LA PELICULA

EN EL VALLE DE ELAH
La guerra de Irak está demostrando ser un filón cinematográfico tan importante como en su día lo fuera la de Vietnam. A las películas de Brian de Palma y Nick Broomfield - no hay que olvidarse de su modélica La batalla de Hadiza - nos llega ahora este trhiller firmado por Paul Haggis, el director de Crash - película que, en su día, vio en parte mermados sus atractivos cinematográficos evidentes por simple comparación con Magnolia de Paul Thomas Anderson o Vidas cruzadas de Robert Altman - y excelente guionista de Million Dolar Baby, una de las obras maestras de Clint Eastwood.
En este descenso a los infiernos que ha demostrado ser la inmoral operación bélica norteamericana, que se salda con el más espectacular de los fracasos, como no podía ser de otra forma - la desmembración de un país y el auge del terrorismo yihadista, el mal que, teóricamente, se quería atajar - y en las victimas internas del conflicto, en los propios soldados enviados al lodazal iraquí y retornados a la patria convertidos en perros de presa sin entrañas ni sentimientos, pone el acento Paul Haggis con este drama aspero y desasosegante, filmado con una fotografía especialmente feista y llena de sombras morales.
Cuando Hank (Tommy Lee Jones), veterano de la guerra de Vietnam y policía militar retirado, deja de recibir noticias de su hijo, recién llegado de la guerra de Irak, que ha desaparecido de su acuertalamiento, decide investigar por su cuenta esa ausencia incomprensible, lo que descubre acerca de un conflicto que, como militar parece acatar, y de la actuación de su hijo en el mismo, le va abriendo los ojos a una realidad cada vez más dolorosa y sórdida. Ante la reticencia a investigar el suceso por parte de las autoridades militares, Hank recurre a la inexperta agente de policía local Sanders (Charlize Theron) para intentar reconstruir lo que ha sucedido. Entre el experimentado y viejo sabueso y la joven aprendiz se establece una corriente de simpatía y una especie de relación paterno filial. En medio de una atmósfera cada vez más tensa, cruzada por el horror de una pérdida irreparable y por las circunstancias escabrosas de la misma, ese convencido militar hará el camino hacia las raices del mal, un sórdido conflicto sin reglas, y hacia las entrañas de un hijo que es para él un completo desconocido - magníficos y clarificadores los insertos de esas imágenes de cine snuff captados por el móvil de su vástago y que el policía militar visiona una y otra vez en la pantalla de su ordenador - al que la guerra ha convertido en verdugo y victima.
Paul Haggis maneja un guión impecable y sin fisuras y consigue la adecuada atmósfera con una sucesión de imagenes desasosegantes y de violencia contenida - Hank sólo pierde el control una sola vez -, que no dan tregua al espectador, al que sumerge de lleno en la tragedia. El paisaje desolador por el que se mueve el film es el circulo cuartelario, las desangeladas habitaciones del motel en donde se aloja Hank, los pasillos de una morgue, los aledaños de una carretera cortada como escenario del crimen, los restaurantes de comida basura y los sórdidos locales de streptease en donde los soldados de servicio se emborrachan y divierten sin freno como terapia contra el horror.
Con unos actores de lujo y en estado de gracia - la cara pétrea de Tommy Lee Jones que, en cada uno de los planos, expresa el dolor y la angustia que le produce descubrir aspectos de su hijo nada agradables, sin mover un solo músculo de su atormentado rostro; la extraordinaria, aunque beve intervención, de Susan Sharandon como madre del marine desaparecido, en cada uno de sus matices, expresiones corporales (como cuando es literalmente arrastrada por su esposo por el pasillo de la morgue al confirmarse la noticia esperada y temida), o palabras (cuando le reprocha al marido, por teléfono, haberle arrebatado sus dos hijos) - y la mesurada interpretación de Charlize Theron, con el pelo castaño y lejos de toda sofisticación, como profesional íntegra que sortea todas las trabas que le ponen a su investigación para llegar a la verdad - el guionista de Million Dolar Baby construye con rigor este drama denuncia sobre esas víctimas colaterales que dejan tras de sí los conflictos, esos soldados lanzados al infierno, convertidos en animales sin entrañas, capaces de lo peor, porque para eso han sido adiestrados, que no dejan sus habitos carniceros cuando regresan del frente.
Se cierra el film con una imagen impactante y consecuente con todo lo narrado, con esa bandera colgada del mastil de la escuela del pueblo al revés, la señal evidente de que el país está enfermo y necesita urgentemente ayuda, una regeneración moral que quizá le llegue de las proximas elecciones.
Es En el valle de Elah un magnifico ejemplo de trhiller de denuncia en la mejor tradición de un género que siempre ha contado con brillantes y audaces cultivadores dentro del cine norteamericano, los más feroces autocriticos de su sistema, que utilizan el séptimo arte como herramienta politica.

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