DIARIO DE UN ESCRITOR



Arán, 31 de agosto de 2011

Hoy sí, por fin, he visto las venas y he tocado el hueso en mi pie izquierdo que habían permanecido invisibles por la hinchazón durante todos estos días de angustia. El final del túnel Y mi pie ha entrado sin dificultad en el zapato, y ha salido. Vuelta a la normalidad.
Tomé el coche y fui a Vielha. Trámites de correos. Busqué el Qué Leer en la librería más importante de Arán y no lo encontré. Se lo pediré a mi vecina paraguaya. Y luego, de regreso, me detuve a comprar en un supermercado fronterizo, con muchos más clientes franceses que españoles que vienen aquí a cargar de alcohol barato sus vehículos.
Estaba optimista. Por eso compré mucha comida: tomates, pepinos, pimientos, naranjas, queso de cabra, chorizo, alubias blancas, pintas, lentejas, garbanzos. Me encontraba eufórico después de tantos días de encierro y obsesivas miradas a mi maldito pie izquierdo viendo cómo crecía.
Pero no he hecho locuras, no he querido tentar la suerte, y no he salido de casa en cuanto he regresado del supermercado y he descargado toda la comida que había comprado y llenado la nevera hasta los topes. Esta invasión de alienígenas que he sufrido me ha dejado muy tocado, me ha hecho ver la insoportable levedad de mi ser.
Me he encontrado en el garaje con Araña después de semanas sin verla. O Arañas. Estaba muy cerca de la puerta de acceso a la vivienda, a pasos de la escalera que conduce al salón comedor. No me ha hecho gracia verla tan cerca de la frontera. Creía que se había muerto de hambre o que se había mudado de vivienda tras sus cacerías infructuosas de insectos y ausencias de telarañas. Pero o tiene una pareja o yo veo doble. A la otra la he visto cuando subía cargado de víveres la escalera, bien visible en una de las paredes, junto al cuadro de luces que hay detrás de la puerta de entrada, en mi casa. No se ha movido al verme, al contrario que la del garaje que ha corrido a esconderse debajo de mi coche. Creo que ésta es mucho más grande que su compañera. Quizá mida cinco centímetros. Es inmensa. Sólo falta que me pique en el pie, me digo, mientras paso por su lado conteniendo la respiración.
No conozco a nadie que empatice con insectos y arácnidos. Nadie los tiene como animales de compañía, salvo algún psicópata. No hay comunicación posible entre mamíferos y ellos salvo que los primeros se los sacuden mientras los segundos los incordian. ¿De qué le puedes hablar a una araña? ¿O a una cucaracha? Un insecto, en tu casa, te mueve a matarlo de inmediato. Lo consideras un invasor que te amenaza con su sola presencia. Y esa araña ha cruzado la línea roja, ha pasado del garaje, en donde era consentida, a mi casa, en donde no es bien recibida, aunque no lo sepa. Pero no tengo insecticida en casa. Demonios, no tengo nada; hasta hace unos días no tenía ni alcohol ni gasas. Paso de nuevo por delante de la araña, conteniendo la respiración, salgo a la calle, entorno la puerta con cuidado de no espantarla, aunque el espantado soy yo, y busco la droguería. Cerrada. El pueblo tiene horarios franceses y a la una y media no se encuentra ninguna tienda abierta. Regreso a mi casa preocupado: no me puedo ir a dormir con ese monstruo correteando por las paredes.
Hoy compré Público en vez de El País, para castigar a éste. Me parece que, a partir de ahora, dejaré de comprar ese diario. Me irritó profundamente un editorial que leí ayer en el que defendía la reforma de la constitución auspiciada por el PPSOE y veía innecesario el referendo. Ya dejé de comprarlo unos cuantos años, porque me pareció vomitivo su posicionamiento ante el 11M, firmes y a las órdenes de Aznar, pero luego me olvidé porque no soy vengativo. Leo Babelia por Muñoz Molina y a pesar de que escribe en ese suplemento literario, que deja mucho que desear, una periodista que me detesta tanto como yo a ella. Odio recíproco y eso que no nos conocemos personalmente aunque sí de vista y espalda contra espalda en alguna comida. Público debidamente doblado es un arma contundente. Espero no fallar el golpe. Tampoco quiero espachurrar a la araña contra la pared blanca que tendría que pintar. Así es que me armo de valor, me digo, para apaciguar mi conciencia, que estoy defendiendo las paredes de mi hogar, y descargo un golpe seco y contundente sobre el arácnido que lo derriba y lo hace caer bajo el radiador con sus largas patas dobladas. No estoy seguro de haberlo matado, pero en la pared hay una ligera mancha oscura de alguno de sus fluidos que han escapado de su cuerpo cuando le di con Público. Espero que no resucite y se vengue, porque no puedo rematarla con un pisotón al no verla.
Más tranquilo subo las escaleras y como. Lentejas, porque desde que alguien me dijo que la dificultad de cicatrización de la maldita rozadura, que a punto estuvo de dar al traste con mi pie, podía venir de falta de hierro voy a comerlas todos los días, y un risotto que no lo tiro porque lo he hecho yo. Suelen salirme bien; hoy me sale infame. Cosas que tiene el arroz.
