DIARIO DE UN ESCRITOR



Arán, 28 de agosto de 2011
Salgo a la calle, a la pata coja. Compro El País. Una banda de moteros ha ocupado toda mi cervecería y el resto de la población las mesas de la otra. Así es que sin la cerveza del domingo me voy a comprar el pan de leña poco quemado a la panedera, Quizá me falte comer carne. Pienso en ese maldito alien que hay en mi pie. Voy a la carnicera. Es una mujer entrañable, educada y elegante. Guapa a sus ochenta y pico años. Le pido un filete. Me corta un trozo de entrecot de un dedo de grueso y buen aspecto. Hablamos del tiempo, que ese siempre es un tema recurrente que nos afecta a todos, mientras le pido cien gramos del paté que ella fabrica. Le hablo de la humedad de Barcelona, pero no de mi pie. Me preguntan cómo van las cosas por la capital. Mal, le digo. Le explico que la gente rebusca entre la basura, duerme en los parques, las familias desahuciadas buscan refugio en los cajeros de los bancos que los echan de sus casas y que el número de pobres ha aumentado con esta crisis junto al de ricos. Sale su hijo y entra en la conversación aportando el dato de la gente que acude a los comedores sociales. Nos indignamos los tres con los sueldos de los banqueros, de los consejeros de banca, de los bonus, que salen de nuestros bolsillos. Nos indignamos con Hacienda a la que pagamos más los que menos tenemos mientras los que más tienen evaden sus impuestos con mil argucias legales. La señora se indigna con su pensión de 300 euros que cobra de viuda al mes y que le obliga a seguir trabajando en la carnicería. Revolución o guerra, es la conclusión final de los tres después de la conversación sociopolítica. La montaña también se indigna y se colorea de rojo. Y a la pata coja regreso a mi casa, compruebo que la carne es buenísima, como el yogur que también le compré a la señora y es casero.
Invierto la tarde entre la contemplación sadomasoquista de mi pie, por el que se interesa Blue Velvet, y en una sesión triple en la Sexta 3 que empieza con El talento de mister Ripley, sigue con La noche del cazador y acaba, al menos para mí, con Un beso antes de morir, las tres más que excelentes películas aunque el único e insólito film de Laughton se lleve la palma artística. Hay un diálogo que me sorprende, puro humor negro.
-Estoy pensando en volver a la mina.
-Eso siempre lo dices después de haber ahorcado a alguien.
Maravillosa conversación entre el verdugo, que acaba de colgar a un condenado a muerte, y su esposa antes de la cena y después de besar a sus angelicales hijos que duermen.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Stephen King tiene una novela, la primera que escribió, en que solamente queda un corredor vencedor vivo, los que no pueden continuar son eliminados por el ejército. Hombre, nadie te disparará.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Vaya, gracias. Me quitas un peso de encima. Y tiene otra, Misery, sobre un escritor secuestrado por una lectora psicópata.