LA PELÍCULA

13 ASESINOS
Takashi Miike
A razón de dos, tres películas por año, el japonés Takashi Miike se ha ganado una legión de fans y una etiqueta de cineasta irregular inevitable. El 12 de agosto, de la mano de Avalon, nos llega uno de los últimos vehículos en los que despliega su característico estilo.
13 asesinos es el remake del filme homónimo que Eichi Kudo filmó en 1963. En él se cuenta como el Japón feudal ve amenazada su época de paz con el ascenso del sanguinario Lord Naritsugu. El consejero Sir Doi, afligido por una de las masacres practicadas por el sádico Naritsugu, decide contractar en secreto al samurai Shinzaemon Shimada para que termine con el malvado y se instaure de nuevo la paz.
A partir de esta premisa el filme se desarrolla en una esquema clásico repetido hasta la saciedad en el cine, que sin embargo Miike sabe reconvertir en algo fresco mediante un transcurso narrativo eficaz y laborioso. Con una introducción en la que se nos presenta al héroe y su conflicto/villano, un desarrollo en el que asistimos a la reclutación y preparación de los 13 samuráis que deberán hacer frente al cruel Naritsugu, para terminar, finalmente, con una batalla apoteósica y épica como muy pocas veces hemos podido presenciar delante de una pantalla.
Un esqueleto narrativo que aparenta de inmediato al filme con los Siete samuráis de Kurosawa, pero también con Los doce en el patíbulo de Robert Aldrich. Sin embargo, una de las virtudes a reconocerle a su director es su capacidad para aportar con garra ínfulas modernas dentro de un esquema clásico.
Un acierto que consigue mantener al relato, pese a su previsible desarrollo, en unas constantes movedizas de acción frenética y aventuras desbordantes. Bajo su piel formal impecable, Miike aborda los recurrentes temas de las historias de samuráis: fraternidad, honor, lealtad y justicia.
En 13 asesinos encontramos a su director más comedido de lo habitual con el factor hemoglobina. Pese a que hay sangre a raudales, el director de Audition relega su sadismo marca de la casa para justificar la maldad de Naritsugu, sobre todo en las secuencias iniciales donde bordea incluso formas reconocibles del terror japonés.
Pero por lo que pasará al recuerdo esta película es por su impagable batalla final. En una magistral demostración de puesta en escena, Miike desborda la platea con una de las batallas más largas y épicas que se recuerdan. Alarde de técnica, realización, montaje y puesta en escena que retienen al espectador, dejándole sin aliento, durante sus 45 minutos de duración. Un final que haría replantearse al mismo Tarantino su batalla de los 88 locos en Kill Bill v2. 13 asesinos es el filme que justifica todas las películas malas que pueda sacar su director en un año. Y lo verdaderamente pasmoso, es comprobar cómo alguien es capaz de terminar una película de esta envergadura en menos de un año.
MARC MUÑOZ (El Destilador Cultural)

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