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Salir en esta sección de mi blog me hace siempre feliz. Hoy, por triple motivo, y los tres agradables. Primero, la aparición en las librerías de toda España de EL MAL ABSOLUTO, Algaida, 2008, la novela con la que gané el premio Ciudad de Badajoz. Dos, la salida al mercado francés, de la mano de Actes Sud, prestigiosa editorial del país vecino, de LA DERNIÈRE ENQUÊTE DE L'INSPECTEUR RODRÍGUEZ PACHÓN, o, lo que es lo mismo, EL ÚLTIMO CASO DEL INSPECTOR RODRÍGUEZ PACHÓN vertida al idioma galo. Y tres, el premio Hontanar de narrativa breve que esta misma mañana me comunican he obtenido con UNA EXTRAÑA HERENCIA, un relato largo o una novela corta que escribi con placer hace algunos años, mientras me paseaba con LA PÉRDIDA DEL PARAÍSO bajo el brazo.

EL MAL ABSOLUTO, Algaida, 2008, 309 páginas, Premio de Novela Ciudad de Badajoz


Una periodista de la ZDF hace coincidir en un documental televisivo a Günter Meissner - ex oficial de las SS de Auschwitz y ahora acaudalado empresario - y a Yehuda Weis - un superviviente del campo de exterminio que vive casi en la indigencia -. Meissner, con absoluta frialdad y hasta con orgullo, relata ante la cámara las atrocidades cometidas. Cuando Yehuda Weis ve el documental, y descubre en la pantalla de su televisor a su carcelero, el hombre que lo salvó y condenó al mismo tiempo, comprende las razones por las que escapó del Holocausto y ha sobrevivido todo este tiempo: para ese crimen no hay olvido ni perdón posible.José Luis Muñoz, con un lenguaje desnudo y conciso, construye en EL MAL ABSOLUTO una novela demoledora sobre una venganza aplazada en el tiempo, a medio camino entre la investigación periodística y la ficción literaria. Una relexión en voz alta acerca de la condición humana, el mal y sus raíces, un relato extremo sobre el horror en un trhiller que aborda, desde una nueva perspectiva crítica, el período más oscuro de la humanidad y su hecho más atroz: el Holocausto.

- Mengele murió en Paraguay. ¿Qué importa ya? Einstein inventó la bomba atómica y todo el mundo lo adora. Claro, porque era judío. ¿Para qué remover todas estas historias?
- Para fundamentar la naturaleza criminal del régimen nazi. Señor Meissner, ¿qué pasó con el tren de los niños?
- Mi querida amiga, le veo especialmente interesada en las anécdotas morbosas. ¿De qué niños me habla?
- Llegó un tren a Auschwitz con 4.500 niños y sus madres.
Guarda silencio unos momentos mientras suspira. Luego se revuelve con cierta incomodidad en su asiento, cuando contesta.
- Sí, lo recuerdo. Venían de Cracovia.
- ¿Qué fue de ellos?
- Fueron apilados en camiones.
- ¿Para?
- Para ser llevados a las cámaras de gas.
-¿Lloraban? ¿Gritaban?
El rostro desencajado de la periodista contrasta frente al rostro inmutable del entrevistado. Gunter Meissner vuela al pasado, a una gélida noche, a ese transporte fantasmal entrando en la estación de Auschwitz entre nubes de humo, abriendo las puertas y descargando el cargamento humano ruidoso, implorante. Madres congeladas que apretaban sus retoños entre sus brazos, que protegían entre sus miserables trapos a infantes que ya eran cadáveres. Le molesta esa turba, y le molesta que haya llegado a esa hora intempestiva, que lo hayan sacado de la cama. Se pasea entre los niños y sus madres con la fusta entre las manos. Grita a derecha e izquierda y los guardianes de las SS descargan golpes terribles de culata sobre los cráneos de algunas madres. Ya nadie grita. Ya reina un silencio sepulcral que acrecienta el rugido incesante del horno crematorio cercano, ese mugido de bestia insaciable que devora todo lo que le echen. Y da la orden de separar a las madres de los niños y de que éstos sean amontonados como simples mercancías en la cabina de carga de los camiones que esperan transportarlos a las cámaras de gas. Los cogen como carne, los estrujan entre las manos, los golpean contra la carrocería del camión, los lanzan agonizantes como fardos a su interior y abren fuego contra las madres que se rebelan por no compartir el destino de sus vástagos. Empieza a hablar y su voz es neutra, su mirada muy fría.
- Sí, se quejaban, protestaban. Trataban de escaparse algunos y había que correr detrás de ellos.

- ¿Qué edades tenían?
- Siete, doce años.
- Como sus nietos.
- No confunda las cosas. Eran judíos. Sí, niños, pero crecerían y serían judíos. Eran la mala simiente. Eso es lo que creíamos entonces, Quizá estábamos equivocados, pero toda Alemania lo estaba, toda Alemania sabía qué se estaba haciendo con los judíos, no seamos hipócritas, y miraban hacia el otro lado. ¿Cree que la gente no sabía lo de los hornos crematorios? Aquellas columnas apestosas de humo eran vistas por todos, hasta por los aliados que nunca bombardearon el campo a pesar de conocer exactamente su ubicación. No merecíamos su atención, nos dejaron acabar nuestro trabajo ¿Qué hacía el vecino cuando la Gestapo deportaba a una familia judía y ya no se volvía a saber más de ella? ¿Protestaba? No, claro que no, se quedaba con su casa.

