DIARIO DE UN ESCRITOR



Arán, 14 de agosto de 2011
Confeccionar un buen bizcocho tiene un grave inconveniente: que te lo comes. Y eso he hecho nada más levantarme, partir un buen trozo para el primer café con leche, y otro para acompañar el segundo. Y suerte que ya no había café, ni excusa, para tomarme una tercera porción. Hoy debería hacer ejercicio, coger la bici y perderme por algún prado, pero no sé si lo haré. Estoy muy vago.
Que repitan Informe Semanal las mañanas del domingo me permite recuperarlo al haberlo perdido el día anterior por culpa de la buena programación cinematográfica de la Sexta3 a la que sigo reprochando que corten por sistema los títulos de crédito finales (así me quedo sin saber en dónde filmó John Huston la kipliniana El hombre que pudo reinar), que pongan excesivos anuncios, no emitan las películas en versión original y se sirvan, algunas veces, de las películas coloreadas de Ted Turner o, peor todavía, de sus versiones mojigatas y conveniente cortadas para el mercado norteamericano que sigue considerando tabú algunas porciones del cuerpo humano (pezones, senos, nalgas, sexos) mientras no tiene inconveniente en que otras (ojos, cabezas, lenguas, brazos, piernas) sean sajadas por los matarifes de turno de la ultraviolencia que cultiva su cinematografía. Al hilo del tema mi huésped norteamericana me confesó haber visto una versión para monjas ursulinas de Instinto básico (sin picahielos, sin escenas de bondage, sin bailes lésbicos, sin el cruce de piernas de Sharon Stone, sin nada) y lo sorprendida que se quedó al visionarla en nuestro país: Era otra película completamente distinta. Imagino que en USA la película de Paul Verhoven quedaría reducida a simple cortometraje. Con razón huyó el holandés de Hollywood.
Informe Semanal, hoy, me muestra lo que hacen los vándalos de Londres en su primer reportaje, esa sucesión de tiendas saqueadas de sus plasmas, coches y comercios incendiados, el rastro macabro de sus cinco muertos, una policía impotente por una falta de efectivos derivada de los recortes. Los indignados de las Islas Británicas añaden a su desideologizada lucha un componente hooligan ciertamente peligroso para el movimiento y que hay que aislar en otros contextos. Dirigen su rabia y frustración (son jóvenes sin empleo y sin esperanza de encontrarlo, que vivirán con sus padres en precaria situación y hartos de tenerlos en sus casas, machacados por una sociedad de consumo que les hace anhelar los productos de lujo y, al mismo tiempo, se los veta) contra los pequeños comercios cuando deberían asaltar los bancos. Un estallido de rabia, fuego y violencia sin un cauce ideológico cuya única baza es la mediática que se les vuelve en contra. El segundo reportaje de Informe Semanal habla de otros vándalos mucho más sofisticados: los especuladores que hunden las bolsas, los países, las empresas, las personas, que causan infinita más destrucción que esos hooligans ingleses pero lo hacen silenciosa y educadamente, a base de un millón de órdenes de compra, o venta, por segundo, en ese casino global en donde hemos metido a nuestro mundo para ahogarlo. Sin incendios, sin ruido, sin policías que los persigan, sin más arma que un teléfono o el teclado de un ordenador, la especulación, monstruo ciego e implacable, sigue su voraz camino que no es otro que el de enriquecerse rápidamente caiga quien caiga en su camino.
Hoy compro El País a mi amiga y vecina paraguaya, aunque la película, del género terror con adolescentes memos, Sé lo que hiciste el último verano, no me fascine, pero no puedo sentarme en la terraza del bar vasco del pueblo, ni en el que me hacen un descuento de diez céntimos por la cerveza, ni en el otro que cobran las cañas a euro y medio y por eso dejé de frecuentarlo, así es que recorro la localidad, algo aturdido por el gentío inusual de domingo de agosto constituido por cientos de turistas franceses copando terrazas de bares y restaurantes, cruzo el Garona y me acomodo sobre la piedra sobresaliente de un murete que delimita un pequeño campo de cultivo con cebollas exuberantes, rojos tomates, que dan ganas de arrancar de la mata, y colgantes judías verdes, a hojear/ojear el diario.
La foto que elige El País como ilustración al título Somalia se muere es estremecedora: una hermosa y dolorida mujer, casi un icono religioso, llamada Safia Adem. Mientras en Europa los especuladores se forran y envían a millones al paro con sus transacciones a velocidad de la luz, en el cuerno de la cuna del mundo, la desventurada África, los niños mueren a miles de hambre ante nuestra indiferencia. Afrontemos la cruda y dura estadística: 30.000 niños muertos en cinco meses. ¿No debería remover nuestras conciencias semejante infanticidio mientras nuestros gobiernos tiran el dinero en guerras absurdas y reflotan bancos para que nos sigan exprimiendo? No tienen bastante los somalíes con la sequía que una guerrilla, franquicia de Al Qaeda, Al Shabab, les pone las cosas aún más difíciles con la sharía estricta y el asesinato de cooperantes. En África hay más AK 47 que panes porque así interesa a la comunidad internacional. El continente con más recursos, para ser expoliados, y el que tiene la población más empobrecida. Para postre, en el puerto de Mogadiscio, capital de un país que no existe, los países occidentales han instalado su cementerio nuclear para bajar aún más, si ello es posible, la esperanza de vida de los somalíes a los que tenemos el cinismo de perseguirlos como piratas. La foto de Safia Adem, con una túnica verde azul que le cubre cabeza y cuerpo, es de una belleza serena, como serena y bella es su modelo que refleja en el rostro el dolor de haber perdido a su hijo de tres años, uno de los 30.000. Una Piedad de Miguel Ángel en versión negra, un rostro exquisito que recorre el mundo sin ella saberlo. Una imagen bellísima que refleja, con su mirada abatida, la pena de todo un continente.
En las antípodas de esas negras noticias sobre el continente negro hay un reportaje sobre geografía erótica que me interesa en EPS, y más, si cabe, por las opiniones reflejadas en él de mi buen amigo Gregorio Morales, escritor cuántico, poeta maldito y erótico, presentador de todas mis novelas en la ciudad de los dos ríos, uno de los que dejé en Granada después de abandonarla sin volverme a mirar La Alhambra, para no llorar. Habla el reportaje de las distintas zonas erógenas de los cuerpos humanos cuya visión, tacto o aroma nos excitan y producen esas agradables descargas cerebrales que ponen en marcha todo un complejo mecanismo de deseo. El culo en la hembra es poderoso, central, y se busca su redondez y fortaleza en un anhelo que arranca de la caverna. El pecho es alimenticio, se quiere grande o pequeño según la etapa socioeconómica (pecho opulento de la Loren en la posguerra y el minimalista de Twiggy o La Gamba en los sesenta/setenta), por eso se exprime, lame, chupa, buscando un néctar inexistente en ese contenedor carnoso y palpitante. De piernas se hace mención en el erótico reportaje a las de Anne Bancroft, (a la que ayer vi en un pequeño papel de madre alcohólica, y hermosísima, de Nicole Kidman en Malicia) en El graduado; la visión de unas hermosas piernas erotiza imaginando la porción que se pierde bajo la falda, y las de la Bancroft saliendo de esa media mítica ante la mirada embobada de Dustin Hoffman hizo que nos identificábamos con él todos los varones puberescentes de la época que ahora pintamos canas. Las vulvas más hermosas y apetecibles son las rasuradas y con poco pelo, aunque eso vaya a modas, y ahí tienen la velluda de Courbet que se abre entre un par de generosos muslos en El origen del mundo. Del hombre prima el culo, al que a las mujeres les gusta ver trabajando entre un par de piernas abiertas, durante la oscilación amorosa; y los pectorales, que se desarrollan en el gimnasio y muchos machos se depilan. El pene es tabú, salvo para Robert Mappelthorpe, el único órgano del cuerpo humano que se transforma mediante estímulos y es tan bello en erección como desafortunado en reposo salvo en las esculturas de Miguel Ángel. Y habla de los pies (descubro que soy podófilo, una parafilia que suena muy mal, entre pedófilo y podólogo, otros dos nombres infames, como los japoneses y los chinos, porque me encantan los pies pequeños en las mujeres), de la erótica de las axilas, de los vientres abombados, de los ombligos cincelados, de la boca, por donde todo empieza, con ese beso húmedo que se dan los desconocidos cruzando las lenguas en el paladar poco antes de conocerse a fondo en un cuerpo a cuerpo.
Dejo las cebollas, tomates y judías verdes a mis espaldas, después de tan estimulante lectura, cruzo el río tumultuoso que se ondula con cada piedra que cabalga, paso entre la vorágine ruidosa de visitantes que se atiborran con sangrías en las mesas del pueblo y después lo harán en sus casas con el cargamento que llevan en sus coches y regreso a mi casa. Ya ante la puerta, mi amable vecina paraguaya me invita a una barbacoa que declino amablemente. Quiero comprar esta tarde de domingo un poco de soledad.
De la muerte a la vida, en muy pocas páginas, en muy pocos renglones. Llueve en el Valle. Cuando pare daré un paseo en bici.

