente esféricas y sensuales, apoteosis escultórica nacida de la inspiración de Rodin que tuesta su piel al sol después de haber rodado, así lo indican los muchos y diminutos granos de arena que tapizan su exquisita piel, por arenales junto al mar. Culo que se exhibe desinhibido, seguro de su poderío y belleza. Culo que atrae miradas de deseo, que atrae caricias, no sólo del sol que tiene el absoluto privilegio de mirarlo, rozarlo, besarlo.

Pero regresemos de nuevo a la pintura, a la carnalidad exquisita de ese maravilloso pintor francés que es François Boucher y esa mujer denuda, una hermosa muchacha rubia de carnes generosas que Giacomo Casanova identifica como una de las favoritas de Luis XV. Es exquisita por muchas razones. Por el primor de su peinado. Por ese desorden de sábanas sobre el que retoza su cuerpo recién abandonado por su amante. Por su inocente mirada. Por la significativa separación de sus piernas y esa rosa caída en el suelo, presente de quien pasó por su lecho.

Culo danzante, fuerte, masculino, como el de este modelo negro de Robert Mapplethorpe, uno de los fotógrafos que mejor ha retratado la anatomía humana para escándalo de puritanos, que abraza, desnudo, el cuerpo de esa muchacha blanca que se abandona en sus brazos y gira, gira, a punto de desmayo, sostenida por esos brazos fuertes de recia musculatura. Perturbador contraste entre desnudo y vestido, entre lo muy blanca que es ella, blanco su vestido de gasa que alza con su mano, volando sobre sus zapatos de tacón, mientras el salvaje deseo de piel de ébano, desnudo, la abraza.
En plazas, en jardines, en rotondas, sobre pedestales, culos escultóricos se reparten por las ciudades de Europa. Culos de proporciones clásicas, canónicos, que forman parte de fontanas romanas. Culos que pespuntean grandiosos jardines imperiales. Culos que, a buen seguro, fueron muy conocidos, y reconocidos, por sus aristocráticos amantes que pasaban de la mano de sus esposas por delante de ellos. Favoritas, amantes de pintores. ¡Con qué esmero talla el escultor la ruda piedra, con qué deseo la alisa y da al mármol esa textura suave que, si no fuera helada, seria pura seda para los sentidos! Esos, los de los parques y jardines, los de las fontanas, expuestos a las miradas, fueron los únicos culos de mi infancia.

¿Cuántos culos hay? ¿Se corresponde la cara con el culo? ¿Por qué decimos, si queremos ofender a alguien, que tiene cara culo? ¿Por qué, cuando algo se hace mal, se dice que se ha hecho con el culo? Cuando el trabajo nos aprieta las tuercas, decimos que vamos de culo. Cuando mandamos a alguien a la mierda, le decimos que se vaya a tomar por el culo. ¡Qué hipócrita llega a ser el lenguaje con lo que apreciamos el culo! ¿Cuantas formas de culo hay? ¿Qué es un culo bonito? ¿Proporcionado con el resto del cuerpo? ¿Ligeramente respingón? ¿Alzado? Desde luego, no caído. No que esté cerca del suelo. No que esté flácido. Pero sí redondo, suave. Hay culos que son frutas. Hay culos, como el de esta muchacha que, de espaldas, se abrocha el sujetador, que son una pera perfecta. Pero los hay de manzana, de la textura del melocotón, rocosos, como piedras, angulosos, inanes, juguetones...

El culo es, además de muy útil para muchas facetas de la vida -¿cómo nos sentaríamos?, ¿cómo bajaríamos vertiginosas pendientes de montañas? ¿en dónde nos pincharían? ¿qué moveríamos al bailar esos ritmos caribeños? - un elemento burlón de nuestro cuerpo. Puede ser ofensivo - esos hinchas de equipos de fútbol que se bajan los pantalones y exhiben sus feos culos - o gracioso, lúdico, picante. De niños, ¿quién no se ha bajado el pantalón jugando? Es un gesto gracioso si se hace con arte, que no resulta obsceno. Como el de esta bellisima muchacha que, mirando hacía atrás, es decir, hacia nosotros que la estamos mirando, muestra sus benditas nalgas deslizando la braguita por el muslo.

¿Es el culo paisaje? Evidentemente. Loma dorsal de nuestra anatomía, gemelas nalgas que sobresalen suavemente de la espalda para descender, de la misma forma, cuando tocan el muslo. Paisaje de nalgas. Tostadas por el sol. Sobre fondo marino. El mar, la playa, un marco siempre fecundo, agradecido. Paisajes de culos que compiten en belleza y armonía. La piel tensa como ajustado envoltorio de ese músculo que forzó el homo erectus al levantarse del suelo hace millones de años. Y aún no ha desaparecido, a pesar del tiempo transcurrido.






Comentarios

hueso ha dicho que…
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Piel ha dicho que…
Hola José Luis:

Me encantaria invitarte a escuchar mi podcast sobre El Culo!

He tomado una imagen de las tuyas y cree una liga a tu post, que me gusto mucho!!!

Si el culo es mi fijación.

http://vozdepiel.blogspot.com