EL PINTOR

ZORAN MUSIC

Mis pasos me guiaron, el día antes de bajar a Valencia para hablar con los medios de EL MAL ABSOLUTO -¡¡¡18 entre radios, televisiones, diarios y revistas!!! Mi felicitación, desde aquí, a Amparo Gracia y a Susana Alfonso, un tandem imprescindible si se quiere lanzar un libro en la Comunidad Valenciana, y mi alegría al detectar el entusiasmo que genera el libro entre quiénes ya lo han leído - a la Pedrera, y no por su continente sino por su contenido.
Absolutamente recomendable la dolorosa exposición de Zoran Musik (Gorizia,1909-Venecia, 2005) que Caixa de Catalunya ha organizado por ser de los pocos artistas plásticos que tuvo el aliento de retratar el horror cotidiano de los campos de exterminio desde dentro. "Toda mi pintura trata de un solo tema: este desértico paisaje que es la vida", afirmó Zoran Music. Ciertamente hay mucha literatura sobre el Holocausto, testimonial o no, decenas de películas, cientos de estudios históricos, pero hay muy pocos artistas plásticos que se hayan atrevido a afrontar y retratar ese crimen execrable contra la humanidad.



La trayectoria de Music está profundamente marcada por su deportación al campo de concentración de Dachau en 1944, donde dibujó clandestinamente la realidad que le rodeaba con riesgo para su vida. El artista esloveno consiguió plasmar en su obra la intensa fragilidad del ser humano y la soledad del destino que se apodera del hombre. Lo hizo tras la segunda guerra mundial, fuera del marco de las corrientes artísticas de esa época y su obra, marcada por un feroz expresionismo, no tiene parangón.



Mientras contemplaba la devastación humana a la que te conducen sus cuadros, la estremecedora presencia de la muerte, no sólo en las bocas desencajadas de sus cadáveres fantasmas, difuminados, sin color, con la frialdad de la piel sobre el hueso, que pueblan sus lienzos, anduve pensando en Yehuda Weiss, inevitablemente, el protagionista víctima de EL MAL ABSOLUTO.
Quienes sobrevivieron a los campos de exterminio lo hicieron con el único y valioso fin de testimoniar el horror sufrido, de dar cuenta de esa infinita vergüenza que nos hace arrepentirnos de haber nacido hombres. Zoran Music retrató la muerte durante su estancia en el infierno, y la muerte, entre brumas, con esa fría blancura, que a ratos se vuelve grisácea, preside toda una obra pictórica marcada por la desolación, presente hasta en sus paisajes de árboles retorcidos sin hojas, muertos, cuyas ramas no son sino cuerpos blanqueados, hasta en sus últimas pinceladas de una Venecia sumida en la bruma, silenciosa, parca de color, como seguramente la vio la mirada del artista.
Deambulé ante aquellos lienzos ante los que era muy difícil mantener la mirada fija, con un sentimiento de incomodidad, en silencio, entre unos pocos visitantes. El arte, el que sea, no debe dejar indiferente si pretende trascender. A lo largo de su vida Zoran Musik, de forma insistente, pintó para recordarnos ese horror padecido que titula, genéricamente: "Nosotros somos los últimos". No, no fueron los ultimos. Él no olvidó nunca y vivió con esa pesadilla constante que alumbraba cada vez qu
e tomaba el pincel.

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