Comentarios

Cartas en la noche ha dicho que…
Quiero felicitarte, pero no sé cómo hacerlo, José Luis... El hecho de que mi maestro, el poeta Ángel Crespo, dijera que la palabra más sabia es la que no se dice, no me sirve de mucho para controlar la rabio de no saber como pastorear el corazón para que escriba...
Isabel chiara ha dicho que…
Suscribo las felicitaciones de Carlos. Un magnífico artículo.
Maria Castilho ha dicho que…
Un artigo que én su contenido multifacetado és un grito de Alerta en este "admirable mundo nuevo"...
onde los valores imutables se van cambiando, onde se van diluindo y hasta apagando de los seres humanos... Si para que se vaya seguindo con cordura és necesario !se comprar la soledad", pués que se la compre...Se para implantar el Amor, la Compreension, y la Paz és necesario comprar la soledad, pués que se la compre....
Decirte que me llegaste muy fundo!! Lastimo rotundamiente que los "señores de lo mundo" no tengan tu sensibilidad y talento para en sus campañas,propalaren a los vientos lo que tu aqui dejas escrito !!!!
Gracias y un brazo desde Portugal!
José Luis Muñoz ha dicho que…
¡Vaya! Ángel Crespo. Lo conocí personalmente, crucé con él algunas palabras hace muchos años cuando se convocaba un premio de literatura gastrónmica llamado La Odisea que tuve la fortuna de ganar. Muchas gracias por tu aprecio
José Luis Muñoz ha dicho que…
María Castilho, un honor que me leas desde Portugal en este idioma hermano que es el castellano. Muchas gracias por seguirme.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Pues gracias Isabel.