Sopeso ir al Coth de Baretges, para celebrar el buen estado de mi pie, pero decido ser prudente, escuchando el consejo de una burgalesa que va en bici con falda y tacones, y tengo una tarde de lo más movida que pasa primero por la cama de una de las habitaciones, la que recibe el sol a esa hora, para hacer una siesta solitaria, y sigue luego en el sofá en donde me engancho con la maldita Sexta3 en un programa que decido que sea doble, aunque bien podría ser triple porque la tercera, El hombre de Alcatraz, también me interesa: la siempre hermosa película de Kevin Costner, buen hacedor de westenrs, Bailando con lobos, y la antaño impactante El expreso de medianoche de Alan Parker. La película de Parker fue tildada, en sus tiempos, de racista contra los turcos, aunque los que salen no lo parecen sino sicilianos por su gesticulación, físico y bigote. No salen bien parados, cierto. El padre de Brad Davis, su intérprete y también de Querelle de Fassbinder, que murió de sida hace muchos años, le dice a su hijo encarcelado: Estoy hasta las narices de esa mierda de comida turca. ¡Cuánto deseo irme a cenar al Hilton un bistec con patatas y quetchup! Disiento frontalmente de este progenitor porque la comida turca es buenísima y el quetchup, y lo que representa, me produce vómito.
Mientras permanezco siete horas en el sofá abducido por el cine – quizá a la megapelícula de Costner en la que sale un actor indio que, no es broma, se llama Grahan Greene (tendría un padre muy leído) le sobren un par de horillas – pienso en la inmortalidad. Vivo como si fuera inmortal, como si me quedaran un montón de años por delante, cuando el montón de años está por detrás, y me permito el lujo de consumir siete horas de las que me quedan en ver dos películas que ya he visto. Ese pensamiento, que se cruza con las imágenes de las dos películas, me impide disfrutarlas como es debido. Con ese razonamiento, de que el tiempo es sagrado y hay que priorizar las actividades, podría enloquecer y prohibirme ir al Coth de Baretges, en el que ya he estado un montón de veces, porque consume cuatro horas de las previsiblemente escasas que todavía me quedan, o tendría que hacer una selección exhaustiva de lecturas que debo llevarme conmigo antes de irme a la tumba, o no guisar y comer sólo bocadillos porque son más rápidos de preparar que un estofado o unos canalones. Por eso mi yo hedonista prefiere apartar al yo racionalista y seguir viviendo como si el reloj no se fuera a parar nunca, y si me apetece ver un par de películas que ya he visto, las veo, y si me apetece ir a un paraje en el que ya he estado cien veces, voy, y si decido emplear un par de horas en la cocina, lo hago y disfruto. ¿Que mañana no estoy? Pues mala suerte. Tampoco me voy a cabrear post mortem.
No hay nada eterno, aunque nos esforcemos que así sea y nos produzca desalientp no poder prolongar nuestros instantes de felicidad y placer. Ni el amor es eterno, ni la pasión dura más de dos años, por mucho que pongamos nuestro empeño en ello, ni la expresión artística, aunque dure más que el amor y que la pasión y sobreviva al artista, lo es porque se extinguirá con la humanidad, cuando la Tierra salte hecha pedazos, se congele o hierva y bibliotecas, museos, cines, palacios de ópera dejen de ser. La eternidad es el privilegio de ese Universo del que formamos parte y seguimos sin entender, creyéndonos su centro cuando sólo somos uno de sus millones de granos de arena.
Cuando ya se acaba El expreso de medianoche, en esa escena en la que Brad Davis va a ser violado por el obeso jefe de los carceleros, que parece de chiste, es el actor que encarna a Brutus en la versión de Popeye Robim Williams de Robert Altman y tiene, además, dos ridículos y muy obesos hijos a su imagen y semejanza, veo un nuevo arácnido que se pasea por la pantalla de mi televisor encendido, ajeno a la pelea que tiene lugar a sus espaldas y acaba con el jefe de los carceleros apuntillado en la nuca con un punzón estratégicamente colocado en la pared contra la que va a parar. Contagiado por la violencia de la pantalla, esgrimo de nuevo Público, que es un diario muy combativo y el único realmente de izquierdas, y asesto un golpe de gracia a esa nueva araña invasora que, por tamaño, debe de ser hija o nieta de la que liquidé tras la puerta de entrada.
Mañana insecticida.
Y antes de dormir alguien me desea buenas noches desde Vannes, una hermosa ciudad por la que paseé hace muchos años de la mano de la Arquitecta de mi Sexta Vida cuando pensaba que ésta iba a ser eterna.
¿La vida? Caminos que se cruzan y te llevan a destinos inesperados, sujeta a imprevisibles cambios y mediatizada por las personas que se cruzan en el camino y alteran su curso previsible, para nuestra sorpresa, gozo o sufrimiento. A veces pienso que la séptima vida no fue sino la excusa para saltar de la sexta a este paraíso de montañas de la octava y quizá última, pero muy larga. Deseo.