EL MAL ABSOLUTO (Algaida, 2008) José Luis Muñoz

LA DERNIÈRE ENQUÊTE

DE L'INSPECTEUR

RODRÍGUEZ PACHÓN

(Actes Sud, 2008)

Esta es la primera novela que Actes Sud, en su colección Actes Noirs, me publica. La proxima será "Lluvia de níquel". No sé cómo quedará en francés sus tórridas páginas ni cómo habrán resuelto el complicado entuerto de los cubanismos. Imagino que bien.


Elle écarta les jambes et descendit jusqu'á ce qu'il entre légérement en elle avec un profond soupir. Elle s'en remit ensuite á la lo¡ de la gravité, se laissa choir de tout son poids sur ce ventre un brin rebond¡ de buveur de biére, commen~a á sautiller et á se frotter, á astiquer de ses fesses Paine de I'homme, á trotter comme une jument emballée ; quand elle fit une pause pour reprendre son souffle et lui permettre de prendre de Pélan, il lui empoigna les hanches de ses bras forts et velus, lui couvrit les seins, le cou, le menton de baisers, tentant d'atteindre sa bouche, ce fruit interdit qu'elle réussissait toujours á retirer puisque la régle voulait qu'elle n'embrasse jamais les clients, jamais.
- Allez-y mollo avec mes seins ! Cest quoi, cette manie de me les triturer ! Tout doux, ils ne vont pas s'enfuir.

UNA EXTRAÑA HERENCIA,

DE JOSÉ LUIS MUÑOZ,

GANA EL VII PREMIO

HONTANAR
DE NARRATIVA BREVE QUE CONVOCA LA EDITORIAL BERCIANA DEL MISMO NOMBRE




Con este relato largo, o esta novela corta, centrada en el mundo de la literatura, con dos escritores como protagonistas, una biblioteca fantástica con diez mil volúmenes y los ejes sobre los que gira la creación literaria, construyo una historia de la que estoy muy satisfecho, con un pie en el mundo de lo fantástico y otro en el mundo de la literatura, que viene a ser lo mismo. ¿Qué es ficción y qué es realidad? En abril lo publicará Editorial Hontanar.
Avanzamos por un largo y oscuro pasillo que no parecía tener fin ante la atenta mirada de todos aquellos próceres del siglo pasado que colgaban de las paredes y nos observaban. Comencé a sentirme inquieto. Si había una casa con fantasmas, ésta, sin duda, era una de ellas. Me imaginaba durmiendo en una de las muchas habitaciones que había entrevisto en mi lento deambular por aquel pasillo sin fin, habitaciones que, o no tenían ventanas o éstas estaban cerradas, y no podía reprimir un intenso escalofrío en la columna vertebral que me subía por la espalda y erizaba los pelos de mi cogote.
La biblioteca ocupaba un espacio privilegiado de la casa. Un amplio ventanal derramaba una luz lechosa sobre la más grande de las estancias. En sus altas paredes, amontonados, sin aparente orden, cubiertos por una espesa capa de polvo, aparecían miles de libros con extrañas encuadernaciones de piel que hablaban por si solas de su antigüedad. Había novelas, todas las novelas conocidas, obras completas de autores como Shakespeare, Tolstoi, Dostoievski, Maupassant, Turgeniev, Flaubert, pero también libros científicos, esotéricos, manuales de pintura, libros de estampas eróticas de principios de siglo, enciclopedias en inglés y francés.
- ¿Qué le parece?
- Me siento perdido – le confesé, abrumado por tal cantidad de volúmenes - ¿Cuántos habrá? ¿Tres mil?
- Se queda corto, amigo. Los tengo cuidadosamente catalogados. Diez mil libros, uno más o uno menos, en la casa. Una biblioteca de más de ciento cincuenta años y algunos ejemplares, un centenar, con valor bibliófilo excepcional, piezas de coleccionista.
Había un sillón de cuero negro bastante gastado. Me acomodé en él mientras sostenía en las manos un libro de Pío Baroja editado por Austral en 1928. Había una dedicatoria en pluma, perfectamente legible.
- Ah – me comentó, reparando en mi atención por aquel desvencijado libro - . No ha errado el tiro. “Las inquietudes de Santi Andía” dedicado por el mismísimo Pío Baroja.
- ¿A su madre? – pregunté leyendo que iba dedicado a una tal Leonor.
- No era mi madre. Era su hermana. Tía Leonor. Se suicidó. Este libro llegó aquí gracias a mí. Fui a vaciar su piso cuando murió la pobre y encontré algunos tesoros perdidos entre sus anaqueles. ¿Cuánto debe valer?
- Cincuenta mil pesetas.
- Euros, euros, amigo.
UNA EXTRAÑA HERENCIA (Hontanar, 2008)

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
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