Comentarios

Pilar ha dicho que…
Me alegro por tu pie, y por supuesto por ti, al fin y al cabo eres su dueño.
Hacer compras está bien, a mí me ocurre a veces con los libros y en tiempos con los discos, cuando estoy contenta me hago autorregalos (dudo sobre la doble r en este caso, pero no voy a mirar en internet)a veces también con la ropa me ocurre.
Cuidadín no te dé un exceso de hierro y te oxides con tanta lentejuela...
Yo creo que con toda la actividad que tuviste, entre la compra, la descarga de la misma, la persecución de los aracnidos (los odio)...como para haberte cogido la bici...
Lo que más envidia me da es la libertad que emanas (suena raro, no?)...
Una vez por una cucaracha, salí de un apartamento en Alicante dando voces como una loca, eran las tres de la mañana, y mi marido asustado pensando que le iban a denunciar por acoso o algo parecido...
A mí El País me gusta.
Muñoz Molina también y su mujer Elvira Lindo.¿no será ella la enemiga? no me pega, bueno, me quedaré con la duda...
Los periódicos han tenido siempre tantas utilidades...
Por cierto, pena de siesta solitaria...
Me dan un asco los insecticidas!! que mal huelen no?
Yo lucho casi todos los días con el hedonismo y el racionalismo...
El último párrafo, me encanta.
Poma ha dicho que…
"No hay nada eterno, aunque nos esforcemos que así sea y nos produzca desalientp no poder prolongar nuestros instantes de felicidad y placer. Ni el amor es eterno, ni la pasión dura más de dos años, por mucho que pongamos nuestro empeño en ello, ......"
Genial, y cierto.

Tomese unos berberechos (aliñados con salsa "Espinaler" , con un buen vermut, de esos de bodega añeja, si se cansa de comer lentejas. Los berbes son riquísimos en hierro.

Se han fijado que todos los "Aliens" cinematográficos tienen aires insectivoros ...


PD : Si, los ocres otoñales en el Cloth deben ser espectaculares , pero temo que no me será posible visitarle.Como cantaba Natalie Wood en West Side History, Somewhere, someday....
Rafa Garzó ha dicho que…
Compañero, mi conclusión va coincidiendo con la tuya: El mejor modo de aprovechar el tiempo es, precisamente, no atormentarse en encontrar el mejor modo de aprovechar el tiempo. Y valga la atroz aunque alevosa redundancia.

Yo también acabo siempre enganchado a la Sexta Tres, donde parece que no den puntada sin hilo. Ya pueden echar lo que echen, que invariablemente acabo siendo víctima del gatillo fácil de mi compañera de televisión: No hay forma de acabar tranquilo ninguna de las joyas de esa cadena si no estoy solo en casa. La Sexta tres me pilla, indefectiblemente, con mi revólver en la funda y el sol de cara.

Ya te presentaré a las arañas de mi pueblo, con las que he compartido cuarto y que hacen unos veinte centímetros de envergadura. Auténticas quarterbacks al lado de tus pequeñas animadoras... La repulsión la compartimos, conste. Y la fuerza del golpe de gracia parece ir en proporción geométrica al tamaño del espécimen a espachurrar.

Y para lo que nos queda de vida, José Luis, te propongo una escena de "The Wire" en la que uno de los secundarios muere y el resto celebra su funeral, de cuerpo presente, en el más infecto garito irlandés de Baltimore con mucha cerveza, más whisky y mejores canciones sobre el abierto cajón del occiso. ¿Nos morimos pudiendo afirmar, con nuestro último aliento, que hemos vivido? Poco importa el camino: Enganchado a La Sexta Tres, yendo una y mil veces al Coth de Baretges, armando gresca en el 15M o dejando de pagar voluntariamente la hipoteca. Lo que cuenta es disfrutarlo.

Un abrazo y una postdata: No abuses todavía del neumático. Tiempo habrá, camarada.
Rafa Garzó ha dicho que…
Por cierto, a Graham Greene puedes verlo actuar en "Doctor en Alaska" haciendo de hierático chamán. Un papel muy divertido e irónico...
José Luis Muñoz ha dicho que…
Mi pie bien, aunque no sé si voy a perdonarle los sustos que me ha dado, Pilar Google Anónima.
Las lentejas me gustan. El País, también. Pero de cuando en cuando tienen un ramalazo que no me gusta nada. Lo del 11M que comento (una vergüenza, oiga, que parecía que Josemari estaba en la rotativa) y su postura ante ese desaguisado constitucional que nos han cocinado en horas PPSOE.
La siesta en soledad...es siesta. Acompañado deja de serlo. Sí, yo también pienso que es un desperdicio, pero qué le vamos a hacer si uno se va a la montaña.
¿Dijo cucarachas? Fue una de las razones, no la principal, de que huyera del sur al norte. Aquí no hay pero en el sur les tenía que hacer la comida. No puedo con ellas, así es que yo no grito, pero bailo claqué, literalmente, cuando me cruzo con una por una acera de una ciudad. Tanto horror me causaron que escribí una novela...de horror. A ver si sale este otoño y es totalmente biográfica. ¿Los insecticidas? No solo huelen mal, acaban antes con los humanos que con los insectos. No, no es Elvira Lindo. Me alegro que le guste el último párrafo.
José Luis Muñoz ha dicho que…
No me sea Natalie Wood, Poma, y coja su mochila y capelina, a no ser que me tenga miedo. Ya sabe de qué pie cojeo: del izquierdo. Aquí solo suben caballeros, o damas debidamente acompañadas.
No me extraña que todos los Aliens sean insectos gigantescos. Es que son feos de narices y suerqte que no suelen ser muy grandes. A la viuda o viudo araña la encontrá en el garaje, al lado de la puerta de la vivienda. Dudé entre decirle pase usted primero o darle con Público combativo. Opté por subir corriendo las escaleras y mirar de cuando en cuando las paredes de mi casa por si la veo. Me estoy cansando, porque creo que no me comen insectos y lo único que hacen es asustarme. Mañana insecticida y fuera arañas.
José Luis Muñoz ha dicho que…
Vaya, Rafa, me alegra saber que toreas arañas mayores. Espero que se queden en tu casa.
Creo que para vivir mejor pensar poco. Yo cada vez que me pongo a pensar, así, en plan trascendental, sobre el ser y el no ser, a preguntarme para qué he venido y todas esas cosas, acabo buscando una ventana, y no es plan. Así es que veo películas, aunque las haya visto, y me subo 200 veces al Coth de Baretges porque me da la gana.
A Graham Greene lo he visto en alguna película más. No segui Doctor en Alaska, Solo falta que me trague las series. Bueno, algunas: Mad men, que devoro, y Twin Peaks por puro Lynch. Todo el mundo me habla maravillas de The wire. Habrá que verla.